La paja en el ojo de Dios [The Mote in God's Eye - es]
- Автор: Нивен Ларриё, Пурнель Джерри
- Год: 1994
- Язык: испанский
- Год: Mart
- ISBN: 84-270-1909-2
- Переводчик: Jose M. Alvarez Florez
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «La paja en el ojo de Dios [The Mote in God's Eye - es]». Краткое содержание книги:
—¡Qué hay, doctor! ¿Cómo van las cosas?
Horvath casi sonrió.
—Muy bien, gracias, capitán. El doctor Hardy ha ido hacia la nave pajeña con la señorita Sally. Envié con ella al señor Whitbread.
—Estupendo. —Rod sentía una dolorosa tensión en los omoplatos. Así que Sally había tenido que pasar por…
—Capitán, el señor Whitbread mencionó una sala de herramientas a bordo de la nave alienígena. Cree que comprobaban su capacidad para utilizar herramientas. Pienso que quizás los pajeños nos juzguen casi exclusivamente en función de esa capacidad.
—Bueno, puede ser. La construcción y el uso de herramientas es un elemento básico…
—¡Sí, claro, capitán, pero ninguno de nosotros somos constructores de herramientas! Aquí hay un lingüista, un antropólogo, un administrador (yo) y algunos soldados. Resulta irónico, capitán. Hemos dedicado todas nuestras energías a aprender sobre los pajeños. No hemos pensado en la necesidad de impresionarles con nuestra inteligencia.
Blaine consideró esto.
—Están las naves… pero tiene usted razón, doctor. Le enviaré a alguien. Tenemos que presentarles a alguien que pueda superar perfectamente una prueba.
En cuanto Horvath desapareció de la pantalla, Rod accionó de nuevo los controles del intercomunicador.
—Kelley, puede retirar ya a la mitad de sus soldados de los puestos de alerta.
—De acuerdo, capitán. —El artillero no mostraba emoción alguna, pero Rod sabía lo incómoda que era la armadura de combate. Todos los soldados y oficiales de la MacArthur la llevaban puesta en situación de alerta en la cubierta hangar.
Luego, Blaine llamó a Sinclair.
—Tenemos un problema complicado, Sandy. Necesitamos a alguien que sea muy hábil manejando herramientas y que esté dispuesto a ir a la nave pajeña. Si me indica usted unos cuantos hombres, pediré voluntarios.
—No se preocupe, capitán, foé yo mismo.
Blaine se quedó sorprendido.
—¿Usted, Sandy?
—Sí, ¿por qué no, capitán? ¿Es que no soy hábil con las herramientas? ¿Acaso no soy capaz de arreglar cualquier cosa que se estropee? Mis compañeros podrán solucionar los problemas que puedan surgir en la MacArthur. Están perfectamente entrenados por mí. No me echará nadie de menos…
—Espere un momento, Sandy.
—¿Sí, capitán?
—Está bien. Cualquiera capaz de hacer bien una prueba sabría todo lo relativo al Campo y al Impulsor. Aunque puede que el almirante no quiera dejarle ir…
—No hay a bordo quien sepa más que yo sobre ese tema, capitán.
—Lo sé… está bien, consiga la aprobación del médico. Y déme un nombre. ¿A quién debo enviar si usted no puede ir?
—En ese caso puede enviar a Jacks. O a Leigh Battson, o a cualquiera de mis compañeros… excepto Menchijov Pulgares.
—Menchijov. ¿No es ése el técnico que salvó a seis hombres que quedaron atrapados en la cámara de torpedos posterior durante el combate con la Defiant?
—El mismo, capitán. Es también el que arregló su ducha dos semanas antes de esa batalla.
—Ah. Bien, gracias, Sandy.
—Apagó la pantalla y miró a su alrededor. Tenía en realidad muy poco que hacer. Las pantallas mostraban la nave pajeña en el centro de la línea de fuego de las baterías principales de la MacArthur; su nave estaba perfectamente a salvo de lo que pudiese hacer la nave alienígena; pero ahora a Sally se habían unido Hardy y Whitbread… Se volvió a Staley.
—Ese último me parece excelente. Ahora proyecte un plan de rescate suponiendo que sólo la mitad de los soldados estén en situación de alerta…
Sally percibió la actividad cuando Hardy y Whitbread fueron conducidos a bordo de la nave pajeña, pero apenas si volvió la vista cuando aparecieron. Se había dado tiempo para vestirse adecuadamente, pero lamentaba que hubiese sido necesario, y bajo la difusa y filtrada luz pajeña recorría con sus manos el cuerpo de un Marrón-y-blanco, doblando su codo y accionando las articulaciones de los hombros y tanteando los músculos, mientras dictaba un rápido monólogo al micrófono que llevaba al cuello.
—Deduzco que hay otras subespecies, pero estrechamente relacionadas con los Marrones, quizás lo bastante para que existan uniones fecundas. Para determinar esto habrá que estudiar el código genético cuando llevemos muestras a Nueva Escocia, donde hay el equipo adecuado. Quizás los pajeños lo sepan, pero hemos de tener cuidado en lo que les preguntemos hasta que sepamos claramente qué tabúes existen entre ellos.
»Evidentemente, no hay discriminación sexual como la que existe en el Imperio; en realidad es notable el predominio de las hembras. Un Marrón es macho y se cuida de las crías. Las crías están destetadas, o por lo menos no hay indicio alguno claro de ninguna hembra (o macho) que los amamante a bordo.
»Mi hipótesis es que, a diferencia de la Humanidad después de las Guerras Separatistas, no tienen escasez de madres o generadores de hijos, y así no hay ningún mecanismo cultural de protección especial como el que sobrevive en el Imperio. No se me ocurre ninguna teoría que explique el que no haya ninguna cría entre los Marrones-y-blancos, aunque es posible que los pajeños inmaduros que he examinado procedan de Marrones-y-blancos y que los Marrones sirvan como educadores de los niños. Es indudable que existe cierta tendencia a que los Marrones hagan todos los trabajos técnicos.
»La diferencia entre los dos tipos es clara pero no espectacular. Los Marrones tienen las manos mayores y mejor desarrolladas, y la frente con una inclinación más pronunciada. Y son más pequeños. Pregunta: ¿cuáles están mejor adaptados para manejar herramientas? Los Marrones-y-blancos tienen una capacidad cerebral algo mayor, los Marrones tienen mejores manos. Hasta ahora todos los Marrones-y-blancos que he visto son hembras, y de los Marrones hay uno de cada sexo; ¿se trata de un accidente, es una característica de su cultura, o es algo biológico? Pongo fin a la transcripción. Bienvenidos a bordo, caballeros.
—¿Algún problema? —preguntó Whitbread.
Sally tenía la cabeza cubierta con una capucha de plástico, sellada alrededor del cuello como un saco de ducha de la Marina; evidentemente, no utilizaba los respiradores nasales. El saco deformaba ligeramente su voz.
—Ninguno. Desde luego aprendí tanto como ellos en la… orgía. ¿Y ahora qué?
Lecciones de idiomas.
Había una palabra: Fyunch(click). Cuando el capellán se señaló a sí mismo y dijo «David», la pajeña a la que miraba giró su brazo derecho inferior señalándose y dijo «Fyunch(click)», pronunciando el click con un chasquido de la lengua.
Bien. Pero Sally dijo:
—Creo que mi pajeño tenía el mismo nombre.
—¿Quiere usted decir que se trata del mismo alienígena?
—No, no lo creo. Y estoy segura de que Fyunch(click) —la pronunció cuidadosamente, haciendo el click con la lengua, pero estropeando luego el efecto con una risilla— no es la palabra que equivale a pajeño. Lo he comprobado.
—El capellán frunció el ceño.
—Quizás todos los nombres propios nos suenen igual —dijo muy serio—. O puede ser la palabra correspondiente a brazo.
Había una anécdota clásica al respecto, tan vieja que probablemente datase de la época preatómica. Se volvió a otro pajeño, se señaló a sí mismo Y dijo:
—¿Fyunch(click)? —Su acento era casi perfecto, y el click no fue acompañado de ninguna risa.