Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » La quinta cabeza de Cerbero [La quinta cabeza de Cerbero - es]
La quinta cabeza de Cerbero [La quinta cabeza de Cerbero - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La quinta cabeza de Cerbero [La quinta cabeza de Cerbero - es]

Электронная книга - «La quinta cabeza de Cerbero [La quinta cabeza de Cerbero - es]». Краткое содержание книги:

Muy lejos de su planeta madre, la Tierra, dos mundos gemelos, Sainte Anne y Sainte Croix, fueron colonizados en su tiempo por inmigrantes franceses, que aniquilaron a la población nativa del segundo de ellos. Muchos siglos después, tras una guerra que dispersó a los colonos originales y relegó a la leyenda el recuerdo del genocidio original, un etnólogo de la Tierra, John V. Marsch, dedica su vida a buscar las huellas de aquella cultura alienígena, los abos, el Pueblo Libre, los hijos de la Sombra, convertida hoy en una indefinida mitología aplastada bajo un subterráneo sentimiento de culpabilidad que niega incluso la realidad de su existencia…
1 ... 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58
Перейти на страницу:

Avanzamos —las mulas y yo— mucho más despacio que cuando el chico vivía. Sólo marchamos tres o cuatro horas por la mañana, y en estas colinas siempre hay algo que invita a detenerse, un paraje hermoso con árboles umbríos y helechos, un lugar donde buscar la cueva o una poza profunda con peces. Desde que el chico murió no he matado ningún animal grande, sólo peces comestibles y pequeñas criaturas que he apresado con lazos de crin, sacada de las colas de las mulas. Varias veces me han robado la trampa, pero no tengo hambre; creo que conozco a quien me roba.

Aquí hay muchas cosas que comer además de peces y animales, aunque es demasiado temprano para frutos o cualquier otra cosa parecida excepto bayas. Creo que las Gentes de los Pantanos, mejor dicho los anneses de las marismas, comían las raíces de las cañas de sal; las he probado (primero hay que quitar la corteza interior negra, que es amarga, y que molida entre dos piedras mata a los peces) y saben bien, aunque creo que no son muy alimenticias; más vale comerlas junto a Océano para poder mojar lo blanco en agua salada.

Allí, en las marismas, si uno quiere comer raíces sólo tiene que arrancarlas; pero además de pescado y mejillones, o caracoles en primavera, hay poco que comer, a menos que uno cace un pájaro. Aquí es muy diferente y hay mucha comida, pero toda difícil de encontrar. Son buenos los brotes de ciertas plantas, y los gusanos que se encuentran en la madera podrida. Hay un hongo que sólo crece donde no llega la luz y es muy sabroso.

Como dije, no he matado ningún animal grande, aunque una vez estuve muy tentado. Pero el rifle hace tanto ruido —y la escopeta más todavía— que estoy seguro que ahuyentaría a los que busco.

de junio. (Es la fecha real) Más alto en las colinas, las dos mulas y yo. Más piedras y menos hierba. Aquí los ciervos no parecen ganado.

de junio. Hoy no hay fuego. Desde que él murió, hace más de un mes, he hecho fogatas todas las noches. Hoy, cuando empezaba a juntar varillas como siempre, me pregunté por qué. El chico muerto lo hacía porque había que cocer la carne y hacer el té; el té me gusta, pero se ha acabado, y ya he comido, y no tenía nada que tuviera que cocerse. Pronto, sin embargo, se pondrá el sol; y luego no podré escribir hasta que la esfera hermana esté sobre las colinas. A veces me pregunto quién leerá esto y creo que nadie, y decido incluir mis pensamientos más íntimos. Después recuerdo que, se supone, estoy llevando un diario científico; y aunque nadie lo lea será una buena práctica.

Pero ¿qué hay para contar? He dejado de afeitarme. Me siento con la libreta en las rodillas e intento pensar en la vida del Pueblo Libre antes de que llegaran los hombres de Tierra. Estas colinas son duras y áridas, nadie viviría aquí si hubiera mejores tierras. Tal vez las montañas —las Temporales, como las llaman— sean mejores, pero en este momento no tengo modo de saberlo; sin duda son mejores las colinas bajas por las cuales hemos venido, e incluso las marismas. ¿Por qué entonces el Pueblo Libre vivía en las montañas, como era seguramente el caso si confiamos en las viejas historias? ¿Venían aquí alguna vez?

¿Vienen ahora? Yo creo que sí, pero ése es otro tema.

Si venían, no era muy a menudo, porque las historias siempre hablan de las gentes de las montañas (el Pueblo Libre) y las de las tierras húmedas, el Pueblo de los prados lacustres. Es cierto que cuando las historias los hacen hablar, los de las tierras húmedas llaman al Pueblo Libre «de las colinas», pero sólo ellos los llaman así, y al contrario que las marismas, estas colinas están desiertas; aquí no hay muertos, o hay pocos.

¿Y los hombres del pantano? ¿Por qué no venían?

Empecemos por ellos; de ellos sabemos más. Sabemos que eran ávidos de carne, pues las historias cuentan que aullaban pidiendo la carne del sacrificio, aun los que no creían. Viviendo en los prados lacustres tenían que comer raíces de juncos de sal, como he dicho, y peces y aves acuáticas. Seguramente a veces, cuando querían carne, iban a cazar a las colinas bajas próximas a los pantanos; pero un pueblo de pescadores y tramperos no puede haber cazado bien. Entonces venían (¿cuántos? ¿diez? ¿veinte, treinta?) a estas colinas a buscar víctimas para el río. Los veo andando, uno tras otro: hombres robustos, de piernas pesadas y pies planos, de piel blanca. Diez, doce, trece, catorce, quince. Los del Pueblo Libre cazan mejor, sin duda luchan mejor, largos de piernas y estrechos de pies, pero nunca hay tantos juntos porque se morirían de hambre: la caza no alcanza. Posiblemente andan en grupos de no más de diez, contando a mujeres y niños. ¿A cuántos se habrán llevado por estas colinas desiertas, rocosas, hasta la Clepsidra y el Observatorio y el Río? ¿A cuántos? ¿Cuánto duró la prehistoria en Madre Tierra? ¿Un millón de años? Algunos dirían que diez millones. (Huesos de mis padres)

Más tarde. Ahora la esfera hermana es reina del cielo nocturno, y su luz azul cubre esta página salvo donde cae la sombra de mi mano que escribe. Mitad sombra y mitad luz es ahora, y en la región intermedia veo la Mano extenderse por el mar, y lo que parece ser Port-Mimizon, chispa tenue, donde el pulgar se une a la palma; he oído decir que es la peor ciudad de ambos mundos.

Más tarde. Por un momento pensé que veía a mi gata volar en la oscuridad como una sombra, y aunque le partí el cuello, me pregunté si estaba de veras muerta. El día antes de que encontrara la cueva para sepultar al chico, ella me trajo un animalito y me lo dejó a los pies. Le dije que era una buena gata y podía comérselo, pero sólo respondió: «Mi amo, el marqués de Carabas, le envía saludos». Y desapareció otra vez. El animalito tenía un hocico puntiagudo y orejas redondas, pero los dientes eran regulares y mordían como los de un ser humano, y en su tormento sonreía.

Más tarde. A la luz de la esfera hermana he buscado utensilios entre las rocas, eolitos. No encontré ninguno.

de junio. Hoy nos hemos comportado como exploradores; todo el día en marcha. A nuestra derecha el río brama entre paredes de piedra; al frente las montañas alzan un muro azul. Entraré en ellas siguiendo el río. Sé que se interna en el corazón de las montañas.

de junio. Hoy, delante de nosotros, un pedrusco cayó a los tumbos. Desplazado por algún animal, me pareció, pero no conseguí verlo. No he estado cazando con munición; ya casi no me roban las trampas, y cuando sucede hay a menudo huellas del zorro fuego. Qué extraño tengo que parecerles, con las mulas. No llevo ropa salvo los zapatos, que necesito para las piedras; pero han de ser las mulas las que los asustan.

Mucho más tarde. No sé qué hora es. Muy pasada la medianoche, creo; al oeste la esfera hermana ha bajado la mitad del cielo, pero su brillo aumenta y yo veo más lejos, valle abajo, y los grandes acantilados relucen bajo la luz azul.

No diré «Más tarde» porque sólo he dejado esta libreta unos segundos para juntar matas y pasto seco y hacer un fuego. Es la primera fogata que hago en varios días, pero como no estoy en el saco tengo frío, y no quiero volverme a dormir. Soñé que gentes desnudas se aglomeraban a mi alrededor mientras dormía. Niños, torcidos hijos de la Sombra que no son niños ni hombres, y una muchacha alta de largo pelo lacio que casi me cuelga sobre la cara cuando ella se inclina hacia mí».

Era la última entrada de la libreta con tapas de tela. El oficial la cerró, la arrojó a un lado y por un momento repicó con los dedos sobre la rígida cubierta. Mientras leía, había llegado el alba; apagó la débil llama de la lámpara, echó la silla atrás y se desperezó. El aire de la mañana ya daba aquella sensación de humedad y calor. Fuera, por lo que veía por la puerta abierta, el esclavo había dejado su puesto bajo el eucalipto y seguramente dormía en algún rincón. Por un momento el oficial pensó en ir a buscarlo y despertarlo a puntapiés; luego volvió al escritorio y leyó por segunda vez la carta que encabezaba el expediente.

1 ... 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)