Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Историческая проза » El secreto de Mona Lisa
El secreto de Mona Lisa - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El secreto de Mona Lisa

Электронная книга - «El secreto de Mona Lisa». Краткое содержание книги:

La apasionante vida de la mujer que inspiró La Gioconda, en una intrigante trama llena de amor, traición y luchas de poder. La joven y hermosa Lisa di Gherardini es conducida por su padre al palacio Médici, donde la espera Lorenzo el Magnífico. Allí conoce a Leonardo da Vinci, con quien mantendrá una relación muy especial, y a Giuliano, el hijo menor de Lorenzo, de quien se enamorará perdidamente. Lisa y Giuliano se casan en secreto, pero al poco tiempo estalla una rebelión contra los Médici y Lisa da a su marido por muerto. Comienza una época turbulenta marcada por el terror religioso. La joven florentina tendrá que tomar partido en la contienda.
1 ... 53 54 55 56 57 58 59 60 61 ... 118
Перейти на страницу:

Pero para mí no había ningún sensale; Lorenzo estaba muerto, y yo nunca sabría su opinión sobre cuál era el hombre más adecuado para casarse conmigo. Solo tenía la decisión y el deseo de Giuliano, y el mío.

En cuanto a la dote, la había pagado Lorenzo, y no mi padre, mucho tiempo atrás, aunque Giuliano, a través de sus contactos en el gobierno, había logrado que apuntasen la cantidad en los registros como si hubiera sido pagada por Antonio de Gherardini. No tenía ninguna duda de que cuando mi padre se enterase del engaño, mandaría que borrasen la anotación en el registro.

Mi vestido era un diseño propio; el mismo que había llevado tres años atrás en la fiesta celebrada en el palacio Médicis: un vestido con una falda de terciopelo azul verdoso, con un dibujo de vides de satén, y un corpiño de la misma tela con ribetes de damasco verde pálido. Había crecido desde entonces, y Zalumma y yo nos habíamos ocupado de hacer los arreglos necesarios en secreto; alargamos la falda y las mangas, y agrandamos el corpiño para que cupiese el cuerpo de una mujer, y no el de una niña.

No monté en un caballo blanco, ni me acompañaron las damas de honor; ni siquiera Zalumma, que habría sabido cómo tranquilizarme. Una criada de la casa de Giuliano llamada Laura, una amable mujer quizá unos dos años mayor que yo, me ayudó a vestirme en un dormitorio desocupado, debajo de un retrato de una joven y ceñuda Clarissa de Médicis, vestida con un delantal y una túnica oscura que me hacía parecer magnífica en comparación. Insistí en llevar los medallones de oro de Lorenzo junto a mi corazón.

Mientras ella tiraba de la camicia por debajo de las mangas, hasta conseguir que estuviesen abullonadas por igual, miré la intimidatoria figura de Clarissa.

– ¿Eran estas sus habitaciones?

Laura miró el retrato con una sonrisa un tanto resabiada.

– Sí, madonna. Ahora pertenecen a madonna Alfonsina. Lleva días en Poggio a Caiano. Sospecho que ser Giuliano no le dirá nada de ti hasta que regrese.

Sentí un cosquilleo en el estómago; podía imaginarme su reacción.

– ¿Qué me dices de los demás?

– ¿Sabes que ser Piero ha ido a Sarzana? -Esperó a que asintiese para continuar-: No tienes que preocuparte; está conforme. Pero tenemos a Su Eminencia, ser Giovanni, el cardenal. Se ha ido a misa y a unas reuniones. No sabe nada; no creo que ser Giuliano vaya a decírselo a menos que sea necesario.

Cogió un bonito cepillo, que seguramente pertenecía a mi futura cuñada.

– ¿Bastará con que te lo cepille?

Asentí. De haber intentado hacer un bonito peinado por la mañana, mi padre o los sirvientes se hubiesen dado cuenta, así que lo llevaba como siempre, suelto sobre los hombros, como correspondía a una joven soltera. Luego me colocó el gorro de brocado que había traído conmigo. El toque final fue el collar de aljófares de mi madre, con el gran pendiente de aguamarina.

Fue difícil, al tocarlo, no pensar en mi madre, en su mal matrimonio, en la vida infeliz que había llevado y en su horrible muerte.

– ¡Vamos! -Laura apoyó amablemente una mano en mi codo-. ¡No es este el momento de estar triste! Madonna, vas a casarte con el hombre de mejor corazón y más inteligente de toda Toscana. Son momentos difíciles, pero mientras estés con ser Giuliano, no tienes nada que temer. Ya está. Esto es lo que verá tu marido cuando vayas a él. No hay visión más hermosa. -Me entregó un precioso espejo de oro con incrustaciones de diamantes.

Se lo devolví después de una rápida e insatisfecha mirada, y el ridículo pensamiento de que los colores de mi vestido no armonizaban con el dorado y rojo de Giuliano.

Convencida de que habíamos acabado, empecé a ir hacia la puerta.

– ¡No hemos acabado! -exclamó Laura en el acto. Se acercó a un armario y sacó un largo velo de tul blanco bordado con dibujos de unicornios y jardines míticos en hilo de oro. Lo colocó sobre mi cabeza y me cubrió el rostro; el mundo se volvió indistinto y resplandeciente.

– Lo llevó madonna Clarissa cuando se casó con ser Lorenzo -explicó-, y Alfonsina cuando se casó con Piero. Giuliano se ocupó de que el sacerdote lo bendijese de nuevo para ti. -Sonrió-. Ahora sí que hemos terminado.

Me acompañó escaleras abajo, a la capilla privada de los Médicis. Creía que alguien estaría esperando junto a la puerta, pero el pasillo estaba desierto. Al verlo, me embargó la preocupación. Asustada, me volví hacia Laura.

– Zalumma -dije-. Mi esclava… ya tendría que estar aquí con mis cosas. Giuliano iba a enviar un carruaje para traerla.

– ¿Quieres que pregunte por ella, madonna?

– Por favor -respondí. Había tomado mi decisión, y seguiría adelante. Pero la ausencia de Zalumma me preocupaba profundamente; había contado con ella para que me asistiese en mi casamiento, del mismo modo que había asistido a mi madre en el suyo.

Laura fue a averiguar qué pasaba. Cuando regresó al cabo de unos pocos minutos, supe por su expresión que no era portadora de la noticia que esperaba.

– Nadie sabe nada, madonna. El carruaje aún no ha regresado.

Me acaricié la sien con las puntas de los dedos.

– No puedo esperarla -señalé.

– Entonces deja que yo te asista -me ofreció Laura en tono calmo-. Nadie en esta casa es más amable conmigo que ser Giuliano; será un gran honor para mí asistir a su prometida.

Asentí con el aliento contenido. La situación exigía que la boda tuviese lugar lo antes posible, antes de que nos descubriesen.

Laura abrió la puerta de la capilla y vi a Giuliano que esperaba con el sacerdote ante el altar. Junto a ellos se encontraba el escultor Miguel Ángel; toda una sorpresa, dado que según los rumores había perdido el favor de Piero y se había marchado a Venecia el mes anterior. Su presencia me produjo una gran inquietud. Ya era bastante malo que Pico fuese aceptado en el seno de los Médicis. Ahora había otro de los escogidos de Savonarola, presente en mi propia boda.

La inquietud desapareció con una sola mirada a mi novio. Giuliano me miraba con alegría, anhelo, y miedo. Incluso temblaban las manos del sacerdote, que sujetaban un misal. Enfrentada a su terror, el mío se esfumó.

Rodeada de esa falsa calma, caminé hacia los tres hombres -con Laura sosteniendo mi cola- y me permití disfrutar de la belleza de la capilla. En el presbiterio había un soberbio fresco del Cristo infante adorado por la Virgen y los ángeles. En la pared a mi izquierda, en otro fresco pintado con un estilo más colorido, aparecían los Reyes Magos acercándose al Niño.

El Rey Mago más cercano a mí era joven, vestido a la moda florentina y montaba un caballo blanco enjaezado en rojo y oro. Lo seguían, también a caballo, figuras con rostros que reconocí: el viejo Piero de Médicis y sus jóvenes hijos Lorenzo -feo, incluso en su idealizada juventud- y el apuesto Juliano. Lorenzo miraba en dirección al Niño, pero su hermano estaba de cara al espectador, con la mirada perdida en la distancia, y con una expresión solemne.

No me brindó ningún consuelo descubrir, en una esquina de la escena, la presencia de Giovanni Pico.

A pesar de que faltaba poco para el mediodía, en el interior de la capilla reinaba la penumbra. Las velas proyectaban su luz sobre el pan de oro que revestía las paredes y resaltaban los sorprendentes colores: los rosas, los corales, los turquesas y verdes de las alas de los ángeles y los pájaros, los rojos y dorados de las vestimentas, los deslumbrantes blancos y azules del cielo, los verdes oscuros de las colinas y los árboles.

– ¡Espera, madonna! -me avisó Laura. Arrancada de mi contemplación del fresco, miré en derredor confusa. El sacerdote me hizo una seña; miré a mis pies y vi la guirnalda de rosas secas y flores silvestres colocada a través de la capilla.

Giuliano se arrodilló y partió en dos la guirnalda con gesto decidido.

No podría haber sido conquistada más profundamente. Él se levantó, cogió mi mano y me llevó para que me colocase junto a él delante del altar.

1 ... 53 54 55 56 57 58 59 60 61 ... 118
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)