Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Классические детективы » El fantasma de la Opera [Le fantôme de l'Opéra - es]
El fantasma de la Opera [Le fantôme de l'Opéra - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El fantasma de la Opera [Le fantôme de l'Opéra - es]

Электронная книга - «El fantasma de la Opera [Le fantôme de l'Opéra - es]». Краткое содержание книги:

El fantasma de la Ópera no solamente es la obra más famosa de Gaston Leroux, sino también la que ha logrado más perdurabilidad e interés, sobre todo por dos elementos muy especiales: el aspecto visual de la novela, que la predisponía a las futuras adaptaciones cinematográficas, y -la música, determinada por el ambiente de la Ópera de Paris, donde se desarrollan las correrías del fantasma. La historia, una mezcla de La Dama de las Camelias y los ambientes góticos de Nuestra Señora de Paris, relata los amores del vizconde Raoul de Chagny y la cantante Chistine Daaé, y su rapto por Erik, el Fantasma de la Ópera, quien mora en los subsuelos de ese enorme edificio, el teatro más grande del mundo, con sus más de 2.000 puertas y su lago subterráneo, construido por el famoso arquitecto Garnier. Una novela a la que la arquitectura y la música harán mantener siempre su interés, con un héroe al mismo tiempo diabólico y vulnerable, fiel heredero del romanticismo.
1 ... 50 51 52 53 54 55 56 57 58 ... 74
Перейти на страницу:

– No se trata de disparar con la mano izquierda o con la mano derecha; se trata de tener una de las manos puesta como si fuera a apretar el gatillo de una pistola, teniendo el brazo medio doblado; en cuanto a la pistola en sí, después de todo, puede guardarla en el bolsillo.

Y añadió:

– ¡Que esto quede bien claro, o no respondo de nada! ¡Es una cuestión de vida o muerte! Ahora, ¡silencio y sígame!

Se hallaban entonces en el segundo sótano. Raoul podía entre= ver tan sólo, a la luz de algunas velas inmóviles, dispersas en sus cárceles de cristal, una ínfima parte de ese abismo extravagante, sublime e infantil, divertido como un teatro de polichinelas, espantoso como un abismo, que constituye los sótanos de la Ópera.

Son formidables y son cinco. Reproducen todos los planos del escenario, sus trampas y trampillas. Los escotillones están allí reemplazados por raíles. Enormes vigas transversales soportan trampas y trampillas. Vigas, que se apoyan en bloques de fundición o de piedra, soleras o «chisteras» que forman una serie de soportes que permiten dejar paso libre a las «glorias» [21] y a otras combinaciones o trucos. Se da cierta estabilidad a estos aparatos uniéndolos por medio de ganchos de hierro y según las necesidades del momento. Los tornos de mano, los tambores y los contrapesos están generosamente distribuidos en los sótanos. Sirven para maniobrar los grandes decorados, para realizar los cambios a la vista, para provocar la desaparición súbita de los personajes de los magos. Es en los sótanos, han dicho los señores X,Y, Z, que han dedicado a la obra de Garnier [22] un estudio muy interesante, donde se transforma a los cacoquimios [23] en hermosos caballeros, a las horribles brujas en hadas radiantes de juventud. Tan pronto sale Satán de los sótanos como se sumerge en ellos. Las luces del infierno escapan de allí y el coro de los demonios los ocupan.

… Y los fantasmas se pasean como por su casa…

Raoul seguía al Persa, obedeciendo al pie de la letra sus recomendaciones sin intentar entender los gestos que le ordenaba…, diciéndose que no le quedaba más esperanza que él.

¿Qué hubiera hecho sin su compañero en aquel espantoso dédalo?

¿Acaso no se habría visto detenido continuamente por la maraña de vigas y cuerdas? ¿No se vería atrapado en aquella gigantesca tela de araña?

Y, de haber podido pasar a través de aquella red de alambres y de contrapesos que sin cesar aparecían ante él, corría el riesgo de caer en uno de los agujeros que se abrían por momentos bajo sus pies y cuyo fondo de tinieblas no podía alcanzar su mirada.

Bajaban, seguían bajando…

Ahora se encontraban en el tercer sótano.

Seguían guiándose en la oscuridad, gracias a alguna lamparilla lejana…

Cuanto más bajaban, más precauciones parecía tomar el Persa… No cesaba de volverse hacia Raoul y de recomendarle que siguiera sus instrucciones señalándole el nodo de poner la mano, desarmada ahora, pero siempre dispuesta a disparar como si empuñara una pistola.

De repente una voz atronadora les dejó clavados. Alguien gritaba encima de ellos:

– ¡Al escenario todos los «cerradores de puertas»! El comisario de policía les reclama.

… Se oyeron pasos y unas sombras se deslizaron en la sombra. El Persa había llevado a Raoul detrás de un bastidor… Vieron pasar muy cerca y por encima de sus cabezas a viejos encorvados por los años y el peso de los decorados de la ópera. Algunos casi no podían sostenerse de pie…, otros, por costumbre, con la espalda doblada y las manos tendidas hacia delante, buscaban puertas que cerrar.

Así eran los cerradores de puertas…, antiguos tramoyistas agotados, de los que unos directores caritativos se habían apiadado. Les había hecho encargados de las puertas en los sótanos y en los tejados. Iban y venían sin cesar, de arriba a abajo del escenario, para cerrar las puertas, y se les llamaba también por aquella época, ya que me parece que ahora están todos muertos, «los cazadores de corrientes de aire».

Las corrientes de aire, vengan de donde vengan, son muy malas para la voz. [24]

El Persa y Raoul se felicitaron de aquel incidente que les libraba de testigos molestos, ya que alguno de los cerradores de puertas, al no tener nada que hacer ni incluso tampoco un domicilio, se quedaba por pereza o por necesidad en la ópera y pasaba la noche en ella. Podían tropezar con ellos, despertarlos y tener que dar explicaciones. El interrogatorio del señor Mifroid salvaba a nuestros dos compañeros de aquellos encuentros desafortunados.

Pero no pudieron disfrutar por mucho tiempo de la soledad… Otras sombras bajaban ahora por el mismo camino por el que los «cerradores de puertas» habían subido. Cada una de estas sombras llevaba una pequeña linterna… que agitaban moviéndola arriba y abajo, examinándolo todo a su alrededor y con todo el aspecto de buscar algo o a alguien.

– ¡Vaya! -murmuró el Persa…

– No sé qué estarán buscando, pero podrían encontrarnos… ¡huyamos!… ¡de prisa!… ¡La mano en guardia, señor, siempre dispuesta para disparar! Pliegue más el brazo, así… la plano a la altura del ojo, como si se batiera en duelo y esperara la orden de «fuego». Meta su pistola en el bolsillo. ¡Deprisa, bajemos! (arrastraba a Raoul hacia el cuarto sótano…) A la altura del ojo, es cuestión de vida o muerte… ¡Por aquí, por esta escalera! (llegaban al quinto sótano.) ¡Ah, qué duelo, señor, qué duelo!

El Persa suspiró aliviado al llegar al quinto sótano… Parecía disfrutar de algo más de seguridad de la que había mostrado antes, cuando se habían detenido ambos en el tercer sótano, sin embargo no abandonaba la posición de la mano…

Raoul tuvo tiempo de extrañarse, una vez más, por lo demás sin hacer ninguna nueva observación. Ninguna, ya que en verdad no era el momento de extrañarse de aquella extraordinaria concepción de la defensa personal que consistía en guardar la pistola en el bolsillo mientras que la mano seguía dispuesta a servirse de ella, como si la pistola estuviera aún en la mano, a la altura del ojo, posición de espera de la orden de «fuego» en los duelos de aquella época.

Con respecto a esto, Raoul creía recordar perfectamente que le había dicho: «Son pistolas de las que estoy seguro».

De lo que le parecía lógico deducir lo siguiente: «¿Qué le importaba estar seguro de unas pistolas a las que no va a utilizar?»

Pero el Persa le detuvo en sus vagos intentos reflexivos. Haciéndole señal de detenerse, volvió a subir unos peldaños de la escalera que acababan de dejar. Después volvió rápidamente al lado de Raoul.

– ¡Qué tontos somos! -le susurró-. Pronto nos veremos libres de esas sombras de las linternas… Son los bomberos que hacen su ronda. [25]

Los dos hombres permanecieron entonces a la defensiva durante cinco largos minutos por lo menos; después, el Persa arrastró a Raoul hacia la escalera que acababan de bajar; pero, de repente, con un gesto volvió a ordenarle inmovilidad.

Ante ellos, la oscuridad se movía.

– ¡Cuerpo a tierra! -exclamó el Persa con un susurró. Los dos hombres se tiraron al suelo.

Justo a tiempo.

… Una sombra que, esta vez, no llevaba ninguna linterna…, tan sólo una sombra en la sombra pasaba.

Pasó tan cerca de ellos que podía tocarlos.

Sintieron sobre sus rostros el soplo cálido de su capa…

Ya que pudieron distinguirle lo suficiente como para ver que la sombra llevaba una capa que la envolvía de la cabeza a los pies. En la cabeza, un sombrero blando de fieltro.

… Se alejó, rozando las paredes con el pie y dando a veces, en las esquinas, patadas a las paredes.

– ¡Uff! -exclamó el Persa-…, de buena nos hemos librado… Esa sombra me conoce y ya me ha llevado dos veces al despacho del director.

вернуться

[21] Las «glorias» son, en el lenguaje teatral, los elementos que se suelen colocar en el «cielo» de los decorados, como lunas, soles, cometas, rayos, etc.

вернуться

[22] Bernard Garnier (1825-1895), arquitecto francés, autor -entre otras obras- del teatro de la ópera de París y del Casino de Montecarlo.

вернуться

[23] Persona que padece tristeza y disgusto, a consecuencia de lo cual está pálida y melancólica.

вернуться

[24] El mismo Pedro Gailhard me contó que había creado el puesto de cerradores de puertas para viejos tramoyistas a los que no quería despedir.

вернуться

[25] Por aquella época los bomberos tenían aún la misión de cuidar de la seguridad de la Opera durante las representaciones. Más tarde ese servicio fue suprimido. Cuando pregunté el motivo al señor Pedro Gailhard, me contestó que temían que, dado su absoluto desconocimiento de los sótanos del teatro, les prendieran fuego.

~ 54 ~ Предыдущая страница Следующая страница var width = window.innerWidth || document.documentElement.clientWidth || document.body.clientWidth; if (width > 768) { (function(w, d, n, s, t) { w[n] = w[n] || []; w[n].push(function() { Ya.Context.AdvManager.render({ blockId: "R-A-430869-4", renderTo: "yandex_rtb_R-A-430869-4", async: true }); }); t = d.getElementsByTagName("script")[0]; s = d.createElement("script"); s.type = "text/javascript"; s.src = "//an.yandex.ru/system/context.js"; s.async = true; t.parentNode.insertBefore(s, t); })(this, this.document, "yandexContextAsyncCallbacks"); } var width = window.innerWidth || document.documentElement.clientWidth || document.body.clientWidth; if (width
1 ... 50 51 52 53 54 55 56 57 58 ... 74
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)