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Tiempos de gloria [Glory Season - es]

Электронная книга - «Tiempos de gloria [Glory Season - es]». Краткое содержание книги:

La joven Maia, una descastada nacida en verano, debe abandonar el clan de sus privilegiadas medio hermanas clones nacidas en invierno. Su difícil y peligroso viaje iniciático arranca en los muelles de Puerto Sanger y prosigue a bordo de uno de los barcos tripulados por los escasos hombres (menos de un veinte por ciento) que forman la población de Stratos, un mundo creado por y para las mujeres. Sólo el difícil y lejano éxito le permitirá ser la fundadora de un nuevo clan. Las manipulaciones genéticas de la Madre Fundadora Lysos han creado en Stratos un mundo nuevo y distinto, dominado por mujeres que se reproducen por clonación. Una nueva opción sociopolítica, tecnológica, ecológica y, sobre todo, en el ámbito de la relación entre ambos sexos. En la senda de la literatura que denuncia las relaciones entre los sexos o propone establecer nuevos vínculos, Tiempos de gloria se une a obras ya clasicas como La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin.
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Ciertas pautas iniciales parecían animarse por su cuenta. Una «deslizadora» compacta podía, si se la dejaba sola, cruzar el tablero de un extremo a otro, cambiando de forma siguiendo una pauta de cuatro etapas que se repetían una y otra vez mientras avanzaba. Otro grupo podía parpadear en un sitio, o extender ramas colaterales que se reproducían, como flores que envían semillas que florecen a su vez.

A veces la pauta era el único objetivo. Había competiciones para generar formas en las que se premiaba el diseño final más complicado, o a la imagen más pura obtenida después de veinte, cincuenta o cien latidos. Variaciones con reglas más complejas y piezas multicolores producían resultados aún más sofisticados.

Sin embargo, el juego se jugaba más a menudo como una batalla entre dos equipos. Su objetivo: plantear unas condiciones iniciales tales que, cuando el juego comenzara, el recorrido de las formas fuese el elegido y despejara el territorio del oponente, para que los últimos oasis de «vida» estuvieran en el lado de uno del tablero.

Las competiciones podían parecer brutales en ocasiones, igual que en la naturaleza. Además de las deslizadoras y otras formas benignas, había «comedoras», que consumían otras pautas y luego rebotaban en el borde para seguir recorriendo el terreno de juego tan voraces como siempre. ¡Diseños más sofisticados pasaban sin causar daños a la mayoría de las otras pautas, pero devoraban cualquier otra comedora con la que se topaban!

Las tripulaciones de los barcos atesoraban técnicas, trucos y tretas durante generaciones, aunque la estrategia de colocar las filas iniciales antes del juego era más un arte que una ciencia. Frecuentemente ambos equipos se quedaban boquiabiertos al ver lo que habían conseguido… pautas que surgían adelante y atrás durante casi una hora en formas que ninguno de los dos bandos había sospechado. Las tablas eran frecuentes. En verano, de vez en cuando se producían peleas entre quienes se acusaban de hacer trampas, aunque Maia no comprendía cómo nadie podía hacer trampas en la Vida.

Tenía que admitir que había algo estético en la simpleza esencial del juego y la intrincada e interminable variedad de formas que producía. De niña le había parecido atractivo, de una forma extraña, e incluso había intentado hacer preguntas. Tardó algún tiempo en recuperarse de las burlas y la humillación que éstas habían provocado, más por parte de las propias mujeres que de los hombres. De todas formas, a los cuatro años llegó a la misma conclusión que tantas otras mujeres de Stratos.

Bueno, ¿y qué?

Sí, las pautas eran interesantes hasta cierto punto, más allá de lo cual la pasión que los hombres vertían en el juego se convertía en un símbolo del abismo que separaba los sexos. Otros pasatiempos, como los juegos de cartas, implicaban al menos que la gente se mirara o conversase, por ejemplo. Era sorprendente tratar aquellas piececitas (cosas) como si estuvieran realmente vivas.

Y sin embargo allí estaba ella, en prisión, sin nadie más a quien mirar o con quien conversar, con todos los libros leídos y sin otra cosa que hacer sino contemplar el tablero desplegado. Maia reflexionó. Ya he intentado un par de cosas que las chicas no suelen hacer… como estudiar navegación.

Sin embargo, eso era simplemente poco habitual. No inaudito. Aquel juego era otra cuestión. Si había mujeres en Stratos que habían conseguido ser expertas en la Vida, sin duda habían sido catalogadas como extrañas.

Bueno, mejor rara que chalada, decidió. La furia y la soledad la esperaban al acecho, como tías no deseadas, dispuestas a dejarse caer a la menor invitación, provocando lágrimas inútiles e improductivas. Me volveré loca sin algo que me mantenga la mente ocupada.

El tablero era suave al tacto. No había piezas físicas, sino que cada diminuta casilla se volvía negra en respuesta a un controlador electro—óptico inserto en la misma máquina. Recordó con cariño el viejo claqueteo. Este sistema resultaba frío y remoto.

Veamos si puedo averiguar cómo va.

Un par de lucecitas brillaban en la pantalla. No tenía ni idea de lo que significaban PROG MEM o PREV.GAME. SAV. Ya exploraría esos detalles más tarde, cuando ya dominara el nivel más sencillo. En cuanto conectó la máquina, la mitad de las casillas a lo largo de los cuatro bordes del tablero se volvieron negras, de forma que una secuencia de cuadros alternativos serpenteó por todo el perímetro. Recordó que aquélla era una de las diversas formas de tratar con el problema del borde, o de qué hacer cuando las pautas móviles llegaban a los límites del terreno de juego.

Idealmente, en el caso perfecto, no habría borde en absoluto, sólo una interminable extensión para dar espacio a las pautas donde crecer e interactuar. Por eso las grandes competiciones contaban con tableros inmensos, y se tardaban días, incluso semanas, en establecerlas. Maia recordó cómo un día, en la Casa Lamatia, el viejo Bennett le contó un secreto. Sofisticadas versiones electrónicas de la Vida, como la que tenía delante, podían seguir las pautas incluso después de que hubieran «dejado la vida», lo que implicaba que las entidades artificiales continuaban existiendo incluso a varios tableros de distancia, en alguna especie de espacio imaginario. Al principio, Maia estuvo convencida de que se estaba burlando de ella. Luego se sintió excitada, y se preguntó si alguna otra mujer lo sabía.

Más tarde lo comprendió: naturalmente las sabias de Caria lo sabían, ya que controlaban las factorías que fabricaban los tableros. Simplemente, no les importaba. Que una máquina continuara fingiendo que objetos imaginarios existían en algún reino ficticio que el jugador no podía ni siquiera ver era como la irreal multiplicación por una misma, manipulando piezas de réplicas de símbolos, que a su vez representaban cosas supuestas, que eran en sí mismas emblemas… Algunos de los clanes matemáticos de la Universidad de Caria probablemente estudiaban tales abstracciones, pero Maia dudaba que cometieran el error masculino de confundirlas con la realidad.

Resolver el problema del borde era otro asunto cuando los equipos se veían obligados a usar simples líneas trazadas en un muelle o una bodega de carga y se jugaba con piezas de cuerda o de batería solar. Como solución parcial, los hombres a veces colocaban filas de piezas estáticas blancas o negras, desconectadas, a lo largo del borde del terreno de juego, para intentar delimitar la acción. Maia sabía que el término en argot para el borde alternativo era «el espejo», aunque sólo unas cuantas pautas de vida llegaban a reflejarse en el límite fijo del terreno de juego. Otras simplemente eran absorbidas o destruidas.

Una pauta en el borde también hacía más fácil comenzar un juego, puesto que cada casilla de la primera fila ya tenía una o dos vecinas «vivas» justo debajo.

Fila dos →

Fila uno →

Fila límite →

(permanente)

Tras sacar el fino punzón de escritura de su hueco en el panel de control, pulsó una casilla de la primera fila, que se volvió negra.

La solitaria casilla «viviente» nació con dos vecinas negras en la fila límite fija de abajo tocando sus esquinas inferiores. Ahora Maia le dio otra vecina negra, a la izquierda. Con tres vecinas negras, o vivas, la primera casilla activada permanecería «viva»… al menos durante la segunda ronda.

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Сюжет
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Атмосфера
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Главный герой
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Общее впечатление
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