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Hombres de armas [Men at Arms - es]

Электронная книга - «Hombres de armas [Men at Arms - es]». Краткое содержание книги:

“¡Sé un HOMBRE en la Guardia de la Ciudad! ¡La Guardia de la Ciudad necesita HOMBRES!”
Hasta ahora, sin embargo, la Guardia Nocturna solo cuenta con el cabo Zanahoria (técnicamente un enano), el agente Cuddy (realmente un enano), el agente Detritus (un troll), la agente Angua (una mujer… la mayor parte del tiempo) y el cabo Nobbs (descalifica do de la carrera evolutiva por hacer trampas).
Y necesitan toda la ayuda que puedan conseguir. Porque hay un asesino suelto en las calles, con un arma nueva y mortífera y, lo más peligroso, un PLAN para devolver a la ciudad de Ankh-Morpork su grandeza perdida. Además, el misterio debe resolverse antes del mediodía, cuando el capitán Vimes devolverá su placa y se casará con la mujer más rica de la ciudad. Comparado con lo que les viene ahora, acabar con aquel dragón que atacó la ciudad hace un tiempo resultó fácil, ¡enfrentarse a un ejército de enanos sería más fácil! Y si la tarea es incluso complicada para un cuerpo de vigilancia normal, para la Guardia Nocturna puede convertirse en un quebradero de cabeza… literalmente.
Una espléndida novela de acción, misterio y humor, Hombres de armas es la decimoquinta entrega de la conocida serie Mundodisco.
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—¿Y qué hay de Lettice Knibbs, la joven mendiga?—dijo Angua—. A ella no la mató ningún troll. Ni al payaso.

—Hay que concentrarse en la imagen general —dijo Quirke.

—Señor capitán —dijo una voz desde debajo de la mesa, audible a un nivel consciente únicamente para Angua—, nota usted un picorcito en el trasero.

—¿Y cuál es esa gran imagen general? —preguntó el sargento Colon.

—Un picorcito realmente intenso —dijo la voz submesera.

—¿Se encuentra bien, capitán Quirke? —preguntó Angua.

El capitán se removió, intranquilo.

—Pica, pica, pica —dijo la voz.

—Lo que quiero decir es que algunas cosas son importantes, y otras no lo son —dijo Quirke—. ¡Aaargh!

—¿Cómo dice?

—Pica.

—No puedo quedarme hablando con ustedes todo el día —dijo Quirke—. Preséntese-En mi-Ofícina-Mañana por la tarde…

—Pica-pica-pica.

—¡Mediaaaaa vuelta!

La Guardia Diurna se apresuró a salir de la sala, con Quirke dando brincos y retorciéndose en, por así decirlo, la retaguardia.

—Caray, parecía ansioso por irse —dijo Zanahoria.

—Sí —dijo Angua—. No se me ocurre por qué.

Se miraron el uno al otro.

—¿Entonces se acabó? —dijo Zanahoria—. ¿No más Guardia Nocturna?

Generalmente, la biblioteca de la Universidad Invisible es muy silenciosa. Puede haber algún que otro susurro de pies mientras los magos deambulan por entre los estantes, la tos ocasional para perturbar el silencio académico y, muy de vez en cuando, un alarido de agonía cuando un estudiante descuidado se olvida de tratar a algún grimorio antiguo con la cautela que se merece.

Considérese a los orangutanes.

En todos los mundos agraciados con su presencia se sospecha que los orangutanes saben hablar pero optan por no hacerlo por si acaso los humanos los ponen a trabajar, posiblemente en la industria de la televisión. De hecho, los orangutanes saben hablar. Es solo que hablan en orangután. Los humanos, por su parte, solo son capaces de escucharlo en el idioma Perplejidad.

El Bibliotecario de la Universidad Invisible había tomado la decisión unilateral de ayudar a la comprensión produciendo un diccionario orangután/humano. Llevaba tres meses trabajando en él.

No resultaba nada fácil. Por el momento había conseguido llegar hasta «Oook».[23]

Había ido al nivel inferior de los Depósitos, donde hacía un poco más de fresco.

Y de pronto alguien estaba cantando.

El bibliotecario se sacó la pluma del pie y escuchó.

Un humano habría decidido que no podía dar crédito a sus oídos. Los orangutanes son mucho más sensatos. Si no crees en tus propios oídos, ¿en los oídos de quién vas a creer?

Alguien estaba cantando, en el subsuelo. O intentando cantar.

Las voces infaustas y endiabladas decían algo así como:

—Oor, roo. Oor, roo.

—¡Escucha, so… troll! Es la canción más simple que hay. Mira, empieza así: «¡Oro, Oro, Oro, Oro!».

—«Oro, Oro, Oro, Oro…»

—¡No! ¡Esa es la segunda estrofa!

También estaba el sonido rítmico de una pala desplazando tierra y de cascotes movidos de un lado a otro.

El Bibliotecario estuvo reflexionando durante un rato. Bien, así que… un enano y un troll. Prefería ambas especies a los humanos. Para empezar, ninguna de ellas leía mucho. El Bibliotecario estaba a favor de la lectura en general, claro está, pero los lectores en particular siempre lo ponían de los nervios. Había algo, bueno, sacrílego en su manera de ir sacando libros de los estantes y desgastar las palabras al leerlas. Al Bibliotecario le gustaba la gente que amaba y respetaba los libros y la mejor manera de hacer eso en su opinión, era dejando que siguieran encima de los estantes donde la Naturaleza había querido que estuvieran.

Las voces apagadas parecían estar aproximándose.

—Oro, oro, oro…

—¡Ahora estás cantando el estribillo!

Por otra parte, hay maneras más apropiadas que otras de entrar en una biblioteca.

El Bibliotecario fue hacia los estantes y cogió la obra todavía no superada de Tulipabulbero Cómo aniquilar a los insectos. Todas sus dos mil páginas.

Vimes iba por la avenida Pastelito sintiéndose bastante alegre y animado. Era consciente de que había un Vimes interior que se estaba desgañitando dentro de su cabeza. No le prestó atención.

No podías ser un auténtico policía en Ankh-Morpork y permanecer cuerdo. Tenía que importarte lo que hacías, y en Ankh-Morpork preocuparte por algo era como abrir una lata de carne en medio de un banco de pirañas.

Cada uno tenía su propia manera de hacer frente a eso. Colon nunca pensaba en ello, y a Nobby no le preocupaba en lo más mínimo, y los nuevos todavía no llevaban en la Guardia el tiempo suficiente para que los hubiera ido consumiendo, y Zanahoria… era él mismo.

Cientos de personas morían en la ciudad cada día, a menudo de suicidio. ¿Qué importancia podían tener unas cuantas más?

El Vimes de dentro empezó a golpear las paredes con los puños.

Había unas cuantas carrozas estacionadas delante de la mansión de los Ramkin, y el lugar parecía hallarse infestado por todo un surtido de parientes femeninas y Emmas Intercambiables. Estaban horneando cosas y abrillantando cosas. Vimes pasó a través de ellas sin que se le prestara demasiada atención.

Encontró a Sybil en la casa de los dragones, calzada con sus botas de goma y llevando su coraza protectora para los dragones. Estaba limpiando, en apariencia feliz e inconsciente del caos controlado que se agitaba dentro de la mansión.

Su futura esposa alzó la mirada cuando la puerta se cerró detrás de Vimes.

—Oh, estás aquí. Has vuelto a casa temprano —dijo—. No podía soportar el jaleo, así que me he venido aquí. Pero pronto tendré que ir a cambiarme porque…

Sybil se calló en cuanto vio la cara que estaba poniendo él.

—Algo va mal, ¿verdad?

—No voy a volver —dijo Vimes.

—¿De veras? La semana pasada dijiste que harías una guardia entera. Dijiste que tenías muchas ganas de hacerla.

Hay pocas cosas que se le escapen a la vieja Sybil, pensó Vimes.

Ella le dio unas palmaditas en la mano.

—Me alegro de que lo hayas dejado —dijo.

El cabo Nobbs entró corriendo en la Casa de la Guardia y cerró de un portazo.

—¿Y bien? —preguntó Zanahoria.

—Las cosas se han ido poniendo bastante feas —dijo Nobby—. Dicen que los trolls planean marchar al Palacio para sacar de allí a Caradecarbón. Hay bandas de enanos y trolls recorriendo la ciudad en busca de problemas. Y mendigos. Lettice era muy popular. Y también hay un montón de gente de los gremios en las calles. La ciudad —dijo dándose aires de importancia— se ha convertido en un tonel de Pólvora Número Uno.

—¿Qué os parece la idea de ir a acampar al aire libre en la llanura? —dijo Colon.

—¿Qué tiene que ver eso con el problema actual?

—Si a alguien se le ocurre acercar un fósforo encendido a algo esta noche, será adiós Ankh —dijo el sargento con voz malhumorada—. Normalmente siempre podemos cerrar las puertas de la ciudad, ¿no? Pero ahora apenas si hay un metro de agua en el río.

—¿Inundáis la ciudad solo para apagar los incendios? —preguntó Angua.

—Aja.

—Ah, sí, me olvidaba de algo —dijo Nobby—. ¡Y además la gente me tiró cosas!

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23

Que puede significar… bueno… los significados incluyen: «Disculpa, pero estás colgando de mi aro de goma, muchísimas gracias», «Para ti puede que solo sea una biomasa vital que oxigena el planeta, pero para mí es el hogar», y «Estoy seguro de que hace un momento había una selva tropical por aquí».

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