Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » ¡Guardias! ¿Guardias? [Guards! Guards! - es]
¡Guardias! ¿Guardias? [Guards! Guards! - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

¡Guardias! ¿Guardias? [Guards! Guards! - es]

Электронная книга - «¡Guardias! ¿Guardias? [Guards! Guards! - es]». Краткое содержание книги:

En esta nueva e hilarante entrega de Mundodisco, Terry Pratchett nos presenta a un nuevo grupo de personajes que viven en Ankh-Morpork. Bueno, viven..., digamos que moran o habitan, que ya se sabe que en Ankh-Morpork el único que vive es el patricio… La guardia (turno de noche) está formada por un grupo de hombres rudos, con alguna debilidad de carácter, de acuerdo, que se entregan con aplomo a su trabajo y hacen frente sin temor a un cúmulo de situaciones peligrosas.
Pese a algunos contratiempos, los miembros de la guardia (turno de noche) se las venían apañando para mantener la ley y el orden… Hasta que empezaron los problemas… Varios a la vez.
El primero, de carácter interno, lo constituyó la llegada del joven Zanahoria. Había algo muy extraño en ese chico, y no era sólo su estatura o el hecho de que se hubiese ofrecido voluntario… Tenía una extraña fijación con las ordenanzas, y no sólo parecía sabérselas de memoria sino que se empeñaba en hacerlas cumplir al pie de la letra. Así, un buen día detiene al ilustre presidente del Gremio de Ladrones acusándole de ser, eso, el presidente del Gremio de Ladrones…
Por si fuera poco, Ankh-Morpork empieza a sufrir los ataques de un dragón que nadie sabe de dónde puede haber salido, pues esos feroces e inteligentes animales se creían extinguidos desde hacía muchísimo tiempo. (No, la variedad doméstica de dragones del pantano no puede tenerse en cuenta aquí.) Lo peor del caso es que no parece haber ningún héroe a mano que pueda encargarse del dragón, y ¿a quién le va a tocar hacerse cargo de la situación…?
1 ... 48 49 50 51 52 53 54 55 56 ... 81
Перейти на страницу:

Vimes volvió a examinar los difusos perfiles de los edificios más cercanos.

Unas aclamaciones lejanas le informaron de que la comitiva ceremonial ya estaba en camino.

La actividad se redobló en el estrado cuando Lupine Wonse ordenó a unos cuantos criados que desenrollaran una alfombra púrpura para cubrir las escaleras.

Al otro lado de la plaza, entre los miembros de la diluida aristocracia de Ankh-Morpork, lady Ramkin también miraba hacia el cielo.

Un buen número de sacerdotes menores, algunos de ellos con heridas en la cabeza, se situaron rápidamente junto al trono, fabricado a toda velocidad con madera y panes de oro.

Vimes se removió en su asiento, consciente de los latidos de su propio corazón, y contempló la neblina que cubría el río…

… y vio las alas.

Queridos padres [escribió Zanahoria, mientras cumplía con su deber de vigilar la niebla]: la ciudad está haciendo la coronación, que es más complicado que como lo hacemos nosotros, y yo estoy de servicio. Es una pena, porque iba a ir a la coronación con Reet, pero no sirve de nada quejarse. Ahora tengo que dejaros porque estamos esperando que aparezca un dragón de un momento a otro aunque la verdad es que no existe. Vuestro hijo que os quiere, Zanahoria.

P.D.: ¿Habéis visto a Minty últimamente?

—¡Imbécil!

—Lo siento —dijo Vimes—. Lo siento.

La gente volvía a subir a sus asientos, y muchos le lanzaban miradas airadas. Wonse estaba lívido de furia.

—¿Cómo has podido ser tan idiota? —aulló. Vimes se miró fijamente las uñas.

—Me pareció ver… —empezó.

—¡Era un cuervo! ¿Sabes cómo son los cuervos? ¡Porque en esta ciudad los hay a cientos!

—Ha sido por la niebla, oye, no era tan fácil ver el tamaño… —murmuró Vimes.

—¡Y el pobre Maestro Saludo, tendrías que haber sabido cómo le afectan los ruidos!

Al jefe del Gremio de Profesores se lo habían tenido que llevar unos amables espectadores.

—¡Mira que gritar así…! —siguió Wonse.

—¡Oye, ya he dicho que lo siento! ¡Fue un error!

—¡Hasta he tenido que detener la comitiva! Vimes no dijo nada. Notaba perfectamente los cientos de miradas divertidas y nada compasivas.

—Bueno —murmuró—, será mejor que vuelva al Yard…

Wonse entrecerró los ojos.

—¡No! —rugió—. Pero puedes marcharte a casa, si quieres. O a donde te dé la gana. ¡Dame tu placa!

—¿Eh?

Wonse extendió la mano.

—Tu placa —repitió.

—¿Mi placa?

—Eso es lo que he dicho. No quiero que te vuelvas a meter en apuros.

Vimes lo miró atónito.

—¡Pero si es mi placa!

—Y me la vas a dar —replicó Wonse con gesto torvo—. Por orden del rey.

Vimes oyó cómo su propia voz se convertía en un gemido.

—¿Cómo que por orden del rey? ¡Si ni siquiera lo sabe!

—Pero lo sabrá —bufó Wonse, burlón—. Y supongo que ni siquiera se molestará en nombrar a un sucesor.

Lentamente, Vimes se quitó el disco de cobre verde grisáceo, lo sopesó en la mano y se lo tendió a Wonse sin decir palabra.

Por un momento, pensó en suplicar, pero algo dentro de él se rebeló. Dio media vuelta y echó a andar, alejándose de la multitud.

Así que eso era todo.

Tan sencillo. Después de media vida de servicio. Se acabó la Guardia de la Ciudad. Ja. Vimes dio una patada a una piedra. Seguro que ahora habría una Guardia Real, o algo por el estilo.

Con plumas en los malditos cascos.

Bien, pues él ya estaba harto. Al fin y al cabo, trabajar en la Guardia…, eso no era vida. No conocías a la gente en su mejor momento. Debía de haber cientos de otras cosas que podía hacer, y si meditaba el tiempo suficiente, seguro que se le ocurriría alguna de ellas.

Pseudópolis Yard no entraba en la ruta de la comitiva y, cuando entró tambaleante en la Casa de la Guardia, alcanzó a oír las aclamaciones lejanas, más allá de los tejados. Por toda la ciudad resonaban los gongs de los templos.

Ahora hacen sonar los gongs, pensó Vimes, pero pronto…, pronto…, pronto no harán sonar los gongs. No era lo que se dice un gran aforismo, pero podía mejorarlo. Ahora tenía tiempo de sobras.

Vimes se fijó en el caos.

Errol había vuelto a comer. Se había comido la mayor parte de la mesa, la rejilla de la chimenea, el cubo del carbón, varias lámparas y el hipopótamo de goma. Ahora volvía a estar tumbado en su caja, temblando y gimoteando en sueños.

—Menuda la has armado —dijo Vimes, enigmáticamente.

Al menos, él no tendría que limpiarlo.

Abrió el cajón de su escritorio.

Alguien se había comido también eso. Todo lo que quedaba era un puñado de cristales rotos.

El sargento Colon saltó la baranda que rodeaba el tejado del Templo de los Dioses Menores. Era demasiado viejo para aquel tipo de cosas. Se había apuntado en la Guardia para tocar la campana, no para sentarse en los tejados esperando a que lo encontrara un dragón. Recuperó el aliento, y escudriñó entre la niebla.

—¿Hay alguien humano todavía aquí arriba? —susurró.

La voz de Zanahoria resonó átona e irreconocible en el aire espeso.

—Estoy aquí, sargento —dijo.

—Sólo quería comprobar si estabais todavía aquí —respondió Colon.

—Estoy todavía aquí, sargento —repitió Zanahoria, obediente.

Colon se reunió con él.

—Sólo quería comprobar que no te había devorado —insistió, tratando de sonreír.

—No me ha devorado —le aseguró Zanahoria.

—Oh —dijo Colon—. Muy bien. Tamborileó los dedos sobre la piedra húmeda e intentó dejar bien claras sus intenciones.

—Asegurarme, nada más —repitió—. Es parte de mi deber. Ir por ahí y asegurarme de las cosas. No es que me dé miedo estar en los tejados solo, ya me entiendes. Oye, qué niebla hay aquí arriba, ¿verdad?

—Sí, sargento.

—¿Va todo bien?

La voz amortiguada de Nobby se coló a través de la niebla, seguida rápidamente por su propietario.

—Sí, cabo —asintió Zanahoria.

—¿Qué haces tú aquí arriba? —preguntó Colon.

—Sólo quería asegurarme de que el agente Zanahoria se encontraba bien —replicó Nobby con inocencia—. ¿Y qué haces tú, sargento?

—Todos estamos perfectamente —sonrió Zanahoria—. Qué bien, ¿no?

Los dos guardias se removieron incómodos, y evitaron mirarse el uno al otro. Había un largo trayecto de vuelta hasta sus puestos, por tejados húmedos, cubiertos de niebla y, sobre todo, expuestos. Colon tomó una decisión ejecutiva.

—A la mierda —dijo.

Se sentó sobre una estatua gigantesca. Nobby se sacó una húmeda colilla del cenicero indescriptible que era la parte trasera de su oreja.

—He oído pasar a la comitiva —señaló. Colon cargó la pipa y encendió una cerilla contra la piedra sobre la que se sentaba.

—Si ese dragón está vivo —dijo, contribuyendo a enturbiar el ambiente con el humo—, habrá puesto pies en polvorosa, os lo digo yo. Una ciudad no es lugar para un dragón —añadió como a quien le cuesta lo suyo convencerse de lo que está diciendo—. Se habrá largado a algún sitio donde haya lugares elevados y comida en abundancia, seguro.

—¿Algo así como esta ciudad? —preguntó Zanahoria.

—¡Cállate! —le ordenaron los dos al unísono.

1 ... 48 49 50 51 52 53 54 55 56 ... 81
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)