Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Solo quedan estas tres - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Solo quedan estas tres

Электронная книга - «Solo quedan estas tres». Краткое содержание книги:

Uno de los héroes más queridos de la literatura romántica sigue siendo un misterio incluso para los fans más devotos de Jane Austen… hasta ahora. Pamela Aidan nos relata, con magistral pluma, los conocidos acontecimientos de Orgullo y Prejuicio desde el punto de vista de su protagonista, Fitzwilliam Darcy.
En Sólo quedan estas tres, la última entrega de esta trilogía, Darcy continúa con el viaje en el que está intentando conocerse a sí mismo, después de que Elizabeth Bennet rechace su propuesta de matrimonio, y en el que tratará de convertirse en el caballero que desea ser. Afortunadamente, el destino les concederá a ambos una nueva oportunidad cuando se vuelven a encontrar en su finca de Derbyshire. Allí, Darcy intentará convencer de nuevo a su amada… si su antiguo némesis, George Wickham, se lo permite.
1 ... 48 49 50 51 52 53 54 55 56 ... 122
Перейти на страницу:

– ¡Bellingham! -exclamó Sylvanie bruscamente, pero luego continuó con un tono más conciliador-: Todo va bien.

– Es una pregunta muy sencilla. -Bellingham ignoró a Sylvanie, mientras seguía mirando fijamente a Darcy-. ¿Qué tiene usted en la mano?

– Parece una copa de vino. -Darcy se llevó la copa a los labios y se tomó la mitad del contenido, mientras le sostenía la mirada a Bellingham-. Sí, ¡definitivamente es vino! Pero, por favor, señor, ilústreme si usted cree que es algo más. -Le acercó la copa a Bellingham.

Bellingham retrocedió y miró a Darcy con desprecio.

– Eso pensé -dijo. Luego soltó una risita y se volvió hacia su anfitriona-. ¿«Todo va bien», Sylvanie? -le preguntó-. ¡No lo parece! -Y después de hacer una rápida inclinación, se marchó.

Darcy se quedó observándolo con perplejidad, pero cuando su mirada volvió a posarse en los que lo rodeaban, enseguida sintió que el buen espíritu con que lo habían recibido se estaba disipando con la misma rapidez con que Bellingham avanzaba hacia la puerta. ¿Qué era lo que había dicho? Terminó apresuradamente el contenido de su copa.

– No debe preocuparse por Bellingham. -Sylvanie se inclinó sobre Darcy y, pasándole el brazo por delante, agarró la copa que él sostenía en la otra mano. El aroma de su perfume flotó sobre Darcy, un olor a rosas frescas y musgo húmedo por lluvia-. Es un hombre extraño y esta noche está más preocupado que de costumbre. -Le sonrió a Darcy, enarcando sus cejas cuidadosamente delineadas-. No permita que él le arruine la velada. -El caballero no pudo evitar devolverle la sonrisa e inclinar la cabeza en señal de aceptación-. Excelente. -Soltó una risa de complacencia y se levantó de su sitio, tras colocar la copa sobre una mesa-. Entonces, venga; hay gente aquí a quienes creo que le gustará conocer. -Darcy se levantó al oír la invitación de Sylvanie y nuevamente ella agarró su brazo-. Como anfitriona suya, debo asegurarme de que usted esté cómodo -murmuró con tono íntimo- y como debo retirarme dentro de unos minutos, mejor será que lo deje en buena compañía hasta que regrese.

– ¿Tiene que retirarse? -preguntó Darcy, molesto por la idea de quedarse solo en un salón lleno de desconocidos. También se dio cuenta de que le gustaba oír la acariciadora voz de Sylvanie y sentir la cálida presión de su mano sobre el brazo.

– Sólo un rato, mientras canto unas cuantas canciones para mis invitados. Esta noche es bastante especial -susurró con tono de conspiración, mientras atravesaban el salón-. ¡Monmouth ha logrado traer a Tom Moore! Accedió a cantar, pero sólo con la condición de que hagamos un dueto y que yo toque para él.

– Un gran honor, ciertamente -admitió Darcy, muy impresionado. Había oído en más de una ocasión al famoso tenor irlandés y siempre en muy buena compañía. El hecho de que Sylvanie hubiera logrado que asistiera a su velada era, de por sí, un triunfo social de primer orden. Y el deseo de Moore de que ella cantara y tocara para él era un inmenso elogio.

– ¡Sylvanie, querida! -La exclamación de sir John O'Reilly los hizo detenerse-. ¿Qué va a hacer con Darcy? ¿Lo va a reservar para usted toda la noche?

– ¡O'Reilly! -dijo Sylvanie con asombro-. ¿Entonces ustedes dos ya se conocen?

– ¡Claro! Monmouth nos presentó cuando llegó. -Hizo una pausa y rozó con los labios la mejilla de Sylvanie-. ¡Tengo el honor de ser su amigo más antiguo aquí! ¿No es verdad, mi querido muchacho? -O'Reilly volvió a hacerle un guiño, moviendo sus pobladas y canosas cejas. Si Sylvanie era la reina de las hadas, O'Reilly era un duende de gran tamaño, aunque Darcy sospechaba que su tesoro residía en su lengua de plata y no en un baúl enterrado y lleno de oro.

Sylvanie soltó una carcajada.

– Entonces tal vez no le moleste encargarse de presentarle a algunos invitados, porque ahora tengo que ocuparme de Moore y de nuestro pequeño espectáculo. Pero espero que lo cuide bien -le advirtió Sylvanie-, porque volveré a reclamarlo cuando termine. -Sylvanie les hizo un gesto de asentimiento, pero obsequió a Darcy con una ligera caricia de sus dedos antes de retirar la mano y abrirse paso con elegancia entre los corrillos de invitados.

– Supongo que eso significa que ella lo querrá encontrar sobrio, ¡qué lástima! -Sir John suspiró con dramatismo-. Ah, bueno, al mal que no tiene cura, ponerle la cara dura. ¡Oiga! -Detuvo a un criado y, tras agarrar dos whiskys de la bandeja, le dio uno a Darcy-. ¡Por la tolerancia! -dijo, haciendo un brindis y bebiendo un buen trago del licor.

– ¡Por la tolerancia! -repitió Darcy, levantando también el vaso. Hacía algún tiempo que no bebía una cantidad tan considerable de whisky y el que servían allí era bastante fuerte. El licor le quemó la garganta, pero al menos esta vez no se le inundaron los ojos de lágrimas. Bajó el vaso y posó la mirada en sir John, que sonreía.

– ¿Mejor esta vez, no? -Luego hizo un gesto circular hacia el salón, mientras el whisky se sacudía peligrosamente en el vaso-. ¿Conoce a mucha más gente aquí?

– A casi nadie -contestó Darcy-. Monmouth y yo somos amigos desde la universidad. Conocí a Syl… a lady Monmouth mientras visitaba a sus hermanos en Oxfordshire, en enero pasado. A Moore lo he oído cantar antes, claro, pero no lo conozco.

– ¿Le gustaría conocer a alguien en particular? -Sir John terminó su vaso y buscó un lugar donde dejarlo.

– No estoy seguro. -Darcy vaciló mientras observaba a la concurrencia, antes de recordar el curioso incidente sucedido unos instantes antes-. Sí, Bellingham. -Darcy miró a sir John y, cuando este comenzó a inspeccionar el salón con la mirada, le dijo-: Ya se ha ido, pero tal vez usted pueda explicarme algo que él ha dicho.

– ¿Algo que ha dicho ahora? -El tono de O'Reilly pareció enfriarse-. Me parece que Bellingham dice demasiadas cosas.

– En realidad fue una pregunta, que aparentemente yo no entendí, pues se ofendió mucho al oír mi respuesta.

– ¿Qué tiene usted en la mano? ¿Sería ésa la pregunta? -Al ver el gesto de sorpresa y confirmación de Darcy, O'Reilly desvió la mirada y maldijo en voz baja-. ¿Y usted qué le contestó?

– Que tenía una copa de vino… -O'Reilly casi se ahoga al oír su respuesta-. Lo cual era cierto. Pero él estaba esperando algo más, ¿no es así?

– ¡Ah, claro! -O'Reilly levantó los ojos al cielo y luego sacudió la cabeza-. Siendo un hombre inteligente, usted habrá observado que la mayor parte de los asistentes a esta reunión son de origen o inclinación irlandesa. Él estaba poniendo a prueba sus simpatías, para ver hacia dónde se dirigían, y «una copa de vino» ¡no era la respuesta correcta!

– Sí, eso lo dejó bien en claro -repuso Darcy-. Pero…

– Ah, ahí está nuestra querida Sylvanie con Moore -interrumpió sir John, llamando la atención de Darcy hacia la puerta. En efecto, allí estaba Sylvanie, encantadora con su arpa en los brazos y el gran Moore a su lado. La multitud se separó para permitirles colocarse en el centro del salón, mientras los aplaudían-. Venga, Darcy. -Sir John depositó su vaso, agarró otro par de vasos de una bandeja y le pasó uno a él. Cuando el caballero miró a su alrededor, vio que los camareros estaban entregándole vasos idénticos a todos los presentes y que todo el mundo se ponía en pie-. ¡Ahora espere a oír el brindis! -Sir John le dio un codazo e hizo un gesto con la cabeza para señalar a su anfitriona y al famoso invitado, mientras el salón quedaba en silencio.

Sylvanie se acomodó el arpa en un brazo, se echó hacia atrás los tirabuzones que caían seductoramente sobre el hombro y aceptó, al igual que Moore, el vaso que le ofrecía un camarero. La expectación que se apoderó del salón despertó la curiosidad de Darcy, mientras toda la atención se centraba sobre ellos. De repente Sylvanie levantó su vaso.

1 ... 48 49 50 51 52 53 54 55 56 ... 122
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)