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El Asesino de la Carretera

Электронная книга - «El Asesino de la Carretera». Краткое содержание книги:

Martin Plunkett ha sembrado Estados Unidos con un rastro de muertes. Cuando el FBI consigue darle caza, decide confesar sus crímenes a cambio de que su autobiografía vea la luz. Así, escribe sus memorias mientras cumple las cuatro cadenas perpetuas a que ha sido condenado.
Nacido en Los Ángeles en los años cincuenta, su adolescencia es extraña y compleja, hasta el punto de que, en cierto modo, acaba provocando el suicidio de su madre. A raíz de este suceso, queda bajo la tutela de un oficial de policía, de quien aprende justo lo que no debía: el oficio de ladrón. Martin tiene una inteligencia extraordinaria y cierta tendencia al aislamiento, por lo que va construyendo sus obsesiones mientras continúa con los atracos. Tras pasar un año en la cárcel, comete su primer asesinato.
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Eran hermanos, no cabía duda. Los dos enfundados en uniformes púrpura satinados de monitor, los dos rubios y con unas figuras soberbias que seguían los cánones clásicos masculino/femenino, los dos algo más que fatuamente guapos, transpiraban una larga historia de intimidad familiar. Viéndoles instruir a un esmirriado adolescente acerca de una de las máquinas, observé que los gestos de uno se acomodaban a los del otro. Cuando él bajó una mano como si diera un tajo para subrayar lo que decía, ella repitió el movimiento, aunque con más suavidad. Cuando él levantó las palmas rectas para mostrar cómo funcionaban las poleas, ella lo imitó, un poco más despacio. Estudiándolos, enseguida comprendí que mantenían relaciones incestuosas y que esto era lo único de lo que nunca hablaban.

Desmonté de la máquina de cargas de hombro y me dirigí al vestuario. Sudando -en esta ocasión, de regocijo- me quité el atuendo de gimnasia y me vestí de calle; entonces, volví a la zona de ejercicio. Los hermanos explicaban el desarrollo muscular a un grupo cerca de la cinta de andar, señalándose mutuamente laterales y pectorales, al tiempo que sus dedos tocaban los puntos que indicaban. Al tocar los mismos puntos de mi propio cuerpo, sentí que mis músculos doloridos vibraban y que, luego, latían con la palabra «Muertos». A la entrada de la sala había un tablón con las fotografías y nombres de los instructores del club. George Kurzinski y Paula Kurzinski sonreían, uno al lado del otro, desde la fila superior. Programé su muerte para nueve meses después: el 5 de junio de 1982, fecha en que se cumplirían catorce años del día que vi a mi primera pareja haciendo el amor. Al salir del Co-Ed Connection, puse en marcha mi cronómetro mental. Complacido con el sonido de sus resortes en movimiento, dejé que corriese mientras activaba mi plan paso a paso.

Tic tic tic tic tic tic tic tic tic.

Septiembre de 1981:

Averiguo que los Kurzinski viven juntos, duermen en habitaciones separadas y visitan a su madre viuda en el sanatorio todos los domingos. Tic tic tic tic.

Noviembre de 1981:

La vigilancia desplegada revela que Paula Kurzinski duerme en casa de su amigo los miércoles y viernes; esas noches, la novia de George Kurzinski duerme con él en el piso de los hermanos. Tic tic tic tic tic.

Enero de 1982:

Consigo el plano del piso de los Kurzinski en la Oficina de Planificación Urbanística de Sharon. Tic tic tic tic tic tic. Febrero de 1982:

Me hago experto en abrir cerraduras idénticas a la deslustrada Security King de la puerta del piso de los Kurzinski. Tic tic tic tic.

Abril de 1982:

Me procuro disfraz, drogas y armas; trazo una ruta de huida y cuatro alternativas. Tic tic tic tic tic tic tic tic.

15 de mayo de 1982:

Realizo con éxito una inspección del piso de los Kurzinski. Guardo armas blancas auxiliares bajo las alfombras del dormitorio y del salón. Encuentro una Beretta de calibre 25, cargada, en el cajón superior de la cómoda de Paula. Localizo un revólver Smith & Wesson del 32, cargado, bajo el colchón de George. Tic tic tic tic tic.

28 de mayo de 1982:

Segunda inspección del piso de los Kurzinski. Cargo cartuchos de fogueo en las dos armas; como seguridad añadida, fuerzo los percutores dos milímetros a un lado para asegurarme de que las armas no disparen como es debido.

Tic

Tic

Tic

Tic

Tic

Tic

Tic

Tic

Tic…

Del Law Enforcement Journal del 30 de mayo de 1982:

UN GRUPO ESPECIAL DEL FBI «ATACARÁ»

A LOS ASESINOS EN SERIE MEDIANTE

UN PLANTEAMIENTO ESTRATÉGICO DIVERSIFICADO

Quantico, Virginia, 15 de mayo:

Los fenómenos delictivos, por antiguos que sean, no quedan realmente certificados hasta que reciben un nombre. Los términos «asesino en masa» y «asesino aleatorio» forman parte de la jerga policial y del lenguaje corriente y se emplean para designar, respectivamente, a gente que mata a más de una persona en un único acceso de violencia y a los que (casi siempre hombres) matan sin razón aparente. A partir de revelaciones recientes, y principalmente del caso Ted Bundy (ver L. E. J. 9/10/81), se ha acuñado un nuevo término, una expresión de moda, que parece haber cautivado la imaginación humana. El FBI, conocedor del problema desde hace algún tiempo, será probablemente el medio que populizará dicho término, pues se dispone a ser la primera agencia de seguridad nacional que «ataque» concertadamente al tipo de criminales al que hace referencia: los Asesinos en Serie.

Según el inspector del FBI Thomas Dusenberry, el asesino en serie se define como: «Un homicida que mata repetidamente, eligiendo una víctima o grupo de víctimas cada vez. El prototipo de asesino en serie es un varón, blanco, de inteligencia superior a la media y de entre veinticinco y cuarenta y cinco años. Lo anterior es una constante, mientras que todo lo demás relacionado con este tipo de homicida difiere, por lo que resulta muy difícil detenerlos.

»Para empezar, los asesinos en serie suelen cambiar su modus operandi para adecuarse a la víctima en cada ocasión. Pueden matar a una persona por gratificación sexual y a otra por dinero. Pueden estrangular a una y matar a tiros a otra. Se sabe de asesinos en serie que han violado a media docena de sus víctimas femeninas y, a continuación, han ignorado sexualmente a otra media docena.

»Además, estos hombres tienden a viajar y a deshacerse de sus víctimas de modo que no se encuentren los cuerpos. Aparte de la compleja psique del asesino en serie y de los cambios en el modus operandi, su estilo de vida errabundo contribuye a que resulten tan escurridizos, pues aprovechan las deficiencias en la comunicación entre los cuerpos de seguridad.

»En este país hay cincuenta estados, a los que sirven incontables cuerpos policiales. La comunicación entre cuerpos dentro de cada estado hace ya bastante tiempo que es la adecuada, en cuanto a identificaciones. En cambio, la comunicación de información entre diversos estados se halla en una situación lamentable y constituye la principal dificultad en la investigación de posibles correspondencias entre diversos homicidios y desapariciones.»

Así pues, ¿cómo se propone afrontar el problema este nuevo Grupo Especial del FBI contra los asesinos en serie?

Según el inspector Dusenberry, «cuando un asesino cruza una frontera estatal después de cometer un homicidio, se convierte en delincuente federal. Así pues, lo que haremos será comparar en el ordenador los datos estadísticos de homicidios y desapariciones sin resolver de los cincuenta estados durante los últimos diez años. Si se establecen vínculos entre crímenes cometidos en diferentes estados, solicitaremos a los cuerpos policiales correspondientes los expedientes completos de los casos y mantendremos comunicación telefónica con los agentes que realizaron tales investigaciones. Tendremos registros comparativos de modus operandi, de pruebas materiales, de probabilidades circunstanciales y de media docena de características más, recogidas de los informes realizados por los psicólogos forenses adjuntos al Grupo Especial. Es probable que de toda esta información surjan pautas y sobre ellas plantearemos hipótesis que nos lleven a iniciar investigaciones concretas, de las que se encargarán experimentados agentes de la División Criminal».

Este Grupo Especial ocupa hoy un ala entera de un edificio del complejo de la Academia del FBI en Quantico. Los despachos están abarrotados de resmas de papel en blanco, de escritorios y terminales de ordenador conectadas a un superordenador central que recoge datos de las policías de los cincuenta estados. Conocido por los agentes como «Sally Serie», este cerebro artificial será el punto de partida de todas las posibles investigaciones. Programada ya con datos de veintisiete casos resueltos de asesinos en serie, «Sally Serie» contará con la ayuda de media docena de destacados psicólogos forenses con amplia experiencia de campo, tres patólogos forenses especialistas en indicios criminales y cuatro agentes de la división criminal, hombres con quince años de experiencia y bien relacionados con el Buró, que serán los encargados de rastrear vínculos, conexiones y pistas.

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