Электронная книга - «Un Asesinato Literario». Краткое содержание книги:
– La muerte de Absalón es una muerte trágica y paradójica -dijo Tuvia Shai-. Quien tanto ama su cabello muere precisamente por culpa de su cabello.
– Hay un midrás relativo a eso -dijo una mujer madura que había guardado silencio hasta entonces. Estaba sentada en el centro de la herradura y Michael vio emoción en su cara.
– Sí -confirmó Shai alegremente-. ¿Lo recuerda?
– Los sabios dicen, en el tratado Sotá, según creo -repuso la mujer con voz agradable-, que Absalón se enorgullecía de su cabello y por eso quedó colgado de él.
Tuvia Shai asintió vigorosamente. No había lugar a duda: su cara irradiaba literalmente felicidad.
– Ahora podemos pasar al poema -dijo Shai, y Michael se encontró escuchando una larga disertación sobre una figura de construcción. «Ceugma», escribió Shai en la pizarra, y explicó con todo detalle por qué el significado del poema derivaba de su sintaxis y estructura-. Pese a los elementos sintácticos, con los que a todas luces se pretende subrayar la presencia de la voz poética en el texto -dijo Shai, sacudiéndose los restos de tiza de las manos-, la impresión que recibimos es que el sujeto del poema se encuentra precisamente en la parte subordinada de la frase: el pelo de Sansón, la vida de Sansón. Y el lector se olvida de la existencia del yo poético. En otras palabras, las proposiciones adjetivas del poema se sustantivan, es decir, se convierten en sustitutos del nombre.
Michael no acababa de entender lo que estaba explicando Shai. Se sentía perdido y su interés por el poema decayó. A los demás se les veía absortos en un mundo que él había creído comprender, donde ahora la gente hablaba una lengua totalmente distinta de la suya. Tuvia Shai disertaba con entusiasmo y los alumnos escribían con energía. Una chica levantó la cabeza, hizo una mueca, vaciló y después alzó la mano.
– Un momento -dijo Shai-, enseguida termino -y prosiguió casi a ritmo de dictado-: El cabello de Sansón es el referente y todo lo demás se relaciona con él. Gramaticalmente, todo está subordinado a la expresión iniciaclass="underline" «Nunca he logrado comprender…»; gracias a esa expresión se impide que se agote la energía de la frase.
A continuación, se volvió hacia la alumna y, con un gesto, le concedió permiso para hablar.
Era una veinteañera guapa de cara que estaba sentada frente a Michael. Tenía la nariz cubierta de pecas y, cuando se retiró un mechón de pelo de la frente, se le vieron los ojos, oscuros y brillantes.
– No sé qué pensarán los demás -dijo con voz agitada-, pero, desde mi punto de vista, hablar tanto de la sintaxis echa a perder el poema.
Tuvia Shai no sonrió. Dijo con expresión absolutamente seria:
– En primer lugar, aún no hemos terminado; y, en segundo lugar, Tamar -era la primera vez que se dirigía a alguien por su nombre-, llevamos todo el año hablando de sintaxis; y, tercero, le prometo que si este poema posee algún valor, no habrá nada que lo eche a perder, ni siquiera el análisis sintáctico. Pero ¿tal vez querrá volver a darnos su opinión al final?
Hubo algún suspiro y alguna sonrisa benigna. Las dos mujeres tocadas con pañuelos intercambiaron una mirada cómplice y observaron a la joven con indignación y desprecio. Ella se sonrojó, puso mala cara y dijo malhumorada:
– No lo sé -y bajó la vista hacia su bolígrafo.
– Es la voz del poeta, Tamar, la voz del poeta -dijo Shai como si estuviera revelando un gran secreto. Michael lo miró y, poco a poco, comenzó a comprender-. Es el poeta quien se enfrenta a las historias bíblicas y las pone en tela de juicio. En último análisis, el poema se refiere a quien habla en primera persona, y lo hace mediante la elección de algunos detalles de las historias bíblicas para situarlos entre las expresiones contrapuestas: «Nunca he logrado comprender…, no me plantea problemas…». Así descubrimos cómo es el yo poético, su personalidad, merced al cambio que se opera en la alusión y al hecho de que el yo poético la comprenda o no la comprenda. ¿Recuerdan el ensayo de Culler? -el joven de ojos claros asintió y Tuvia Shai dijo mirándole-: Cuando la voz del poeta declara sus intenciones, nos ofrece un centro de gravedad, que pasa a dominar la interpretación -en el aula se había hecho un silencio indicativo de la concentración general. Tuvia Shai señaló el folleto, respiró hondo y continuó-: El poema plantea una disyuntiva entre varios datos que en apariencia, y quiero subrayar que sólo en apariencia, se derivan necesariamente unos de otros. En otras palabras, al analizar cómo se transforma la alusión en su paso de la Biblia al poema y su ubicación en la estructura arquitectónica del mismo, podemos comprender lo que el poeta no está diciendo de sí mismo.
«¿Y usted qué está diciendo de sí mismo?», preguntó Michael mudamente, y una vez más su mirada topó con la del profesor, quien, sin pestañear, se embarcó en la larga disertación a la que, con toda evidencia, se había encaminado la clase desde el principio.
– Ahora que hemos acabado de desbrozar el terreno…, después de indagar en todas las alusiones y sus posibles interpretaciones, de examinar el uso de la sintaxis y la estructura del poema, así como la selección de datos de las historias bíblicas…, al fin estamos en situación de descifrar cómo se transforma la alusión en el contexto del poema. El único elemento bíblico de la historia de Sansón que incorpora el poema es «el inmenso secreto, el ascético misterio» de su cabello.
Y al volver a oír términos como «significante» y «significado», Michael se preguntó cansinamente a dónde querría ir a parar Shai. Pero recuperó el interés cuando Shai dijo:
– «El miedo constante a perder mechones», un miedo que no se expresa en la Biblia, ni directa ni indirectamente. La mención de ese miedo deriva de la opinión del yo poético, a quien le parece lógico que si la fuerza de Sansón se basaba por completo en su cabello, él sintiera miedo a perderlo. El poema transforma la debilidad de Sansón ante las tentaciones femeninas en un miedo real a las mujeres, un miedo que está en contradicción con los peligros arrostrados por el Sansón bíblico. El poema no interpreta la debilidad de Sansón con respecto a las mujeres como una incapacidad para resistir a la tentación, ¡sino como miedo a la castración! ¡Se presenta a Sansón como un hombre que teme por su propia virilidad! -una vez más la mirada triunfante, muy parecida a la de Balilty cuando descubría alguna información y se sentía un detective de éxito. Michael nunca habría imaginado a Tuvia Shai capaz de albergar ese sentimiento-. El motivo de la castración -prosiguió Shai- aflora con claridad en una segunda lectura: ¿a qué viene el tabú de hablar sobre el cabello de Sansón? ¿Acaso es un órgano sexual? Y su espanto cada vez que Dalila le acaricia suavemente el cabello lo identifica como un hombre preocupado en todo momento por proteger su pelo. O lo que es lo mismo, el poeta percibe la fortaleza de Sansón como algo primitivo, infantil, pese al elemento místico que le es inherente.
Hasta la poseedora de la nariz pecosa miraba a Tuvia Shai con intensa concentración, haciendo un esfuerzo para comprender.
– Discúlpeme -dijo la mujer enturbantada-. ¿Le importaría repetir la última frase?
– ¿Qué última frase? -preguntó Tuvia Shai con expresión perpleja, como si acabara de despertar de un trance hipnótico.
– No la he comprendido bien -insistió la mujer del turbante.
Tuvia Shai repitió las palabras «miedo a la castración» y «metonimia» un par de veces y repasó las últimas frases que había pronunciado. La mujer hizo un gesto de asentimiento mientras tomaba notas con energía y decía: «Ya lo entiendo», en un tono del que Michael dedujo que no había entendido nada pero desistía de intentarlo.