Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]
- Автор: Мартин Джордж Рэймонд Ричард
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-0012-7
- Переводчик: Albert Sole
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]». Краткое содержание книги:
Una vez lo hubo conseguido la sirena empezó a gemir estruendosamente casi junto a su oído. Se oyó un repentino siseo y las ¡ambas de la puerta se cubrieron de espuma al activarse los sellos de seguridad. La gravedad se desconectó unos segundos antes de que lo hiciera el flujo de aire y al otro extremo de la habitación se descorrió un panel, revelando el hueco donde se guardaba el equipo de emergencia.
Tolly Mune no perdió ni un segundo. Dentro de! hueco había equipos de respiración, propulsores de aire y media docena de paquetes con dermotrajes. Se vistió con uno de ellos y cerró los sellos.
—Ven aquí —le dijo a Desorden. Al parecer, a la gata no le gustaba el ruido—. Ten cuidado, no rompas la tela con esas uñas. —Metió a Desorden dentro de un casco, conectándolo luego a un dermotraje vacío ya un equipo de respiración que puso a máximo funcionamiento, más allá del límite de presión recomendado. El dermotraje se infló como un globo. La gata arañó inútilmente el interior metalizado del casco y lanzó un maullido lastimero. Lo siento —dijo Tolly Mune, dejando flotar a Desorden en el centro de la habitación mientras quitaba la antorcha láser de los soportes—. ¿Quién dijo que era una maldita falsa alarma? —proclamó, impulsándose de una patada hacia la ventana, antorcha en ristre.
—Quizá desee tomar un poco de vino especiado con hongos —dijo Haviland Tuf. Desorden estaba frotándose en su pierna y Caos se había subido a su hombro, agitando su larga cola gris de un lado a otro y contemplando fijamente a la gata blanquinegra como si estuviera intentando recordar de quién se trataba exactamente—. Parece estar cansada.
—¿Cansada? —dijo Tolly Mune y se rió—. Acabo de quemar la ventana de un hotel clase estelar, he cruzado kilómetros de vacío con sólo propulsores de aire como motor, utilizando las piernas para llevar a remolque una gata metida en un dermotraje inflado. Tuve que dejar atrás a la primera escuadra de seguridad que soltaron de la sala de guardia del muelle y luego tuve que utilizar mi antorcha láser para averiar el trineo del segundo grupo que mandaron en mi busca, esquivando durante todo ese tiempo sus trampas y sin dejar de remolcar a su condenada bestia. Luego tuve que pasar media hora arrastrándome por el casco del Arca, dando golpes en él como si se me hubiera derretido el cerebro y viendo durante todo ese tiempo como mi Puerto se volvía loco. Perdí dos veces a la gata y tuve que ir en su busca antes de que cayera hacia S’uthlam y cada vez que se me iba la mano con uno de los propulsores las dos salíamos despedidas hacia el infinito. Luego se me echó encima un maldito acorazado y pude gozar de unos maravillosos instantes de tensa emoción, preguntándome cuándo diablos pensaba conectar su esfera defensiva y luego pude contemplar el asombroso espectáculo de fuegos artificiales que tuvo lugar cuando la flota decidió poner a prueba sus pantallas. Tuve mucho tiempo durante el cual pensar si iban a localizarme mientras me arrastraba como un insecto sobre la piel de un condenado animal y después Desorden y yo mantuvimos una soberbia e interesante conversación cuyo tema era qué haríamos si se les ocurría mandar una oleada de trineos contra nosotras. Acabamos decidiendo que yo les echaría un solemne sermón y que ella les sacaría los ojos a zarpazos. y entonces, por fin, nos localizó y tuvo la bondad de meternos dentro del Arca justo cuando la maldita flota empezaba a soltar sus andanadas de torpedos. ¿Cómo se le ha ocurrido decir que puedo estar cansada?
—No hace falta emplear el sarcasmo —dijo Haviland Tuf.
Tolly Mune lanzó un resoplido. —¿Tiene algún trineo de vacío? —Sus hombres dejaron abandonados cuatro en su prisa por marcharse.
—Estupendo. Cogeré uno de ellos. Una mirada a los instrumentos le indicó que Tuf había puesto finalmente la sembradora en movimiento.
—¿Qué está pasando ahí fuera? —La flota sigue persiguiéndonos —dijo Tuf—. Los acorazados Doble Hélice y Charles Darwin encabezaban el cortejo con sus escoltas protectoras no muy lejos y hay toda una cacofonía de comandantes que profieren las más rudas amenazas, declamando frases marciales y prometiendo pactos que no me parecen demasiado sinceros. De todos modos sus esfuerzos no darán resultado alguno. Mis pantallas defensivas, soberbiamente restauradas por sus cuadrillas hasta alcanzar su plena potencia, son más que suficientes para detener cualquier arma que pueda hallarse en el arsenal de S’uthlam.
—No las someta a pruebas excesivas —dijo Tolly Mune con cierta amargura—. Limítese a conectar el impulso espacial apenas me haya largado y desaparezca de aquí.
—Me parece un consejo excelente —dijo Haviland Tuf. Tolly Mune se volvió hacia las hileras de videopantallas que colmaban las paredes de la larga y angosta sala de comunicaciones, ahora convertida en centro de control para Tuf. Encogida en su silla y algo aplastada por la gravedad, había adquirido de pronto el aspecto correspondiente a sus años y, además, los notaba.
—¿Qué será de usted? —le preguntó Haviland Tuf. Ella le miró.
—Oh, una pregunta realmente interesante. Caeré en desgracia y seré arrestada. Se me despojará de mi cargo, puede que se me juzgue por alta traición. No se preocupe, no me ejecutarán. Eso sería una actitud antivital. Supongo que terminaré en una granja penal de la Despensa. —Suspiró.
—Ya veo —dijo Haviland Tuf—. Quizá desee ahora considerar de nuevo mi oferta en cuanto a transporte fuera del sistema s’uthlamés. Sería para mí un placer llevarla a Skrymir o al Mundo de Henry. Caso de que deseara apartarse aún más del lugar en que ha cometido sus aparentes delitos, tengo entendido que Vagabundo es un lugar de lo más encantador durante sus Largas Primaveras.
—Me está sentenciando a pasar una vida bajo el peso de la gravedad —dijo ella—. No, Tuf, gracias. Éste es mi mundo. y ésta es mi maldita gente, volveré con ella y aceptaré lo que me caiga encima. Además, tampoco usted va a salir tan bien librado del asunto. —Le apuntó con un dedo. Está en deuda conmigo, Tuf.
—Creo recordar que la deuda asciende a treinta y cuatro millones —dijo Tuf.
Tolly Mune sonrió. —Señora —dijo Tuf—, si puedo atreverme a preguntar… —No lo hice por usted —se apresuró a contestar ella.
Haviland Tuf pestañeó. —Le pido excusas si aparentemente demuestro una curiosidad excesiva en lo tocante a sus motivos, ya que no es tal mi intención. Temo que un día u otro la curiosidad va a ser la causa de mi perdición pero no puedo sino preguntar, ¿por qué lo hizo?
Tolly Mune, Maestre de Puerto, se encogió de hombros. —Créalo o no, lo hice por Josen Rael.
—¿El Primer Consejero? —y Tuf pestañeó de nuevo. —Por él y por los demás. Conocí a Josen cuando estaba comenzando. No es malo, Tuf. No lo es. Ninguno de ellos es malo. Son hombres y mujeres decentes que actúan siguiendo lo que piensan que es su deber. Sólo quieren alimentar a sus hijos.
—No comprendo de! todo su lógica —dijo Haviland Tuf. —Yo asistí a la reunión, Tuf. Estuve ahí sentada, le oí hablar lo que e! Arca les había hecho. Eran gente honesta, dotada de ética y sentido de! honor pero el Arca ya les había convertido en una pandilla de estafadores y embusteros. Creen en la paz y ya estaban hablando de la guerra que quizá se verían obligados a librar para no perder la maldita nave suya. Todo su credo se basa en la sacra santidad de la vida humana y estaban discutiendo como unos estúpidos la cantidad de muertes que podían llegar a ser precisas para ello, empezando por la suya. ¿Ha estudiado alguna vez historia, Tuf?
—No puedo pretender ser un gran experto en ella, pero tampoco puedo alegar una absoluta ignorancia de lo sucedido en tiempos pretéritos.
—Hay un proverbio de la Vieja Tierra, Tuf. Dice que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe de un modo absoluto e irremisible.
Haviland Tuf guardó silencio. Desorden se instaló de un salto en sus rodillas, haciéndose una bola. Tuf empezó a pasar su enorme y pálida mano por el lomo de la gata.