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Esclavos de la oscuridad

Электронная книга - «Esclavos de la oscuridad». Краткое содержание книги:

Una novela deslumbrante que explora el filo entre la vida y la muerte, lo divino y lo satánico.
Tras el intento de suicidio de su mejor amigo, un policía decide investigar las razones que lo llevaron a tomar esa decisión. En el camino a la verdad descubrirá prácticas satánicas, drogas africanas y una serie de asesinatos horrendos sin explicación. Las víctimas comparten solo una cosa en común: experimentaron la muerte. ¿Cómo puede revivir alguien clínicamente muerto? ¿Qué ocurre si en vez de ver la luz, vio las tinieblas?
Una novela diabólica con todos los ingredientes para convertirse en un éxito y una referencia del género, por el maestro del thriller e indiscutible que nos acerca a una de las realidades más sorprendentes e intranquilizantes de la medicina moderna: las experiencias de muerte inminente.
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Sin embargo, el comunicado del magistrado acabó con demasiada brevedad. No hay ninguna información nueva sobre la investigación. Nada sobre el informe de la autopsia. Nada sobre las declaraciones de los testigos. El fiscal tampoco precisó las principales hipótesis en las que trabajan los gendarmes. No se puede sino elogiar esta discreción. Sin embargo, los habitantes de Sartuis tienen derecho a la información.

En Le Courrier du Jura, realizamos nuestra propia investigación. Hemos sabido que Sylvie Simonis, tras ser sometida a una operación de poca importancia, abandonó el hospital en la mañana de ayer. Nadie sabe dónde se aloja desde entonces; su casa sigue vacía. Además, la declaración de Martine Scotto no ha aportado nada nuevo. El misterio es absoluto. ¿Por qué nadie vio a Manon en la zona de juegos? ¿Tomó otra salida? ¿Cómo y con quién fue hasta la planta depuradora? Manon era una niña arisca, que nunca habría seguido a un desconocido. Esto explica por qué los gendarmes se concentren en el entorno de la pequeña.

Otros enigmas persisten. Como la ausencia de huellas de pisadas o de neumáticos en la planta depuradora. O la causa exacta de la muerte de Manon. Según el equipo de rescate, el deceso por hidrocución es más probable que un ahogamiento. Pero ¿por qué las autoridades no nos dan algún detalle? ¿Por qué este silencio con respecto al informe de la autopsia? ¡Los gendarmes y los magistrados deben acabar con esta censura!

En los artículos siguientes, Chopard se convertía en portavoz de una población impaciente. Los investigadores seguían en silencio. A tal punto que Chopard tenía problemas para redactar su columna semanal. Sencillamente, según él, los gendarmes no tenían ninguna información. Ese asesinato era un completo enigma, sin lógica ni explicación, sin fallo ni móvil.

Sin embargo, diez días después de los hechos, el 22 de noviembre, Chopard daba con una primicia.

¡un ponzoñoso personaje anónimo

en el caso simonis!

A pesar de la discreción de los investigadores, hemos logrado descubrir un hecho decisivo en el caso Simonis: ¡antes del asesinato, un personaje anónimo amenazaba a la familia!

Desde el primer día, un hecho sorprende. ¿Por qué al principio de la búsqueda, los gendarmes insistieron en registrar un pozo que, tal como la investigación ha demostrado, estaba sellado con una tapa metálica? Es muy sencillo: habían sido advertidos. A las 18 horas de aquel día, tanto Sylvie Simonis, en el hospital, como los abuelos en Besançon, recibieron una llamada. En estas llamadas, que formaban parte de una serie de muchas más, se indicaba un «pozo», donde encontrarían el cuerpo de Manon. Desde hacía un mes, Sylvie y sus suegros estaban acosados por un anónimo personaje.

Según nuestras informaciones, la «voz» que llamaba estaba deformada, sin duda con ayuda de un artilugio que permitía alterar el timbre vocal. Varias empresas regionales fabrican ese tipo de juguete. Los gendarmes han interrogado a los miembros de tres empresas que fabrican ese producto. Por razones que ignoramos, los investigadores parecen pensar que el autor de los acosos no compró ese filtro, sino que lo consiguió directamente de la fuente, de uno de los mayoristas.

Por lo tanto, la pista de un merodeador o de un asesino de paso se ha dejado de lado definitivamente. Ha habido una reivindicación. Se trata de un acto de pura malignidad, que apunta a la familia Simonis. Más que nunca, los gendarmes se centran en el entorno de Sylvie y su hija. ¿Alguno de sus allegados trabajaba en una de estas fábricas? ¿Los investigadores organizarán pruebas de voces «deformadas» a fin de confundir al asesino? Esta pista parece ser una de las más sólidas actualmente.

Encendí otro cigarrillo. La similitud con el caso Gregory era increíble. Parecía que el asesino de Sartuis se hubiera inspirado en el caso de Lépanges.

Miré todas las crónicas. Los gendarmes se habían centrado en el problema de la voz. Habían probado modelos de máquinas y organizado sesiones de grabación con los allegados de los Simonis. Habían sometido a Sylvie y a sus suegros a las pruebas. Ninguna de esas voces se parecía a la del anónimo personaje.

Súbitamente, a principios de diciembre el caso volvió a cobrar actualidad.

Le Courrier du Jura, 3 de diciembre de 1988

caso simonis:

¡detenido un sospechoso!

Un rayo cayó anteayer sobre el caso Simonis. No hemos sido informados hasta esta noche, dado que los acontecimientos se han desarrollado en Suiza. El 1 de diciembre a las 19 horas, un hombre fue interrogado en su domicilio por la policía helvética. Richard Moraz, de cuarenta y dos años, artesano relojero de la empresa Moschel de Locle, en el cantón de Neuchâtel.

Según nuestras informaciones, las sospechas recaían sobre el relojero desde hace dos semanas. Su interrogatorio en territorio helvético crea evidentes dificultades jurídicas. Nuestros dos gobiernos han llegado a un acuerdo para organizar el procesamiento del hombre y Gilbert de Witt, el juez de instrucción, escoltado por los gendarmes de Sartuis, ha comenzado el interrogatorio en el otro lado de la frontera.

¿Quién es Richard Moraz? Un colega de trabajo de Sylvie Simonis, que nunca aceptó la promoción de Sylvie en septiembre pasado, en detrimento de su propia carrera. Esta decepción coincide, exactamente, con las primeras llamadas anónimas.

Un móvil como los celos profesionales parece insuficiente para explicar el asesinato. Pero hay otro indicio: Delphine Moraz, la esposa de Richard, trabaja en las empresas Lammerie que, precisamente, fabrican transformadores de voz.

En Le Courrier du Jura hemos descubierto dos hechos más. El primero: Richard Moraz es conocido por los servicios de la policía federal suiza. En 1983, cuando enseñaba en la escuela de relojería de Lausana, el artesano fue acusado de corrupción de menores. El segundo: Moraz no tiene una coartada para la hora y el día del asesinato. El 12 de noviembre a las 17 horas, se encontraba en su coche en la carretera que lleva a su domicilio.

Estos elementos no son suficientes para condenar al relojero. Y Moraz no pertenece al círculo de los allegados que habrían podido convencer a Manon de seguirlo hasta la planta depuradora. Físicamente, el artesano es un coloso de más de cien kilos con aspecto poco fiable. Se comenta que el hombre podría haber contado con la complicidad de su mujer. ¿El «asesino» sería una pareja?

Si Gilbert de Witt no consigue una confesión, deberá poner al sospechoso en libertad. En todo caso, el juez y el inspector Lamberton harían bien en acabar con su estrategia de silencio. Si fuesen más explícitos calmarían los ánimos y reducirían el clima de sospechas. ¡En Sartuis el ambiente se caldea cada día más!

Poco tiempo después, Richard Moraz fue liberado. El expediente de la acusación era tan delgado que una corriente de aire se lo habría llevado. La ciudad de los relojeros se trastornó nuevamente. Los rumores seguían, las opiniones se multiplicaban. Y Chopard bordaba sus artículos gracias a ese clima nocivo.

La situación se calmó al acercarse la Navidad. Los periódicos locales espaciaron los artículos. El mismo Chopard parecía cansado del caso.

Sin embargo, a principios del año siguiente, hubo un nuevo golpe de efecto. Releí el artículo del 14 de enero de 1989.

caso simonis:

¡el asesino confiesa!

La noticia saltó anoche. Sartuis está conmocionada. Anteayer, 12 de enero de 1989 al mediodía, los gendarmes detuvieron a un nuevo sospechoso. Este último confesó el asesinato de Manon Simonis.

De treinta y un años de edad, originario de la región de Metz, Patrick Cazeviel es un asiduo de las comisarías. Ya purgó dos penas de prisión de tres y cuatro años por robo y violencia física respectivamente. ¿Cómo han llegado los gendarmes hasta este hombre violento, antisocial, de reputación diabólica? Muy sencillo: Cazeviel es un amigo de la infancia de Sylvie Simonis.

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