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Esclavos de la oscuridad

Электронная книга - «Esclavos de la oscuridad». Краткое содержание книги:

Una novela deslumbrante que explora el filo entre la vida y la muerte, lo divino y lo satánico.
Tras el intento de suicidio de su mejor amigo, un policía decide investigar las razones que lo llevaron a tomar esa decisión. En el camino a la verdad descubrirá prácticas satánicas, drogas africanas y una serie de asesinatos horrendos sin explicación. Las víctimas comparten solo una cosa en común: experimentaron la muerte. ¿Cómo puede revivir alguien clínicamente muerto? ¿Qué ocurre si en vez de ver la luz, vio las tinieblas?
Una novela diabólica con todos los ingredientes para convertirse en un éxito y una referencia del género, por el maestro del thriller e indiscutible que nos acerca a una de las realidades más sorprendentes e intranquilizantes de la medicina moderna: las experiencias de muerte inminente.
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– Por extraño que parezca, sí. En todo caso, al principio. Se casaron en 1980. Tuvieron a Manon y luego empezó el desfase. Frédéric zozobró en la bebida. Sylvie no cesó de progresar en su oficio. Trabajaba en un taller para Rolex, Cartier, Jaeger-LeCoultre, los más grandes. Montaba relojes valiosísimos para príncipes árabes, familias de banqueros… Todavía se entendían, en cuanto a la niña. Sentían adoración por ella. La pega eran los suegros. Nunca pudieron tragar a Sylvie. Hasta trataron de quedarse con Manon cuando murió Frédéric. Erraron el tiro. A pesar de su pasta no pudieron hacer nada. La madre era irreprochable.

– Después de la desaparición de Manon, ¿por qué Sylvie no abandonó la región? La investigación, los rumores, las acusaciones, los recuerdos: ¿por qué no huyó de todo eso? Nada la retenía ya en Sartuis.

Chopard volvió a llenar su vaso.

– Era lo que todo el mundo esperaba. Pero nadie podía intervenir. Además, acababa de comprarse un caserón. Un lugar muy conocido en la región: la Casa de los Relojes. Un edificio construido por una estirpe de relojeros célebres. Para Sylvie fue una verdadera victoria. Se instaló por cuenta propia y se encerró allí a hurgar en sus mecanismos. Siguió ascendiendo en su carrera. A pesar de los dramas. A pesar de la hostilidad que la rodeaba.

– ¿La hostilidad?

– A Sylvie nunca la quisieron en Sartuis. Dura, talentosa, altiva. Y sobre todo, extranjera. Era de Lorena. Cuando en los años ochenta la región se hundió, ella buscó un trabajo del otro lado de la frontera. Para los demás fue una traición. Sin contar con que después de la muerte de la niña, la mitad de la ciudad pensaba que ella era la culpable. A pesar de su coartada.

– ¿Qué coartada?

– En el momento del asesinato, estaba recién operada de un quiste en los ovarios, en el hospital de Sartuis.

Chopard se incorporó, empuñó las cañas y el baúl. Le ofrecí ayuda. Me puso las dos cajas en las manos. Seguí sus pasos a lo largo del sendero.

– Según su opinión, ¿los dos asesinatos están relacionados?

– Se trata del mismo caso. Y del mismo asesino.

– Según lo que sé, los métodos son muy distintos.

– Han pasado catorce años entre los dos asesinatos. Hay tiempo suficiente para evolucionar, ¿no crees?

Apreté el paso para seguir a su lado.

– Pero ¿cuál sería el móvil? ¿Por qué encarnizarse con los Simonis?

– Esa, río, es la clave del enigma. En cualquier caso, es imposible comprender el asesinato de Sylvie sin estudiar el de Manon.

– ¿Puede ayudarme con eso?

– ¿Y a ti qué te parece? Durante un año, he escrito una columna semanal sobre el caso. Lo tengo todo guardado.

– ¿Podría leerlos?

– ¡Allá vamos, chaval!

35

Le Courrier du Jura, 13 de noviembre de 1988

la muerte azota sartuis

Sartuis, la célebre ciudad de los relojeros de la región de Doubs, acaba de sufrir un drama infame. Aproximadamente a las diecinueve horas de ayer, 12 de noviembre de 1988, el cuerpo de Manon Simonis, ocho años, fue descubierto en el fondo de un pozo de decantación cercano a la planta depuradora de la ciudad. Según el fiscal de Besançon (Doubs), no hay duda de que se trata de un crimen.

A las 16.30, como cada día, Martine Scotto fue a buscar a Manon a la salida del colegio. La pequeña y su niñera fueron a pie hasta la urbanización de Corolles, domicilio de la señora Scotto, en los alrededores de Sartuis. Eran las 17 horas. Después de tomar su merienda, Manon bajó a la zona de juegos del barrio, debajo de las ventanas del apartamento. Unos minutos más tarde, la señora Scotto bajó a comprobar si la pequeña jugaba con sus amiguitos. No estaba allí. Nadie la había visto.

La niñera se lanzó inmediatamente en su busca por las escaleras, los sótanos, luego por el aparcamiento, situado cien metros más arriba, sobre la ladera de la colina. No había nadie. 17.30. Martine Scotto avisó a los gendarmes.

Nuevas búsquedas mientras anochecía. Los gendarmes cubrieron primero un radio de quinientos metros. 18.30. Dos brigadas de refuerzo llegaron desde Morteau. Los registros se ampliaron a un kilómetro a la redonda. Unos voluntarios civiles se unieron a los agentes uniformados.

A las 19.20, bajo una lluvia torrencial, el cuerpo de Manon fue descubierto en uno de los pozos de la planta depuradora al norte de la ciudad, cerca del calvario de Rozé. El sitio está a solo setecientos metros de la urbanización de Corolles. Según las primeras constataciones, la profundidad del pozo es de cinco metros y el agua solo llega hasta la mitad de la canalización. Pero la niña no tenía ninguna posibilidad, pues el pozo era demasiado estrecho para nadar y el agua helada, mortal. Cuando el equipo de rescate encontró a Manon, sus pupilas estaban fijas, su corazón ya no latía. La temperatura de su cuerpo estaba por debajo de los 25 grados. Todo había terminado.

El fiscal ha declinado hacer comentarios. Sabemos que esa misma noche, Martine Scotto fue interrogada en las dependencias de la gendarmería de Sartuis. Esta mañana, los servicios de búsqueda de la gendarmería seguían analizando la escena del crimen.

Hoy, toda la región está conmocionada. Todos recuerdan otro asesinato, igualmente abyecto, perpetrado no lejos del Jura hace cuatro años: el de Gregory Villemin. Un crimen que nunca ha sido dilucidado. ¿Cómo aceptar que semejante abominación se repita, y siempre en nuestras montañas? A pesar del silencio del fiscal, parece que los gendarmes disponen de pistas firmes. El magistrado ha prometido emitir un nuevo comunicado en las próximas horas. No podemos menos que esperar que este caso se solucione con la mayor rapidez. ¡A falta de ser reparada, que la ignominia sea por lo menos castigada!

Alcé la vista de la pantalla. Chopard había digitalizado los artículos. Más de un centenar de boletines cubrían el período de noviembre del 88 a diciembre del 89. Ya había mirado por encima todo el archivo una vez y ahora me concentraba sobre los principales puntos de inflexión de la investigación.

Encendí un Camel. El periodista me había autorizado a fumar en su antro, en el primer piso. Un despacho revestido de pino, donde una biblioteca se hundía bajo el peso de las cajas, las pilas de libros, los fajos de periódicos. Había también un tablero luminoso escondido bajo las planchas de diapositivas. La cueva de un periodista de sucesos, siempre con un libro o un caso a medio acabar.

Me levanté y abrí la ventana para no viciar el aire de la habitación. La casa de Chopard era un chalet sin fiorituras con muros de hormigón horadados por paneles de vidrio. Una terraza, cubierta por una lona alquitranada, dominaba la carretera a la izquierda y daba, a la derecha, sobre un jardín caótico: piscina de plástico desinflada, neumáticos destrozados, sillas plegables sobre la hierba alta.

Dejé la ventana abierta y me metí de nuevo en el caso.

Le Courrier du Jura, 14 de noviembre de 1988

caso simonis:

se organiza la investigación

Ante la crueldad del asesinato de Manon Simonis, Sartuis se ha transformado en pocas horas en una fortaleza militar. Ayer, 13 de noviembre, tres nuevas brigadas de gendarmes llegaron desde Besançon y Pontarlier. Por la tarde, el fiscal anunció que se había designado un juez de instrucción, Gilbert de Witt, y que, asimismo, había sido nombrado un jefe de investigación: el inspector Jean-Pierre Lamberton, del Servicio de Investigaciones de Morteau. «Dos hombres experimentados que ya han dado pruebas de su valía en nuestros departamentos», precisó.

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