MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos
- Автор: MOLINA MAURICIO ARANGUREN
- Язык: испанский
- Жанр: Биографии и мемуары
Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:
A Hern�n se le podr�a considerar un ide�logo de la Autodefensa pero siempre para bien. A trav�s de su discurso, comprend� la importancia de renunciar a ser un paramilitar y a�n as� conservar un profundo respeto por el Estado. Igualmente entend� lo fundamental de esta guerra: el control de territorios.
El sibarita siempre vivi� del cuento de la Autodefensa pero nunca quiso comprometerse con la organizaci�n, y me atrever�a a decir que estuvo m�s del lado de los gobiernos que del nuestro. Siempre me dijo: �El Estado nunca pierde�. Desde muy temprano, antes de que se radicalizara esta guerra, ten�a claro c�mo es el �man� del poder� y hacia d�nde iba Colombia. Hoy no soy un enemigo del Estado porque conoc� su pensamiento.
Hern�n no paraba de balancearse en la hamaca. Trat� de aplazar el tema Casta�o, pero ante nuestra insistencia, empez� diciendo:
-�Todo antioque�o es alcoh�lico, mientras no se demuestre lo contrario. Carlos tendi� a beber para apaciguar la inmensa soledad que viv�a tras la muerte de su hermano Fidel y la necesidad de esconderse en el monte a ra�z de que lo persegu�an. Esta etapa la super� con la ayuda desinteresada de don Rodrigo Garc�a y la aparici�n de la mujer con quien convivi� durante siete a�os; llen� un espacio en su vida convirti�ndolo en un ser menos irascible y volc�nico. En una �poca lleg� a ser agresivo con la gente pero poco a poco se decant�. Tuvo a quien amar, y eso le ayud� mucho. Carlos encontr� con qui�n compartir esa gran prisi�n de miles de hect�reas donde ha vivido los �ltimos ocho a�os de su vida. El monte, para �l, es una c�rcel.
Al principio pens� que Carlos no tendr�a la capacidad para manejar esto y varias veces se lo dije: �Usted a�n no tiene la habilidad ni la formaci�n�. Pero no se amilan� y fue ganando pelas de un round, de tres y despu�s de seis. Entonces ya apreciaba uno que la Autodefensa cog�a cuerpo y no exist�a otro camino que acompa�arlo para que se convirtiera en un dirigente nacional. Nos comenzamos a reunir porque, de alguna manera, est�bamos del mismo lado; yo le ayudaba a los ganaderos y a la gente de C�rdoba a terminar un proceso de paz que a�n permanec�a incompleto.
Lo acompa�� a muchas reuniones y, al t�rmino de una, no me aguant� y le dije, molesto: �Si no sabe manejar una reuni�n, no se ponga a citar gente del exterior, ni nada. Hizo quedar a la Autodefensa como un zapato, �no le da verg�enza? Van a imaginarse que esto es un movimiento de un poco de jornaleros o unos pendejos. No, as� estamos muy mal para hablar del Derecho Internacional Humanitario. �Estudie primero, no joda!�. A Carlos hab�a que tratarlo duro, pararlo y decirle las verdades de frente pero nadie se atrev�a. Alguna vez le dije: �No se ponga a hablar de la Revoluci�n Rusa si no sabe. Aqu� est�n estos cuatro libros; �l�aselos, est� quedando como un loco! No diga imbecilidades frente a la gente�.
En consecuencia, obtener conocimiento se le convirti� en un reto y comenz� su formaci�n autodidacta. Pasaban los meses y me sorprend�a con cosas que estudiaba a solas.
-��Hombe, ped�a libros y se los com�a calladito! -exclam� �Monse�or�.
Y continu� Hern�n:
-�Cuando nos ve�amos para analizar un tema, nos soltaba una carreta bien inteligente y estructurada. Yo fui el m�s sorprendido al verlo dirigir las reuniones sin hablar tanto. Se convirti� en una persona m�s mesurada. Hablaba solamente de lo que sab�a y maneja muy bien eso de hacerse el pendejo: conoc�a de un tema y lo pon�a a hablar a uno sobre eso como si �l no supiera nada. �C�mo va a ser?, preguntaba para averiguar lo que pensaba uno.
-�Pero a m� me consta que fue muy humilde en esa etapa de formaci�n -repuso �Monse�or�. Le dec�a a Hern�n: �Cu�ntame c�mo se form� esta guerra. Ens��ame�. Carlos acumulaba informaci�n, preguntaba y, sin pena, mandaba a pedir res�menes de temas importantes.
-�Cierto -dijo Hern�n-, Carlos tiene una memoria prodigiosa y maneja sus pensamientos en forma de ecuaci�n: Conocimos el ajedrecista que esconde Casta�o en la mente. �Es inteligent�simo!
-��Pero su relaci�n con Carlos era la del profesor que llegaba a dictar clase? -le pregunt� a Hern�n.
-�No. Nos encontr�bamos y le recomendaba que estudiara unos temas; le tra�a res�menes, libros, o le recomendaba comprar algunos textos.
-�Esa relaci�n resultaba competitiva -dijo �Monse�or�. Yo presenci� a Hern�n y Carlos producir un mismo documento. La papelera de Casta�o terminaba llena de textos fallidos, mientras que la de Hern�n, no tantos. Con el tiempo las cosas fueron cambiando y ya las papeleras terminaban igual de llenas.
-�Yo le insist� mucho a Casta�o que dise�ara un m�todo para estudiar y aprender -dijo Hern�n. Le explicaba que lo importante no era el conocimiento de cifras o citas, sino aprender a sintetizar y construir estructuras de pensamiento, crear ideas o sacar conclusiones. Para �l la necesidad inmediata era aprender a definir y dar soluciones r�pidas, pues los hispanos somos muy dados a dar vueltas sobre la misma idea. En el caso de Carlos, definir estrategia y t�ctica lo llevaba a encontrar enemigos, prioridades y escenarios.
-��C�mo describir�a usted a Carlos Casta�o? -le pregunt� al anfitri�n.
-�Tal vez con la imagen impresionante de un caracol caminando sobre el filo cortante de un cuchillo, recogi�ndose lentamente y extendi�ndose sobre s� mismo, avanzando sin cortar su cuerpo. La precauci�n es la gran cualidad de Casta�o. Por eso sigue vivo.
A la casa de Carlos Casta�o no puede ir nadie que no haya sido invitado. Es amable pero distante. No conf�a en nadie y mucho menos se dejar�a manosear de alguien. Es perseverante, traza una ruta y la sigue hasta el final. Como amigo, es el mejor; sobre todo fiel; no traiciona. Nunca entregar�a a un amigo, se rige bajo un c�digo moral donde la amistad es muy importante. Es generoso, no lo mueve el dinero ni es avaro, quiz� porque nunca le ha hecho falta. Lo mueve la historia.
Casta�o no es facilista en la vida. Si la soluci�n es dar la vuelta por el camino m�s largo, lo hace; as� se demore m�s tiempo.
-��El amor de Casta�o por la milicia lo hubiera llevado a ser un militar?
-�Nunca. Soportar el principio de la obediencia debida hubiera sido complicado. �l no habr�a aceptado una autoridad superior, pues siempre se ha desempe�ado como jefe, a�n estando su hermano vivo. Casta�o fue importante en combate porque le toc�; las circunstancias de la vida lo tornaron en un buen militar. Pero act�a mejor como estratega pol�tico. Los militares manejan la t�ctica pero las grandes estrategias de guerra son instancias pol�ticas.
La Autodefensa se convirti� en un h�brido raro. No es una fuerza paramilitar ni paragobiernos, lo de hoy es una organizaci�n �parasistema�. Es decir, el sistema econ�mico, en el fondo, le da el poder a la Autodefensa. Es un anticuerpo que alimenta la libertad de empresa que -al verse amenazada por la falta de fuerza p�blica y la presencia guerrillera-, nace espont�neamente, as� est� o no est� Carlos Casta�o.
En nuestras tertulias, la botella de whisky vac�a era la antesala de un final siempre previsto -dijo Monse�or. Termin�bamos inmersos en poes�a y Casta�o recitaba No te salves, de Mario Benedetti.
No te quedes inm�vil /al borde del camino/ no congeles el j�bilo/ no quieras con desgano /no te salves ahora /ni nunca /no te salves / no te llenes de calma /no reserves del mundo /s�lo un rinc�n tranquilo /no dejes caer los p�rpados /pesados como juicios /no te quedes sin labios /no te duermas si sue�o /no te pienses sin sangre /no te juzgues sin tiempo� (fragmento)
Despu�s, cada uno recitaba la poes�a que le llegara a la mente. Ya hab�amos hecho esto tantas veces que Carlos Casta�o le dec�a a Hern�n: �T�, siempre con los mismos poemas. Ya estoy aburrido de esos; �Monse�or�, usted s� se sabe una nueva, recite por favor�.
Embriagado, y sin conocer m�s de tres poes�as, recit� un vallenato:
�Un blanco nubarr�n anda en el cielo / ya viene, se aproxima