Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Биографии и мемуары » MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos
MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos

Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:

Este libro es algo más que las confesiones de Carlos Castaño, uno de los principales actores de la guerra colombiana hasta su misteriosa desaparición, en abril de 2004. El testimonio de este criminal de guerra es un reflejo de la descomposición de la sociedad colombiana, de la suciedad de un conflicto armado que hace años dejó de ser ideológico. Un documento periodístico que ayuda a conocer mejor a una persona que, desafortunadamente, influyó de manera decisiva en la Colombia actual y que ha sido uno de los protagonistas de los episodios más trágicos de las dos últimas décadas. Contribuye también, a comprender que las Autodefensas Unidas de Colombia no son los hijos díscolos del gobierno de turno y de los militares, sino que funcionan de manera autónoma, aunque con frecuencia las autoridades no las han combatido, se han beneficiado de sus actuaciones e inlcuso les han facilitado la comisión de actos ilegales.
1 ... 43 44 45 46 47 48 49 50 51 ... 87
Перейти на страницу:

Por un momento rein� el silencio y record� las palabras de Casta�o acerca de don Rodrigo Garc�a: �l es m�s radical que yo en el concepto de la guerra pero a pesar de su verticalidad, siempre me ha demostrado que no se deben utilizar todos los m�todos en un conflicto. �Se puede derrotar militarmente al enemigo, pero al final perder la guerra�, me explicaba. El fue un bast�n, mi apoyo y mi gran consejero espiritual despu�s de la muerte de Fidel. Su condici�n de historiador tambi�n me acerc� m�s a �l y siempre lo he considerado un orientador intelectual. En la Autodefensa es una autoridad moral, �tica y cr�tica sobre todos nosotros. Yo ya viv�a una etapa en la que buscaba ansioso el conocimiento que no hab�a adquirido ante la imposibilidad de estudiar en una universidad.

Con �l dialog�bamos frecuentemente sobre la importancia de la doctrina, la m�stica y los principios. En general, sobre lo institucional, lo perfecto para m�, pues en esa �poca estaba tratando de darle identidad a la Organizaci�n. Los estatutos y el r�gimen disciplinario de las ACCU se encontraban en la puerta del horno. Recuerdo que don Rodrigo me insist�a:

�Organizaci�n que se respete tiene una oraci�n, un �nico uniforme, unas insignias y un himno. De lo contrario esto de la Autodefensa no funciona�.

Arribamos al centro de la ciudad donde, en una antigua pero c�moda casa esquinera, vive don Rodrigo. Al tocar la puerta nos abri� �l mismo y nos hizo pasar a su oficina, enmarcada por una inmensa biblioteca de libros que parec�an incunables. �Monse�or� se despidi� y prometi� regresar al mediod�a, para trasladarme a casa de Hern�n G�mez Hern�ndez.

Don Rodrigo vest�a una guayabera azul clara acorde con sus canas y su acento coste�o, pausado y sonoro. Emit�a frases perfectamente redactadas, como para escribirse sin necesidad de correcciones. Despu�s de escuchar la historia de la violencia de C�rdoba, omit� lo innecesario y le pregunt�:

-��Le molesta que a la gente de C�rdoba y Urab� la llamen despectivamente amigos de los �paras�?

-�Cuando hoy nos dicen que somos paramilitaristas, se olvidan de todo nuestro pasado, en el que solicitamos, insistimos y hasta rogamos que se nos brindara fuerza p�blica para protegernos de la guerrilla. Parec�amos no formar parte de Colombia y de eso fue testigo la prensa que registr� mi clamor. Despu�s de tanto insistir, nos instalaron la XI Brigada, su aparato administrativo, pero sin soldados suficientes. Vino luego el ministro de defensa Guerrero y result� uni�ndose a nuestras cr�ticas, pues los soldados en el batall�n permanec�an de pantuflas porque les prestaban las botas a los que sal�an de servicio. �Se fija!

Al ver esto, los ganaderos abrimos una cuenta secreta en un banco para ayudarle a la XI Brigada y al batall�n de Canalete. Le compr�bamos a la fuerza p�blica desde gasolina hasta colchones. Todav�a tengo los recibos. Varias veces tocaron a mi puerta, a las 11 de la noche, ganaderos con uno y dos millones de pesos, que en los a�os ochenta era mucho dinero. Me lo daban y rogaban no contarle a nadie. Ese fue el aporte de muchos al Ej�rcito colombiano, pero no resultaba suficiente con una guerrilla que crec�a con los dineros de la extorsi�n y el secuestro.

Los cordobeses produjimos toda clase de esfuerzos para ayudar a sostener el Ej�rcito. Eso no cuenta hoy. �Se fija!

Ahora s�lo importa que somos amigos de los paramilitares. Pero nadie sabe por qu� y hasta d�nde. Eso no le preocupa a nadie porque este pa�s es as� y punto. Inconsistente desde el Presidente hasta el �ltimo obispo.

Un conflicto tal en un pueblo como el nuestro resulta terrible, porque todos en el pa�s se van relajando y poco a poco se pierde la capacidad de reacci�n y raciocinio. El colombiano se ha liberado de la responsabilidad sobre su propia vida, la del vecino y su coterr�neo, algo m�s grave a�n. Por eso ve usted la crisis que padecemos. El ego�smo y el individualismo cerril de nuestra sociedad son los culpables. �Se fija!

En una �poca los partidos pol�ticos representaron las ideas de un porcentaje de la poblaci�n. Pero hoy nada de aquello sucede, los partidos son agencias burocr�ticas y de �serruchos�.

No se producen ideas importantes que aglutinen a la gente. Por eso es tan dif�cil que haya l�deres. No es que no nazcan. Claro que est�n ah�. Lo que pasa es que el pa�s vive una crisis moral, intelectual y pol�tica profunda, por eso el pueblo no los reconoce.

Yo le explicaba a Carlos Casta�o que esta realidad era m�s grave que la existencia de la guerrilla. Es la raz�n de fondo de la guerra en la que estamos.

En medio del abandono y olvido estatal inmersos en una tremenda violencia guerrillera, se apareci� el se�or Fidel Casta�o como un �ngel de justicia y de revancha -por qu� no decirlo. Nos dejamos llevar por la sed de venganza debido a las heridas que nos dejaron las extorsiones y el gran n�mero de secuestros. En la prensa se justificaba la guerrilla y algunos periodistas sosten�an que nosotros nos merec�amos la violencia porque no pag�bamos buenos jornales. Hasta un general de tres soles me dijo aquello y yo le pregunt� airado: ��General, y cu�nto le paga usted a sus soldados? Usted les paga menos a sus soldados de lo que yo a mis trabajadores y sus hombres no pueden dejar de ser leales a la Patria y a usted. Lo que se perdi� fue el principio de la honradez. Yo creo, se�or general, que usted esta peleando del lado que no es�.

Durante diez a�os, en la Federaci�n de Ganaderos luch� contra la guerrilla por sus fechor�as, con el Ej�rcito y la Polic�a porque no nos cuidaban. �Se fija!

En ese entonces los subversivos segu�an creciendo y corrompieron a�n m�s a los pol�ticos que se dedicaron a saciar sus intereses mezquinos, su ansias de dinero y poder, acomod�ndose a la embestida de la guerrilla. La gran ganadora fue la subversi�n. Lo anterior tiene l�gica dentro de sus ideas. Corromper el Estado para que se caiga m�s f�cil y as� la conquista comunista sea m�s c�moda. Lo peor es que esta idea no ha cambiado en la guerrilla.

Entonces ocurri� lo que sucede siempre que no existe Estado: la autoridad la ejerce el que controle la metralleta m�s grande y m�s r�pido dispare. �Autoridad primitiva!

Las ausencias totales y vergonzosas del Estado colombiano nos llevaron a pensar que la �nica opci�n para sobrevivir era Fidel Casta�o, que con un n�mero peque�o de hombres hab�a golpeado a la guerrilla en C�rdoba como el Ej�rcito a�n no lo lograba. Se sum� que el gobierno finalmente envi� la primera brigada m�vil a C�rdoba. Bien equipada y comandada. En dos meses y medio temblaba la guerrilla en C�rdoba y Fidel por su lado continuaba d�ndole derrotas certeras a la subversi�n. Entre la fuerza p�blica y Fidel Casta�o se erradic� la guerrilla de aqu�. Despu�s entreg� sus armas y quiso vivir en paz pero el Gobierno retir� la brigada m�vil y el Ej�rcito nunca ocup� los espacios que dejaron el EPL y las Autodefensas. Se nos vino encima las FARC, el ELN y un grupo disidente del EPL. Recuerdo que Fidel retom� los fusiles y me coment�: �Don Rodrigo, se da cuenta por qu� yo no quer�a entregar las armas�.

La justicia privada fue la �nica alternativa. De ella no es partidaria nadie pero se instaura y se acepta por la falta de Estado.

-��Qu� aprendi� de usted Carlos Casta�o?

-�Yo siento que en las primeras declaraciones de Carlos a la prensa se distinguen varios temas que hemos hablado �l y yo.

Por un tiempo largo logr� que Casta�o mantuviera ciertos l�mites en la lucha pues tem�a que se desbordara y su movimiento se tornara demasiado cruel. Cuando declar� que ejercer�a justicia contra los corruptos y mataron un tesorero ladr�n, yo le envi� una carta record�ndole nuestras charlas sobre los peligros del poder. Me contest�:

�Le� su carta ante el Estado Mayor y usted sale derrotado ante la mayor�a de la comandancia, pero d�jeme decirle que usted tiene raz�n, don Rodrigo�.

Ante la guerrilla Casta�o deb�a comportarse como un enemigo de guerra. Pero frente al Estado, las instituciones y su gente, no pod�a convertirse en juez.

La captura del jefe guerrillero del frente Carlos Alirio Buitrago del ELN descubri� para m� la esencia de Carlos Casta�o. A cambio de la libertad del guerrillero demand� la liberaci�n de un significativo n�mero de secuestrados y cuando se los entregaron cumpli� a cabalidad devolviendo al subversivo. Pero se le form� un problema en la Autodefensa porque los dem�s comandantes exig�an aniquilar al tipo. No importaba que Carlos incumpliera su palabra. Entonces se reuni� con todos y cuando las cr�ticas lo arrinconaban, alguien le dijo:

1 ... 43 44 45 46 47 48 49 50 51 ... 87
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)