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La voz [Röddin - es]

Электронная книга - «La voz [Röddin - es]». Краткое содержание книги:

Gulli, el viejo portero de uno de los más conocidos hoteles de Reykjavik, aparece desnudo y acuchillado hasta morir en su miserable habitación en el sótano. Pero Gulli es mucho más que un simple portero que se disfrazaba de Papa Noel todas las navidades, es un completo misterio. Veinte años en el hotel y nadie le conoce realmente. Erlendur Sveinsson decide alojarse en el mismo hotel en busca de la asesina, que, también de eso cree estar convencido, aún debe permanecer muy cerca, pese a que las vacaciones de Navidad están ya encima y el hotel completo. Mientras que al director tan sólo le importa que el asesinato permanezca oculto y su reputación intacta. Erlendur, sin embargo, recibe la visita de su hija, que de nuevo se adentra entre las brumas de la droga y el alcohol, dejando al inspector al borde de la desesperación y la impotencia.
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– ¿Por qué te dedicas a esto? -preguntó, intentando que su voz no sonora a acusación-. ¿Silicona en los pechos? ¿Acostarte con congresistas en habitaciones de hotel? ¿Por qué?

– Eva Lind también me avisó de que me lo preguntarías. No intentes comprenderlo -dijo Stína, apagando el cigarrillo en el suelo-. Ni lo intentes.

La joven miró casualmente por la puerta abierta del despacho, hacia el vestíbulo. En ese instante pasó Ösp.

– ¿Ösp sigue trabajando aquí?

– ¿Ösp? ¿La conoces? -El móvil de Erlendur empezó a sonar en el bolsillo.

– Creía que lo había dejado. Hablé con ella algunas veces cuando andaba por aquí.

– ¿De qué la conoces?

– Bueno, estábamos juntas en…

– ¿Andaba ella también metida en la prostitución? -Erlendur cogió el teléfono y se dispuso a contestar.

– No -dijo Stína-. Ella no es como su hermanito.

– ¿Su hermanito? -dijo Erlendur-. ¿Tiene un hermano?

– Él es más puta que yo.

23

Erlendur se quedó mirando a Stína mientras intentaba comprender lo que acababa de decir sobre el hermano de Ösp. Stína se movía inquieta delante de él.

– Venga -dijo-. ¿Pasa algo? ¿No piensas contestar al teléfono?

– ¿Por qué creías que Ösp lo había dejado?

– Jo, es un curro horrible.

Erlendur respondió al móvil pensando en otra cosa.

– Ya era hora -dijo Elínborg al teléfono.

Ella y Sigurdur Óli habían ido a Hafharfjordur con intención de llevarse a la hermana de Gudlaugur, para interrogarla, a la comisaría de Reikiavik, pero se negó a acompañarles. Pidió explicaciones y no quisieron dárselas, y al final dijo que no podía dejar solo a su padre, que estaba en silla de ruedas. Se ofrecieron a buscar a una persona para que se quedara con él, y le dijeron que podía llamar a un abogado para que asistiera al interrogatorio, pero daba la impresión de que no se daba cuenta de la seriedad del caso. Se negó rotundamente a ir a la comisaría, y Elínborg le propuso un arreglo, muy en contra de los deseos de Sigurdur Óli. La llevarían al hotel a ver a Erlendur y una vez él hablara con ella, decidirían qué hacer a continuación. Se lo tuvo que pensar. Sigurdur Óli estaba a punto de perder la paciencia y estaba a punto de llevársela por la fuerza, cuando ella dijo que aceptaba la proposición. Llamó a una vecina, que acudió al instante, evidentemente acostumbrada ya a ocuparse del anciano cuando era necesario. Pero a continuación, la mujer volvió a negarse a ir, y Sigurdur Óli se puso de muy mal humor.

– Ahora la lleva camino del hotel -dijo Elínborg en el teléfono-. Por él, la habría metido directamente en el calabozo. La mujer nos preguntó no sé cuántas veces por qué queríamos hablar con ella, y no nos creyó cuando le dijimos que lo ignorábamos. ¿Y por qué quieres hablar con ella, en realidad?

– Vino al hotel unos días antes del asesinato de su hermano, pero nos había dicho que no se habían visto desde hacía decenios. Quiero saber por qué no nos lo contó, por qué nos está mintiendo. Ver la expresión de su cara.

– Seguramente estará cabreada -dijo Elínborg-. Sigurdur Óli no estaba demasiado contento con su forma de comportarse.

– ¿Qué pasó?

– Él te lo contará.

Erlendur apagó el móvil.

– ¿Qué quieres decir con lo de que el hermano de Ösp es más puta que tú? -le preguntó a Stína, que miraba su bolsito dudando si encender o no otro cigarrillo-. ¿Qué quisiste decir?

– ¿Cómo?

– El hermano de Ösp. Dijiste que él era más puta que tú.

– Pregúntaselo a ella -dijo Stína.

– Lo haré, pero lo que quiero decir es, que… ¿es su hermano pequeño, me dijiste?

– Sí, y es bi.

– ¿Bi? ¿Quieres decir…?

– Bisexual.

– ¿Y también se vende, como tú?

– Más bien sí. Es yonqui. Siempre tienen detrás a alguien que les quiere pegar porque le deben dinero.

– ¿Y qué hay de Ösp? ¿De qué la conoces?

– Fuimos juntas al colegio. Y él también. Es solo un año menor que ella. Nosotras dos tenemos la misma edad. íbamos a la misma clase. Ella no anda demasiado bien de la cabeza -Stína se tocó la cabeza con un dedo-. No tiene nada aquí dentro -añadió-. Lo dejó después de los exámenes comunes. Cateó en lodos. Yo los saqué todos. Acabé el bachillerato.

Stína sonrió de oreja a oreja.

Erlendur la observó.

– Sé que eres amiga de mi hija y me has ayudado bastante -dijo-, pero no deberías compararte con Ösp. Para empezar, a ella no le pican los puntos.

Stína lo miró y sonrió con media sonrisa, salió en silencio del despacho y cruzó el vestíbulo. En el camino se echó por encima el abrigo con cuello de piel, pero en sus movimientos no había ya la seguridad de antes. Se cruzó con Sigurdur Óli y la hermana de Gudlaugur, que entraban en ese momento por la puerta, y Erlendur vio que los ojos de Sigurdur Óli se quedaron clavados en los pechos de Stína. Pensó que probablemente la chica había empleado bien su dinero, a fin de cuentas.

El director del hotel estaba allí delante, como si se hubiera quedado a esperar el fin de la conversación de Stína con Erlendur. Ösp estaba al lado del ascensor, mirando a Stína salir del hotel. Su expresión delataba que la conocía. Cuando Stína pasó por delante del jefe de recepción, que estaba tras el mostrador, éste levantó la vista y la vio desaparecer por la puerta. Miró al director, que se puso en marcha con dificultad en dirección a la cocina, mientras Ösp desaparecía en el ascensor, que se cerró tras ella.

– ¿A qué viene esta estupidez, me lo dices de una vez? -oyó Erlendur que decía la hermana de Gudlaugur al acercarse hacia él-. ¿Qué significa eso de tratarme con semejante rudeza y falta de respeto?

– ¿Rudeza y falta de respeto? -dijo Erlendur con voz de asombro-. No hay nada de eso, que yo sepa.

– Este hombre -dijo la hermana, que obviamente ignoraba el nombre de Sigurdur Óli-, este hombre se ha comportado conmigo con extremada rudeza, y exijo que me pida disculpas.

– Ni lo pienses -dijo Sigurdur Óli.

– Me empujó y me sacó de mi casa como si fuera una delincuente cualquiera.

– Le puse las esposas -dijo Sigurdur Óli-. Y no pienso pedirle disculpas. Que se vaya olvidando. Me llamó de todo, y también a Elínborg, y opuso resistencia. Yo quería meterla en el calabozo. Ha obstaculizado la labor de la policía.

La hermana miró a Erlendur y calló. Él sabía que la mujer se llamaba Stefanía e intentó imaginar cómo la llamarían de pequeña.

– No estoy acostumbrada a que se me trate de semejante modo -dijo al fin.

– Llévala a comisaría -dijo Erlendur a Sigurdur Óli-. Métela en la celda, al lado de la de Henry Wapshott. La interrogaremos mañana -miró a la hermana-. O pasado.

– No puedes hacer eso -dijo Stefanía, y Erlendur vio que estaba tremendamente trastornada-. No tienes ningún motivo para tratarme de este modo. ¿Por qué crees que me puedes meter en la cárcel? ¿Qué he hecho yo?

– Has mentido -dijo Erlendur-. Adiós. Luego hablamos -le dijo a Sigurdur Óli.

Se dio la vuelta y se dirigió en la misma dirección que había seguido el director del hotel. Sigurdur Óli cogió del brazo a Stefanía para llevársela, pero la mujer se mantuvo quieta y en silencio, viendo alejarse a Erlendur.

– ¡Está bien, de acuerdo! -le gritó. Intentó soltarse de Sigurdur Óli-. ¡Esto no es necesario! -continuó-. ¡Podemos sentarnos y hablar como personas civilizadas!

Erlendur se detuvo y se volvió hacia ella.

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