Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » La paja en el ojo de Dios [The Mote in God's Eye - es]
La paja en el ojo de Dios [The Mote in God's Eye - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La paja en el ojo de Dios [The Mote in God's Eye - es]

Электронная книга - «La paja en el ojo de Dios [The Mote in God's Eye - es]». Краткое содержание книги:

Año 3017 d.C. Aunque el Segundo Imperio del Hombre abarca cientos de sistemas solares, todavía no se ha contactado con otros seres inteligentes. El hallazgo de una insólita nave espacial con el cuerpo exánime de un alienígena en el interior conducirá a los humanos hasta una lejana estrella inmersa en una densa nube de polvo estelar: la Paja. Una expedición descubrirá allí una antiquísima civilización, amable y hospitalaria, pero que rehúye tratar de ciertos aspectos de su sociedad. Y es que bajo las sonrisas tranquilizadoras, los pajeños ocultan un secreto planetario de impacto universal y devastador. Compuesta a cuatro manos en perfecta sintonía, esta novela conjuga acción, drama, suspense, tecnología y alienígenas verosímiles, política y violencia. Su extraordinario poder de entretenimiento y sorpresa la ha convertido en una auténtica obra de culto.
1 ... 42 43 44 45 46 47 48 49 50 ... 158
Перейти на страницу:

El transbordador siguió bordeando la montaña voladora.

—Eso podría ser una cámara neumática. Eso de allá. —Staley señaló una capa de piedra elevada a la que rodeaba una especie de diana de arquero de un naranja desvaído.

—Sin duda, pero no creo que consiguiéramos abrirla. Es mejor que entremos por uno de los agujeros meteoríticos. De todos modos… miraremos más detenidamente. Lafferty, descendamos.

En sus informes le llamaron el Asteroide Colmena. La roca estaba llena de cámaras interiores sin suelo ligadas por canales demasiado pequeños para los hombres. Todos llenos de secas y asimétricas momias. Fuesen cuales fuesen los milagros realizados por los constructores, la gravedad artificial no era uno de ellos. Los corredores iban en todas direcciones; las cámaras más grandes y las salas de almacenaje estaban llenas de huecos de almacenamiento, salientes donde sujetarse y puntos de anclaje para tender cables.

Las momias flotaban por todas partes, secas y flacas, con la boca abierta todas ellas. Variaban de un metro a metro y medio de longitud. Staley eligió varias y las cargó en el transbordador.

Había también maquinaria, incomprensible para Staley y sus hombres, congelada en el vacío. Staley arrancó una de las máquinas más pequeñas de la pared. La eligió por sus formas extrañas, no por el uso que pudiera darle; ninguna de las máquinas estaba completa.

—No hay metal —informó Staley—. Volantes de piedra y cosas que parecen circuitos integrados… cerámica con impurezas, cosas de ese tipo. Pero muy poco metal, señor.

Avanzaban al azar. Por fin llegaron a una cámara central. Era gigantesca, y también lo era la máquina que la dominaba. Cables que podían haber sido superconductores de energía convencieron a Staley de que aquélla era la fuente energética del asteroide; pero no había rastro de radiación.

Cruzaron estrechos pasajes entre extraños bloques de piedra, y encontraron al fin una gran caja metálica.

—Ábrala —ordenó Staley.

Lafferty utilizó su láser para cortar el metal. Observaron cómo el estrecho rayo verde caía sobre el metal plateado de la caja sin conseguir cortarlo. ¿Adonde irá la energía?, se preguntaba Staley. ¿Podrían de algún modo estar bombeando energía ellos? El calor que sintió en la cara le indicó la respuesta.

Observó el indicador termométrico. La caja estaba casi al rojo en toda su superficie. Cuando Lafferty desvió el láser, la caja se enfrió rápidamente; pero manteniendo la misma temperatura en todos sus puntos.

Un superconductor de calor. Staley silbó en el micrófono de su traje y se preguntó si podría encontrar una muestra más pequeña. Luego intentó utilizar tenazas con la caja, y ésta cedió como sí fuese de lata. Luego salió una capa arrancada por las tenazas. Arrancaron varias más con sus manos, protegidas por los guanteletes.

Era imposible hacer un mapa de la Colmena con sus estrechos y curvados pasadizos. Les era difícil saber dónde estaban; pero fueron dejando señales a su paso y utilizaron instrumentos de rayos protónicos para medir las distancias entre las paredes.

Las paredes de los pasadizos tenían el grosor de una cascara de huevo por el interior. Por el exterior no eran mucho más gruesas. El asteroide colmena no podía haber sido un lugar seguro para vivir.

Pero la pared que había bajo el cráter tenía un espesor de varios metros.

Radiación, pensó Staley. Allí tenía que haber radiación residual. Si no habrían excavado aquella pared lo mismo que las otras, para disponer de más espacio.

Se había producido sin duda una disparatada explosión demográfica allí.

Y luego algo los había matado a todos.

Y ahora no había ninguna radiación. ¿Cuánto hacía que había sucedido todo aquello? El lugar estaba cubierto de pequeños agujeros meteoríticos; hileras de agujeros en las paredes. ¿Cuánto haría?

Staley miró pensativo el pequeño y pesado artefacto pajeño que Lafferty y Sohl transportaban manualmente a través del pasadizo. El cimentado de vacío… y la trayectoria de las partículas elementales a través de una cara interna. Eso podría indicar a los científicos civiles de la MacArthur cuánto hacía que estaba abandonado el asteroide colmena; pero él ya sabía una cosa. El asteroide era viejo.

19 • La popularidad del Canal Dos

El capellán David Hardy observaba a las miniaturas sólo a través del intercomunicador, porque así no se veía envuelto en las interminables especulaciones sobre lo que eran los pajeños. Era una cuestión de interés científico para Horvath y su gente; pero para el capellán Hardy significaba algo más que curiosidad intelectual. Su misión era determinar si los pajeños eran humanos. Los científicos de Horvath sólo se preguntaban si eran seres inteligentes.

Por supuesto, la primera cuestión precedía a la otra. Era improbable que Dios hubiese creado seres con almas y sin inteligencia; pero era totalmente imposible que hubiese creado seres inteligentes sin alma, o seres cuya salvación se procesase por medios totalmente distintos a los de la Humanidad. Podrían ser incluso una forma de ángeles, aunque sería difícil imaginar formas más inadecuadas para los ángeles. Hardy sonrió ante la idea y volvió a su estudio de las miniaturas. La pajeña grande dormía.

Las miniaturas tampoco hacían nada interesante en aquel momento. Hardy no tenía necesidad de mantener una observación constante. De cualquier modo todo quedaba holografiado, y, como lingüista de la MacArthur, Hardy sería informado si pasaba algo. Estaba seguro ya de que las miniaturas no eran ni seres inteligentes ni humanos.

Lanzó un profundo suspiro. ¿Qué es el hombre para que te preocupes tanto por él, Señor? Y ¿por qué he de descubrir yo qué lugar ocupan en Tu plan los pajeños? Bueno, eso al menos era algo inmediato y directo. El adivinar el sentido oculto del plan divino es un juego viejo, muy viejo. Sobre el papel él era el hombre más adecuado para la tarea, el mejor sin duda de todo el sector Trans-Saco de Carbón.

Hardy hacía quince años que era sacerdote y doce que era capellán de la Marina, pero sólo ahora empezaba a concebirlo como su profesión. A los treinta y cinco años de edad había sido profesor titular de la Universidad Imperial de Esparta, especialista en idiomas antiguos y modernos y en el esotérico arte llamado arqueología lingüística. El doctor David Hardy había sido bastante feliz estudiando los orígenes de colonias recién descubiertas, perdidas durante siglos. Estudiando sus idiomas y sus palabras para objetos comunes podía determinar de qué zona del espacio procedían los colonos originales. Normalmente podía determinar el planeta e incluso la ciudad.

Lo único que no le gustaba de la universidad eran los estudiantes. No había sido particularmente religioso hasta la muerte de su mujer en un accidente, al estrellarse un vehículo de aterrizaje; entonces, y no estaba seguro aún de cómo había sucedido, el obispo fue a verle, y Hardy meditó mucho sobre su vida… e ingresó en un seminario. Su primera tarea después de ordenarse fue una desastrosa gira como capellán de estudiantes. Fue un fracaso, y se dio cuenta de que no servía para aquello. La Marina necesitaba capellanes, y siempre podía ser más útil un lingüista…

Ahora, a los cincuenta y dos años, estaba allí sentado frente a una pantalla de intercomunicación viendo a unos monstruos de cuatro brazos que jugueteaban con coles. Sobre la mesa había un jeroglífico, y Hardy jugueteaba con él. Domine, non… sum…

—Dignus, por supuesto.

Hardy rió para sí. Exactamente lo que él había dicho cuando el cardenal le encomendó la misión de acompañar a la expedición pajeña.

1 ... 42 43 44 45 46 47 48 49 50 ... 158
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)