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El susurro del diablo

Электронная книга - «El susurro del diablo». Краткое содержание книги:

Tres muertes se suceden en un breve intervalo de tiempo: una chica salta desde la azotea de un edificio de seis plantas; otra, cae del andén al paso de un tren; y una tercera es atropellada de noche por un taxi. Pero ¿qué relación guardan estos tres casos? ¿Accidentes, suicidios… o asesinatos?
Mamoru, un joven de dieciséis años, tratará de desenmarañar el misterio. Su tío es el taxista que ha atropellado a la tercera víctima y se encuentra en prisión preventiva, acusado de homicidio involuntario.
Decidido a ayudar a su tío y limpiar su buen nombre, el astuto joven descubre que la chica que encontró la muerte bajo las ruedas del taxi participó en una despiadada estafa, y que tres de las cuatro mujeres involucradas en la misma ya están muertas.
Cuando un influyente empresario se presenta ante la policía para desvelar nuevas evidencias que dan un vuelco a la investigación, Mamoru comienza la búsqueda de la única superviviente, que es también el siguiente objetivo del asesino.
Y, entonces, el asesino contacta con él…
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– ¿Mi opinión?

– Deja que te explique. ¿Recuerdas a la chica que intentó saltar desde la azotea de las galerías? He estado dándole muchas vueltas y sigo sin entenderlo del todo.

Mamoru recordó que Takano había mencionado a esa chica en el hospital.

– Dijiste que era una estudiante modelo y no una chica problemática, ¿no es cierto?

– Sí, eso por una parte. Y el comportamiento de la madre durante el incidente también me llamó la atención. Lo mire por dónde lo mire, no le encuentro sentido. Y te diré algo más. -De repente, Takano adoptó un semblante grave-. ¿Has oído hablar de la cleptomanía?

– ¿Qué es eso?

– La necesidad patológica de robar. Se trata de un impulso irresistible que te empuja a apropiarte de cosas aunque no las necesites, e incluso teniendo el dinero para pagarlas. Las personas que padecen este trastorno son incontrolables, roban en cualquier lado, una casa, una tienda… Vamos, es una forma de comportamiento compulsivo.

Mamoru, simple alumno de un instituto público, no tenía la suerte de recibir clases de psicología ni de estar familiarizado con ese tipo de palabras, por lo que solo pudo contestar:

– Entonces, ¿estás diciendo que esa chica padecía… esa cosa?

– Eso he averiguado. Tanto ella como sus padres se sienten desamparados. No saben cómo manejar la situación. Sé que está viendo a un especialista.

– Debe de ser muy complicado.

Mamoru recordó las palabras que repitió la suicida: «estoy asustada, muy asustada». Puede que se refiriera al miedo provocado por su falta de autocontrol.

– Y, después, está ese tal Kakiyama que nos atacó a Makino y a mí.

– No se ha vuelto a saber de él. ¿Es cierto que estaba bajo el efecto de las drogas?

Takano negó con la cabeza.

– Eso es lo que sugiere su historial, pero cuando sucedió aquello estaba limpio. El análisis de sangre que le hicieron a posteriori dio negativo.

– ¡Vaya! Pero ¿sabes una cosa? Una vez leí en algún sitio que cuando has estado enganchado a las drogas, puedes ver cosas y perder el control incluso mucho después de haber dejado de consumirlas.

– Sí, la policía también lo mencionó. Se refieren a estos episodios como flash-back.

– Algo me dice que no estás convencido.

Takano lucía una mirada claramente escéptica en la cara.

– Esos dos incidentes ocurrieron en un intervalo de diez días, pero nunca antes había sucedido algo parecido en Laurel -contestó finalmente-. ¿No te parece extraño?

– No es más que una coincidencia. Son casos diametralmente opuestos.

– ¿Eso crees realmente? Yo no estaría tan seguro. Todo esto empezó después de firmar ese contrato con la Ad Academy.

– ¿La Ad Academy?

– ¿Recuerdas las megapantallas? Ad Academy es la compañía que las instaló.

Mamoru recordó el logo que había visto en la pantalla y que creyó reconocer de algún otro sitio.

– El nombre oficial de esta compañía lleva añadida la palabra «marketing» o algo parecido, aunque se la conoce como Ad Academy. Ha conquistado el mercado de pequeñas empresas minoristas como restaurantes familiares y otras cadenas. Lo cierto es que han tenido un éxito fulgurante.

– ¿Es una especie de agencia de publicidad?

– No creo que sea tan sencillo encasillarla en un determinado sector de actividad. Asesoran sobre técnicas de promociones de venta, formación de personal, investigación de mercado, un poco de todo… Al leer el folleto con el que se dan a conocer, uno tiene la impresión de que se venden como alquimistas que poseen la piedra filosofal. Y el hecho es que las empresas que contratan sus servicios registran un notable incremento en las ventas. ¿Por qué si no habría firmado Laurel un acuerdo con ellos?

– ¿Sospechas que pueda haber intimidación? ¿Soborno, tal vez?

– No, nada de eso -rió Takano-. Eso sería mucho más sencillo.

Pero no era oro todo lo que relucía. Corrían rumores sobre Ad Academy. Se decía que llevaban a cabo experimentos polémicos y utilizaban métodos que no podían calificarse de deontológicos.

– Tengo un amigo de la universidad que iba unos cursos por delante de mí y ahora trabaja en un centro de investigación. El caso es que me comentó que Ad Academy había desarrollado una especie de agente químico muy volátil, un estimulante destinado a influir en el comportamiento del consumidor. Y que llegaron a probar su pequeño hallazgo ¡en unos grandes almacenes! Se trata de una sustancia que penetra en el organismo por la nariz al ser difundida a través del sistema de ventilación. Por supuesto, no existen pruebas de que tal barbaridad haya tenido lugar, pero mi fuente es fidedigna y considero que son rumores fundados.

– ¿Y para qué querrían un estimulante? ¿Para atraer a los clientes o algo parecido?

– Para estimular su deseo de comprar.

Mamoru escuchó sin dar crédito.

– Ya habrás oído hablar de la compra compulsiva, ¿verdad? Consiste en comprar productos de forma indiscriminada e incontrolada, sin que exista una verdadera necesidad de adquirirlos. Suele tratarse de artículos cuyo precio de venta se sitúa por encima del poder adquisitivo del consumidor, el cual no efectúa ningún cálculo racional entre el coste que representa y el beneficio que le traerá dicho producto. Ya te imaginas lo que pasa cuando el comprador compulsivo despierta de su letargo consumista: se arrepiente. Ahora bien, si los mandamases de una tienda pudiesen inducir ese tipo de impulso artificialmente y condicionar a los clientes, no tendrían más que quedarse sentados y ver cómo sus artículos vuelan de las estanterías.

– O sea, ¿los clientes actuarían sin mesura como cuando hay rebajas?

– ¡Exacto! Lo que suena en Laurel durante las rebajas es música enérgica. En las secciones de Muebles y Joyería, por otro lado, ponen algo más suave y relajante con la intención de que el cliente se tome su tiempo cuando pasa por allí. Obviamente solo controlamos los impulsos de nuestros clientes hacia cierto punto. En Ad Academy van unos pasos más allá.

– Pone los pelos de punta.

– Y en los restaurantes, sucede algo similar. La sensación de hambre no procede del estómago sino de una zona del cerebro, el hipotálamo. De esta manera, es el cerebro el que activa el apetito y nos ordena comer cuando nuestro estómago está vacío o parar cuando está lleno. ¿Me creerías si te dijera que mediante el uso de drogas, de música u ondas sonoras determinadas, puedes engañar a tu cerebro y hacer que active el apetito y te ordene comer pese a que ya estés saciado?

– ¿Aún estando totalmente lleno?

– ¡Claro! Mira hasta dónde son capaces de llegar para fomentar las ventas. Durante una época, se puso de moda perder peso mediante la hipnosis. Se valen de los mismos procedimientos para inducir el efecto contrario.

Mamoru intentó procesar todo aquello.

– Así que, ¿insinúas que Ad Academy está recurriendo a métodos similares en Laurel?

– Pondría la mano en el fuego por ello.

– ¿Y has llegado a esa conclusión después de los dos incidentes? ¿Por qué?

– Efectos secundarios -repuso Takano sin un atisbo de duda-. Las víctimas sufren efectos adversos. Te voy a poner un ejemplo. Yo soy alérgico a la penicilina. De administrármela, moriría en el acto. Ciertas personas no pueden utilizar detergente porque les irrita la piel. Asimismo, las técnicas de inducción desarrolladas por Ad Academy pueden resultar contraproducentes para ciertos sujetos.

»La chica que intentó suicidarse y el hombre que me atacó tenían algo en común. Ambos estaban o estuvieron bajo tratamiento médico. De la primera, averigüé que le fue diagnosticado un caso de trastorno depresivo y estaba bajo tratamiento con sedantes. Del segundo, el tal Kakiyama, se sabe que consumió drogas en el pasado. Y esos repentinos flash-back de los que hablábamos pueden ser provocados por algo tan inocuo como un vaso de cerveza o una pastilla contra la gripe.

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