Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El artista de la muerte
El artista de la muerte - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El artista de la muerte

Электронная книга - «El artista de la muerte». Краткое содержание книги:

`El artista de la muerte` es un asesino que recrea cuadros famosos con sus víctimas: La muerte de Marat de Jacques-Louis David, El Desollamiento de Marsias de Tiziano…
Kate McKinnon, una prestigiosa y adinerada historiadora de arte descubre que todas las personas asesinadas tuvieron alguna relación con ella. Antes de dedicarse al arte, Kate había sido policía, por lo que decidirá colaborar en la investigación. Pronto llegará a la conclusión que la próxima víctima del asesino podría ser ella.
1 ... 42 43 44 45 46 47 48 49 50 ... 96
Перейти на страницу:

– Con mi amigo Darton Washington.

Kate recordó el nombre de la lista de teléfonos.

– ¿Llegó a acabarlo?

– No creo. Estoy seguro de que si lo hubiera acabado lo habría escuchado.

¿Por qué no había oído hablar de él? Kate tendría que descubrirlo.

Pero antes, Janine Cook.

La joven daba la impresión de estar casi cómoda en el sofá de terciopelo, en su apartamento casi en el ático, casi en Park Avenue.

Era atractiva: piel marrón oscura, ojos del color del chocolate, pelo cardado. Su minúscula minifalda de cuero negro le cubría los quince centímetros superiores de las medias de redecilla, y el suéter ajustado de color beige, por el que se le veían los pezones, no conseguía disimular el hecho de que tenía algo masculino, la voz profunda, gestos duros, que a Kate le recordaron al actor Jaye Davidson, el de Juego de lágrimas.

Hacía bastante tiempo que Kate no la veía pero, aun así, le sorprendió lo mayor y más dura que Janine parecía. ¿Cuál era exactamente la base de la amistad entre Janine y Elena?

Willie se acomodó en un asiento reclinable de cuero brillante.

Kate se fijó en los detalles del apartamento, en el mobiliario: el sofá era de muy buena calidad, la alfombra parecía persa auténtica, las copas de vino apiladas en la barra empotrada parecían de cristal.

– Parece que te va bien -dijo Kate, sonriéndole.

– Ajá -dijo Janine.

Kate lo intentó de nuevo.

– Tienes una casa preciosa. ¿La has decorado tú?

– ¿Qué quieres decir con eso? -Janine entornó los ojos con los párpados sombreados de color violeta.

Kate tomó aire.

– Pues que o tú o tu decoradora tiene muy buen gusto. -Otra sonrisa-. Yo dependo de la decoradora.

– Sí, bueno, resulta que mi decoradora la palmó. Así que tuve que hacerlo yo solita. Triste, ¿no? -Janine se recostó en el sofá y miró a Kate por encima de la mesita de mármol.

– Mira, Janine, todos la echamos de menos -dijo Kate con voz queda.

Janine cerró los ojos, por un momento su actitud dura se suavizó.

Elena con coleta, Janine con trencitas. La comba enganchada en un trozo de cemento. El poco sol que se filtraba por entre las hileras de edificios feos que formaban el maldito complejo de viviendas subvencionadas en… ¿cómo le llamaban? ¿El patio? Menuda broma.

– Elena era muy buena amiga mía -afirmó Janine.

– Estoy convencida -dijo Kate con voz queda-. Pues entonces ayúdame, ¿de acuerdo?

Janine abrió los ojos. Tenía lágrimas en la comisura de los ojos.

– ¿Puedes contarme algo que explique lo sucedido?

Janine se volvió, se lamió el pintalabios violeta que hacía juego con la sombra de ojos.

– ¿Qué hay que contar?

– Vamos, Janine -dijo Willie-. Elena te contaba cosas. Erais amigas y todo eso. ¿Hay algo?

Janine tensó la mandíbula.

– ¿Ahora eres poli, Willie?

Kate le tocó el brazo para que se callara.

– Mira, Janine, todos queremos saber qué ocurrió. ¿Tú no?

– ¿Y qué crees que puedo contarte exactamente?

– Tú perdiste una amiga -dijo Kate con voz quebrada-. Pero yo perdí una hija. -Ahora era Kate quien tenía lágrimas en los ojos.

Aquello pareció ser la gota que colmó el vaso. Janine se apoyó en Kate y se echó a llorar.

– Janine -dijo Kate, acariciándole la mano con unas uñas rosa violeta que parecían lo suficientemente largas para asustar a un lince rojo-. ¿Elena seguía saliendo con Damien Trip?

Janine asintió, pero pareció fortalecerse al oír su nombre.

– Los vi juntos, sí, hace más o menos una semana.

– ¿Hace una semana? -dijo Kate-. ¿Estás segura?

– Si todavía salían -apuntó Willie-, entonces Trip ha mentido.

Janine miró a Willie y luego a Kate.

– ¿Ya habéis hablado con Trip? -Tomó aire y adoptó una expresión temerosa.

– No pasa nada, Janine. -Kate le lanzó una mirada a Willie.

– Elena está muerta -afirmó Janine-. No quiero hablar más de ella. -Se volvió, pero Kate advirtió que estaba conteniendo sus emociones. Intentó rodearla con el brazo, pero no sirvió de nada. Janine la apartó-. No os puedo ayudar. -Se puso en pie, se tiró de la minifalda sobre los muslos-. No sé nada.

– Te pedí que no dijeras nada. -Kate pulsó el botón del ascensor con fuerza-. ¿Intentabas fastidiarlo expresamente?

– Lo siento. -Willie se miró los zapatos.

– Te llevo a casa.

Willie parpadeó. Una mujer, luchando. Una sala oscura y enorme. Agua turbia que rezuma entre tablones de madera podridos. Cerró los ojos con fuerza pero seguía viéndolo. Sombras y luz de luna. Un hombre y una mujer, peleándose. La mujer se revuelve, queda enfocada. Es Kate.

– ¿Willie? Willie. -Kate lo zarandeó-. ¿Qué te pasa?

Willie se había caído contra la pared del ascensor.

– Dios mío, Willie, ¿te encuentras bien?

Willie se pasó una mano por la cara.

– He tenido otra visión.

– Bueno, estás pasando un momento de tensión -dijo Kate.

– Salías en ella, Kate.

– ¿En qué?

– En esta última visión, o lo que sea. Salías tú.

Una llovizna moteaba el parabrisas del coche. Kate y Willie estaban sentados en silencio en el interior.

Ella encendió otro Marlboro, bajó la ventanilla, sintió la lluvia y el aire en la cara. Un recuerdo, otro día lluvioso, flotaba en el fondo de su mente.

– Tengo una historia sobre visiones -declaró Kate. Una historia que había intentado olvidar, aunque últimamente la atormentaba una y otra vez-. Fue hace mucho tiempo. Cuando estaba en la policía de Astoria. Mi último caso, aunque en aquellos momentos no lo sabía. Una fugada. Parecía rutinario. -Kate miró por el parabrisas, llovía con más fuerza.

Ahora era otro día lluvioso y unos limpiaparabrisas distintos se movían y chirriaban.

Kate encendió un Winston, comprobó el plano hecho a mano que tenía al lado, aceleró en la intersección de Queens Boulevard con la calle Veintiuno. Por favor, haz que me equivoque con éste, pensó, apretando el acelerador. Los edificios de apartamentos monolíticos parecían correr como en una película. Los depósitos de gasolina abandonados, su siguiente punto de referencia, luego un giro por la calle casi desierta que conducía al vertedero de Astoria.

SÉ DÓNDE ESTÁ PORQUE SÉ DÓNDE LA PUSE

Las palabras, justo debajo del mapa, en una letra redondeada y con rotulador rojo, parecían escritas con sangre.

A la joven agente McKinnon le sudaban las manos cuando detuvo el coche al lado de un enorme contenedor de basura herrumbroso. Desenfundó la pistola. Los tacones de las botas crujieron en la gravilla cuando buscó un punto de apoyo en el lateral del contenedor y se elevó.

Aquel ángel desnudo y maltratado sobre plástico negro ondulado, con papel de aluminio abierto en abanico detrás de la cabeza.

¿Qué tenía ese último caso que seguía atormentándola? Kate observó la lluvia, la carretera mojada, la masa borrosa del semáforo.

– El departamento había traído una médium -le contó a Willie-. La escuché. Nos pasamos casi dos semanas siguiendo pistas que no llevaban a ninguna parte basadas en sueños y visiones y percepciones extrasensoriales. Quizá fuera más fácil dejar que otra persona hiciera el trabajo. Estaba ocupada. Demasiado ocupada. Para cuando retomé el caso… era demasiado tarde.

– Todos cometemos errores -dijo Willie.

– Pero no cuestan vidas. -Kate tiró el cigarrillo por la ventanilla-. Estuve a punto de pillarlo. Había una huella en la mochila de la chica que no coincidía con la de nadie, ni la de ella, ni la de sus padres, ni de sus amigos. Estaba segura de que lo pillaríamos con eso. Incluso me jacté de ello con un periodista. -Kate negó con la cabeza-. Dichosa vanidad.

1 ... 42 43 44 45 46 47 48 49 50 ... 96
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)