La Casa del Alfabeto
- Автор: Adler-Olsen Jussi
- Язык: испанский
- Жанр: Другие детективы
Электронная книга - «La Casa del Alfabeto». Краткое содержание книги:
Finalmente logran subir a un tren que parte del frente oriental con soldados enfermos. En uno de los vagones encuentran a varios oficiales de alto rango muertos sobre unas camas. Sin vacilar, James y Bryan tiran a dos de ellos del tren y ocupan su lugar, con la esperanza de poder escapar en cuanto tengan una oportunidad. Así, llegan hasta la Casa del Alfabeto, un hospital psiquiátrico situado en el corazón de Alemania, Mientras, la guerra sigue haciendo estragos, su única oportunidad de sobrevivir es simular que son enfermos mentales, pero ¿serán capaces de hacerlo durante meses sin convertirse en auténticos perturbados? ¿Son los únicos del pabellón que están fingiendo?
El hombre de los ojos enrojecidos miró a su alrededor e hizo un gesto de asentimiento. Lankau le dirigió una mirada de desagrado y de escepticismo.
– Sí, sí, así es, estimado Standartenführer. ¿Cómo cree que ese niñato ha podido llegar hasta donde ha llegado? Le puedo asegurar que a Arno von der Leyen apenas le despuntaba el vello en la barbilla cuando se hizo merecedor de un puesto en la Guardia de Corps de nuestro Führer. Con calavera y todo. No le está dado a cualquiera llegar tan lejos a esa edad. Es la personificación del escogido, es cierto, pero también es un héroe de guerra. Sus condecoraciones están manchadas de sangre, como debe ser. Le dispensan un cuidado especial debido a su posición. Sin él, ninguno de nosotros habría subido a este piso. Nosotros somos totalmente prescindibles e insignificantes, él es quien importa. Nosotros no somos más que sus compañeros de habitación, su decorado. ¿Lo han entendido, señores míos?.
La frialdad y la falta de matices de la voz del Cartero horrorizaron a James. En el silencio de los meses que habían transcurrido había evaluado a sus enemigos y a sus amigos. Él era su titiritero. James se estremeció al pensar que había estado a punto de comprometerse.
____________________ Lo cierto es que no sólo sé de los méritos de Amo von der
Leyen -enfatizó el Cartero-, También vi su rostro en una ocasión, aunque de eso hace mucho tiempo y, por entonces, no me preocupaba demasiado.
»¡Y ahora viene lo más interesante de todo! Porque el Amo von der Leyen que yo vi no es el mismo que pronto ocupará esa cama. ¡No estoy seguro de haber visto esa cara antes de llegar a este establecimiento! ¡Tengo mis dudas, comprenden!
El Cartero hizo callar a Kröner, que estaba a punto de interrumpirlo. James notó cómo el temblor de su cuerpo aumentaba. Su sábana ya estaba empapada en sudor. Habían convulsionado la identidad de Bryan. Incluso Kröner se dejaba frenar.
El hecho de que lo aceptara sin rechistar era una circunstancia desagradable.
– Por tanto, debemos empezar a pensar de forma racional y a considerar todas las posibilidades que nos brinda la situación. ¡Y ahora les rogaría que pusieran mucha atención, señores míos! Porque, ¿qué sería peor para nuestros intereses? Que se suicidara con nuestra humilde ayuda y que así desapareciera de nuestras vidas, lo que podría tener como resultado torturas y otras vejaciones, o que un día se descubriera que es un impostor. Si dejamos que viva y si es el verdadero Amo von der Leyen, todo bien, si dejamos de lado que conoce a la perfección nuestros planes por culpa de la gran necesidad de los señores de cuchichear por las noches. Y si no es Amo von der Leyen, sigue sabiendo demasiado. Y si algún día se demuestra que finge, difícilmente nos libraremos nosotros de la sospecha de los de seguridad. Examinarán nuestro pasado. ¡Precisamente por eso tuve que salvarlo de la situación de los postigos de madera! Estoy seguro de que les habría pagado con la misma moneda por haber echado a perder su fuga, si entonces lo hubieran descubierto. También en este caso nuestros destinos se habrían visto ligados al suyo de forma poco conveniente.
Paseó la mirada por los rostros de sus compinches, que expresaban una total concentración.
– ¡En fin! En el fondo, un dilema sobre el que vale la pena reflexionar. Lo he estado observando desde el día en que llegamos. Lo encuentro desequilibrado, joven y confundido. Resulta difícil determinar si se trata de Amo von der Leyen o no, pero si no es el verdadero Von der Leyen, no creo que sea capaz de llevar a cabo su engaño hasta sus últimas consecuencias.
Sus ojos los escrutaron a todos.
– Yo, por mi parte, encuentro que el dolor es un baile estimulante de nuevas sensaciones, por decirlo de alguna forma. Una fuente para la exploración de los elementos extremos del cuerpo. ¡Pero no tiene por qué ser así para los demás!
Dieter Schmidt se encogió de hombros. Estaba pálido.
– ¿Tengo razón? -acabó diciendo el Cartero.
Era evidente que la veneración que Dieter Schmidt sentía por el Cartero no era compartida por Lankau. Sin embargo, Kröner aceptaba la situación.
– ¡Cierra el pico, Lankau! ¡Ya sabemos lo que piensas! -se apresuró a decir Kröner al ver que los gruñidos de Lankau iban en aumento-. ¡A partir de este momento nos mantendremos unidos! ¿Lo has comprendido?
– Convengamos -dijo el Cartero, inexpresivo-, en que Herr Standartenführer Lankau, siendo el hombre de acción que es, también es el más indicado para despachar al presunto Von der Leyen fuera de este triste mundo.
Cuando devolvieron a Bryan a la habitación, todo estaba prácticamente listo para su liquidación.
– ¡No puedes usar su sábana, Lankau! ¿No ves que se darán cuenta en cuanto lo metan en la cama? ¡Usa la tuya si insistes en prepararte ya! -estalló Kröner-. Ya la cambiarás luego.
– Esperemos a que vuelva. Y luego cogemos su sábana -dijo el Cartero sonriéndole a James-. ¿No le parece, Herr Standartenführer Peuckert?
James no reaccionó. Mantenía la mirada perdida en el vacío, pero aquel acercamiento le heló la sangre.
– ¡No me gusta que vea lo que vamos a hacer!
Lankau miró a James con ojos que rezumaban odio.
– No nos denunciará. ¡No sé por qué, pero no lo hará! -El hombre de los ojos enrojecidos asintió-. ¡Los señores han conseguido domarlo a la perfección!
James dirigió la mirada hacia los abetos y empezó a contarlos inconscientemente. Cuando hubo acabado el recuento, volvió a contarlos. La tranquilidad que tanto necesitaba se-hacía esperar.
Tal como era de suponer, Bryan había tenido un ataque espasmódico después del tratamiento de choque. Había permanecido en observación durante toda la noche. Pasaría mucho tiempo hasta que fuera capaz de defenderse. James no sabía qué hacer. Estaba al borde del aturdimiento, apagado y presionado, tanto anímica como físicamente.
Mientras los enfermeros repartían la comida por las demás habitaciones del pasillo, Lankau había escurrido la sábana de Bryan en el lavabo. Ahora era tan fina y tensa como una cuerda de sisal, lista para ser utilizada debajo de la manta de Bryan y atada por un extremo a la cabecera.
Las enfermeras ya le habían hecho la cama. No volverían a preocuparse por Amo von der Leyen hasta que volviera a despertarse.
– ¿Realmente es la mejor manera de hacerlo? Me refiero al suicidio, naturalmente. ¿No podríamos tirarlo por la ventana, sin más? -dijo Lankau, preocupado-. Parecerá un intento de fuga. Al fin y al cabo, los abetos al otro lado de la alambrada están muy cerca. No debe de ser muy difícil llegar hasta allí si coges un buen impulso desde el alféizar.
– ¿Y…?
No parecía que el Cartero quisiera que respondieran a su pregunta.
– Bueno, que ha errado el salto, por supuesto.
El Cartero encogió los carrillos.
– Así habrá tenido lugar un intento de fuga en nuestra habitación, y volveremos a atraer una inspección. Por no mencionar que atornillarán las ventanas. Esa vía de escape también la tendremos vedada, si llega el momento en que tengamos que recurrir a ella. ¿Y si sobrevive a la caída? ¡Ni hablar, lo colgaremos en cuanto oscurezca!
James era el único que no disponía de una cuerda sobre la cabecera de su cama para llamar a la enfermera de guardia. La ubicación en medio de una habitación de seis camas era tan sólo una solución de emergencia. La situación era desesperante. Si se enfrentaba a ellos para impedir que llevaran a cabo su plan acabaría como Bryan. Y en aquel momento estaba luchando contra la inconsciencia.