Nadie lo ha visto
- Автор: Юнгстедт Мари
- Язык: испанский
- Жанр: Другие детективы
Электронная книга - «Nadie lo ha visto». Краткое содержание книги:
Cuando un vecino descubre su cadáver desnudo y gravemente mutilado, las sospechas recaen inmediatamente sobre Per. Pero algunos días más tarde aparece muerta Frida, una compañera de colegio de Helena, que ha sido asesinada en circunstancias similares. El seguimiento del caso por parte de los medios de comunicación es enorme y el pánico se apodera del pueblo.
El comisario de la policía judicial, Anders Knutas, está convencido de que el autor del crimen es un peligroso asesino en serie, que no dudará en atacar de nuevo. En su acelerada investigación contará con la colaboración no siempre deseada del inquieto periodista Johan Berg.
La policía de Visby se veía sometida a presiones procedentes de todas partes.
El día del solsticio de verano, por la mañana, Knutas recibió llamadas del jefe superior provincial de la policía, del encargado de la oficina de turismo, del director de industria y comercio, del alcalde y de la gobernadora. Eso, sin mencionar la conversación con el jefe de la policía nacional. La exigencia común era clara y sencilla: tenían que detener al asesino.
Los integrantes del grupo de investigación habían regresado ya a la comisaría de Visby y en aquellos momentos estaban todos en la sala de reuniones de la sección de lo judicial. Eran las once de la mañana.
Knutas había convocado una reunión. Estaba agradecido a los medios por haber respetado la petición de no desvelar la identidad de Gunilla Olsson. La policía aún no había conseguido, casi un día después de que se hallara el cuerpo, ponerse en contacto con el hermano.
– Bienvenidos -saludó Knutas-. Me alegra que hayáis podido venir todos. La última víctima es Gunilla Olsson, de treinta y cinco años de edad, que probablemente fue asesinada el día 21 por la noche. Trabajaba como ceramista, le iba muy bien, y vivía sola en När, en una casa en el campo. No tenía hijos. Vamos a empezar con unas fotografías.
Apagaron las luces y corrieron las cortinas negras de las ventanas, de modo que se quedaron casi a oscuras. Pasaban las fotografías mientras Knutas hablaba. A la mayoría les costaba seguir mirando y apartaban la mirada con náuseas.
– Según el informe preliminar del forense, ha recibido mayor cantidad de golpes que las anteriores. Las lesiones incluso tienen un carácter distinto de las que presentaban las otras víctimas. En este caso, el asesino ha actuado de un modo todavía más salvaje. Descargó el hacha de forma bestial en todo el cuerpo; aún es pronto para determinar el modelo exacto de hacha que utilizó. No se trata de golpes limpios, algunos fueron muy profundos, y ninguno dirigido a los órganos sexuales. Nada apunta a que fuera violada. Lo mismo que a las otras víctimas, le metió las bragas en la boca. El arma empleada ha desaparecido, pero hemos encontrado algo en el lugar del crimen que puede pertenecer al asesino.
La foto del inhalador apareció en la pantalla.
– Esto es un inhalador para asmáticos -aclaró el comisario-. Apareció en el patio, fuera del taller de cerámica. La víctima no padecía asma, ni su amiga tampoco. Por supuesto, puede pertenecer a otra persona, algún vecino o algún conocido. Las indagaciones puerta por puerta en la zona están en marcha. En el inhalador se han encontrado huellas dactilares, que estamos analizando, para averiguar si coinciden con alguna huella del archivo de delincuentes. De momento, no se ha hallado nada más digno de mención en el lugar del crimen. En cuanto al pasado de la víctima, nació en Visby. Hace veinte años la familia se trasladó a Ljugarn. Los últimos diez años, Gunilla vivió en Hawai, concretamente en una isla del archipiélago que se llama Maui. Volvió a Suecia este año, en enero, y compró entonces la casa de När, es probable que con el dinero que heredó de sus padres a su fallecimiento. Los padres murieron en un accidente de tráfico hace seis años. Quizá lo recordéis, fue un accidente que se produjo a la salida de Lärbro, en el que un minibús colisionó con un coche y murieron cinco personas. Fue en invierno y en la carretera había hielo. Dos de las víctimas eran niños.
Se oyó un murmullo de los policías locales que corroboraban el dato.
– El caso es que los padres de Gunilla Olsson eran los ocupantes del coche. Se apellidaban Broström. Cuando cumplió la mayoría de edad, Gunilla adoptó el apellido Olsson, que era el de soltera de su abuela. Por lo visto no se llevaba bien con sus padres. ¿Alguna pregunta?
– ¿Se sabe si fue asesinada en el taller? -preguntó Wittberg.
– Sí, todo apunta a que así fue.
– ¿Se ha descubierto algo nuevo acerca de la relación entre las víctimas? -inquirió Norrby.
– ¿Hay algo, Kihlgárd? -preguntó Knutas, con una mirada desafiante a su colega.
– Humm. El grupo que estuvo en Estocolmo encontró detalles. Las dos habían vivido en Estocolmo. Frida, toda su vida y Helena, desde que tenía veinte años. Últimamente, las dos residían en el barrio de Södermalm, en realidad vivían muy cerca una de la otra. Helena Hillerström compartía un apartamento con su novio, Per Bergdal, en la calle Hornsgatan y Frida Lindh vivía con su familia en la calle Brännkyrkagatan. No tenían amigos comunes, pero sí tenían una cosa: las dos eran clientes de Friskis & Svettis. Tienen un gimnasio en Hornstull, que ambas frecuentaban. Helena Hillerström solía acudir los jueves y los sábados, mientras que Frida Lindh normalmente iba los lunes y los miércoles, incluso algún que otro sábado. Puede que se conocieran allí. Hemos hablado con el personal del gimnasio y les hemos mostrado fotos de las víctimas; han reconocido a las dos. Hemos interrogado a todos los monitores, hombres y mujeres. Por ahora no se ha detectado nada extraño. Ninguno tiene relación alguna con Gotland, como no sea que la mayoría ha estado aquí de vacaciones, claro.
– Pues no es gran cosa que digamos -comentó Sohlman con sequedad.
– No obstante, creemos que el asesino puede estar en Estocolmo y que en la capital es donde podemos encontrar alguna relación -prosiguió Kihlgárd imperturbable-. Gunilla Olsson también fue varias veces a Estocolmo durante la primavera. Una tienda del casco antiguo, Gamla Stan, vendía sus piezas de cerámica.
– Admitamos la hipótesis de que el asesino viva en Estocolmo -intervino Karin Jacobsson-. Aun así, la cuestión es: ¿por qué mató a estas mujeres en Gotland?
– Sea por lo que fuere -respondió Knutas-, tenemos que indagar más al respecto. He pensado viajar mañana a Estocolmo. La policía nacional y la de Estocolmo ya están en ello, pero quiero ir allí personalmente. Al menos, un par de días. Propongo que Karin me acompañe.
– Conforme -asintió ella.
– Bien. Kihlgárd, tú te quedarás aquí al frente mientras tanto. Alguien tiene que investigar lo que hicieron Jan Hagman y Kristian Nordström durante el fin de semana. ¿Se ha investigado su pasado y qué relaciones tienen en Estocolmo? Tenemos que profundizar en esas cuestiones. Inmediatamente. Norrby y Wittberg pueden ocuparse de eso. No me fío un pelo del tal Hagman. También quiero que vuelvan a investigarse las circunstancias que rodearon la muerte de su mujer. Ahí puede haber gato encerrado. Tendremos que trabajar veinticuatro horas al día. No podemos permitir que el asesino vuelva a actuar.
DOMINGO 24 DE JUNIO
Al día siguiente, Knutas y Jacobsson salieron hacia Estocolmo. Tomaron un taxi desde el aeropuerto hasta la comisaría de Kungsholmen. El sol era abrasador, con casi treinta grados de temperatura. Cuando se acercaban a Norrtull, el tráfico se intensificó. El aire vibraba por el calor y la contaminación de los tubos de escape. A Knutas le impresionaba la increíble situación del tránsito cada vez que visitaba la capital. Aunque era un domingo de verano, los coches avanzaban a paso de tortuga.
Cruzaron el puente de Sankt Eriksbron, atravesaron la glorieta de Fridhemsplan colapsada por el tráfico y con innumerables semáforos en rojo, y giraron por la calle Hantverkargatan hacia la plaza de Kungsholmstorg.
Kungsholmen era imponente, siempre se lo había parecido. Con los edificios de Landstingshuset (la diputación provincial), Stadshuset (el ayuntamiento) y Rädhuset (la sede de los juzgados). Recordó que alguien le había contado que Rädhuset fue edificada por el arquitecto que quedó segundo en el concurso convocado para decidir quién iba a construir el ayuntamiento de Estocolmo, a principios del siglo XX. El ganador fue Ragnar Östberg, seguido de Carl Westman; en lugar del ayuntamiento, Westman pudo construir Rädhuset en la calle Scheelegatan. Al comisario, el edificio le parecía, por lo menos, tan elegante como el del ayuntamiento. Detrás se encontraba la comisaría central de la policía. Iban a mantener una reunión en las antiguas dependencias policiales, en un hermoso edificio amarillo rodeado por el verdor de un parque.