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Nadie llora al muerto

Электронная книга - «Nadie llora al muerto». Краткое содержание книги:

La muerte violenta del comandante de la policía Alastair Gilbert, a golpes de martillo, en la cocina de su casa, convulsiona la aparente tranquilidad de Holmbury St. Mary, un pueblecito de Surrey cercano a Londres. El historial opaco de la víctima, poco apreciada por sus convecinos y tampoco por algunos círculos de la policía, hace que el trabajo de los investigadores de Scotland Yard, el comisario Duncan Kincaid y la sargento Gemma James, emprenda dos direcciones. ¿La delicada esposa del comandante o alguno de los vecinos están implicados en el asesinato o es el entorno policial de Gilbert el que lo está?
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Debió de hacer un sonido involuntario porque Will la miró y dijo:

– ¿Está bien, Gemma?

– Sí. No. No lo sé. -Respiró profundamente y luego dijo lo primero que le vino a la cabeza-. ¿Usted cree que realmente llegamos a conocer del todo a alguien? ¿O estamos tan cegados por nuestras propias percepciones que no vemos a través de ellas? He estado imaginándome a Brian como padre afectuoso que haría lo que fuera por proteger a su hijo. Pero ésa era sólo una dimensión y me impedía ver la posibilidad de que pudiera ser el amante de Claire, un hombre que podría haber matado a Alastair Gilbert por razones que no tuvieran nada que ver con su hijo. Y no he visto a Claire como… En fin, no importa.

Will se rió.

– No ha sabido ver a Claire como una mujer de carne y hueso, como una mujer con unas necesidades tan poderosas que estaría dispuesta a exponerse a la condena social, como mínimo, para satisfacerlas.

– Nunca parece sorprendido -dijo Gemma.

– No. Supongo que no. Pero tampoco soy un cínico. Este trabajo nos enseña a no tener fe en las personas. Pero al final, si no la tenemos en ellas, ¿en quién vamos a tenerla? Sigo estando dispuesto a darles el beneficio de la duda.

– Es un buen equilibrio -dijo Gemma despacio. ¿Pero era ella capaz de alcanzarlo? Estudió a Will sin que él lo notara, a través de sus pestañas, preguntándose si de nuevo había sido engañada por sus percepciones y si su plácido exterior escondía algo completamente diferente.

Una mirada suya la cogió desprevenida y notó que se ruborizaba.

– No se trata de Brian, ¿verdad, Gemma? -preguntó. Antes de que ella pudiera protestar él añadió-: No ha de decírmelo. Pero recuerde, si alguna vez necesita hablar con alguien, estoy a su disposición.

* * *

A la una y media Gemma subió las escaleras de la estación de metro de Holland Park fortalecida por un bocadillo de queso y tomate que había comprado en el carrito-bar del tren. Caminó a paso ligero hasta casa de Jackie y tuvo que parar un momento en la acera para recuperar el aliento y admirar la forma en que la enredadera de color naranja refulgente destacaba sobre el ladrillo marrón.

Jackie respondió al timbre con una sonrisa de placer.

– ¡Gemma! Cuando no te encontré en casa llamé a Scotland Yard, pero no esperaba que aparecieras a mi puerta con tanta rapidez. Entra. -llevaba puesto un albornoz de colores brillantes y sus rizos apretados parecían húmedos.

– Me dijeron que era urgente -explicó Gemma mientras seguía a Jackie hasta el primer piso.

– Bueno, supongo que exageré un poco. -Jackie la miró algo avergonzada-. Pero pensé que sino no me tomarían en serio. Siéntate y te traeré algo de beber.

Cuando Jackie regresó de la cocina con dos vasos de limonada gaseosa fría de la nevera Gemma dijo:

– ¿De qué se trata? ¿Y por qué no estás en el trabajo?

Jackie se repantingó en el sofá. Su albornoz se extendió a su alrededor como si de una princesa exótica se tratara.

– Entro a las tres. Me han cambiado el turno. Me tengo que vestir y largarme en unos minutos.

»Me dijeron que no estabas en Londres. ¿No te habré hecho venir desde Surrey?

Gemma miró burlonamente a su amiga.

– Jackie, si no te conociera, diría que te estás andando con rodeos. Y sí, he venido desde Surrey. Así que suéltalo.

Jackie dio un sorbo a su bebida y frunció la nariz cuando le subieron las burbujas.

– Me siento un poco tonta, a decir verdad. Probablemente esté haciendo una montaña de un grano de arena. ¿Recuerdas que dije que hablaría con el sargento Talley?

Gemma asintió.

– Bueno. Se puso bastante desagradable conmigo. Me dijo que me metiera en mis asuntos si sabía lo que me convenía. No me lo esperaba y me enfadé bastante. Hay un par de tipos haciendo rondas que han estado en Notting Hill tanto tiempo como Talley, así que esta mañana esperé a que uno acabara su turno. Lo invité a desayunar en la cafetería que hay junto a la estación. -Jackie hizo una pausa y se bebió medio vaso de golpe.

– ¿Y? -insistió Gemma muy interesada.

– Dijo que por lo que había oído, la mala sangre entre Gilbert y Ogilvie no tenía nada que ver con una mujer. Los rumores eran que Gilbert bloqueó el ascenso de Ogilvie. Dijo al comité de revisión que opinaba que Ogilvie era demasiado inconformista para ser un buen oficial sénior. Habían sido compañeros y entre los chicos se sabía que Gilbert era un incompetente y que Ogilvie lo había encubierto muchas veces. -Jackie hizo un gesto de repugnancia-. ¿Puedes imaginártelo? Finalmente Ogilvie fue ascendido cuando Gilbert ya no era su superior, pero dudo que nunca lo perdonara.

– ¿Crees que Ogilvie lo odiaba suficientemente como para asesinarlo, después de tantos años? -Gemma pensó un momento con el ceño fruncido-. Por lo que he averiguado de Alastair Gilbert, no me sorprendería que bloqueara el ascenso de Ogilvie por resentimiento, porque estaba celoso de él. Esto ocurrió más o menos durante la época en que los dos conocieron a Claire, ¿no?

– Supongo, pero no estoy segura. Tendrás que mirar en los historiales. Gemma…

– Lo sé. Si no te dejo vestirte llegarás tarde. -Gemma cogió su vaso vacío con intención de llevarlo a la cocina.

– No es eso. -Jackie miró al reloj de la mesa auxiliar-. Al menos en parte. -Se detuvo y alisó las arrugas de su albornoz con las manos. Luego dijo vacilante-: Tengo conexiones en la calle. Fuentes. Ya sabes, cuando trabajas tanto tiempo en la calle, se acumulan. Cuando empecé a sentir curiosidad por este asunto pregunté, tanteé el terreno.

Cuando Jackie hizo una nueva pausa, con los ojos fijos en la tela que tenía en sus manos, Gemma sintió aprensión.

– ¿Qué pasa Jackie?

– Tienes que decidir lo que vas a hacer con esto, si lo vas a denunciar al comité de disciplina. -Esperó a que Gemma asintiera antes de proseguir-. ¿Recuerdas que te dije que me pareció ver a Gilbert hablando con un informante? Bueno. Gilbert estaba demasiado arriba para ir hablando con informantes, así que le pregunté a mi contacto si había oído el nombre de Gilbert en conexión con algo sucio.

– ¿Y? -apremió Gemma.

– Drogas, dijo. Había oído insinuaciones de que alguien de arriba protegía a los camellos.

– ¿Gilbert? -La voz de Gemma se había transformado en un chillido de incredulidad.

Jackie negó con la cabeza.

– David Ogilvie.

* * *

Volver a Scotland Yard había sido un error, pensó Gemma mientras caminaba despacio por Richmond Avenue en plena oscuridad. Se había visto inundada por montones de papeleo y cuando terminó de mirar todos los documentos relativos a Gilbert u Ogilvie, los ojos le ardían y la espalda le dolía de cansancio. Se había perdido la merienda de Toby y ahora, demasiado cansada para comprar la cena de camino a casa, tendría que conformarse con cualquier cosa que encontrara en la exigua despensa.

Llegó a Thornhill Gardens, un espacio oscurísimo entre las moles negras de las casas circundantes. Anduvo con mucho cuidado por la acera hasta que llegó al sendero de los Cavendish y se detuvo. El estor de la ventana del salón no estaba bajado del todo y por la rendija pudo ver el parpadeo azul de la televisión. Pero había un resplandor añadido, amarillo, cálido, tembloroso. Velas. Por un instante creyó oír risas, tenues e íntimas. Gemma se despertó del ensueño y subió por el sendero. Su llamada fue vacilante.

– ¡Gemma, querida! -dijo Hazel cuando abrió la puerta-. No te esperábamos esta noche. -Estaba relajada, con la ropa arrugada y un poco ruborizada-. Entra -dijo haciendo pasar a Gemma al hall-. Los niños estaban agotados, pobres. Hoy los he llevado al lago Serpentine y los he dejado rendidos. Así que los hemos puesto a dormir temprano. Tim y yo estábamos mirando un video.

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