El Asesino de la Carretera
- Автор: Эллрой Джеймс
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El Asesino de la Carretera». Краткое содержание книги:
Nacido en Los Ángeles en los años cincuenta, su adolescencia es extraña y compleja, hasta el punto de que, en cierto modo, acaba provocando el suicidio de su madre. A raíz de este suceso, queda bajo la tutela de un oficial de policía, de quien aprende justo lo que no debía: el oficio de ladrón. Martin tiene una inteligencia extraordinaria y cierta tendencia al aislamiento, por lo que va construyendo sus obsesiones mientras continúa con los atracos. Tras pasar un año en la cárcel, comete su primer asesinato.
Como sea que se ha mencionado la presencia de jirones de plástico entre los elementos encontrados en el escenario del crimen, creo que podría ser una pista importante. (Washington está detenido en el calabozo de borrachos de la comisaría por si se estima necesario seguir interrogándolo.)
W.W. BROWN, sargento, Comisaría 19
Del Standard-Leader de Kalamazoo, Michigan, 10 de septiembre de 1980:
ENCONTRADOS LOS RESTOS DE UN VECINO DE KALAMAZOO
EN EL LAGO MICHIGAN; SE BUSCA AL «SOBRINO»
Hace tres días, el cuerpo de un vecino de Kalamazoo, un hombre conocido por sus excentricidades, fue descubierto en las aguas poco profundas del lago Michigan, cerca del malecón de Benton Heights. Aunque el cuerpo estaba casi totalmente descompuesto, las balas incrustadas en el cráneo apuntan a que la causa de la muerte fueron varios disparos. Tras enviar un teletipo a los laboratorios dentales de la localidad con la descripción de sus inusuales puentes dentales, se consiguió rápidamente su identificación. La víctima era Rheinhardt Wildebrand, de 72 años, de Kalamazoo.
Wildebrand, vecino de Kalamazoo de toda la vida, era un inventor que vivía de las patentes de varias máquinas que desarrolló allá por la década de 1930. Era un «personaje» local que vivía en un ostentoso caserón, en el número 8493 de S. Kenilworth, izaba la bandera de su Austria natal en las festividades norteamericanas, rara vez salía de su manzana y tenía un Packard de 1953 en el garaje, pero nunca lo sacaba. Se creía que no tenía parientes vivos (sus padres y su única hermana habían muerto en la década de 1940) pero, recientemente, vivía con él un hombre al que había presentado a sus vecinos como su «sobrino». La policía de Benton Heights y la de Kalamazoo buscan ahora a ese hombre como presunto asesino de Wildebrand.
Los vecinos del inventor jubilado contaron a los cuerpos de seguridad que el sobrino llegó a primeros de agosto y que solían verlo con Wildebrand en el porche delantero de la casa de éste, pero que el hombre, como su supuesto tío, era muy reservado. Lo describen como «un hombre alto y de constitución fuerte, treinta y pocos años, cabello moreno, ojos oscuros y barba rala».
El teniente Loren Kelleher, del Departamento de Policía de Kalamazoo, que colabora con el de Benton Heights en la investigación, declaró al reportero Bob Shaeffer, del Standard-Leader: «Hemos comprobado los registros de la familia Wildebrand. El viejo tenía una hermana, soltera, que murió en 1941, bastante antes, con toda certeza, de que naciera nuestro sospechoso. Así pues, sabemos que no es cierto que fuera el "sobrino". Creemos que el móvil es el robo. Muy probablemente, el supuesto sobrino se ganó la confianza de Wildebrand, le robó el dinero y lo mató. Se rumoreaba que el viejo tenía grandes sumas de dinero escondidas en el sótano. Ahora mismo estamos inspeccionando la casa en busca de pruebas materiales y enseñando a los vecinos fotografías de criminales de Michigan, Illinois y Ohio con el fin de identificar al "sobrino".»
Respecto a los vecinos, todos lamentan el hecho de que, al parecer, nadie se encargue del funeral del difunto inventor. «Rheinhardt era un bicho raro -comentó a nuestros reporteros un residente en Kenilworth Avenue-, pero nadie, ni siquiera un viejo excéntrico como ése, se merece que le peguen un tiro y lo echen al agua.»
Seguiremos informando de los detalles de la investigación.
Memorando de enlace, remitido a la brigada de Homicidios del Departamento de Policía de Benton Height por el teniente Loren Kelleher, del Departamento de Policía de Kalamazoo:
15/9/80
Agentes:
Por la zona de Kalamazoo del caso Wildebrand, Rheinhardt J.: un cero respecto a novedades de interés.
A- Las cuentas bancarias de la víctima no se han tocado: 41.000 dólares en libretas de ahorro, 12.000 en cuentas corrientes (el difunto pagó anticipadamente cuantiosas cantidades a compañías de tarjetas de crédito antes de su desaparición).
B- No hay rastro de ninguna 38 con piezas defectuosas robada o vendida, ni coincidencias en los casquillos (he pedido informes de todo el estado).
No tenemos identificación del «sobrino» y nadie vio al sospechoso con un vehículo.
C- Interrogatorios a vecinos y residentes locales: nada.
D- En el registro de la casa de la víctima no apareció su cartera ni su documentación (probablemente, estarán flotando en el lago Michigan). No se encontró dinero, lo cual confirma el robo como móvil.
E- El argumento decisivo para considerar que el «sobrino» es nuestro hombre: las doce habitaciones de la casa, los tres pisos, estaban completamente limpios de huellas latentes; se encontraron marcas de paño de limpieza por todas partes. El sobrino sabe lo que se hace.
F- ¿Me llamarán ustedes pronto para contarme los progresos por su parte?
Tte. L. KELLER
Del Sun de Baltimore, Maryland, 19 de mayo de 1981:
LA MUERTE DE UNA PROSTITUTA,
RELACIONADA CON OTROS TRES ASESINATOS SEXUALES
El espantoso asesinato de Carol Neilton, brutalmente violada y acuchillada en su apartamento la semana pasada, parece ser la cuarta de una cadena de muertes que empezó en Louisville, Kentucky, hace más de dos años.
En abril de 1979, Kristine Pasquale, una bailarina de club, fue descubierta en su piso de Louisville, asesinada sanguinariamente de manera idéntica a la de Neilton; Wilma Thurmann tuvo un destino similar en Des Moines, Iowa, el 1 de octubre de ese año, y el 27 de mayo pasado, Candice Tucker, de Charleston, Carolina del Sur, encontró una muerte igualmente horrenda en esa ciudad. Las pruebas materiales son idénticas en los cuatro homicidios, e idéntica la ausencia de pistas. Desconcertadas, las cuatro fuerzas policiales involucradas en las investigaciones han propuesto compartir sus informaciones con la esperanza de evitar una quinta muerte.
Sin embargo, el tiempo corre contra las fuerzas del orden. El capitán Reynolds Conklin, segundo al mando de la división de Homicidios del D. P. de Baltimore, declaró anoche en una reunión con la prensa: «Estos cuatro homicidios han ocurrido en el intervalo de dos años y las investigaciones oficiales de los tres primeros están, en la jerga policial, "frías". En todo el volumen de documentación recopilado hasta ahora, no aparecen nombres de sospechosos que coincidan en más de una ciudad. En ninguna lista de reservas de aviones, autocares o trenes aparece un mismo nombre que visitara las cuatro ciudades en las fechas correspondientes y, hoy por hoy, nos limitamos a seguir con el papeleo y plantearnos hipótesis. Así es como se resolverá el caso.»
Pero, capitán, ¿después de cuántas víctimas?
Memorando interoficinas, archivado bajo el epígrafe «Informes Diversos» en el expediente 199-5/81 del Departamento de Policía de Baltimore:
Skipper:
Decías que debía ser sincero, así que allá voy: no tengo nada, salvo alguna teoría aceptable tras la lectura de fotocopias de expedientes de los casos de Louisville/Des Moines/Charleston y un par de charlas telefónicas con dos agentes que participaron en las investigaciones (el sargento Ruley, en Louisville, y el sargento Brown, en Charleston).
Estos dos (perspicaces) agentes sugieren que el hombre pudo hacerse pasar por policía para tener acceso a las víctimas, amenazando con chantajes o con la detención si no accedían a sus deseos sexuales. Esto explicaría cómo entró en los domicilios de las víctimas 1, 3 y 4. Además, hacerse pasar por policía parece estar de moda entre los psicópatas: recuerda el terrible caso del Estrangulador de Hillside, en Los Ángeles.
Llevaré la reconstrucción un paso más allá. Supongamos que el asesino es un policía de verdad. Como las muertes se iniciaron en Louisville, quizá sería interesante comprobar los movimientos de la plantilla del Departamento de Policía (incluidas las ausencias del trabajo injustificadas o inusuales), comparándolos con los registros de viajeros de aviones/trenes/autocares de las fechas correspondientes. Sería como buscar una aguja en un pajar pero, por lo menos, haríamos algo.