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Deja en paz al diablo

Электронная книга - «Deja en paz al diablo». Краткое содержание книги:

Nada es nunca lo que parece. Y menos si David Gurney está involucrado.
Han pasado seis meses. David Gurney apenas ha conseguido reincorporarse a una cierta normalidad después de haberse encontrado al borde de la muerte tras resolver el caso más peligroso al que se había enfrentado. Madeleine, su esposa, está preocupada: ha sido diagnosticado con síndrome de estrés postraumático; nada parece alegrarle.
Hasta que recibe una llamada. Connie Clark, la periodista que creó la leyenda de superpoli, lo puso en la portada de una revista y lo catapultó a la fama, quiere pedirle ayuda. Su hija Kim está realizando un documental sobre las familias de las víctimas de un asesino en serie al que nunca atraparon, el Buen Pastor, y Connie quiere que Gurney supervise sus investigaciones y la guíe. En parte por aburrimiento y en parte por hacerle un favor a Connie, Gurney acepta.
Sin embargo, esto no será más que el principio. Incapaz de ponerle coto a su curiosidad y a su necesidad de resolver cada una de las incógnitas que se le presentan, David Gurney se verá arrastrado a una investigación para descubrir la verdadera identidad del asesino. Un asesino que es tan imprevisible como peligroso.
Si en Sé lo que estás pensando te asombró y en No abras los ojos te aterró, con Deja en paz al diablo, John Verdon consigue lo inesperado: sorprender al lector a cada página hasta dejarlo sin aliento.
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– No me gusta hablar así, pero todo el caso da una impresión inestable. Como un edificio muy grande con cimientos débiles.

Kim negó con la cabeza.

– Pero cuando dices que podrían estar equivocados en todo, ¿qué demonios…?

El teléfono de Gurney empezó a sonar en su bolsillo.

Lo cogió, miró quién llamaba y sonrió:

– Tengo la sensación de que me van a preguntar lo mismo dentro de cinco segundos. -Se levantó de la mesa y se llevó el teléfono a la oreja-. Hola, Rebecca. Gracias por llamar.

– ¿Un defecto fatal en el enfoque del FBI? -Había un punto de rabia en su voz-. ¿Qué significa eso?

Gurney se alejó de la mesa en dirección a la puerta cristalera.

– Nada concluyente. Solo preguntas. Podría ser un problema o no, según las respuestas.

Se quedó de pie dándoles la espalda a los demás, mirando hacia las colinas del oeste y los restos morados de la puesta de sol, pero sin llegar a registrar la belleza de lo que estaba viendo. Se concentró en su objetivo: que lo invitaran a una reunión con el agente Trout.

– ¿Preguntas? ¿Qué preguntas?

– En realidad, tengo unas cuantas. ¿Tiene tiempo de escucharlas?

– La verdad es que no. Pero siento curiosidad. Adelante.

– La primera es la más importante. ¿Alguna vez ha tenido dudas sobre el caso?

– ¿Dudas? ¿Como cuáles?

– Como de qué se trataba.

– Lo que está diciendo no tiene sentido. Sea más concreto.

– Usted, el FBI, la comunidad de psicólogos forenses, criminólogos, sociólogos… Menos Max Clinter, todos parecen estar de acuerdo en todo. Nunca he visto un nivel tan conveniente de consenso respecto a lo que, en esencia, es una serie de crímenes sin resolver.

– ¿Conveniente? -El tono era mordaz.

– No estoy queriendo dar a entender que haya nada corrupto. Solo parece que todos, con la notoria excepción de Clinter, se sienten perfectamente a gusto con el hilo narrativo existente. Lo único que estoy preguntando es si este acuerdo es tan universal como parece, y lo segura que está usted personalmente.

– Mire, David, no tengo toda la tarde para esta conversación. Vaya al grano y dígame qué le molesta.

Gurney respiró hondo, tratando de calmar su enfado ante la irritación de Holdenfield.

– Lo que me preocupa es que hay muchos elementos en el caso, y, sobre todo, que todos deben ser interpretados de una manera en concreto para que apoyen el hilo narrativo general. Tengo la impresión de que es ese hilo narrativo lo que guía la interpretación de sus elementos, no al revés. -Estuvo tentado de añadir: «No de la forma en que debería llevarse a cabo un análisis sensato, objetivo y fiable», pero se contuvo.

Holdenfield vaciló.

– Sea más específico.

– Cada dato, cada indicio, cada hecho plantea preguntas obvias. Las respuestas de todas ellas parecen proceder de la premisa, y no al revés.

– ¿A eso lo llama ser más específico?

– Vale. Preguntas. ¿Por qué solo Mercedes? ¿Por qué solo negros? ¿Por qué detenerse en el sexto? ¿Por qué una Desert Eagle? ¿Por qué más de una Desert Eagle? ¿Por qué los animalitos de plástico? ¿Por qué viernes y sábados por la noche? ¿Por qué el manifiesto? ¿Por qué la combinación de un frío argumento racional con un lenguaje muy religioso? ¿Por qué la rígida repetición de…?

– David -intervino Holdenfield, exasperada-, todas esas cuestiones se examinaron y se discutieron minuciosamente. Todas y cada una de ellas. Las respuestas son claras, tienen perfecto sentido, forman una imagen coherente. La verdad es que no entiendo qué pretende.

– ¿Me está diciendo que nunca se planteó una investigación alternativa?

– Nunca hubo base para ninguna. ¿Cuál es su problema?

– ¿Se lo imagina?

– ¿Imaginarme?

– Al Buen Pastor.

– ¿Puedo imaginármelo? No lo sé. ¿Es una pregunta significativa?

– Creo que sí. ¿Cuál es su respuesta?

– Mi respuesta es que no estoy de acuerdo en que sea significativa.

– Creo que no puede imaginarlo. Yo tampoco. Podría haber contradicciones en el perfil que impiden siquiera imaginarnos una cara. Por supuesto, podría ser una mujer. Una mujer lo bastante fuerte para empuñar una Desert Eagle. O puede que sean varias personas. Pero, por ahora, dejaremos eso de lado.

– ¿Una mujer? Eso es absurdo.

– No hay tiempo para discutirlo ahora mismo. Tengo una última pregunta para usted. Entre todo el consenso profesional, ¿usted o alguno de sus colegas psicólogos forenses, o alguien de la Unidad de Análisis de la Conducta, estuvo alguna vez en desacuerdo sobre algo en la hipótesis del caso?

– Por supuesto que sí. Hay opiniones diversas, diferencias sobre dónde centrar la atención.

– ¿Por ejemplo?

– Por ejemplo, el concepto de patrón de resonancia hace hincapié en la transferencia de energía de un trauma original a una situación actual, lo cual provoca que la manifestación actual sea esencialmente un vehículo inanimado que toma vida del pasado. La aplicación del paradigma de instinto de imitación da a la situación actual una mayor validez de por sí. Es una repetición de un patrón pasado, pero tiene vida y energía propias. Otro concepto que podría aplicarse es el de la teoría de transmisión transgeneracional de la violencia, que es un modelo tradicional de conducta aprendida. Hubo un amplio debate sobre todas esas ideas.

Gurney se rio.

– ¿Qué es lo que tiene gracia?

– Puedo imaginarlos mirando una palmera en el horizonte y debatiendo sobre el número de cocos que puede que tenga.

– ¿Qué quiere decir?

– ¿Y si la palmera en sí es un espejismo, una alucinación colectiva?

– David, si alguien está delirando en esta conversación no soy yo. ¿Ha acabado con sus preguntas?

– ¿Quién se beneficia de la hipótesis vigente?

– ¿Qué?

– ¿Quién se beneficia de la…?

– Ya le he oído. ¿Qué demonios quiere decir?

– Me parece que hay una relación un poco extraña que conecta lo que sabemos del caso con los puntos débiles de la metodología del FBI y la dinámica curricular de la comunidad forense.

– No puedo creer que diga tal cosa. Es insultante, debería colgarle. ¿Quiere explicarse mejor?

– Rebecca, todos nos engañamos alguna vez. Dios sabe que yo lo hago. No pretendo insultar a nadie. Cuando usted analiza el caso del Buen Pastor, ve una historia sencilla de un esquizofrénico paranoico y brillante que da una salida trágica a su rabia sepultada. Lo hace mediante ataques a símbolos de riqueza y poder. Por mi parte, no estoy seguro de lo que veo, tal vez un caso en el que nadie debería estar tan seguro como todos parecen estarlo. Nada más. Solo pienso que se ha llegado a demasiadas conclusiones y que se han abrazado demasiado deprisa.

– ¿Y eso adónde le lleva?

– No sé adónde me lleva. Pero ha despertado mi curiosidad.

– ¿Curiosidad como la de Max Clinter?

– ¿Eso es una pregunta real?

– Oh, desde luego que es una pregunta real.

– Al menos Max comprende que el caso no está tan claro como creen usted y sus colegas del FBI. Entiende que podría haber otra conexión entre las víctimas, más allá del hecho de que tuvieran un Mercedes.

– David, ¿qué tiene contra el FBI?

– En ocasiones se dejan llevar por su forma de hacer las cosas, por su forma de tomar decisiones, por su obsesión por el control, por sus rutinas.

– Lo más importante es que son muy buenos en lo que hacen. Son listos, objetivos, disciplinados, receptivos a las buenas ideas.

– ¿Eso significa que pagan sus horas de asesoría sin quejarse?

– ¿Se supone que esta es otra observación que no pretende resultar insultante?

– Solo digo que tendemos a ver lo bueno de la gente que ve lo bueno de nosotros.

– David, es usted tan hipócrita que sería un excelente abogado.

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