Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » Nacidos en la Tierra [Earthborn - es]
Nacidos en la Tierra [Earthborn - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Nacidos en la Tierra [Earthborn - es]

Электронная книга - «Nacidos en la Tierra [Earthborn - es]». Краткое содержание книги:

En esta nueva entrega de «La Saga del Retorno», Shedemei y el Alma Suprema supervisan, ya en la Tierra, la evolución de los humanos descendientes de Nafai y Elemak y su interacción con las nuevas especies que habían evolucionado en el planeta. Surgen de nuevo los problemas de siempre: racismo, explotación, enfrentamientos tribales, etc. El recurso de la hibernación permite mantener la presencia de Shedemei y su poderoso manto de capitana en un papel que deviene mítico y, en cierta forma, bíblico. Pero el misterio sigue siendo al paradero del Guardián de la Tierra cuya presencia, pese a todo, Shedemei y el Alma Suprema creen percibir, de vez en cuando, de forma siempre sutil e imprecisa.
1 ... 38 39 40 41 42 43 44 45 46 ... 97
Перейти на страницу:

—Oh, no me importan sus dudas. Bastaría que actuaran como si creyeran, para ser más persuasivos.

—Si no te conociera mejor —dijo Didul—, pensaría que estás alabando la hipocresía.

—Prefiero vivir entre gente que se comporta correctamente que entre gente que tiene opiniones correctas —dijo Akmaro—. No he notado más manifestaciones de hipocresía entre los primeros que entre los segundos, y al menos los que se portan bien no te hacen perder tanto tiempo en discusiones.

Bego trajinaba detrás de Akma y Mon, quejándose sin cesar.

—No veo por qué no podernos conversar en mi estudio. Soy demasiado viejo para esto, y habréis notado que mis piernas son más cortas que las vuestras.

A lo cual Akma replicó cruelmente:

—Pues vuela.

Mon le dio un empellón a Akma, haciéndolo rodar sobre los arbustos que bordeaban el camino. Akma se enfrentó a él, dispuesto a enfurecerse o a reírse, según la intención que viera en los ojos de Mon.

—Ten respeto por un amigo mío —murmuró Mon—, aparte de por su edad y su prestigio.

Akma puso su sonrisa más seductora, y obtuvo el resultado de siempre, pues irradiaba humildad, inocencia y benevolencia. Todas lo bueno que la otra persona deseaba ver. Mon dudaba siempre de aquella sonrisa, a pesar de que acababa triunfando sobre su enojo o su envidia. ¿De dónde podía venir semejante poder sobre los demás?

—Ah, Bego, te habrás dado cuenta de que sólo bromeaba —dijo Akma—. Perdóname, viejo amigo.

—Siempre te perdono —jadeó Bego—. Todos lo hacen, así que no sé por qué te molestas en preguntar.

—¿Acaso ofendo con tanta frecuencia que perdonarme se ha convertido en hábito? —preguntó Akma con su sonrisa compungida. Mon sintió deseos de abrazarlo con fuerza, de asegurarle que nadie se sentía ofendido.

¿Cómo lo consigue?

—No ofendes con mayor frecuencia que cualquier otro joven brillante, indisciplinado y perezoso de veinte años —dijo Bego—. Aquí, en la hierba. Si lo que pretendéis es que nadie nos oiga, aquí estaremos bien.

—Ah —dijo Mon, señalando el cielo—. ¿Te has olvidado de esos ojos fisgones de allá arriba?

—La estrella fija —dijo Bego—. Sí, es verdad. Dicen que el Alma Suprema ve a través de los techos, las hojas y la tierra, así que tanto da.

Akma se arrojó al suelo y aterrizó en la hierba con una pose elegante que habría parecido muy ensayada en alguien menos ágil y espontáneo.

—Quién sabe cuántos cientos de túneles cavadores convergen bajo este prado —comentó.

—No es un prado —dijo Mon—. Es el parque de mi padre, y no está permitido cavar debajo de él.

—Oh, entonces seguro que hasta las lombrices respetan sus límites —dijo Akma.

Mon se rió contra su voluntad.

—Bueno, la autoridad de Padre no es universal.

—¿Por qué estamos aquí? —preguntó Bego—. Me fastidia estar sentado.

—Pero Bego —dijo Akma—, ahora humanos, ángeles y cavadores somos iguales, ¿no lo sabías? El Guardián ha hablado.

—Bien, será mejor que el Guardián me dé nuevas posaderas si pretende que las acomode en sillas u otros lugares igualmente incómodos —dijo Bego.

—Mon y yo hemos estado pensando —dijo Akma.

—¿Los dos juntos? Entonces es posible que hayáis formulado un pensamiento, siempre que hayáis trabajado con empeño.

—Hemos estudiado las historias de los Héroes. Y la crónica que los zenifi encontraron hace trece años.

—La de los rasulum —dijo Bego.

—Queríamos conocer tu opinión sobre una idea —dijo Mon.

—¿Y no podíais pedírmela en mi estudio, al terminar mis clases con los hijos más pequeños del rey?

—Nuestra pregunta puede oler a traición —dijo Akma. Bego guardó silencio.

—Sabemos de tu respeto por la investigación científica y que nunca nos denunciarías. Pero quién sabe qué diría otra persona si nos oyera. Podría exagerar nuestras palabras.

—¿Qué traición puede haber en los documentos antiguos? —preguntó Bego.

—Si estamos en lo cierto —señaló Akma—, creo que hace diez años que tú intentas insinuarlo.

—Yo no hago insinuaciones —dejó claro Bego—. Y si queréis saber si estáis en lo cierto, Mon tiene el don de la certidumbre.

—Ahí está el problema —dijo Mon—. Si estamos en lo cierto, no tenemos motivos para confiar en ese presunto don. Y si nos equivocamos, la respuesta es la misma… para mí no hay certidumbre.

—Por eso acudimos a ti —añadió Akma.

—¿Crees que el don que te dio el Guardián pueda ser imaginario? —preguntó Bego con incredulidad.

—Creo que la simple histeria puede hacer que muchas cosas acudan a nuestra mente —dijo Mon.

—E incluso cierta perspicacia natural —añadió Akma—. Por ejemplo, en esa famosa e inolvidable ocasión en que Mon te ayudó a traducir las planchas de los rasulum. ¿No es posible que él haya deducido tus aciertos y errores interpretando inconscientemente tus gestos, movimientos, entonación vocal, expresiones faciales?

—¿Y de qué le hubiera servido? —dijo Bego—. Yo no lo sabía.

—Tal vez lo sabías, pero no sabías que lo sabías —dijo Akma.

Bego agitó las alas en un gesto de indiferencia.

—Akma y yo hemos intentado ver si hay algo en los antiguos documentos que constituya una prueba concreta de que existe un Guardián de la Tierra.

—Nadie pone en duda que hay un Guardián —dijo Bego.

—Mira las crónicas —dijo Akma—. En todos los documentos de los primeros Héroes se afirma que la vida humana había desaparecido de la Tierra, que hasta que el Guardián trajo a los Héroes desde ese lugar llamado Armonía o Basílica… los registros son ambiguos…

—Basílica es el nombre de la estrella fija —dijo Bego—, y Armonía el nombre del planeta que está en órbita de esa estrella.

—Eso dicen los eruditos —dijo Akma—. Que no saben más que nosotros, pues llegan a sus conclusiones a partir de las mismas fuentes. Y yo digo que la crónica de los Héroes no es correcta. Había gente aquí: los rasulum.

Bego se encogió de hombros.

—Eso ha causado cierta consternación entre los estudiosos.

—Vamos —dijo Mon—. Es el dato que siempre nos restriegas por la cara cuando hablamos de historia. Quieres que descubramos algo, así que no te hagas el inocente.

—¿Y si los humanos nunca se fueron de este mundo? —intervino Akma—. ¿Y si los humanos sólo tuvieron que permanecer alejados del Gornaya en la época de los volcanes y terremotos? Los Héroes mencionan que hubo un tiempo en que las masas terrestres se plegaron y elevaron, formando las montañas más altas del mundo. ¿Y si fue entonces cuando nació la leyenda de la dispersión? Se dice que no había humanos en el Gornaya, y que no había humanos en el mundo… pero de hecho había humanos al norte, en las praderas. Luego hay una guerra devastadora, y muchos humanos huyen de los rasulum. Algunos de ellos rompen el viejo tabú y vienen al Gornaya. Tal vez llegan incluso en barco, pero temen que los dioses que adoran, el Alma Suprema y el Guardián de la Tierra, se encolericen con ellos, así que alegan que han venido de las estrellas y no de Opustoshen.

—¿Entonces por qué el idioma de las planchas es tan diferente del nuestro? —preguntó Bego.

—Porque no han pasado sólo cuatrocientos o quinientos años desde la época de los Héroes. En realidad se separaron de los rasulum hace mil años, tal vez más. Y las lenguas se diferencian cada vez más, hasta no parecerse en nada.

—¿Y eso qué tiene que ver con los ángeles y los cavadores? —preguntó Bego.

—Nada —exclamó Mon—. ¿No lo entiendes? Los humanos llegaron y dominaron a todos los demás, e impusieron sus dioses a todo el mundo. ¿Pero acaso los cavadores no adoraban los dioses que los ángeles creaban para ellos? ¿Y los ángeles no tenían sus propios dioses? Nadie hablaba del Guardián. Ángeles y cavadores evolucionaron por separado en el Gornaya mientras los humanos habitaban las tierras del norte.

1 ... 38 39 40 41 42 43 44 45 46 ... 97
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)