Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » Nacidos en la Tierra [Earthborn - es]
Nacidos en la Tierra [Earthborn - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Nacidos en la Tierra [Earthborn - es]

Электронная книга - «Nacidos en la Tierra [Earthborn - es]». Краткое содержание книги:

En esta nueva entrega de «La Saga del Retorno», Shedemei y el Alma Suprema supervisan, ya en la Tierra, la evolución de los humanos descendientes de Nafai y Elemak y su interacción con las nuevas especies que habían evolucionado en el planeta. Surgen de nuevo los problemas de siempre: racismo, explotación, enfrentamientos tribales, etc. El recurso de la hibernación permite mantener la presencia de Shedemei y su poderoso manto de capitana en un papel que deviene mítico y, en cierta forma, bíblico. Pero el misterio sigue siendo al paradero del Guardián de la Tierra cuya presencia, pese a todo, Shedemei y el Alma Suprema creen percibir, de vez en cuando, de forma siempre sutil e imprecisa.
1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 97
Перейти на страницу:

Hasta aquel momento, la gente de Darakemba se congregaba como siempre lo había hecho: los descendientes de los darakembi originales a la izquierda del rey, y los descendientes de los nafari originales a la derecha del rey. Y estos grupos se subdividían en otros, pues los nafari todavía recordaban quiénes eran issibi, quiénes oykibi, quiénes yasoi y quiénes zdorabi. Y en ambos grupos, la gente del cielo y la gente media se reunían en clanes separados; al fondo quedaban los pocos cavadores que eran ciudadanos libres.

Cuando concluyó la lectura de las historias, Motiak se puso de pie y dijo:

—Nadie puede poner en duda que la mano del Guardián se ha manifestado en las cosas que hemos visto y oído. En los últimos días he pasado cada hora de vigilia en compañía de Akmaro y Chebeya, dos grandes maestros que el Guardián nos ha enviado para enseñarnos a ser dignos custodios de la tierra que nos ha dado. Ahora él hablará con vosotros, con mayor autoridad que cualquier rey.

La gente murmuró al oír esto. Luego escuchó las palabras de Akmaro, que se movía de grupo en grupo; otros hombres y mujeres akmari también iban de grupo en grupo predicando una parte del mensaje que el Guardián había enviado por boca de Binaro, tantos años antes. El mensaje por el cual Binaro había muerto. No todos creían todo lo que les decían, y algunas ideas les resultaban desconcertantes, pues Akmaro decía que cavadores, ángeles y humanos eran hermanos. Pero nadie se atrevía a plantear objeciones, pues él contaba con la amistad del rey, y muchos otros, tal vez la mayoría, sobre todo los pobres, creían de todo corazón en lo que él decía.

Ese día muchos entraron en las aguas para renovarse bajo las manos de Akmaro y de sus adeptos. Y mientras anochecía, Motiak hizo leer otra proclama.

—A partir de ahora, los sacerdotes ya no serán servidores del rey, designados por el rey, ni permanecerán con el rey para celebrar los grandes ritos públicos. A partir de ahora, Akmaro será el sumo sacerdote, y tendrá poder para designar sacerdotes menores en cada ciudad, pueblo y aldea que esté dentro de mis dominios. Estos sacerdotes del Guardián no recibirán su paga de las arcas públicas, sino que trabajarán con las manos como otros hombres y mujeres. Ninguna labor es demasiado humilde para ellos, y ninguna carga demasiado grande. En cuanto a los sacerdotes que me han servido fielmente hasta ahora, no serán olvidados. Los eximo de sus deberes y les concedo de mis arcas privadas riquezas suficientes para fundar empresas respetables; quienes deseen enseñar pueden ser maestros, y algunos trabajarán a mi servicio como escribas y bibliotecarios. Nadie debe pensar que introduzco este cambio porque haya habido deshonra entre ellos. Pero nunca más un rey podrá usar a sus sacerdotes como Nuab usó a Pabulog y al resto de sus sacerdotes: como instrumentos de opresión, engaño y crueldad. A partir de ahora los sacerdotes no tendrán poder político y, a cambio, ningún rey ni monarca tendrá autoridad para designar o expulsar a un sacerdote.

»Más aún, cuando la gente se congregue, ya no se dividirá en nafari y darakembi, ni en tribus y clanes, ni habrá separación entre la gente del suelo, del cielo y media. Cuando me obedecéis como rey, todos sois nafari, todos sois darakembi. Y cuando os reunís con los sacerdotes para asimilar las enseñanzas del Guardián de la Tierra, entonces sois del Guardián, y esto es entre vosotros y el Guardián de la Tierra. Ningún poder terrenal, de rey o gobernador, de soldado o maestro, puede interferir en ello. Ninguna persona de ninguna raza puede ser esclava más de diez años; quienes ya han servido durante ese tiempo son ahora empleados y deben cobrar un salario justo: no pueden ser despedidos, aunque pueden marcharse si así lo desean. Todos los niños nacidos en mis tierras son libres desde el momento de su concepción, aunque su madre sea esclava. Es un nuevo orden en mis tierras, y suplico a mi pueblo que obedezca.

Esta última era una frase ritual. Los edictos del rey tenían forma de súplica, no de mandamiento, pues así lo había establecido Nafai cuando gobernaban los Héroes. Pero muchos oyeron estas palabras con muda rabia. ¿Cómo se atreve a decir que no hay diferencias entre un cavador y yo, entre una mujer y yo, entre un ángel y yo, entre un humano y yo, entre un hombre y yo, entre los pobres y yo, entre los ignorantes y yo, entre mis enemigos y yo? Fueran cuales fuesen sus prejuicios íntimos, aparentaron aceptar las enseñanzas de Akmaro y el edicto de Motiak, pero en el fondo de su corazón, en sus hogares, y en cuchicheos con amigos y vecinos en los años que seguirían, rechazarían la locura que Akmaro y Motiak habían provocado.

Pero en los días gloriosos en que Akmaro fundó las Casas de los Guardados y las puso a cargo de sacerdotes en cada ciudad, pueblo y aldea, en los días en que Motiak celebró la nueva igualdad de hombres y mujeres, cavadores, ángeles y humanos, con la promesa de libertad para todos los esclavos, aquello parecían ser los albores de una edad de oro. La idea de que semejante revolución pudiera lograrse tan fácilmente probaba su ingenuidad. Pero, en su ignorancia, eran felices, y esa época se consignó en los Anales de los Reyes de los Nafari como la época más armoniosa de la historia humana sobre la Tierra. Las excepciones no se consideraron dignas de mención.

6. DESILUSIÓN

Dos veces al año, Akmaro iba a visitar las siete Casas del Guardián. Cuando él llegaba, todos los sacerdotes y maestros de esa región del imperio de Darakemba iban a la Casa y allí él predicaba, escuchaba sus problemas y les ayudaba a tomar decisiones. Se cuidaba de no permitir que los sacerdotes lo trataran como los sacerdotes de antes trataban a los reyes. No había reverencias ni formalidades; se tocaban los brazos o las alas en un saludo igualitario, se sentaban en círculo, y Akmaro podía designar a cualquiera para que dirigiera la reunión y concediera la palabra.

Llegó, como de costumbre, a la Casa del Guardián de Bodika, la zona de más reciente anexión al imperio de Darakemba. La tierra estaba en paz, pues ya no tenía voluntad para oponerse al gobierno de Motiak. Pero las enseñanzas de Akmaro eran harina de otro costal.

—Debéis dejar claro que éstas no son mis enseñanzas —dijo Akmaro—. Aprendí todo lo que sé de Binare, o de sueños que me envió el Guardián… no sólo a mí, sino también a otros.

—Ése es el problema, padre Akmaro —dijo Didul. Los hijos de Pabulog se habían convertido en sacerdotes o maestros y consagrado su vida a servir al Guardián que los había liberado de los embustes y el odio de su padre—. O parte del problema. Mucha gente afirma haber recibido sueños verdaderos que dicen que, en Bodika al menos, el Guardián no desea que se mezclen la gente del suelo, la gente del cielo y la gente media.

—Son sueños falsos —dijo Akmaro.

—Ellos afirman que los falsos son los tuyos —dijo Didul—. En definitiva, no debemos pedirles que crean en el Guardián, sino en tus palabras acerca del Guardián.

—Hay leyes sobre el fraude —intervino otro sacerdote—. ¡La gente no puede atacar las enseñanzas de las Casas de los Guardados!

—Didul no nos permite llevarlos ante el subrey de Bodika —terció otro.

Akmaro miró a Didul.

—Sospecho que el subrey simpatiza secretamente con quienes enseñan que la gente del suelo es esclava por naturaleza, aunque la ley les haya liberado.

—Sea como sea, no conviene que estas cosas vayan a juicio —dijo Akmaro.

—¿Cómo puede estar unido el reino si cualquiera puede afirmar que habla en nombre del Guardián? —preguntó una maestra, una mujer del cielo—. Tiene que haber algún límite.

—No nos corresponde decir al Guardián a quién debe hablarle.

1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 97
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)