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Hermanos de armas [Brothers in Arms - es]

Электронная книга - «Hermanos de armas [Brothers in Arms - es]». Краткое содержание книги:

El inefable Miles Vorkosigan se encuentra en esta ocasión en la Tierra, sin dinero y con los dolores de cabeza que le da el interpretar a dos personajes a la vez con sus respectivos enemigos. La situación se complica cuando algunos de sus hombres organizan un escándalo en una tienda de licores cuando la máquina no les acepta la tarjeta de crédito. Por culpa de una periodista perspicaz Miles se ve obligado a dar una nueva vuelta de tuerca en su farsa: decide que su otra identidad es en realidad un clon suyo, y engaña a la periodista. Sin embargo, lo que no se podía esperar es que realmente un clon suyo estuviera dispuesto a reemplazarle.
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—Es atrevido. Pero si tiene éxito, lo conseguirá todo. Si su clon toma el imperio, se plantará en el centro de la estructura de poder barrayaresa. Lo controlará todo. Poder absoluto.

—Chorradas —dijo Miles.

Galeni alzó las cejas.

—El hecho de que el sistema de comprobaciones y equilibrios de Barrayar no esté escrito no significa que no exista. Debe usted saber que el poder del Emperador no consiste más que en la cooperación de los militares, los condes, los ministros, el pueblo en general. A los emperadores que no cumplen su función al gusto de todos estos grupos les suceden cosas terribles. El desmembramiento del loco emperador Yuri no fue hace mucho tiempo. Mi padre estuvo presente en aquella sangrienta ejecución, cuando era niño. ¡Y la gente se pregunta todavía por qué nunca ha intentado tomar el Imperio para sí!

»Así he aquí que tenemos el cuadro de esa imitación mía, pretendiendo hacerse con el trono de un sangriento golpe, y eso seguido por una rápida transferencia de poder y privilegios a Komarr, digamos que incluso con la concesión de su independencia. ¿Resultados?

—Continúe —dijo Galeni, fascinado.

—Los militares se sentirán ofendidos, porque estaré tirando por la borda sus victorias tan duramente conseguidas. Los condes se ofenderán, porque me habré alzado por encima de ellos. Los ministros se ofenderán, porque la pérdida de Komarr como fuente de impuestos y nexo comercial reducirá su poder. El pueblo se ofenderá por todos estos motivos más el hecho de que a sus ojos soy un mutante físicamente sucio según la tradición de Barrayar. El infanticidio por defectos de nacimiento obvios sigue realizándose en secreto en el campo, a pesar de que hace cuatro décadas de su prohibición, ¿lo sabía? Si se le ocurre algo más desagradable que ser desmembrado vivo, bueno, ese pobre clon va de cabeza a ello. Ni siquiera estoy seguro de que yo pudiera asaltar el Imperio y sobrevivir, incluso sin las complicaciones komarresas. Y ese chico sólo tiene… ¿cuántos, diecisiete, dieciocho años? Es un plan estúpido. O…

—¿O?

—O es algún otro plan.

—Mm.

—Además —dijo Miles más despacio—, ¿por qué Ser Galen, que si no he interpretado mal odia a mi padre más que ama a nadie… por qué iba a tomarse todas estas molestias para poner sangre Vorkosigan en el trono imperial de Barrayar? Es una venganza de lo más oscuro. ¿Y cómo, si por algún milagro logra que el muchacho consiga el poder, se propone entonces controlarlo?

—¿Condicionamiento? —sugirió Galeni—. ¿La amenaza de descubrirlo?

—Mm, tal vez.

Llegados a esta situación, Miles guardó silencio. Pasado un buen rato, volvió a hablar.

—Creo que el auténtico plan es mucho más sencillo e inteligente. Pretende soltar al clon en medio de la pugna de poder sólo para crear el caos en Barrayar. Los resultados de esa pugna son irrelevantes. El clon no es más que un peón. Hay prevista una revuelta en Komarr para que coincida con el momento de máximo clamor en Barrayar, cuanto más sangrienta mejor. Debe de tener un aliado en el entramado preparado para intervenir con suficientes fuerzas militares y bloquear la salida del agujero de gusano de Barrayar. Dios, espero que no haya hecho un pacto diabólico con los cetagandanos.

—Intercambiar una ocupación barrayaresa por una cetagandana me parece un movimiento demasiado tonto… sin duda no está tan loco. ¿Pero qué le ocurrirá a su carísimo clon? —dijo Galeni, siguiendo los hilos.

Miles sonrió, maligno.

—A Ser Galen no le importa. Es sólo un medio para lograr un fin —abrió la boca, la cerró, la volvió a abrir—. Excepto que… no paro de oír mentalmente la voz de mi madre. De ahí es de donde saqué ese perfecto acento betano, ¿sabe?, el que uso para el almirante Naismith. La oigo ahora mismo.

—¿Y qué es lo que dice? —las cejas de Galeni se alzaron, divertidas.

—«Miles —dice—, ¿qué has hecho con tu hermano pequeño?»

—¡Pero el clon no lo es! —rió Galeni.

—Al contrario, según la ley betana mi clon es exactamente eso.

—Una locura —Galeni se detuvo—. Su madre no esperaría que cuidara de esa criatura.

—Oh, sí, claro que lo haría —suspiró Miles, sombrío. Un nudo de silencioso pánico se convirtió en un bulto en su pecho. Complejo, demasiado complejo…

—¿Y ésa es la mujer que, según usted, está detrás del hombre que está detrás del Imperio barrayarés? No lo comprendo. El conde Vorkosigan es el más pragmático de los políticos. Mire todo el esquema de integración komarrés.

—Sí —dijo Miles cordialmente—. Mírelo.

Galeni le dirigió una mirada recelosa.

—Personas antes que principios, ¿eh? —dijo lentamente por fin.

—Ajá.

Galeni se sentó cansinamente en su camastro. Poco después, murmuró:

—Mi padre fue siempre un hombre de grandes… principios.

10

A cada minuto que pasaba las posibilidades de ser rescatados parecían más remotas. Pasado un tiempo, les entregaron otra comida con aspecto de desayuno, lo cual indicaba, si semejante reloj era digno de confianza, que para Miles era el tercer día de encierro. Al parecer el clon no había cometido ningún error inmediato y obvio que revelara su verdadera naturaleza a Ivan o Elli. Y si era capaz de engañar a Ivan y Elli, podría engañar a cualquiera. Miles se estremeció.

Inhaló profundamente, se levantó del camastro y se puso a realizar una serie de ejercicios con intención de expulsar de su cerebro los residuos de la droga. Galeni, hundido esa mañana en una desagradable mezcla de resaca, depresión y furia impotente, se quedó acostado y lo observó sin hacer ningún comentario.

Resoplando, sudoroso y mareado, Miles recorrió la celda para refrescarse. El lugar empezaba a apestar, y eso lo empeoraba. Sin demasiadas esperanzas, entró en el cuarto de baño y trató de atascar el desagüe. Como sospechaba, el mismo sistema sensor que conectaba el agua al pasar la mano la desconectaba antes de que hubiera una inundación. El inodoro funcionaba de la misma forma. Y aunque por algún milagro consiguiera que sus captores abrieran la puerta, Galeni había demostrado las pocas posibilidades que tenían de luchar contra sus aturdidores.

No. Su único punto de contacto con el enemigo se hallaba en el caudal de información que esperaban sacarle. Después de todo, era la única razón por la que seguía con vida. Tal como estaban las cosas, era algo potencialmente muy poderoso. Sabotaje informativo. Si el clon no iba a cometer errores por su cuenta, quizá necesitara un pequeño empujoncito. ¿Pero cómo lo conseguiría Miles, atiborrado de pentarrápida? Podría plantarse en el centro de la celda y hacer confidencias falsas al plafón de la luz, como si hablara con el capitán Galeni, pero no esperaba que se las tomaran en serio.

Estaba sentado en el camastro mirándose los pies helados (se había quitado los calcetines húmedos para ponerlos a secar) cuando se abrió la puerta. Dos guardias con aturdidores. Uno apuntó a Galeni, que lo miró sin moverse. El dedo del guardia permanecía tenso sobre el gatillo; ninguna vacilación por su parte. Hoy no necesitaban a Galeni consciente. El otro hizo un gesto a Miles. Si el capitán iba a ser aturdido instantáneamente, no tenía mucho sentido que Miles atacara unilateralmente a los guardias; suspiró, obedeció y salió al pasillo.

Miles resopló, sorprendido. El clon le esperaba, mirándolo con ojos devoradores.

El álter Miles iba vestido con su uniforme de almirante dendarii. Le sentaba perfectamente, hasta las botas de combate.

Sin perder ni un segundo, el clon ordenó a los guardias que escoltaran a Miles hasta el estudio. Esta vez lo ataron firmemente a una silla en el centro de la habitación. Interesante, Galen no estaba allí.

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