Hermanos de armas [Brothers in Arms - es]
- Автор: Буджолд Лоис Макмастер
- Год: 1999
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-9289-7
- Переводчик: Rafael Marin
- Жанр: Космическая фантастика
Электронная книга - «Hermanos de armas [Brothers in Arms - es]». Краткое содержание книги:
—Informando —la propia voz de Miles en su encarnación barrayaresa sonó desde el vid.
La cara del clon no le resultaba tan familiar a Miles como la que se afeitaba diariamente ante el espejo.
—Tiene que hacerse la raya en el otro lado si quiere ser yo —comentó Miles a nadie en particular—. No, no es…
Nadie le estaba escuchando, de todas formas. Miles reflexionó sobre ángulos de incidencia y ángulos de reflejo, sus pensamientos rebotando a la velocidad de la luz entre las paredes de espejo de su cráneo vacío.
—¿Cómo va? —Galen se asomó ansioso a la comuconsola.
—Casi lo fastidió todo en los primeros cinco minutos, anoche. El dendarii conductor del coche resultó ser el maldito primo —la voz del clon era baja e intensa—. Por suerte, conseguí que mi primer error fuera considerado una broma. Pero me tienen en la misma habitación que el hijo de puta. Y ronca.
—Cierto —comentó Miles, sin que se lo preguntara nadie—. Para diversión de verdad, espera a que empiece a hacer el amor en sueños. Maldición, ojalá tuviera yo sueños como los de Ivan. Lo único que sufro son pesadillas… jugar al polo desnudo contra un montón de cetagandanos con la cabeza cortada del teniente Murka como balón. Gritaba cada vez que marcaba gol. Rebotaba y se enganchaba… —las palabras de Miles se perdieron, puesto que continuaron ignorándolo.
—Tendrás que tratar con todo tipo de personas que lo conocieron, antes de que esto se acabe —dijo Galen ásperamente—. Pero si logras engañar a Vorpatril, engañarás a cualquiera…
—Podrás engañar a todo el mundo alguna vez —canturreó Miles—, y a algunas personas todas las veces, y podrás engañar a Ivan siempre que quieras. No presta atención.
Galen lo miró, irritado.
—La embajada es un microcosmos perfectamente aislado —continuó, dirigiéndose al vid—. Antes de que salgas al ruedo mayor de Barrayar, la presencia de Vorpatril nos proporciona una oportunidad de prácticas única. Si te descubre, encontraremos algún medio de eliminarlo.
—Mm —el clon no parecía muy satisfecho—. Antes de que empezáramos, creí que habíais conseguido atiborrarme la cabeza de todo conocimiento posible sobre Miles Vorkosigan. En el último minuto descubren que ha estado llevando una doble vida todo este tiempo… ¿qué más se les ha pasado por alto?
—Miles, hemos hablado de eso…
Miles advirtió con un sobresalto que Galen llamaba al clon por su nombre. ¿Tan concienzudamente había sido acondicionado para aquel papel que no tenía un nombre propio? Qué extraño…
—Sabíamos que habría lagunas en las que tendrías que improvisar. Pero nunca tendremos una oportunidad mejor que esta visita suya a la Tierra. Mejor que esperar otros seis meses y tratar de actuar en Barrayar. No. Es ahora o nunca.
Galen tomó aliento. Se tranquilizó.
—Bien. Superaste esta noche.
El clon hizo una mueca.
—Sí, si no contamos que a punto estuve de ser estrangulado por un maldito abrigo de piel animado.
—¿Qué? Oh, la piel viviente. ¿No se la dio a la mujer?
—Evidentemente, no. Casi me meé encima antes de darme cuenta de lo que era. Desperté al primo.
—¿Sospechó algo? —preguntó Galen, nervioso.
—Lo tomó por una pesadilla. Parece que Vorkosigan las tiene muy a menudo.
Miles asintió sabiamente.
—Es lo que les decía. Cabezas cortadas… huesos rotos… parientes mutilados… alteraciones inusitadas en partes importantes de mi cuerpo…
La droga parecía estar surtiendo algún tipo de extraño efecto memorístico, lo cual hacía en parte que la pentarrápida fuera tan efectiva en los interrogatorios, sin duda. Sus sueños recientes acudían a él con mucha más claridad de lo que los recordaba conscientemente. En el fondo, se alegraba de tender a olvidarlos.
—¿Dijo algo Vorpatril sobre el tema por la mañana?
—No. Yo no hablo mucho.
—Eso no es propio de mí —observó Miles, solícito.
—Finjo estar pasando por un episodio leve de una de esas depresiones de las que habla su informe psíquico… ¿quién habla, por cierto? —El clon giró la cabeza.
—El propio Vorkosigan. Le hemos dado pentarrápida.
—Ah, bien. Llevo toda la mañana recibiendo llamadas por un enlace seguro. Sus mercenarios piden órdenes.
—Acordamos que evitarías a los mercenarios.
—Bien, díselo a ellos.
—¿Cuánto tardarás en tener las órdenes que te saquen de la embajada y te envíen de vuelta a Barrayar?
—No lo suficientemente pronto para evitar a los dendarii por completo. Se lo comenté al embajador, pero parece que Vorkosigan está encargado de la búsqueda del capitán Galeni. Creo que le sorprendió que yo quisiera marcharme, así que me eché atrás. ¿Ha cambiado ya el capitán de opinión? ¿Colaborará? Si no, tendrás que generar mis órdenes de regreso a casa desde allí y deslizarlas con el correo o algo por el estilo.
Galen vaciló visiblemente.
—Veré qué puedo hacer. Mientras tanto, sigue intentándolo.
«¿No sabe Galen que sabemos que el correo está implicado?», pensó Miles con un destello de lucidez casi normal. Consiguió mantener la vocalización en un murmullo.
—De acuerdo. Bueno, me prometiste que lo mantendrías con vida para hacerle preguntas hasta que me marchara, así que ahí va una. ¿Quién es la teniente Bone, y qué se supone que tiene que hacer con el superávit de la Triumph? No dijo de qué había sobrantes.
Uno de los guardias pinchó a Miles.
—Contesta a la pregunta.
Miles luchó por conseguir claridad de pensamiento y expresión.
—Es la contable de mi flota. Supongo que debería invertirlo en su cuenta y jugar como de costumbre. Es un superávit de dinero —se vio obligado a explicar, entonces chasqueó la lengua con pesar—. Temporal, estoy seguro.
—¿Valdrá eso? —preguntó Galen.
—Creo que sí. Le dije que era una oficial experimentada y que actuara a su discreción, y pareció marcharse satisfecha, pero me preguntaba qué le había ordenado. Muy bien, la siguiente. ¿Quién es Rosalie Crew, y por qué demanda al almirante Naismith por medio millón de créditos federales de la GSA?
—¿Quién? —boqueó Miles, con sincero asombro, cuando el guardia volvió a pincharlo—. ¿Qué?
Miles era incapaz de traducir medio millón de créditos GSA a marcos imperiales barrayareses en su cabeza confundida por la droga en otra cosa que no fueran «montones y montones y montones». Durante un momento, la asociación del nombre permaneció bloqueada. Luego cayó en la cuenta.
—Dioses, es esa pobre empleada de la licorería. La salvé del incendio. ¿Pero por qué me demanda a mí? ¿Por qué no demanda a Danio, que le quemó la tienda…? Claro, está sin blanca…
—¿Pero qué hago al respecto? —preguntó el clon.
—Querías ser yo —dijo Miles con voz áspera—, resuélvelo tú.
Sus procesos mentales actuaron de todas formas.
—Amenázala con una contrademanda por daños médicos. Creo que me torcí la espalda al levantarla. Todavía me duele…
Galen no dio importancia al tema.
—Ignóralo —instruyó—. Estarás fuera de allí antes de que pase nada.
—Muy bien —dijo el clon de Miles, dubitativo.
—¿Y cargarles el muerto a los dendarii? —protestó Miles, furioso. Cerró los ojos, tratando desesperadamente de pensar mientras la habitación se estremecía—. Pero, por supuesto, no te importan nada los dendarii, ¿verdad? ¡Tienen que importarte! Ponen sus vidas en peligro por ti… por mí… no está bien. Los traicionarás, como si nada, sin pensarlo siquiera, apenas sabes lo que son…