Memorias De Una Geisha
- Автор: Golden Arthur
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Memorias De Una Geisha». Краткое содержание книги:
Para cuando cerré la puerta tras de mí y me arrodillé en el tatami para hacer la reverencia, Mamita ya había vuelto a ocupar su lugar en la mesa.
– Esta es nuestra Chiyo -dijo Mamita.
– ¡La misma que yo decía! -exclamó Mameha-. ¿Cómo estás, Chiyo-san? ¡Me alegro de que tengas tan buen aspecto! Le estaba diciendo aquí a la Señora Nitta que estaba preocupada por ti. Pero parece que te encuentras bien.
– ¡Oh, sí!, señora, muy bien -contesté yo.
– Gracias, Chiyo -me dijo Mamita. Me excusé con una reverencia, pero antes de ponerme en pie, Mameha dijo:
– De veras que es una niña preciosa, Señora Nitta. Le confieso que a veces he estado a punto de venir a pedirle permiso para tomarla como hermana pequeña. Pero como ya no va a clase…
Mamita debió de quedarse de una pieza al oír esto, pues aunque estaba a punto de beber un sorbo de té, su mano se detuvo a mitad de camino de su boca y se quedó inmóvil durante todo el tiempo que me llevó a mí levantarme y salir de la habitación. Ya había vuelto a colocarme limpiando el suelo del vestíbulo cuando la oí responder:
– Una geisha tan famosa como tú, Mameha-san… Tú podrías tener de hermana pequeña a quien quisieras.
– Es cierto que me lo piden con frecuencia. Pero hace más de un año que no tomo ninguna hermana pequeña nueva. Se diría que con la depresión económica que estamos viviendo la clientela tendría que venir con cuentagotas, pero, en realidad, nunca he tenido tanto trabajo. Supongo que los ricos siempre siguen siendo ricos, incluso con los tiempos que corren.
– Hoy necesitan divertirse más que nunca -dijo Mamita-. Pero estaba diciendo…
– Sí, ¿qué estaba yo diciendo? Bueno, lo mismo da. No quiero entretenerla más. Me agrada saber que Chiyo se encuentra bien.
– Muy bien, sí. Pero espera un momento, Mameha, no te vayas aún, si no te importa. ¿No estabas diciendo que casi llegaste a considerar la idea de tomar a Chiyo como hermana menor?
– Bueno… no sé. Ahora lleva ya tanto tiempo sin clases… -dijo Mameha-. Además estoy segura de que tendría usted sus buenas razones para tomar la decisión que tomó. No me atrevería a llevarle la contraria.
– Rompe el corazón ver las decisiones que se ve obligada a tomar la gente hoy en día. ¡No podía permitirme el gasto de su aprendizaje! Pero si tú piensas que tiene potencial, Mameha-san, estoy segura de que todo lo que inviertas en su futuro te será devuelto con creces.
Mamita estaba intentando sacarle ventaja a Mameha. Ninguna geisha pagaba las lecciones de una hermana pequeña.
– Me gustaría que eso fuera posible -dijo Mameha-, pero con los malos tiempos que corren…
– Tal vez yo tenga alguna manera de solucionarlo -dijo Mamita-, aunque Chiyo es un poco testaruda, y sus deudas son considerables. A menudo he pensado que me sorprendería que consiguiera pagar.
– ¿Una chica tan atractiva? A mí más bien me sorprendería que no lo lograra.
– En cualquier caso, en la vida hay otras cosas además del dinero -dijo Mamita-. Una hace todo lo que puede por una chica como Chiyo. Tal vez podría encontrar la manera de invertir algo más en ella… justo para las clases, ya sabes. Pero ¿adonde llevaría todo ello?
– Estoy segura de que las deudas de Chiyo han de ser considerables -dijo Mameha-. Pero aun así creo que para cuando cumpla veinte habrá podido pagarlas.
– ¡A los veinte! -dijo Mamita-. No creo que eso lo haya conseguido nadie en Gion. Y menos ahora, en plena depresión…
– Sí, eso es verdad.
– A mí me parece que Calabaza es una inversión más segura -dijo Mamita-. Después de todo, en el caso de Chiyo, si te tiene a ti de hermana mayor, sus deudas no harán más que aumentar antes de disminuir.
Mamita no hablaba sólo de los honorarios de mis lecciones; hablaba también de lo que tendría que pagar a Mameha. Una geisha del nivel de Mameha por lo general se lleva un porcentaje mayor de las ganancias de su hermana pequeña que una geisha de inferior nivel.
– Mameha-san, si puedes perder un momento más -dijo Mamita-, me gustaría saber si tomarías en consideración una propuesta. Si la gran Mameha dice que Chiyo podrá saldar todas sus deudas a los veinte años, ¿cómo voy a dudar de que es cierto? Claro está, que una muchacha como Chiyo no llegará a nada sin una hermana mayor de tu categoría, pero nuestra pequeña okiya está ya realmente al límite de sus posibilidades. No puedo ofrecerte las condiciones a las que estás acostumbrada. Lo más que puedo ofrecerte de las futuras ganancias de Chiyo no pasaría de la mitad de lo que normalmente esperarías.
– Justo en estos momentos estoy considerando varias buenas ofertas -dijo Mameha-. De tomar una hermana pequeña, no podría permitirme hacerlo a mitad de precio.
– Pero si no he terminado, Mameha-san -replicó Mamita-. Esta es mi propuesta. Es cierto que sólo puedo pagar la mitad de lo que normalmente cobrarías. Pero si Chiyo consigue realmente saldar sus deudas a los veinte años, como tu predices, yo te entregaría entonces el resto de lo que debería haberte correspondido más un treinta por ciento adicional. A la larga ganarías más dinero así.
– ¿Y si Chiyo pasa de los veinte sin haber logrado pagar sus deudas? -preguntó Mameha.
– Pues en ese caso, siento decirte que las dos habríamos hecho una mala inversión. La okiya no podría pagarte los honorarios que te debería.
Se produjo un silencio, y luego Mameha suspiró.
– No soy muy buena con los números, Señora Nitta. Pero si entiendo bien, me está proponiendo que haga algo que piensa que podría ser imposible y encima por menos dinero del que cobro normalmente. Hay en Gion muchas chicas prometedoras, que serían unas hermanas pequeñas estupendas y sin riesgo alguno por mi parte. Lo siento pero sólo puedo declinar su oferta.
– Tienes bastante razón -dijo Mamita-. Treinta por ciento es demasiado poco. Te ofrezco el doble, si lo consigues.
– Pero nada si fracaso en mi intento.
– No lo veas así. No lo veas como que no es nada. Una parte de las ganancias de Chiyo ya habría ido a parar a tus manos. Sencillamente la okiya no te podría pagar la cantidad adicional que te debería.
Estaba segura de que Mameha iba a decir que no. Pero, en su lugar, dijo:
– Primero me gustaría saber hasta dónde asciende la deuda de Chiyo.
– Voy a buscar los libros de cuentas para que les eches un vistazo -dijo Mamita.
No oí nada más de la conversación, pues al llegar aquí, la Tía perdió la paciencia y me envió a la calle con una lista de recados. Pasé la tarde más agitada que un montón de piedras en un terremoto; pues no sabía en qué iba a quedar todo aquello. Si Mamita y Mameha no llegaban a un acuerdo, me quedaría toda la vida de criada, tan seguro como que una tortuga no deja de ser tortuga.
Cuando volví a la okiya, Calabaza estaba arrodillada en la pasarela, cerca del patio, sacando unos espantosos chirridos del shamisen. Parecía muy contenta de verme, y me llamó:
– Búscate alguna excusa para entrar en el cuarto de Mamita -me dijo-. Lleva toda la tarde encerrada con el ábaco. Estoy segura de que va a decirte algo. Luego ven a contármelo todo.
Pensé que era una buena idea. Uno de mis recados había sido comprar pomada para la sarna de la cocinera, pero estaba agotada en la farmacia. Así que decidí subir y pedirle excusas por haber vuelto sin ella. A ella le daba absolutamente igual, por supuesto; probablemente ni siquiera sabía que me habían mandado a buscarla. Pero al menos así entraría en su cuarto.
Resultó que Mamita estaba escuchando un serial por la radio. Si cualquier otro día la hubiera molestado en un momento así, me habría hecho una seña para que entrara y habría seguido escuchando la radio -examinando los libros de cuentas y fumando su pipa-. Pero hoy, para mi sorpresa, nada más verme, apagó la radio y cerró el libro de cuentas. Yo hice una reverencia y me arrodillé ante la mesa.