Memorias De Una Geisha
- Автор: Golden Arthur
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Memorias De Una Geisha». Краткое содержание книги:
– No me vas a decir ahora que eres la chica que vertió tinta sobre él.
– Pues… sí, señora. Y aunque estoy segura de que sabe que Hatsumono estaba detrás de todo aquello, espero poder demostrarle algún día cómo lamento lo sucedido.
Mameha se me quedó mirando un largo rato. No me hacía idea de lo que podría estar pensando hasta que dijo:
– Puedes disculparte, si lo deseas.
Me retiré de la mesa y me incliné hasta tocar el tatami; pero antes de poder decir nada, Mameha me interrumpió.
– Esa sería una bonita reverencia si tú fueras una campesina recién llegada a Kioto -dijo-. Pero como quieres parecer educada, has de hacer así. Mírame; aléjate más de la mesa. Así vale. Sigues de rodillas; ahora estira los brazos y pon los dedos en el tatami que tienes delante. Sólo las yemas de los dedos, no toda la mano. Y los dedos han de estar totalmente pegados; todavía veo huecos entre ellos. Muy bien, ahora ponlos sobre el tatami… las manos juntas… ¡eso! Ahora estás en la postura adecuada para inclinarte tanto como puedas, pero mantén el cuello recto, y no dejes caer la cabeza. ¡Y, por lo que más quieras, no descargues tu peso en las manos o parecerás un hombre! Eso es. Ahora vuelve a intentarlo.
Repetí la reverencia y le dije de nuevo cuánto lamentaba haber participado en el destrozo de su hermoso kimono.
– Era un bonito kimono, ¿verdad? -dijo ella-. Bueno, pues ahora nos olvidaremos de todo aquello. Quiero saber por qué has dejado de prepararte para geisha. Tus profesores en la escuela me dijeron que ibas bien hasta el momento que dejaste de asistir a clase. Deberías estarte preparando para una carrera de éxitos en Gion. ¿Por qué paró en seco la Señora Nitta tu educación?
Le conté de mis deudas, incluyendo el kimono y el broche que Hatsumono me había acusado de robar. Pero cuando terminé, continuó mirándome con frialdad. Finalmente me dijo:
– Hay algo más que no me dices. Considerando tus deudas, yo esperaría que la Señora Nitta estuviera incluso más decidida a verte triunfar como geisha. Desde luego como nunca vas a conseguir pagarle es trabajando de criada.
Debí de bajar la vista, avergonzada, al oír esto, pues por un instante Mameha pareció capaz de leer mis pensamientos.
– Intentaste escapar, ¿verdad?
– Sí, señora -dije yo-. Tenía una hermana. Nos separaron, pero logramos encontrarnos. Teníamos que reunimos en cierto lugar una noche y huir juntas… pero entonces me caí del tejado y me rompí el brazo.
– ¡Del tejado! Debes de estar de broma. ¿Te subiste allí para echar una última mirada a Kioto?
Le expliqué por qué lo hice.
– Ya sé que hice una tontería -dije luego-. Ahora Mamita no invertirá un sen más en mi aprendizaje, pues teme que vuelva a escaparme.
– Y todavía hay algo más. Una chica que intenta huir de la okiya en la que vive deja en mal lugar a la dueña. Así es como piensa la gente aquí en Gion: «¡Pero si ni siquiera es capaz de impedir que se le escapen las criadas!». Esas cosas. Pero ¿qué vas a hacer ahora, Chiyo? No me pareces una chica que quiera pasarse la vida de criada.
– ¡Oh, señora! Daría lo que fuera por reparar mis errores -dije-. Han pasado más de dos años. He esperado pacientemente confiando que me surgiría alguna oportunidad.
– Esperar pacientemente no es algo que vaya contigo. Me doy cuenta de que tienes una gran cantidad de agua en tu personalidad. El agua nunca aguarda. Cambia de forma y fluye alrededor de las cosas y encuentra pasos secretos en los que no ha pensado nadie -el agujerito en el tejado o el fondo de una caja-. No cabe duda de que es el más versátil de los cuatro elementos. Puede asolar la tierra; puede apagar el fuego; puede tragarse un trozo de metal y arrastrarlo. Ni la madera, que es su complemento natural, no puede sobrevivir sin el alimento del agua. Pero pese a todo, no te has inspirado en estas fuerzas para vivir tu vida, ¿no es así?
– En realidad, señora, ver correr el agua fue lo que me dio la idea de escaparme por el tejado.
– Estoy segura de que eres una chica lista, Chiyo, pero no creo que ése fuera tu momento más inteligente. Quienes tenemos mucha agua en nuestras personalidades no escogemos hacia donde corremos. Lo único que podemos hacer es fluir hacia donde nos lleva el paisaje de nuestras vidas.
– Supongo que soy como un río que se topa con una presa, y esa presa es Hatsumono.
– Sí, probablemente eso es cierto -dijo ella mirándome tranquilamente-. Pero a veces los ríos se llevan las presas.
Desde que llegué a su apartamento, me había estado preguntando por qué me había mandado llamar Mameha. Ya había decidido que no tenía nada que ver con el kimono, pero hasta ese momento no me percaté de lo que había tenido delante todo el tiempo. Mameha debía de haber decidido utilizarme para vengarse de Hatsumono. Era obvio que eran rivales; ¿por qué si no habría destrozado Hatsumono el kimono de Mameha dos años antes? Sin duda, Mameha debía de haber estado esperando el momento adecuado y ahora, al parecer, lo había encontrado. Me iba a utilizar de mala hierba que ahoga al resto de las plantas del jardín. No buscaba sólo venganza, quería deshacerse completamente de Hatsumono.
– En cualquier caso -continuó Mameha-, nada cambiará hasta que la Señora Nitta te permita seguir con tu preparación.
– No tengo muchas esperanzas de lograr convencerla -dije.
– No te preocupes ahora de eso. Preocúpate de encontrar el momento adecuado.
Para entonces la vida ya me había enseñado lo suyo, pero no sabía lo que era la paciencia, ni siquiera lo suficiente para comprender a qué se refería Mameha con aquello de encontrar el momento adecuado. Le dije que si ella me sugería lo que debía decir, estaba dispuesta a hablar con Mamita al día siguiente mismo.
– Mira, Chiyo, andar dando tumbos por la vida no es un buen procedimiento. Has de aprender cómo encontrar el tiempo y el lugar para cada cosa. Cuando un ratón quiere volver loco a un gato no se precipita fuera de la madriguera cada vez que se le ocurre. ¿No sabes consultar el horóscopo?
No sé si habrás visto alguna vez un horóscopo japonés. Si hojeas uno, encontrarás sus páginas abarrotadas de complicados gráficos y oscuros caracteres. Las geishas son una gente muy supersticiosa, como te decía. La Tía y Mamita, e incluso la cocinera y las doncellas y las criadas, no decidían nada, ni tan siquiera algo tan sencillo como comprarse un par de zapatos, sin consultar el horóscopo. Pero yo no lo había consultado nunca.
– No me extraña que te hayan ocurrido tantas desgracias -me dijo Mameha-. ¿Me estás diciendo que intentaste escapar sin comprobar si el día era propicio?
Le dije que mi hermana había decidido el día. Mameha quería saber si me acordaba de la fecha exacta; y tras consultar con ella el calendario logré acordarme. Había sido el último martes de octubre de 1929, sólo unos meses después de que a Satsu y a mí nos sacaran de casa.
Mameha le dijo a la doncella que trajera el horóscopo de aquel año; y tras preguntarme mi signo del zodiaco -el año del mono-, pasó un rato examinando varios gráficos y cotejándolos con otros, así como comprobando la página en la que se daba la perspectiva general de mi signo para ese mes. Finalmente leyó:
– «Tiempo poco propicio. Se han de evitar a toda costa las agujas, los alimentos extraños y los viajes» -aquí se detuvo para lanzarme una mirada-: ¿Oyes lo que dice? Viajes. Después continúa diciendo que has de evitar las siguientes cosas… veamos… «bañarse a la hora del gallo» «comprarse ropa nueva,» «embarcarse en nuevas empresas» y, escucha ésta, «cambiar de residencia» -aquí Mameha cerró el libro y clavó sus ojos en mí-: ¿Tuviste cuidado con todas estas cosas?
Mucha gente duda de este tipo de adivinación; pero cualquier duda que tuvieras habría desaparecido si hubieras estado allí y visto lo que sucedió a continuación. Mameha me preguntó el signo de mi hermana y consultó la misma información.