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Sadrac en el horno [Shadrach in the Furnace - es]

Электронная книга - «Sadrac en el horno [Shadrach in the Furnace - es]». Краткое содержание книги:

Siglo XXI. Un mundo en ruinas gobernado por un viejo y astuto tirano, Genghis II Mao IV Khan. La vida del Khan se mantiene gracias a la habilidad de Sadrac Mordecai, un brillante cirujano negro cuya misión es reemplazar los órganos deteriorados del presidente.
Los más modernos aparatos se utilizan para tres proyectos de gran envergadura, uno de ellos, el proyecto Avatar, tiene por objeto lograr la inmortalidad del viejo líder transfiriendo la mente y la personalidad del Khan a un cuerpo más joven.
Sadrac descubre que ha sido elegido para ese macabro proyecto, pero logra idear con increíble serenidad un peligroso plan para cambiar la faz de la Tierra.

Nombrado para el premio Nebula a la mejor novela en 1976.
Nombrado para el premio Hugo a la mejor novela en 1977.
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CAPÍTULO 16

Sadrac está solo en su oficina, reflexionando entre sus reliquias médicas, y sus libros y sus valiosos instrumentos y el fragmento de aorta que acaba de embotellar. Todo esto le inspira seguridad y cómoda protección. La alarma causada por la noticia de Avatar ya se disipará. Después de todo, el Khan es conservador: cualquiera sea la tentación que lo impulsa a alojarse en el marco joven, fuerte y vital de Sadrac, Genghis Mao se aferrará, mientras pueda, a su cuerpo mogol, a su bien amada y vigorosa figura llena de remiendos. Y en los próximos meses, o tal vez años, Sadrac tratará de lograr que la fantasía del Khan se aleje por completo del Proyecto Avatar y se concentre en el Proyecto Talos, lo cual supone truncar las investigaciones de Nikki Crowfoot, pero Mordecai, que ya ha reflexionado mucho sobre el tema, no se siente culpable por su actitud.

Sadrac coloca la aorta en un lugar destacado de su biblioteca. Con el pasar de los siglos, tal vez se transforme en un objeto sagrado, conservado en un relicario de platino y marfil; y los serviles adoradores cantaran las gracias al gran Sadrac Mordecai por haber salvado este trozo de carne divina para la posteridad. ¿Quién sabe? Hay una historia apócrifa según la cual los órganos originales de Genghis Mao están preservados bajo tierra en un laberinto secreto, conservados en frío o quizás en vivo, con el fin de utilizarlos, eventualmente para hacer una reproducción asexual del Khan. Sadrac, sin embargo, duda de que eso sea cierto, ya que si el Khan tuviera verdadero interés en ser reproducido asexualmente, se habrían reunido sumas presupuestarias para financiar la investigación pie tejidos, y, según lo que Sadrac sabe, no se han tomado medidas a ese respecto. O, probablemente, se habrían creado duplicados de Genghis Mao conservados, en perfectas condiciones genéticas, dentro de receptáculos contenidos en tanques de suspensión, esperando que se les dé vida.

Muchas veces, Mordecai pensó en escribir una monografía científica sobre su paciente, una biografía médica de Genghis Mao, un informe completo de los miles de transplantes e implantaciones, de la infinidad de malabarismos quirúrgicos que son responsables de la longevidad del Khan y tal vez de su vitalidad aterradora. Ninguna de las obras de la bibliografía médica universal sería comparable a ésta, ni aun el estudio de Beaumont sobre el aparato digestivo de Alexis St. Martin, ni el de Lord Maron sobre Churchill. ¿Acaso hubo alguna vez dedicación médica tan constante y duradera, concentrada en un único propósito, el de mantener. vivo y sano a un ser humano? Lo que se ha logrado hasta el momento está ya a la vera del milagro, pero los verdaderos milagros ocurrirán en el futuro, a medida que Genghis Mao, para quien los años no pasan, siga viviendo, eternamente renovado, hasta llegar a cumplir cien años, ciento diez, ciento veinte…

Sin embargo, hay otra idea que lo atrae aún más a Sadrac: la de no sólo escribir un estudio médico, sino también un relato completo de la vida de Genghis Mao. No existe una biografía del presidente, sólo hay panfletos publicitarios muy generales que no proporcionan detalles de la vida del Khan sino simples enumeraciones de sus logros políticos y otros eventos externos. Es como si Genghis Mao sintiera una especie de temor supersticioso de que su alma quede capturada en el papel. De ahí que el vehemente capricho de Sadrac sea fijar al Khan en palabras, perpetuarlo con magia literaria. Es una manera de dominar al hombre más poderoso del mundo, aunque más no sea de un modo metafórico.

El problema es que no hay fuentes disponibles de donde obtener material. Los bancos de computación de Ulan Bator están atestados de información acerca de la vida privada de todos los seres vivos, menos de Genghis Mao. Basta oprimir el botón correspondiente para obtener el relato de todos los sucesos que se deseen, excepto sucesos de la vida de Genghis Mao, que nadie ha llegado a conocer y que, probablemente, nunca se lleguen a conocer. Sólo se tiene información de sus actuaciones públicas más significativas y elementales, de su proclamación de la filosofía de la depolarización centrípeta, de la fundación del CRP, y de su nombramiento para el cargo de la presidencia. El resto sigue siendo un secreto oculto en la oscuridad. ¿Cuándo nació? ¿En qué lejano pueblo? ¿Cómo fue su infancia? ¿Qué ambicionaba cuando niño? ¿Cuál era su nombre verdadero, en la época de la antigua República Popular, antes de autoproclamarse Genghis Mao? ¿Cual fue su labor en los primeros años de su carrera? ¿Qué clase de educación recibió? ¿Viajó alguna vez al extranjero? ¿Se casó? ¿Tuvo hijos…? Si, ésa es una buena pregunta… ¿Hay, acaso, en algún lugar de Mongolia, hombres o mujeres de mediana edad, que son, de hecho, hijos naturales de Genghis Mao? Y si los hay, ¿saben quién es su padre? Nadie es capaz de responder a todas estas preguntas, a no ser con el escaso fundamento, de lo que han oído decir, o basándose en historias apócrifas o leyendas. Genghis Mao ha ocultado su pasado con tanto recelo, que el éxito rotundo de ese intento de reserva absoluta evidencia una suerte de locura.

¿Pero hay, acaso, alguien en el mundo que desee realmente borrar todo rastro de su vida privada? Dicen que los criminales se sienten de alguna manera impulsados a regresar al lugar del crimen. Es posible que aquellos que se empeñan en mantenerse a las sombras del misterio tiendan, para fines históricos, a revelar sus propios enigmas en un relato secreto de lo que han tratado de ocultar durante toda su vida. ¿Habrá entonces un lugar en el que Genghis Mao conserve una crónica secreta de todo lo que sus. súbditos ignoran? Un diario, por ejemplo, un diario íntimo que revele la esencia del alma enmascarada de Genghis Mao. En la fantasía de Sadrac se refleja su imagen frente a ese documento oculto en algún recóndito y pequeñísimo ángulo del banco de memoria de una computadora, en el que se refleja la esencia viva y veraz de la vida de Genghis Mao, sus confesiones, sus memorias al descubierto. De ellas, el leal doctor Sadrac Mordecai elaborará la primera y única narración verdadera del hombre siniestro y extraño que vino a dominar a la civilización agonizante en los comienzos del siglo XXI.

Pero no, ese diario no existe. Sólo los ladrones y delincuentes comunes pondrían en peligro su seguridad por un mero impulso. Sadrac conoce muy bien a Genghis Mao como para ser consciente de que si el Khan quiere mantener su vida en secreto, se cuidará muy bien de no sellarla en memorias que podrían caer en manos de extraños. La vida privada de Genghis Mao es tan enigmática como su vida pública: una caja vacía dentro de otra caja vacía. Pero a Sadrac no le importa. La fantasía lo nombra autor de la biografía del Khan, y, por lo tanto, perpetuará las memorias del. presidente, inventando las fuentes que Genghis Mao omitió proporcionar. Sadrac da rienda suelta a su imaginación y, del crisol de su cerebro palpitante, brotan las palabras que darán forma al diario del Khan.

11 de noviembre de 2010

Hoy es mi cumpleaños. Hoy Genghis Mao cumple ochenta y cinco años. No. No. Genghis Mao tiene… ¿qué… veinte años? Sí, aproximadamente. Es Dashiyin Choijamste quien cumple ochenta y cinco años. Dashiyin Choijamste, que vive en mi interior como un mellizo del alma. ¿Quién recuerda a aquel bebé, pequeñito y rozagante, en brazos de su padre? Ya han pasado tantos años. Fue una noche de invierno de 1925, en el pueblo de Dalan-Dzadagad, al Sur del Gobi. DalanDzadagad, donde estuve por última vez hace quince años. Mi pueblo natal; pero, ¿quién lo sabe? ¿Quién sabe algo de mi pasado? Yo lo sé. Hoy Dashiyin Choijamste cumple ochenta y cinco años. ¿Cuántos de los que nacieron el 11 de noviembre de 1925 están aún con vida? No muchos, no. Y los que quedan son decrépitos vejestorios. Yo, en cambio estoy en la flor de la vida. Yo, Dashiyin Choijamste, hijo de Yumzhaghiyin Choyamste, director de la estación experimental para la cría de camellos en Bogdo-Goom. Yo, Genghis Mao, me siento fuerte, sí, tengo ochenta y cinco años y me siento vigoroso. No todo es a causa de los transplantes, no: es la herencia, la sangre tártara. No olvides que cuando estalló la Guerra del Virus tenías casi setenta años y, sin embargo no eras viejo, estabas lleno de vigor, no te faltaba ningún diente, tenías el cabello negro azabache y caminabas veinte kilómetros por semana. Todavía no te habían hecho ningún transplante. Todavía eras Dashiyin Choijamste. ¡Qué extrañas suenan esas sílabas, aunque así te llamaste más de seis décadas! Sobreviví la Guerra del Virus sin que me atacara la podredumbre. Todos se desplomaban a mi alrededor. Náuseas por doquier. Los transplantes llegaron más tarde, mucho más tarde, con el tiempo. Llegaron después del poder. El poder. He alcanzado el más encumbrado de los poderes. Y ahora, sabios médicos apuntalan mi vigor.

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