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Sadrac en el horno [Shadrach in the Furnace - es]

Электронная книга - «Sadrac en el horno [Shadrach in the Furnace - es]». Краткое содержание книги:

Siglo XXI. Un mundo en ruinas gobernado por un viejo y astuto tirano, Genghis II Mao IV Khan. La vida del Khan se mantiene gracias a la habilidad de Sadrac Mordecai, un brillante cirujano negro cuya misión es reemplazar los órganos deteriorados del presidente.
Los más modernos aparatos se utilizan para tres proyectos de gran envergadura, uno de ellos, el proyecto Avatar, tiene por objeto lograr la inmortalidad del viejo líder transfiriendo la mente y la personalidad del Khan a un cuerpo más joven.
Sadrac descubre que ha sido elegido para ese macabro proyecto, pero logra idear con increíble serenidad un peligroso plan para cambiar la faz de la Tierra.

Nombrado para el premio Nebula a la mejor novela en 1976.
Nombrado para el premio Hugo a la mejor novela en 1977.
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—Cálmate, Nikki. Estás enferma.

—Cuando la vea, te aseguro que…

—Por favor —dice Sadrac— Acuéstate. No sé para qué hablé. Tú sabes el tipo de rumores que corren por este edificio. Estoy convencido de que Katya no pudo…

—Ya veremos —interrumpe Nikki en tono siniestro. Poco apoco recupera la calma—. Es probable que tengas razón. Pero aun así, Sadrac, aun así, tendríamos que haber mantenido absoluta reserva. ¿Cuánta gente sabía que Mangú era el donante? ¿Cinco, seis, diez personas? Por menos que hayan sido, era demasiado, demasiado. Para el próximo donante… —Nikki tose y vuelve a acurrucarse en la almohada, dándole la espalda a Sadrac— ¡Ay, Sadrac, me siento mal! ¡Vete! ¡Por favor, vete! Mira cómo me has perturbado con lo que me dijiste. Tú… ¡oh!…

—Lo siento —vuelve a decir Sadrac— No quise…

—Adiós, Sadrac.

—Adiós, Nikki.

Sadrac desaparece de la habitación, como si escapara. Al salir al hall, se detiene y se aferra a una de las barras de la escalera. Necesita calmarse. Es obvio que esta visita no ha ayudado en absoluto a mejorar su estado mental. AL contrario, porque Sadrac es plenamente consciente de que la actitud de Nikki hacia él no fue de ninguna manera amable, sino indiferente y aun hostil, como si apenas pudiera tolerarlo.

Se dirige inmediatamente a verla a Katya: es indispensable que lo haga. La doctora Lindman no esperaba volverlo a ver tan pronto. Lo recibe cálida, con fogosidad evidente, como si diera por sentado que Sadrac ha venido a hacer el amor. Pero el doctor Mordecai, que no está con ánimo para expresiones eróticas, se libera diplomáticamente del abrazo de Katya, y, con firmeza sutil, se mantiene a una distancia prudencial. En pocas palabras, con voz grave e impetuosa, Sadrac la entera de la conversación con Nikki, haciendo hincapié en que el "rumor" que él había inventado no comprometía a Katya en absoluto.

—Pero seguramente Crowfoot adivinó enseguida que había sido yo, ¿no es así?

—Creo que sí. Yo le discutí que era inconcebible que tú fueras capaz de hacer semejante cosa, pero ella…

—Ahora sabe que lo hice, y me odiará para siempre y hará todo lo que pueda para vengarse. Muchas gracias.

—Debes reconocer, sin embargo —dice Sadrac, sereno—, que su indignación es justificable, porque al haberle dicho la verdad a Mangú, perjudicaste de alguna manera el plan de Avatar.

—Se lo dije por lástima —afirma Katya en tono categórico.

—¿Por lástima, sólo por lástima? ¿No pensaste en ningún momento que él podría reaccionar de una manera que alteraría el programa de Avatar y, por consiguiente, ocasionaría problemas para Nikki Crowfoot?

Katya permanece en silencio por un momento.

—Debo reconocer que lo pensé —admite finalmente—, pero como una consideración muy secundaria, Sadrac. Muy, muy secundaria. No fue por eso que le dije la verdad a Mangú, sino porque, sabiendo lo que sabía, no podía seguir mirándolo a los ojos, escuchándolo hablar de su futuro. Si no lo prevenía, me hubiera sentido. plenamente responsable de lo que iba a sucederle. ¿Puedes creérmelo, Sadrac? ¿Qué clase de demonio crees que soy? ¿Acaso piensas que mi vida empieza y termina en estos proyectos dementes de Genghis Mao? ¿Crees que mis únicas motivaciones son el Proyecto Talos, el desempeño de mi carrera y la forma de hundir a Nikki Crowfoot? Dime, ¿es eso lo que crees?

—No sé. Supongo que no.

—¿Supones?

—No, no pienso eso de ti.

—Magnífico. Estupendo. Gracias. ¿Y qué pasará ahora? ¿Acaso Nikki me denunciará a Genghis Mao?

—No existen pruebas de que tú hayas hablado con Mangú —replica Sadrac—. Y ella lo sabe, así como sabe que si te acusa, dirán que lo hizo por rivalidad profesional. Realmente no creo que tome ningún tipo de represalia. Lo único que dijo fue que mantendría absoluta reserva con respecto al próximo donante, para evitar que vuelva a…

—Es demasiado tarde —dice Lindman.

—¿Ya han elegido al próximo donante?

—Sí.

—¿Y tú sabes quién es?

—Sí.

—No creo que tengas inconveniente en decírmelo —dice Sadrac.

—No sé si debo hacerlo.

—¿Acaso piensas decírselo a él?

—Si lo hago, ¿volverías a decir que es un acto premeditado?

—No sé. Depende de las circunstancias. ¿Quién es? Los labios de Katya tiemblan, su cuerpo entero tiembla.

—Tú —responde.

CAPÍTULO 15

Parece una broma, una broma de mal gusto. Sadrac es incapaz de aceptarlo, a pesar de la convicción y la seguridad de la voz estridente, aguda y casi desesperada de Katya, la misma voz con que Roger Buckmaster trataba de negar su complicidad en la muerte de Mangú, esa voz que dice: "¡Ustedes no me creerán aunque jure y perjure lo que digo, pero les aseguro que es verdad, es verdad, es verdad, es verdad!"

Y si es verdad que eligieron a Sadrac como próximo donante, entonces se explica por qué Nikki trata de evitarlo; por qué se muestra tan fría y distante cuando habla, por que no lo mira a los ojos…

—No —dice Sadrac—. No te creo.

—Y, bueno. No me creas.

—Es absurdo, Katya.

—Desde luego que es absurdo. Tan absurdo como la idea, de que un día te irán a buscar para conectarte electrodos al cerebro y anular todo rastro de Sadrac Mordecai y verter el alma de Genghis Mao en tu magnífica figura color café, y convertirlo en un hombre nuevo.

—Mi magnífica figura color café —dice Sadrac— está repleta de aparatos médicos, complicados e irreemplazables, que registran todos los movimientos del metabolismo de Genghis Mao. Roger Buckmaster tardó dos años en diseñar y construir todo ese sistema, Warhaftig tardó semanas para implantarlo en mi cuerpo, y yo tardé un año para aprender a usarlo. Y gracias a esos aparatitos, Katya, puedo proteger la salud de Genghis Mao como nadie ha controlado a ningún paciente en toda la historia de la medicina. ¿Crees tú que habiendo tantos cuerpos para elegir, Genghis Mao permitiría que me elijan a mí como donante para Avatar, a mí que soy indispensable para su…

—¡Piensa, Sadrac, piensa! Avatar se llevará a cabo sólo cuando el cuerpo actual de Genghis Mao esté al borde de la muerte, y una vez que trasladen el alma de Genghis Mao a tu cuerpo, él ya no necesitará de tus fantásticos aparatitos. No necesitará de tus servicios, y más aún, Sadrac, no necesitará de los servicios de ningún médico durante años y años. Y cuando los necesite; puede encontrar otro médico, puede encontrar otro Buckmaster que construya un sistema nuevo. Probablemente ya esté entrenando a otro médico para que te reemplace, en Bulgaria o Afganistán. ¿Recuerdas lo que dice siempre sobre la redundancia, Sadrac? Él sendero de supervivencia. Genghis Mao sabe muy bien lo que es la supervivencia, Sadrac… Lo sabe mejor que tú.

Sadrac abre la boca como si quisiera hablar, pero sin decir palabra, la vuelve a cerrar.

—Si Avatar se lleva a cabo —dice Katya—, serás tú el donante. Lo juro.

—¿Cuándo lo decidieron?

—Hace más de una semana. Yo lo supe unas pocas horas antes de que fuéramos a Karakorum.

Claro, reflexiona Sadrac, fue precisamente después de ese día que Nikki empezó a rechazarlo y a excusarse. Mordecai, entonces, recuerda que aquella noche, después del viaje de la muerte onírica, estuvo en esta misma habitación, la habitación de Katya, y que al despertar, la encontró llorando a su lado y que ella, sin más explicación, le dijo que tenía miedo por el. Sí. También recuerda aquel monólogo lunático de Genghis Mao en el que decía que lo iba a nombrar Papa o Rey de Inglaterra… ¿Qué significaba esa conducta del Khan? ¿Acaso era una manera indirecta y solapada de ponerlo al tanto del nombramiento verdadero? Y recuerda, también la mirada de interés y admiración de Genghis Mao ante el torso desnudo de Sadrac. Sí, estaban en la habitación del Khan y acababan de enterarse de la muerte de Mangú. El solo recuerdo de la voz del presidente le hiela la sangre: Tiene un aspecto muy saludable, Sadrac. Claro, el Khan ya sabía que Mangú habla muerto y estaba tendiendo las redes para conseguir un nuevo donante.

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