Hermanos de armas [Brothers in Arms - es]
- Автор: Буджолд Лоис Макмастер
- Год: 1999
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-9289-7
- Переводчик: Rafael Marin
- Жанр: Космическая фантастика
Электронная книга - «Hermanos de armas [Brothers in Arms - es]». Краткое содержание книги:
Ese solo motivo sería más que suficiente para que la resistencia komarresa los asesinara a ambos. Pero la existencia (¡oh, Dios, un clon no!) del álter Miles sugería que aquella mancha sobre la personalidad de Galeni, cortesía de Miles, era simplemente un feliz añadido desde el punto de vista komarrés. Se preguntó si estarían adecuadamente agradecidos.
—Así que fue usted a ver a ese hombre —lo instó Miles—. Sin llevarse un busca ni una escolta.
—Sí.
—Y fue secuestrado. ¡Y critica mis técnicas de seguridad!
—Sí —Galeni abrió los ojos—. Bueno, no. Primero almorzamos.
—¿Se sentó a almorzar con ese tipo? ¿O… era bonita? —Miles recordó el género elegido por Galeni cuando se estaba dirigiendo a la luz. No, no era una chica.
—Difícilmente. Pero intentó sobornarme.
—¿Lo consiguió?
Ante la dura mirada de Galeni, Miles se explicó:
—Que toda esta conversación sea una representación en beneficio mío, ¿de acuerdo?
Galeni hizo una mueca, medio irritado, medio conforme. Falsificaciones y originales, verdad y mentiras, ¿cómo iban a probarlas aquí?
—Le dije que se fuera a hacer gárgaras —Galeni dijo esto último tan fuerte que la luz sin duda no pudo ignorarlo—. Tendría que haber advertido, en el curso de nuestra discusión, que me había dicho demasiado de lo que sucedía para atreverse a dejarme marchar. Pero intercambiamos garantías, le di la espalda… dejé que los sentimientos nublaran mi juicio. Él no. Y por eso acabé aquí —Galeni echó una ojeada a la estrecha celda—. Por algún tiempo al menos. Hasta que él supere su arrebato sentimental. Y lo hará, tarde o temprano.
Miró desafiante el plafón de la luz. Miles inspiró, sintiendo el aire frío a través de los dientes.
—Debe de haber sido un viejo conocido muy importante.
—Oh, sí. —Galeni volvió a cerrar los ojos, como si pensara en escapar de Miles, y de todo aquel lío, echándose a dormir.
¿Eran los movimientos envarados y entrecortados de Galeni debidos a la tortura?
—¿Le han estado forzando para que cambie de opinión? ¿Le han interrogado a las duras?
Galeni abrió un poquito los ojos, se tocó el moretón que tenía bajo el izquierdo.
—No, usaron pentarrápida para el interrogatorio. No hubo ninguna necesidad de ponerse duros. Me han tratado tres, cuatro veces. Ahora ya no hay mucho que no sepan de la seguridad de la embajada.
—¿A qué se deben las contusiones, entonces?
—Hice un intento de escapar… ayer, creo. Los tres tipos que me detuvieron tienen peor aspecto, se lo aseguro. Todavía esperan que cambie de opinión.
—¿No podría haber fingido cooperar al menos lo suficiente para escapar? —dijo Miles, exasperado.
Galeni abrió los ojos truculento.
—Nunca —susurró. El espasmo de ira se evaporó con un suspiro de cansancio—. Supongo que debería haberlo hecho. Ya es demasiado tarde.
¿Habían afectado las drogas el cerebro del capitán? Si el viejo y frío Galeni había dejado que la emoción embotara su razón hasta ese punto… tenía que ser una emoción enormemente fuerte. Los sentimientos profundos que ninguna capacidad intelectual explicaba.
—Supongo que no se tragarían una oferta de cooperación por mi parte —dijo Miles, sombrío.
La voz de Galeni volvió a su tono habitual.
—Difícilmente.
—Vaya.
Unos minutos después, Miles observó:
—No puede ser un clon mío, ¿sabe?
—¿Por qué no?
—Cualquier clon mío, desarrollado a partir de las células de mi cuerpo, tendría que parecerse… oh, a Ivan. Metro ochenta o más y no… deforme de cara y espalda. Con buenos huesos, no estos palillos de tiza. A menos… —horrible pensamiento—, que los médicos me hayan estado mintiendo toda la vida respecto a mis genes.
—Debe de haber sido deformado para que se parezca —comentó Galeni, reflexivo—. Por medios químicos, o quirúrgicos o ambos. No es más difícil hacerle eso a un clon que a un ser quirúrgico. Tal vez sea más fácil.
—Pero lo que me sucedió a mí fue un accidente casual… incluso las reparaciones fueron experimentales. Mis propios médicos no sabían lo que saldría hasta el final.
—Hacer bien el duplicado habrá sido complicado, pero está claro que no imposible. Quizás el… individuo que vimos es el último de una serie de pruebas.
—En ese caso, ¿qué han hecho con los descartes? —preguntó Miles con rabia. Un desfile de clones pasó ante su imaginación como un gráfico de la evolución en sentido inverso: erectos Cro-Magnon al estilo de Ivan involucionando a través de eslabones perdidos hasta Miles chimpancescos.
—Imagino que fueron eliminados —la voz de Galeni era alta y suave, no tanto negando como desafiando el horror.
El vientre de Miles tiritó.
—Despiadados.
—Oh, sí —coincidió Galeni con el mismo suave tono.
Miles buscó una lógica.
—En ese caso, el… el clon —«mi hermano gemelo», ya está, ya había resuelto el término—, debe ser significativamente más joven que yo.
—Varios años —reconoció Galeni—. Supongo que unos seis.
—¿Por qué seis?
—Aritmética. Tenía usted unos seis años cuando terminó la Revuelta de Komarr. Ése debió de ser el momento en que este grupo se vio forzado a volver su atención hacia otro plan de ataque menos directo a Barrayar. La idea no les habría interesado antes. Pero de haber empezado mucho más tarde, el clon sería demasiado joven para sustituirle, incluso con crecimiento acelerado. Demasiado joven para encargarse de la representación. Parece que debe actuar además de ser igual a usted, durante un tiempo.
—¿Pero por qué un clon? ¿Por qué un clon mío?
—Creo que está previsto un sabotaje que coincida con un levantamiento en Komarr.
—Barrayar nunca dejará ir a Komarr. Nunca. Son ustedes nuestra puerta de entrada.
—Lo sé —dijo Galeni, cansado—. Pero alguna gente prefiere ahogar nuestras cúpulas en sangre antes que aprender de la historia. O que aprender nada —miró involuntariamente hacia la luz.
Miles tragó saliva, hizo acopio de voluntad, y habló en medio del silencio.
—¿Cuánto tiempo hace que sabe que su padre no voló en pedazos con aquella bomba?
Los ojos de Galeni lo miraron rápidamente; su cuerpo se envaró y luego se relajó, si un movimiento tan tenso podía ser considerado relajación. Pero dijo simplemente:
—Cinco días.
Tras un momento, añadió:
—¿Cómo lo sabía?
—Abrimos sus archivos personales. Era su único pariente cercano sin registro en el depósito de cadáveres.
—Creímos que estaba muerto —la voz de Galeni era distante, átona—. Mi hermano desde luego murió. Seguridad Barrayaresa vino y nos llevó a mi madre y a mí para que identificáramos lo que quedaba. No era mucho. No supuso mucho esfuerzo creer que no quedaba literalmente nada de mi padre, que había sido visto muy cerca del centro de la explosión.
El hombre estaba agarrotado, quebrándose ante sus ojos. Miles decidió que no le gustaba la idea de ver cómo lo barrían del mapa. Desde el punto de vista del Imperio, era un desperdicio que algo así le sucediera a un oficial. Algo parecido a un asesinato. O un aborto.
—Mi padre hablaba constantemente de la libertad de Komarr —continuó Galeni suavemente. ¿Para Miles, para la luz, para sí mismo?—. De los sacrificios que todos debemos hacer por la libertad de Komarr. Insistía mucho en los sacrificios. Humanos o de lo que fuera. Pero nunca pareció importarle mucho la libertad de la gente de Komarr. Hasta el día en que murió no me convertí en un hombre libre. El día en que murió. Libre para mirar con mis propios ojos, hacer mis propias valoraciones, elegir mi propia vida. O eso pensaba. La vida está llena de sorpresas —la voz de Galeni era infinitamente sarcástica. Dirigió a la luz una sonrisa lobuna.