El Club De Las Chicas Temerarias
- Автор: Rodriguez Alisa Valdes
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «El Club De Las Chicas Temerarias». Краткое содержание книги:
Vicepresidenta de una importante compañía, Usnavys es un divertido ciclón negro, Sara es una modélica madre y la esposa de un abogado y respetado miembro de la comunidad judía, Elizabeth es copresentadora de un programa de televisión matutino y portavoz nacional de una organización cristiana, Rebecca es sencillamente perfecta, la creadora de Ella, la revista de la mujer hispana más popular del país, Amber, cantante y guitarrista de rock, espera su gran oportunidad, y Lauren es la redactora más joven y la única hispana del diario Gazette. ¡Son las temerarias!
Casi siempre comprenden lo que quiero decir, sobre todo los más jóvenes. Todos tenemos fotos en los álbumes familiares de un bisabuelo con trenzas. La mayoría sabemos que somos indios. Los únicos que se niegan a reconocernos son esos chicanos pretenciosos que trabajan en el Los Angeles Times. Ese periódico nos ha calumniado tantas veces que he perdido la cuenta. Una vez nos plantamos allí para hablar con el mexica que tenía el cargo más alto, un tipo de unos cincuenta años que parecía la reencarnación de Toro Sentado. No quiso saber nada. Como Rebecca. Hacemos que se sientan incómodos.
Encendemos las antorchas y las colocamos en círculo para limpiar la zona de malos espíritus. Los que tocan los tambores se preparan. Nos colocamos sin apenas hablar. Inclinamos la cabeza rezando en silencio. Las mujeres cogen maracas, los hombres escudos y maracas. En el centro del círculo, Curly se dirige a nosotros en español, después en inglés y después en náhuatl. Nos recuerda la manifestación de esta semana frente a los estudios de Dreamworks, que están preparando una película de dibujos animados para destruir lo que queda de nuestra historia. Nos habla de otra en los estudios de Disney contra Edward James Olmos.
– Ese vendido quiere hacer una película sobre Zapata -dice Curly-. ¡Tenemos que demostrar al estudio que no queremos que ese eurocéntrico represente a nuestra gente nunca más! ¿Estáis conmigo?
Rugimos.
Por último, nos recuerda que escribamos a todo el que se nos ocurra para apoyar la propuesta de ley que ha presentado una de nuestras hermanas mexica en el norte de California para que el gobierno reconozca a los mexicoamericanos como indígenas.
Ahora Curly nos dice que estamos hoy aquí para bailar en mi honor, y en el de mi reunión de mañana en una casa discográfica interesada en mi música. Es importante, porque si me contratan, dice, el mensaje mexica llegará a todos los rincones de la tierra.
– Por favor, unios a mí para rezar por el éxito de nuestra hermana mexica y de su música.
Uno de los miembros del grupo, un abogado del mundo del espectáculo llamado Frank Villanueva, levanta la mano y pregunta si puede hablar. Curly dice que sí.
– Me gustaría ofrecerme para acompañarla a la reunión con la discográfica -dice-. Si Amber me lo permite.
– Gracias, hermano Frank, por tu generosidad -dice Curly-. ¿Amber? ¿Qué dices?
Miro a Gato, y asiente. Tiene los ojos encendidos. Entonces me acuerdo de que Frank representa a algunos de los mexicas con más proyección de Hollywood, la mayoría del cine.
– Digo que sí, y gracias.
– Sería un honor. Me alegro de que aceptes -dice Frank-. Todos conocemos tu música y sé que lo conseguirás. Pero no tiene sentido que una artista joven vaya sola a una reunión como ésa. Eres tan vulnerable. ¿Cuándo es la reunión, y dónde?
Se lo digo, y asiente.
– Allí estaré.
Observo las ofrendas que hemos apilado en el centro del círculo, fruta e incienso, y me concentro, siento cómo el águila que llevo dentro despliega sus alas, elevándose al sol. Siento la energía de mis hermanas y hermanos. Curly Rizado dice que hoy escogerá un nombre para mí, un nombre mexica, para que me proteja y guíe mi destino. Suenan los tambores.
Bailamos sin descanso durante tres horas. Vanesa Torres, que está demasiado embarazada para bailar, reparte botellas de agua. Entro en la zona, el lugar al que llego cuando actúo en público, al que llego cuando Gato y yo corremos durante horas por las colinas. Siento que las energías del universo convergen en mí. Me pierdo entre los espíritus. Sé que las cosas son como deben ser. No he llegado a este punto de mi vida sin motivo.
El baile cesa. Curly vuelve a entrar en el círculo. Me invita a unirme a él. Me arrodillo ante él, y me da mi nombre.
Cuicatl.
Ya no volveré a ser «Amber». Seré «Cuicatl». Es un nombre potente, un nombre que significa «canción» o «canto», un nombre que permite comunicarse a través de la música. Es el nombre que debería haber tenido, es el nombre de mi verdadero destino. Si los españoles no hubieran llegado y exterminado a mi gente en Aztlán, si no hubieran quemado nuestros pueblos y ciudades hasta reducirlos a escombros, si no nos hubieran traído su pólvora y su comida envenenada, yo habría sido Cuicatl. Y lo más bonito es que no es demasiado tarde. Todavía puedo acoger a mi verdadero yo, mi yo mexica, mi bello yo mexicano: Cuicatl.
Volvemos a casa, mi madre ha dejado un mensaje en el contestador pidiéndome que la llame. Lo hago. Está en casa y contesta al teléfono.
– ¿Diga?
– Hola, mamá.
– ¡Oh, Amber! ¿Cómo estás?
– Bien, mamá, ¿y tú?
– Tirando, mi'ja. ¿Dónde estabas?
– He ido a mi ceremonia de nominación.
Silencio. Mi madre puede decir más con su silencio que con sus palabras. No aprueba el movimiento Mexica. Nunca lo ha dicho, pero es obvio. Como es obvio que no le gusta cómo me arreglo el pelo, me maquillo, o lo que le he hecho al coche que me regaló. Nunca lo dice abiertamente, pero hace otras cosas, como enviarme fotos de mujeres de las revistas con una nota que dice que me quedaría bien el corte de pelo de la foto.
Después de una pausa suficientemente larga para hacerme sentir incómoda, me pregunta:
– ¿Recibiste el paquete que te envié?
– Sí, mamá. Siento no haber llamado. He estado liada. Gracias.
Quiero reñirla, ¿sabes? Quiero gritarle por no preguntar lo que hago en las ceremonias, por no haber ido a uno solo de mis conciertos, por no preguntarme jamás cómo está Gato, por no interesarse en nada que tenga que ver conmigo. Pero no lo hago. Puedo lanzarme sobre una multitud de roqueros alterados, pero no puedo arriesgarme a disgustar a mi madre. Tengo veintisiete años y todavía no tengo el valor de enfrentarme a mi madre. Es absurdo.
– Pon todas tus cosas dentro de las bolsas y usa la aspiradora para absorber todo el aire. Todo queda tan pianito que puedes colocarlo en el armario sin que ocupe tanto espacio.
– Lo sé, mamá. Gracias.
– Puedes hacerlo con mantas o jerséis, esas cosas.
Es su forma de pedirme que cambie la decoración de mi apartamento.
– Vale, mamá.
– Las compré en la teletienda. También se las he comprado a tu abuela y a tu Nina. Lo he hecho con el plan ultrafácil. Lo pagas todo en cinco cómodos plazos.
Se nota cuando está citando la «Tiii-viii».
– Qué bien, mamá. Gracias.
– Así tienes más espacio.
Traducción: no aprueba mi pequeño apartamento.
– Muy bien. ¿Cómo está papá?
– Está en el Rez, donando dinero a la causa indígena.
Así es como mis padres describen su última adicción: el casino. No se le pasa por la cabeza que pueda ofenderme. No entiende que nosotros somos indios. Piensa que los mexicanos, los «messicanos», como ella dice, son una raza. El número de reservas en los casinos de San Diego está aumentando tan vertiginosamente que me pongo enferma. Mis padres iban una vez al mes, ahora van cada fin de semana, puede incluso que todos los días. Mi madre aún no está jubilada, pero va en el autobús de jubiladas al casino de Viejas entre semana, porque, como ella misma dice, es gratis y encima te regalan una hamburguesa.
– No hables así, mamá, no está bien.
Otro silencio.
– He visto una oferta de trabajo muy buena en el periódico. Te iría como anillo al dedo -dice por fin-. Te la mando por correo. Deberías recibirla mañana.
– No necesito trabajo, mamá.
– Por si acaso.
– Gracias.
– Te la mando.
– Gracias.
– Pagan muy bien, mi'ja. Once dólares la hora.
Está harta de ayudarme a pagar el alquiler, pero no se atreve a decirlo.
Cambio de tema:
– ¿Cómo está Peter?
– Le va muy bien. Se pasó por aquí la semana pasada para ayudar a papá a cortar ese árbol.
– ¿Qué árbol?
– El de atrás.