Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » La voz [Röddin - es]
La voz [Röddin - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La voz [Röddin - es]

Электронная книга - «La voz [Röddin - es]». Краткое содержание книги:

Gulli, el viejo portero de uno de los más conocidos hoteles de Reykjavik, aparece desnudo y acuchillado hasta morir en su miserable habitación en el sótano. Pero Gulli es mucho más que un simple portero que se disfrazaba de Papa Noel todas las navidades, es un completo misterio. Veinte años en el hotel y nadie le conoce realmente. Erlendur Sveinsson decide alojarse en el mismo hotel en busca de la asesina, que, también de eso cree estar convencido, aún debe permanecer muy cerca, pese a que las vacaciones de Navidad están ya encima y el hotel completo. Mientras que al director tan sólo le importa que el asesinato permanezca oculto y su reputación intacta. Erlendur, sin embargo, recibe la visita de su hija, que de nuevo se adentra entre las brumas de la droga y el alcohol, dejando al inspector al borde de la desesperación y la impotencia.
1 ... 33 34 35 36 37 38 39 40 41 ... 69
Перейти на страницу:

– ¿Cuándo te contó eso?

– Pues hará como dos meses.

– ¿Y qué más? ¿Estaba preocupado por ello? ¿Tenía intención de denunciarlo? ¿Por qué te lo dijo? Yo creía que no le conocías.

– Y no le conocía -Ösp calló-. No hacían más que meterse conmigo, en la cocina -prosiguió-. Me decían guarrerías. «¡Nena, estás tan buena que te comería!», y cosas por el estilo. Todas las memeces que pueden salir de las bocazas de esos imbéciles. Gulli les oyó y habló conmigo. Me dijo que no me preocupara. Dijo que eran todos una panda de ladrones y que podría denunciarlos si quería.

– ¿Amenazó con denunciarlos?

– No amenazó -dijo Osp-. Solo lo dijo para darme ánimos.

– ¿Y qué roban? -preguntó Erlendur-. ¿Puso algún ejemplo?

– Dijo que el director lo sabía pero no hacía nada; él también roba. Compra alcohol de contrabando. Para los bares. Gulli también me lo contó. El maître también está en el ajo.

– ¿Eso te lo dijo Gudlaugur?

– Y se quedan la diferencia.

– ¿Por qué no me lo contaste la primera vez que hablamos?

– ¿Es importante?

– Es posible que lo sea.

Ösp se encogió de hombros.

– No lo pensé, y no era yo misma después de encontrar a Gudlaugur. El condón… Y las puñaladas.

– ¿Viste dinero en su cuarto?

– ¿Dinero?

– Hacía poco que había recibido una cierta cantidad, pero no sé si la tenía cuando lo mataron.

– No vi ni una corona.

– No, claro -dijo Erlendur-. Tú no cogerías ese dinero cuando lo encontraste, ¿verdad?

Ösp interrumpió su trabajo y dejó caer los brazos.

– ¿Quieres decir que si se lo robé?

– No sería la primera vez que pasa algo así.

– ¿Tú piensas que…?

– ¿Lo cogiste?

– No.

– Tuviste oportunidad de hacerlo.

– Y quien lo mató, también.

– Eso es cierto -dijo Erlendur.

– No vi ni una corona.

– No, claro, vale.

Ösp reanudó su trabajo. Echó detergente en la taza del váter y frotó con el cepillo, como si Erlendur no estuviera allí. La miró trabajar un momento y luego le dio las gracias.

– ¿Qué quisiste decir con eso de que le interrumpiste? -dijo, deteniéndose en la puerta-. A Henry Wapshott, quiero decir. No llegarías a entrar en su cuarto si preguntaste en voz alta, como has hecho aquí hace un momento.

– No me oyó.

– ¿Qué estaba haciendo?

– No sé si debo…

– No saldrá de aquí.

– Estaba viendo la televisión -dijo Osp.

– Ah, claro, y no quería que nadie se enterara -dijo Erlendur en un susurro irónico.

– Bueno, no, un vídeo -dijo Osp-. Una película porno. Asquerosa.

– ¿Se ponen películas porno en el hotel?

– De esas, no, están prohibidas en todas partes.

– ¿Qué clase de películas?

– De pornografía infantil. Se lo dije al director del hotel.

– ¿Pornografía infantil? ¿Cómo que pornografía infantil?

– ¿Cómo? ¿Tengo que explicártelo?

– ¿Qué día fue eso?

– ¡Pervertido de mierda!

– ¿Cuándo fue?

– El día que encontré a Gulli.

– ¿Qué hizo el director?

– Nada -dijo Osp-. Me mandó que cerrara la boca y no dijera ni mu.

– ¿Sabes quién era Gudlaugur?

– ¿Qué quieres decir con que quién era el portero? Era el portero. ¿Era alguna otra cosa?

– Sí, lo fue de pequeño. Era niño de coro y tenía una voz magnífica. Lo he oído cantar en disco.

– ¿Niño de coro?

– En realidad, un niño prodigio. Pero luego algo se torció en su vida.- Creció y se acabó todo.

– No lo sabía.

– No, nadie sabe ya nada de Gudlaugur -dijo Erlendur.

Los dos callaron, pensativos. Transcurrieron unos minutos.

– ¿No te gustan las navidades? -preguntó Erlendur de nuevo. Era como si hubiese encontrado un alma gemela.

La joven se volvió hacia él.

– Las navidades son para los que son felices.

Erlendur miró a Ösp y un esbozo de sonrisa se dibujó en su rostro.

– Te gustaría conocer a mi hija -dijo, y sacó el móvil.

Sigurdur Óli acogió con extrañeza la información que le dio Erlendur sobre el dinero que Gudlaugur tendría guardado probablemente en su cuchitril. Hablaron de que sería preciso confirmar la declaración de Wapshott, según la cual se encontraba en las tiendas de discos a la hora en que se cometió el crimen. Sigurdur Óli estaba justamente delante de la celda de Wapshott cuando llamó Erlendur, y le detalló las condiciones en que le tomaron al inglés la muestra de saliva.

En la celda que ocupaba él ahora habían encerrado antes a muchos delincuentes, desde míseros cacos a individuos violentos y asesinos, que habían garabateado en las paredes o raspado en la pintura para dejar constancia de su opinión acerca de las lamentables condiciones de su encierro. En la celda había una taza de váter y una cama atornillada al suelo; sobre ella, un colchón más bien fino y una almohada bastante dura. La celda carecía de ventana, y en el techo había una potente lámpara fluorescente que no se apagaba nunca, y hacía que el detenido tuviera dificultades en distinguir el día de la noche.

Henry Wapshott estaba tieso, pegado a la pared opuesta a la gruesa puerta de acero. Lo sujetaban entre dos guardias. Elínborg y Sigurdur Óli estaban también en la celda con la orden judicial para la toma de muestras biológicas, y allí estaba también Valgerdur con su bastoncillo en la mano, dispuesta a tomar la muestra de saliva.

Wapshott tenía los ojos clavados en ella como si fuera el demonio en persona, llegado para arrastrarlo a las llamas eternas. Los ojos.se le salían de las órbitas y se retorcía para apartarse de ella lo más posible, y por mucho que lo intentaban no había forma de obligarle a abrir la boca.

Finalmente lo tumbaron en el suelo y le taparon la nariz hasta que no pudo más y abrió la boca para tomar aire. Valgerdur aprovechó la ocasión para introducirle el bastoncillo en el gaznate, agitarlo hasta provocarle una arcada y sacarlo a la velocidad del rayo.

19

Cuando Erlendur bajó al vestíbulo del hotel, camino de la cocina, vio a Marión Briem en recepción, con un abrigo gastado y un sombrero, y con sus huesudos dedos en constante movimiento. Tras saludarse, Erlendur le acompañó al comedor para sentarse. Se dio cuenta de que Marión había envejecido mal en los años transcurridos desde su último encuentro, pero los ojos seguían igual de despiertos e interrogantes, y, como siempre, no perdía el tiempo en preámbulos innecesarios.

– Tienes un aspecto horrible -dijo Marión, y se sentó-. ¿Qué es lo que te está reconcomiendo tan profundamente? -un purito surgió de algún bolsillo del abrigo, acompañado de una caja de cerillas.

– Aquí seguro que está prohibido fumar -dijo Erlendur.

– Ya no se puede fumar en ningún sitio -dijo Marión, encendiendo el cigarro. Tenía una expresión dolorida en el rostro. La piel grisácea, nacida y arrugada. Sus descoloridos labios apretaron el cigarro. Las uñas estaban exangües y sus dedos huesudos se extendieron para coger el cigarro cuando los pulmones hubieron recibido su dosis.

Aunque su relación tenía tras de sí una larga historia, llena de acontecimientos compartidos, nunca se habían llevado del todo bien. Marión había sido el mando superior de Erlendur durante muchos años, e intentó enseñarle el oficio. Erlendur era indisciplinado y no le gustaba recibir órdenes, no aguantaba tener a nadie por encima de él en aquellos tiempos, ni tampoco ahora. Eso le atacaba los nervios a Marión, y se producían fuertes y frecuentes discusiones entre ambos, aunque Marión sabía que era realmente difícil encontrar un colaborador mejor, aunque solo fuera porque Erlendur no tenía obligaciones familiares, con la pérdida de tiempo que estas suponían. Erlendur no hacía otra cosa que trabajar. Algo semejante le sucedía a Marión Briem, que había vivido toda su vida en solitario.

1 ... 33 34 35 36 37 38 39 40 41 ... 69
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)