Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » La voz [Röddin - es]
La voz [Röddin - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La voz [Röddin - es]

Электронная книга - «La voz [Röddin - es]». Краткое содержание книги:

Gulli, el viejo portero de uno de los más conocidos hoteles de Reykjavik, aparece desnudo y acuchillado hasta morir en su miserable habitación en el sótano. Pero Gulli es mucho más que un simple portero que se disfrazaba de Papa Noel todas las navidades, es un completo misterio. Veinte años en el hotel y nadie le conoce realmente. Erlendur Sveinsson decide alojarse en el mismo hotel en busca de la asesina, que, también de eso cree estar convencido, aún debe permanecer muy cerca, pese a que las vacaciones de Navidad están ya encima y el hotel completo. Mientras que al director tan sólo le importa que el asesinato permanezca oculto y su reputación intacta. Erlendur, sin embargo, recibe la visita de su hija, que de nuevo se adentra entre las brumas de la droga y el alcohol, dejando al inspector al borde de la desesperación y la impotencia.
1 ... 31 32 33 34 35 36 37 38 39 ... 69
Перейти на страницу:

– ¿Qué pasa? -preguntó Erlendur, poniéndose en pie-. ¿Por qué lo traes aquí? ¿Y por qué no está esposado?

– ¿Esposado?

– ¿Por qué no le habéis puesto las esposas?

– ¿Lo crees necesario?

Erlendur miró a Wapshott.

– Preferí no esperarte -dijo Sigurdur Óli-. Solo podemos mantenerle detenido hasta esta tarde, de modo que tienes que pedir una orden lo antes posible. Y él quería hablar contigo. Se negó a hacerlo conmigo. Como si fuerais amigos de la infancia. No ha pedido que lo pongamos en libertad, ni asistencia letrada ni ayuda de su embajada. Le dijimos que podía recurrir a la embajada, pero se limitó a decir que no con la cabeza.

– ¿Has averiguado algo de Inglaterra? -dijo Erlendur mirando a Wapshott, que estaba cabizbajo detrás de Sigurdur Óli.

– Me pondré en ello en cuanto te hagas cargo de él -dijo Sigurdur Óli, que aún no se había puesto con ello-. Te informaré de lo que tengan sobre él, si es que tienen algo.

Sigurdur Óli se despidió de Wapshott, se detuvo un momento a hablar con los dos policías y se marchó. Erlendur pidió al inglés que se sentara. Wapshott se dejó caer en la silla, abatido.

– Yo no lo maté -dijo con voz grave-. Jamás habría podido matarlo. No podría matar ni a una mosca. Y menos que nadie a ese maravilloso niño de coro.

Erlendur miró a Wapshott.

– ¿Está hablando de Gudlaugur?

– Sí -respondió Wapshott-. Naturalmente.

– Ya no tenía nada de niño de coro -dijo Erlendur-. Gudlaugur tenía casi cincuenta años y hacía de Papá Noel en las fiestas infantiles.

– Usted no lo comprende -dijo Wapshott.

– No -dijo Erlendur-. Quizás usted pueda explicármelo.

– Yo no estaba en el hotel cuando lo agredieron -dijo Wapshott.

– ¿Dónde estaba?

– Estaba buscando discos -Wapshott levantó la vista y en su rostro se dibujó una sonrisa que era más bien una mueca-. Estaba examinando lo que tira la gente a la basura. En el rastro. Examinando lo que se ofrece en ese inmenso depósito de reciclaje. Me dijeron que habían llegado objetos procedentes de un piso cuyo propietario había muerto. Entre ellos, algunos discos para destruir.

– ¿Quiénes?

– ¿Quiénes, qué?

– ¿Quienes le informaron sobre ese particular?

– Los empleados. Les doy una propinilla cuando me informan. Tienen mi tarjeta. Ya se lo había dicho. Uno va a las tiendas de coleccionismo, se reúne con otros coleccionistas y va al mercado. Al rastro de Kolaport, ¿no se llama así? Hago lo que hacen todos los coleccionistas, intento encontrar algo que merezca la pena comprar.

– ¿Había alguien con usted cuando atacaron a Gudlaugur? ¿Alguien con quien podamos hablar?

– No -respondió Wapshott.

– Pero tendrán que acordarse de usted en esos sitios.

– Claro que sí.

– ¿Y encontró algo aprovechable? ¿Algún otro niño de coro?

– Nada. En este viaje no he encontrado nada.

– ¿Por qué intentó huir de nosotros? -preguntó Erlendur.

– Quería volver a casa.

– ¿Y dejó todos sus trastos en el hotel?

– Sí.

– Excepto unos discos de Gudlaugur.

– Sí.

– ¿Por qué me dijo que nunca había estado en Islandia con anterioridad?

– No lo sé. No quería llamar la atención. Ese crimen no tiene nada que ver conmigo.

– Es muy fácil demostrar lo contrario. Debería haberse dado cuenta, cuando me contó esa mentira, de que acabaría por descubrir la verdad. Que descubriría que ya había estado antes en este mismo hotel.

– Ese crimen no tiene nada que ver conmigo.

– Pero ahora me acaba de demostrar que sí tiene que ver con usted. No habría podido llamar más la atención sobre usted.

– Yo no lo maté.

– ¿Cómo era su relación con Gudlaugur?

– Ya se lo he contado todo, y todo es cierto. Yo estaba interesado por su voz, por los discos antiguos de niños de coro, y cuando me enteré de que seguía vivo me puse en contacto con él.

– ¿Por qué mintió? Ya había estado antes en Islandia, se había alojado en este mismo hotel y seguramente había conocido a Gudlaugur.

Wapshott reflexionó un momento.

– Esto no tiene nada que ver conmigo. Ese crimen. Cuando me enteré, temí que se enteraran de que lo conocía. El miedo iba creciendo con cada minuto que pasaba y tuve que mantener una disciplina enorme para no echar a correr en ese mismo momento y atraer hacia mí las sospechas al hacerlo. Tuve que dejar pasar unos días, pero no pude seguir aguantando y me marché. Mis nervios ya no lo soportaban más. Pero yo no lo maté.

– ¿Hasta qué punto conocía la historia de Gudlaugur?

– No mucho.

– Cuando se coleccionan discos, es esencial obtener información sobre lo que se colecciona, ¿no? ¿Lo hizo usted?

– No sé mucho -respondió Wapshott-. Sé que perdió la voz durante un concierto, que solo se grabaron dos discos, que se llevaba mal con su padre…

– Espere un momento, ¿cómo se enteró de la forma en que murió?

– ¿Qué quiere decir?

– A los huéspedes del hotel no se les habló del crimen, sino de un accidente o un ataque al corazón. ¿Cómo se enteró de que le habían asesinado?

– ¿Que cómo me enteré? Usted me lo dijo.

– Sí, se lo dije y usted se quedó tremendamente asombrado, lo recuerdo, pero ahora me dice que cuando se enteró del crimen temió que le relacionáramos con él. Y eso fue antes de que usted y yo habláramos. Antes de que nos pusiéramos en contacto.

Wapshott se quedó mirándolo de hito en hito. Erlendur conocía ese gesto cuando alguien intentaba ganar tiempo y dejó a Wapshott ganar todo el tiempo que precisara. Los dos policías estaban sentados tan tranquilos a cierta distancia. Erlendur había bajado tarde a desayunar y había escaso movimiento en el comedor. Vio asomar el gran gorro del cocinero que se había puesto hecho una furia cuando le tomaron una muestra de saliva. Sin pretenderlo, pensó en Valgerdur, la técnica de laboratorio. ¿Qué estaría haciendo en aquel momento? ¿Pinchando a algún niño que se defendería llorando o intentando darle alguna patada?

– Además del interés por los discos, ¿hay alguna otra cosa que les relacionaba a ustedes dos? -preguntó.

– Preferiría no entrar en eso -dijo Wapshott.

– ¿Qué me está ocultando? ¿Por qué no ha querido hablar con la embajada británica? ¿Por qué no quiere que le asista un abogado?

– Oí a unas personas hablar de ello aquí abajo. Huéspedes del hotel. Decían que lo habían asesinado. Eran americanos. Así es como me enteré. Y me preocupó que pudieran relacionarnos y acabar exactamente en la situación en la que me encuentro ahora. Por eso huí. Es así de sencillo.

Erlendur se acordó del americano Henry Bartlett y su mujer. Cindy, le dijo a Sigurdur Óli que se llamaba, con una gran sonrisa.

– ¿Qué valor tienen los discos de Gudlaugur?

– ¿A qué viene eso?

– Han de ser muy valiosos para que venga usted hasta aquí en pleno invierno, con este frío, para hacerse con ellos. ¿Qué valor tienen? Un disco, por ejemplo. ¿Cuánto cuesta?

– Cuando se quiere vender, se saca a subasta, incluso en internet, y es imposible decir cuánto se puede llegar a sacar por él.

– Una aproximación. ¿Cuánto calcula que se podría sacar?

Wapshott reflexionó un momento.

– No puedo decir nada al respecto.

– ¿Estuvo usted con Gudlaugur antes de su muerte?

Henry Wapshott vaciló.

– Sí -dijo al fin.

– La nota que encontramos, 18:30, ¿era la hora de su cita?

1 ... 31 32 33 34 35 36 37 38 39 ... 69
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)