Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Другие детективы » El susurro del diablo
El susurro del diablo - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El susurro del diablo

Электронная книга - «El susurro del diablo». Краткое содержание книги:

Tres muertes se suceden en un breve intervalo de tiempo: una chica salta desde la azotea de un edificio de seis plantas; otra, cae del andén al paso de un tren; y una tercera es atropellada de noche por un taxi. Pero ¿qué relación guardan estos tres casos? ¿Accidentes, suicidios… o asesinatos?
Mamoru, un joven de dieciséis años, tratará de desenmarañar el misterio. Su tío es el taxista que ha atropellado a la tercera víctima y se encuentra en prisión preventiva, acusado de homicidio involuntario.
Decidido a ayudar a su tío y limpiar su buen nombre, el astuto joven descubre que la chica que encontró la muerte bajo las ruedas del taxi participó en una despiadada estafa, y que tres de las cuatro mujeres involucradas en la misma ya están muertas.
Cuando un influyente empresario se presenta ante la policía para desvelar nuevas evidencias que dan un vuelco a la investigación, Mamoru comienza la búsqueda de la única superviviente, que es también el siguiente objetivo del asesino.
Y, entonces, el asesino contacta con él…
1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 66
Перейти на страницу:

– Me ha dicho que justo después de que te marchases de casa esta mañana, recibiste una llamada de un tal Hashimoto. Quiere que lo llames.

¿Qué tendría que decirle Nobuhiko Hashimoto? Marcó su número, pero estaba comunicando. Lo intentó tres veces más a intervalos de unos dos minutos, y la línea seguía ocupada. Finalmente, se dio por vencido. Sato le sonrió cuando regresó a la mesa.

– Déjame adivinar, ¿ha llamado tu novia para romper contigo?

– Eso es, pero no me preocupa demasiado. Hemos roto un montón de veces y siempre lo arreglamos con un beso.

Sato inclinó la cabeza, en un gesto de derrota.

– ¡Tú ganas! Mírame a mí, viajando de un lugar a otro. ¡No intentes detenerme, mi amor!

– ¿Y dónde vas a pasar este Año Nuevo? -Mamoru cambió de tema sin transición.

– Mi plan es seguir en vivo el París-Dakar.

– ¡Vaya! Eso debe de costar un ojo de la cara.

– Sí, supongo… Por eso estoy trabajando y ahorrando. Cuento contigo para quedarte al mando cuando esté fuera. Y si no regreso, espero que cada vez que te acuerdes de tu viejo amigo, reces por mi descanso entre las dunas del desierto.

Esas palabras le recordaron a Mamoru la previa conversación sobre el Shurado, y decidió contarle a Sato algo sobre Yoko Sugano que no había podido sacarse de la cabeza.

– Sato, ¿alguna vez has pensado en dedicarte a otra cosa que te permita conseguir mucho dinero en poco tiempo para costearte tus viajes?

– ¿Dedicarme a otra cosa?

– Ya sabes, algo más fácil que te haga ganar importantes sumas de dinero.

– ¿Y a qué viene eso ahora? -Sato parecía desconcertado.

– Nada, solo curiosidad.

Sato se rascó la nariz y reflexionó unos minutos.

– Importantes sumas de dinero… No estaría mal, aunque en estos trabajos suele haber gato encerrado. Como estafar a alguien, a riesgo de que acaben estafándote a ti. No, no me interesa. Estoy a gusto aquí en la librería. Es el trabajo perfecto para mí. Y todo lo que tengo me lo he ganado con el sudor de mi frente.

En el almacén, encontraron tareas pendientes como para no aburrirse. Tenían que hacer inventario de ciertos artículos, y una montaña de libros y revistas que preparar para su devolución. Además, la pantalla de vídeo proyectaba un desfile de moda con trajes de baño de la pasada temporada. Sato entraba y salía para poder echar un vistazo a las modelos.

– ¡Deberías ver las piernas tan largas que les hacen esos bañadores! ¡Van casi desnudas! ¡Sal a echar un vistazo!

En cuestión de una hora, la camiseta que Mamoru llevaba bajo el uniforme estaba empapada en sudor, y la montaña de trabajo apenas había menguado. A Mamoru le pareció un infierno más aterrador que el de la tómbola. Al recaer en la pila de revistas abultadas en fardos, se acordó de Canal de Información.

¿Cuántas copias habrían vendido? ¿Cuánta gente habría leído ese artículo? Estaba convencido de que los ejemplares habrían acumulado polvo en alguna estantería y gran parte de la tirada habría acabado devuelta al editor.

«Nos quedaban algunos ejemplares, pero alguien los compró todos.»

Al parecer, ese hombre mencionó algo sobre una denuncia que pensaba interponer contra una de las chicas, pero ¿era tan fácil llevar a alguien ante los tribunales solo por fingir que era tu novia cuando lo único que quería de ti era el dinero? Perdido en sus cavilaciones, Mamoru dejó que sus ojos vagasen por las cubiertas de otro tipo de publicaciones, las conocidas como revistas de prensa. El proceso de edición era muy básico: recortar artículos de periódicos, revistas, y tabloides, reeditarlos y publicarlos por género. Mamoru conocía un par de esas revistas, una de crítica literaria y otra sobre informática. Ambas gozaban de una gran demanda y se vendían como churros.

La revista en la que se detuvo a continuación era algo diferente. Una publicación sensacionalista llena de sucesos, crímenes, accidentes y escándalos. Su difusión era bastante limitada y no correspondía al tipo de publicación que iba dirigida a un gremio determinado. Era de suponer que alguien tan curioso como para comprar una revista como esa se hiciera él mismo sus propios álbumes de recortes. Muy pocos lectores, un precio de venta bastante elevado… En definitiva, se trataba de un tipo de publicación algo artesana. Esa en particular llegaba a las estanterías de Laurel directamente de la mano del editor que no recurría a los servicios de ningún distribuidor y se presentaba en persona a tal efecto. Takano le había pedido que se volviera a pasar a recoger las copias no vendidas tres semanas después.

Mamoru reparó en el título: «Accidentes, suicidios y demás sucesos en los meses de septiembre y octubre», y tomó un ejemplar. Se preguntaba si encontraría aquella noticia sobre el accidente de su tío.

No encontró más que una simple mención del siniestro y algún que otro recorte de los tres principales rotativos, un diario de negocios, y del Tokyo Daily News, el periódico que solían leer los Asano. Un caso de secuestro ocupaba gran parte de la página. Mamoru pensó que no debían de ser pocas las desgracias que no quedaran plasmadas en las páginas de la prensa. Aquello no era justo; cualquier incidente era igualmente traumático para las personas implicadas.

Mientras ojeaba la revista, reparó en otro titular: «Una mujer se arroja a las vías al paso de un tren de la línea Tozai». Maki oyó hablar de ese incidente en el trabajo, y Mamoru recordaba lo que su prima le había relatado del suceso.

«En la estación, dijeron que la cabeza de esa mujer fue hallada en el enganche entre dos vagones. ¡Hablo en serio!».

Intrigado, Mamoru tomó asiento en el suelo y leyó la noticia. «La víctima responde al nombre de Atsuko Mita, de veinte años, trabajadora de…»

¡Atsuko Mita! ¿No era una de las mujeres entrevistadas para Canal de Información? Mamoru alzó la cabeza, parpadeó unas cuantas veces y volvió hundir la mirada en las líneas impresas. Atsuko Mita. Suicidio. No dejó ninguna nota, ni testamento.

Octubre: Atsuko Mita se quitaba la vida al saltar al paso de un tren. Noviembre: Yoko Sugano moría en un accidente, en lo que parecía ser un suicido puesto que, se abalanzó sobre el coche. Aún con la revista en la mano, Mamoru echó a correr hacia el teléfono público que había en esa misma planta. Intentó contactar con Hashimoto, de nuevo sin éxito.

Reflexionó durante un instante y decidió llamar al editor de la revista para preguntarle si otro suceso de semejantes características había sido publicado en ediciones anteriores. Mamoru explicó lo que quería averiguar y lo pusieron en espera. Impaciente, golpeaba los pies en el suelo mientras sonaba la melodía. Finalmente, alguien le atendió.

– ¿Oiga? Siento haberle hecho esperar. Efectivamente, hay algo sobre una tal Fumie Kato. Un artículo publicado el 2 de septiembre. Saltó desde la azotea de su edificio.

– ¿Se menciona si dejó testamento?

– Al parecer, no encontraron nada. Aquí dice que la policía no llegó a averiguar el motivo.

De modo que Fumie Kato también se había quitado la vida sin dejar tras ella su última voluntad.

– Otra pregunta, ¿ve en esa misma edición algún artículo sobre Kazuko Takagi?

Hubo una pausa que se prolongó unos minutos. Mamoru distinguió el sonido de la mujer pasando las páginas.

– No, no aparece ese nombre por ningún lado.

Tres. Ya iban tres. De las cuatro mujeres que aparecían en el artículo de Canal de Información, tres estaban muertas.

De súbito, Mamoru se dio cuenta de que Sato había vuelto y aguardaba a su lado.

– Eh, ¿qué pasa? Parece que acabaras de donar dos litros de sangre.

– Oye… me ha surgido algo. -Mamoru salió corriendo hacia la escalera. Tenía que ir a ver a Hashimoto. Seguro que Hashimoto también había caído en la cuenta. Esa debía de ser la razón de su llamada.

1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 66
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)