Lola Lo Revela Todo
- Автор: Гибсон Рэйчел
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Lola Lo Revela Todo». Краткое содержание книги:
Esta extraña pareja se encontrará a la deriva en medio del océano, mientras la temperatura sube sin control…
Max se puso de rodillas y le quitó las bragas. Se colocó entre las piernas de Lola e insertó los dedos en la cintura de los téjanos. Lentamente, los bajó por los muslos, descubriendo primero el vello negro y tupido que crecía en su bajo vientre. Luego liberó su erección, grande e imponente. La tomó en su mano y dirigió su vista a Lola. Entre las sombras del pino, el sol del Caribe se ponía, bañándolo en su luz dorada.
– Quítate el vestido, Lola -le dijo, con la voz ronca-. Quiero verte. Quiero verte entera.
El aire que rodeaba a Lola estaba cargado de deseo. Ella se desabrochó cada uno de los botones hasta el final. Levantó la mano para atraer a Max hacia sí, pero él colocó las manos en sus caderas y bajó el rostro hacia su vientre. Le besó el ombligo y el estómago, y enterró el rostro entre sus pechos, lamiéndoselos y raspándolos ligeramente con las mejillas ásperas. La erección de Max rozó el interior de los muslos de Lola, que sintió un escalofrío por todo el cuerpo.
Con manos temblorosas, Lola atrajo el rostro de Max hacia el suyo. Sus miradas se encontraron cuando él se dispuso a penetrarla. Él empujó la ancha cabeza de su pene caliente dentro de ella y empezó a menear las caderas adelante y atrás, con un ritmo lento y cadencioso que dio tiempo a Lola para colocarse bien antes de que él le sujetase los muslos y, con un embate final, entrase hasta el fondo. Lola, sin aliento, se agarró a los hombros de Max. Él la llenaba por completo y su calor la quemaba en lo más hondo. Un gemido incontrolado brotó de la garganta de Lola al tiempo que le rodeaba la cintura con una pierna.
Max inspiró con fuerza y aguantó el aire. Al contacto de las manos de Lola, sus músculos se habían vuelto de piedra.
– Lola -musitó en la mejilla de ella-. Dios, eres increíble. Tan caliente. -Max salió a medias de ella y luego se inclinó hacia delante.
Una ola de calor corrió por toda la piel de Lola. Le bajó por las piernas hasta las plantas de los pies. Le subió por el vientre, hasta los pechos y brazos. Cada arremetida era mejor que la anterior y la hacía desear más. Deseaba más. Más. Deseaba más. Más de él.
Dentro y fuera, con más fuerza. Más deprisa. Lola no podía respirar. A pesar de todo, continuaba. Continuaba recibiendo un placer exquisito, justo cuando creyó que iba a incendiarse, él le pasó una mano por debajo del trasero y le levantó la pelvis, buscando más profundidad.
– Max -susurró ella sin resuello-. Max, no te detengas
– No tengo ninguna intención -consiguió responder él mientras la embestía.
Debajo de la camiseta de Max, los vientres de ambos se tocaban y la piel, sudorosa, se les pegaba. Max la envolvió con los brazos y Lola se sintió consumida por completo por él. Sintió que la tomaba, la rodeaba y la llenaba por completo, que la conducía al orgasmo con cada acometida de sus caderas y su pene aterciopelado. Todo su mundo estaba concentrado en ese lugar interno al que él llegaba y en la intensidad con que la sentía. La cabeza le daba vueltas. Quizá dijo algo en voz alta, pero no estaba segura. Cerró los párpados y notó que Max le cogía el rostro entre las manos.
– Lola, abre los ojos y mírame.
Ella consiguió hacerlo, aunque con dificultad. Todo su mundo se reducía al punto en que su cuerpo estaba en contacto con el de él y a la sensación que la invadía y que la inducía a abrirse a cada embate de las caderas de Max.
– Quiero que me mires. Quiero verte a los ojos cuando te corras-le dijo.
Max vio cumplido su deseo. Inmediatamente, la primera ola de orgasmo arrastró a Lola con furia. Lola arqueó el cuerpo y se colgó de Max mientras su cuerpo la conducía a la cumbre del placer más vertiginoso. Lola abrió los labios y Max la besó, tragándose el largo gemido, tragándose a Lola por completo y exigiéndole más. Debajo de ese pino caribeño, Max alabó a Dios y maldijo en un mismo suspiro, repetidamente, hasta que hundió los dedos en el pelo de Lola y un rugido nació en lo más profundo de su pecho. El movimiento de caderas se hizo más rápido y más fuerte hasta que Max se clavó en ella una última vez.
En la calma súbita, el aire se llenó con la respiración agitada de ambos. Lola no estaba segura de cuánto rato había transcurrido, pero Max había aguantado su propio peso con sus brazos durante la mayor parte del tiempo mientras la cubría con su cuerpo.
– ¿Estás bien? -le preguntó Max.
Lola deslizó los dedos por su cabello y soltó una risita.
– Creo que sí.
– Dios, creo que nunca me había corrido con tanta fuerza. Eres maravillosa para fo…-se cortó-. No. -Sacudió la cabeza-. Quiero decir que eres una mujer maravillosa.
Lola rió en silencio. Ese desliz de Max era uno de los mejores cumplidos que había recibido jamás de un hombre.
– También me gustaría ser maravillosa follando.
– Bueno, lo eres.
Por encima de sus jadeos, el sonido de la salsa irrumpió en su paraíso particular y el mundo real los invadió. Max la besó en la frente y murmuró algo que ella no consiguió entender. Con el corazón desbocado y la piel todavía sensible al contacto con él, sintió que Max se apartaba de ella y se ponía de rodillas. Los últimos rayos de luz brillaron sobre el húmedo sexo de Max cuando éste se puso los calzoncillos. Echó un vistazo entre los arbustos y se giró hacia ella.
– Te mereces algo mejor que esto, Lola. Si de mí dependiera, ahora nos daríamos un chapuzón y luego volveríamos a empezar, esta vez despacio de verdad -le dijo mientras se abrochaba los pantalones-. Pero no tenemos tiempo, y debemos hablar en serio.
Lola se incorporó y se puso las bragas. Si de ella hubiese dependido, habría permanecido en los brazos de Max, disfrutando de la calma. No quería hablar en serio, pero sabía que tenían que hacerlo. Esa noche no había ocasión de remolonear ni de descansar. Tampoco de darse un chapuzón para volver a empezar.
– No sé cuánto tiempo tardaré en volver. Puede ser una hora, quizá más. Lo importante es que te quedes quieta aquí. No importa lo que oigas ni lo que veas.
Eso quería decir que aunque él tuviese problemas, ella no debía acudir en su ayuda. Lola se puso el vestido y se la abotonó.
– Todavía creo que debería ir contigo.
– No. -Max le sujetó la barbilla con los dedos y le levantó el rostro hacia él-. No puedo protegerte contra cuatro hombres armados. -Max bajó la mano-. Si me sucede cualquier cosa, quiero que hagas lo siguiente.
Lola sacudió la cabeza.
– No va a sucederte nada.
– Quiero que esperes hasta que esos hombres se hayan marchado definitivamente -continuó Max como si no la hubiese escuchado- Entonces, haz una hoguera en la playa. Hazla grande y aliméntala con todo el plástico que encuentres en el Dora Mae. El plástico produce un humo muy negro que se puede ver a distancia. -Max cogió los prismáticos y oteó la playa-. No olvides mantener el fuego vivo durante la noche. Si empapas la arena con el aceite que encontrarás en el barco, te será más fácil.- Bajó los prismáticos y se los dio-. Esos nidos de pájaro que te dije que había visto están muy secos; arderán bien.
– Max…
– Qué.
– No va a pasarte nada -repitió Lola, como si por el mero hecho de decirlo bastantes veces pudiera hacerlo realidad. No quería contemplar siquiera la posibilidad de que le ocurriese algo.
– Espero que no. -Max se puso de pie y la ayudó a levantarse-. Prométeme que no te moverás de aquí.