Deja en paz al diablo
- Автор: Вердон Джон
- Серия: Dave Gurney [es] #3
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Deja en paz al diablo». Краткое содержание книги:
Han pasado seis meses. David Gurney apenas ha conseguido reincorporarse a una cierta normalidad después de haberse encontrado al borde de la muerte tras resolver el caso más peligroso al que se había enfrentado. Madeleine, su esposa, está preocupada: ha sido diagnosticado con síndrome de estrés postraumático; nada parece alegrarle.
Hasta que recibe una llamada. Connie Clark, la periodista que creó la leyenda de superpoli, lo puso en la portada de una revista y lo catapultó a la fama, quiere pedirle ayuda. Su hija Kim está realizando un documental sobre las familias de las víctimas de un asesino en serie al que nunca atraparon, el Buen Pastor, y Connie quiere que Gurney supervise sus investigaciones y la guíe. En parte por aburrimiento y en parte por hacerle un favor a Connie, Gurney acepta.
Sin embargo, esto no será más que el principio. Incapaz de ponerle coto a su curiosidad y a su necesidad de resolver cada una de las incógnitas que se le presentan, David Gurney se verá arrastrado a una investigación para descubrir la verdadera identidad del asesino. Un asesino que es tan imprevisible como peligroso.
Si en Sé lo que estás pensando te asombró y en No abras los ojos te aterró, con Deja en paz al diablo, John Verdon consigue lo inesperado: sorprender al lector a cada página hasta dejarlo sin aliento.
Hizo una pausa. Su público permanecía atento.
– Quizás el hecho más revelador y que se ha pasado por alto respecto a la imitación es que… sienta bien. El proceso de imitación proporciona al organismo humano una forma de placer, una liberación de tensión. En todo lo que hacemos suele haber un sesgo a favor de la repetición, porque sienta bien.
A Holdenfield le brillaban los ojos. Su público parecía extasiado.
– Disfrutamos viendo lo que hemos visto antes y haciendo lo que hemos hecho antes. El cerebro busca un patrón de resonancia porque la resonancia proporciona placer.
Se apartó del podio, para conectar más directamente con sus oyentes.
– La supervivencia de cualquier especie depende de que cada nueva generación sea capaz de replicar los comportamientos de la generación anterior. Esta réplica podría surgir de la programación genética o del aprendizaje. Por ejemplo, las hormigas confían en gran medida en la programación genética de su conducta. Nosotros confiamos en gran medida en el aprendizaje. Los cerebros de los insectos nacen sabiendo prácticamente todo lo que necesitan saber, mientras que los cerebros humanos nacen sin saber prácticamente nada de lo que necesitan saber. El imperativo de supervivencia de los insectos es actuar. El imperativo de supervivencia del ser humano es aprender. El instinto del insecto lo impulsa a través de los actos específicos de su ciclo vital, mientras que nuestro instinto de imitación nos conduce a través del proceso de aprendizaje de cómo actuar.
Por lo que Gurney podía ver, todos los presentes estaban encandilados con sus palabras. En aquella sala, Holdenfield era una especie de estrella del rock.
– En este instinto se hunden las raíces del arte, del hábito, del placer de la creatividad, del dolor de la frustración. Mucho sufrimiento humano resulta de que el instinto de imitación tenga que enfrentarse directamente a recompensas y castigos externos. Consideremos el caso de un padre que pega a un hijo para castigarlo por haber pegado a otro niño. Se enseñan dos lecciones: pegar es una mala forma de tratar la conducta que nos resulta cuestionable (ya que está siendo castigada); y pegar es la forma adecuada de tratar la conducta que consideramos cuestionable (ya que se muestra como modelo de forma de castigar). El padre que pega a su hijo para enseñarle que no pegue, de hecho, le está enseñando a pegar. El potencial daño psíquico es enorme cuando la conducta que se muestra como modelo es la conducta que se castiga.
Durante la siguiente media hora, a Gurney le pareció que Holdenfield solo estaba repitiendo con otras palabras lo que ya había dicho. Aun así, lejos de aburrir a su público, parecía estar extasiándolo más todavía. Paseando y haciendo gestos teatrales, parecía una mujer con un dominio total de aquella gran sala de conferencias.
Finalmente, volvió a su posición detrás del estrado. En su expresión dejaba ver un gesto de triunfo.
– Por consiguiente, les pido que consideren la posibilidad de que el impulso de satisfacer el instinto de imitación sea el ingrediente más importante que falta en nuestra comprensión de la naturaleza del ser humano. Gracias por su atención.
Un fuerte aplauso se extendió por la sala. Un miembro del público de tez rubicunda y pelo blanco se levantó en la fila delantera y se dirigió a sus compañeros asistentes con la voz serena de un presentador de radio de los viejos tiempos.
– En nombre del grupo me gustaría dar las gracias a la doctora Holdenfield por esta estupenda presentación. Ha dicho que quería darnos algo en lo que pensar y, sin duda, eso es exactamente lo que ha hecho. Estamos ante un concepto más que intrigante. Dentro de unos quince minutos tendremos abierto el bar y el bufé. Entre tanto, tienen oportunidad de hacer preguntas y comentarios. ¿Le parece bien, Rebecca?
– Por supuesto.
Las «preguntas» fueron más bien una serie de loas a la originalidad del razonamiento de Holdenfield y expresiones de gratitud por su presencia. Después de veinte minutos de lo mismo, el hombre de pelo blanco se levantó otra vez, dio las gracias a Rebecca, una vez más, y anunció que el bar ya estaba abierto.
– Interesante -dijo Gurney con una sonrisa astuta.
Holdenfield le dedicó una mirada entre reticente y examinadora. Estaban sentados en un pequeño patio con una galería que daba a un césped muy bien cuidado salpicado de arbustos de boj. Brillaba el sol y, más allá del césped, el lago era tan azul como el cielo. Holdenfield lucía un traje chaqueta beis de seda y una blusa blanca del mismo material. No llevaba maquillaje ni joyas, a excepción de un reloj de oro que parecía caro. Se había recogido el cabello, de un castaño rojizo. Sus ojos castaño oscuro lo estaban estudiando.
– Ha venido muy pronto -dijo.
– Ya que venía quería aprender lo más posible.
– ¿De psicología filosófica?
– De usted y de su forma de pensar.
– ¿Mi forma de pensar?
– Tengo curiosidad por cómo llega a sus conclusiones.
– ¿En general? ¿O tiene una pregunta específica que no está formulando?
Gurney sonrió.
– ¿Cómo le ha ido?
– ¿Qué?
– Tiene buen aspecto. ¿Cómo le ha ido?
– Bien, supongo. Ocupada. Muy ocupada, de hecho.
– Parece que da réditos.
– ¿A qué se refiere?
– Fama. Respeto. Aplausos. Libros. Artículos. Conferencias.
Ella asintió, ladeó la cabeza, lo observó, esperó.
– ¿Y?
Gurney miró por encima del césped, al lago reluciente.
– Solo estoy remarcando la notable carrera que ha hecho. Primero un gran nombre en la psicología forense, ahora un gran nombre en la psicología filosófica. La marca Holdenfield está creciendo y brillando. Estoy impresionado.
– No, no lo está. No es tan impresionable. ¿Qué quiere? Gurney se encogió de hombros.
– Necesito algo de ayuda para entender el caso del Buen Pastor.
– ¿Y eso?
– Es una larga historia.
– Cuénteme la versión abreviada.
– La hija de una vieja conocida está produciendo un documental de televisión sobre las familias de las víctimas del Buen Pastor. Quiere que la vigile, que actúe como una especie de tabla de salvación para ella, etcétera. -Mientras Gurney estaba hablando, lo que de verdad significaba aquel etcétera lo estaba devorando por dentro.
– ¿Qué necesita saber?
– Mucho. Es difícil decidir por dónde empezar.
Detectó un tic de inquietud en la comisura de los labios de la psicóloga.
– Por cualquier sitio mejor que por ninguna parte.
– Patrón de resonancia.
Ella pestañeó.
– ¿Qué?
– Es un término que ha usado en su presentación de hoy. También lo usó en el título de un artículo de revista que escribió hace nueve años. ¿Qué significa?
– ¿Ha leído el artículo?
– Me intimidó el título tan largo y pensé que el resto me superaría.
– Dios, es usted un artista de la farsa. -Hizo que sonara como un cumplido.
– Así pues, hábleme del patrón de resonancia.
Ella miró otra vez su reloj.
– No estoy segura de tener tiempo suficiente.
– Inténtelo.
– Se refiere a la transferencia de energía entre constructos mentales.
– En el vocabulario de un humilde detective retirado, nacido en el Bronx, eso significaría…
Hubo un destello divertido en los ojos de Holdenfield.
– Es un concepto de sublimación de Freud repensado y revisado: la desviación forzada de energía peligrosamente agresiva o sexual a canales alternativos más seguros.