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El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]

Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:

Los comerciantes hani y sus antiguos enemigos, los kif, coexisten en precaria paz en la estación Punto de Encuentro. Hasta que el Extraño aparece y provoca la gran conmoción que acabará poniendo en peligro el pacto interestelar entre diversas especies. La capitana hani Pyanfar Chanur deberá afrontar la persecución de los kif, con la ayuda de los mahendo sat y la constante presencia de los misteriosos knnn. Y todo ello sin olvidar la defensa de la mismísima casa de Chanur en su planeta natal.
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
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—Beneficios —se apresuró a decir Pyanfar en tono conciliatorio una vez que el anciano mahe y su séquito se volvieron hacia ella.

—Problema primero con kif y ahora con knnn y tc’a. Engaños, fraudes y peligros para la estación.

—Una nueva especie, reverenciado mahe, ése es el tesoro que tanto inquieta a los kif. Se dan cuenta de que pueden obtener unos beneficios tales como nunca antes han conseguido y yo tengo en mi poder al único miembro superviviente de su grupo: una especie capaz de viajar por el espacio y de comunicarse, sabio mahe, una especie civilizada capaz de hacer cambiar el equilibrio del poder en el Pacto. Eso era lo que se puso en juego en Punto de Encuentro y por esa razón se destruyó la nave Handur, y ésta fue la parte de mi carga que me negué a echar al vacío. Supongo, reverenciado mahe, que estaremos de acuerdo en lo que pretenden hacer los kif con ese tipo de informaciones. ¿Queréis que os cuente con más detalle lo que sospecho, que los stsho sabían también algo de lo que ocurría? Los kif pretendían conquistar una parte mayor del espacio adyacente al suyo; ¿quizá intimidando a los stsho? Habiéndolo conseguido, se hallarían en posición de expandir sus operaciones y cambiar el mapa del Pacto para su beneficio, adquiriendo algo que, por su posición, no estaría dentro del alcance de los demás miembros del Pacto. Sólo los stsho, dispuestos a lamerle los pies a la especie kif.

Y, entonces, ¿qué futuro le aguardaría al Pacto? ¿Qué sería de este Pacto que mantiene y hace posible todo nuestro provechoso comercio? ¿Qué sucedería con el equilibrio actual? Dejad que os diga lo que tengo: tengo una cinta, mi gran y preclaro mahe, tengo una cinta para un traductor simbólico; una cinta por la cual los kif sacrificaron bastantes vidas, pero que no lograron conseguir. No somos egoístas: pongo esta cinta a la libre disposición de los mahendo’sat igual que a la de nuestra especie, todo ello en interés de que ese conocimiento se difunda lo más posible entre especies con intenciones idénticas. Pero quiero ver reparada mi nave, que se olviden todas esas multas y la seguridad de que Chanur seguirá gozando de la amistad de esta grande y poderosa estación.

El Maestre inclinó bruscamente las orejas, con los ojos abiertos como platos. Se dio la vuelta, dejando que su Portavoz lidiara con el problema.

—¿De dónde viene este ser? ¿Cómo nosotros sabemos inteligente? ¿Cómo nosotros sabemos amistoso?

—Tully —dijo Pyanfar, poniéndole la mano en el brazo y haciéndole avanzar—. Tully, es el Portavoz del Maestre de la estación, un amigo, Tully.

Durante un terrible instante sintió la tensión de su brazo, como si Tully se dispusiera a salir corriendo.

—Amigo —dijo luego Tully, obedeciéndole. El Portavoz frunció el ceño, observando atentamente el rostro de Tully, que se hallaba al mismo nivel que el del mahe.

—¿Habla hani? —preguntó el Portavoz.

—Voy en nave de Pyanfar. Amigo.

Dioses, toda una frase. Pyanfar le apretó levemente el brazo y luego se puso delante de él, en un gesto de protección. El Portavoz torció levemente el gesto y, algo más atrás, el Maestre se volvió a mirarles con interés.

—Tú nos traes este problema —dijo el Stasteburana—. Y los knnn… ¿por qué knnn?

—Un residente de Urtur. No pretendo decir que pueda entender a los knnn. Se puso nervioso, inquieto… pero eso no fue por mis actos, noble mahe. En este momento el curso de acción más seguro para la estación de Kirdu es ponerse a mi lado; y para ello, me temo que está antes la cuestión de ciertas reparaciones esenciales.

El anciano mahe respiraba aguadamente, con las fosas nasales dilatadas al máximo. Habló brevemente con su Portavoz, y éste le respondió algo en lo que se mencionaba a los kif y a los knnn. El Maestre se volvió nuevamente hacia ella.

—Este trato con la cinta…

—Es la clave para entender a otra especie, reverenciado mahe. Los mahendo’sat tendrán acceso a ella y encontrarán naves de esta especie, con lo que podrán asegurar que el encuentro sea pacífico y la comunicación perfecta. Y pensad que no estáis tratando con ninguna extraña que vaya a esfumarse una vez os haya engañado. Chanur espera volver de nuevo a Kirdu en el futuro, Chanur espera… ¿me permitís que os hable en confianza? Chanur espera explotar este nuevo hallazgo.

El Stasteburana miró a Tully con cierto nerviosismo.

—¿Y cuál es el hallazgo? Hallazgo es problema. Da problemas.

—¿Estáis dispuesto a permitir que sean los kif quienes planten la cosecha y la recojan luego? Estad seguro de que lo harán, mi buen mahe, si antes no lo hacemos nosotros.

El Maestre agitó las manos, cada vez más nervioso, acercándose luego al dignatario que sostenía el enfadadísimo peluche y lo cogió de nuevo, acariciándolo y hablándole con mucha suavidad. Luego miró a Pyanfar.

—Reparaciones empiezan —dijo el Stasteburana y se acercó a Tully, que no se movió ni un centímetro pese a los gruñidos de la criatura acurrucada en los brazos del mahe. El peluche gruñía cada vez más fuerte. El mahe se quedó inmóvil, contemplando a Tully durante varios segundos y por último, con un visible estremecimiento, alzó la mano con que había estado acariciando al peluche, haciéndole una seña a su Portavoz—. Haz documentos este ser consciente. Haz reparaciones. Todas las hani se van. Irse. —Sus ojos se volvieron bruscamente hacia Pyanfar—. Pero tu das cinta. No decimos nada a kif.

—Sabio mahe —replicó Pyanfar con toda la dignidad de que fue capaz, haciendo una reverencia. El Maestre agitó los dedos y les indicó que se fueran con el Portavoz, mientras que el peluche les gruñía hasta perderles de vista.

Bien, pensó Pyanfar mientras pasaban por los trámites de la oficina exterior y los nerviosos empleados mahendo’sat identificaban a Tully. Bien, ya tenían sus promesas. Mantuvo las orejas bien erguidas y el rostro afable, sonriendo con extraordinaria buena voluntad a los empleados. Chur no apartaba nunca demasiado la mano del brazo de Tully, cubriéndole la espalda en todo momento y tranquilizándole a cada nuevo trámite, dando respuestas por él y haciéndole estar bien quieto en el momento de grabar su imagen, así como instándole a firmar cada vez que se requería. Pyanfar se inclinó un poco hacia adelante y distinguió fugazmente una firma de tan intrincada regularidad que nadie habría podido tomarla por un garabato de iletrado.

—Bien —dijo, dándole una palmada a Tully en el hombro mientras el documento volvía a las manos de los empleados mahendo’sat; y luego alzó bruscamente la cabeza, arrugando la nariz al sentir un leve perfume, Dos stsho habían entrado en ese mismo instante. Se quedaron muy quietos, con su enjoyada palidez destacando incongruentemente entre la imponente arquitectura mahendo’sat, con sus monolíticos escritorios y colores chillones. Sus ojos pálidos y duros no se apartaban ni un segundo de Tully y el resto del grupo. Los espaciosos cerebros stsho guardaban auténticos tesoros de precisión y detalle para satisfacer el amor que sentían sus propietarios hacia la murmuración, que para ellos era algo tan digno del comercio como cualquier otro artículo. Pyanfar les enseñó los dientes y los stsho, muy sabia y prudentemente, no se acercaron ni un paso más al grupo.

Los documentos volvieron a ellos, ahora plastificados para hacerlos mucho más duraderos, con el rostro de Tully en cada uno e indicando su especie: la clasificación general le daba la categoría de tener cierta capacidad para el viaje espacial y el sexo le hacia varón. La mayor parte de casillas estaban en blanco. Pyanfar se los entregó a Tully, le dio otra palmada en el hombro y le hizo dar la vuelta, indicándole que se dirigiera a la puerta, para lo cual pasaron ante los stsho, que no habían cesado de mirarles.

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