El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]
- Автор: Черри Кэролайн Джэнис
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-7735-856-7
- Переводчик: Albert Sole
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
Se desnudó y tomó una ducha, dejando en el desagüe un buen montón de pelo. Luego de secarse se cepilló a conciencia, arreglándose barba y melena. Esta vez le tocó el turno a los pantalones de seda roja, el brazalete de oro y el pendiente con la perla. Al examinarse en el espejo sintió cierta satisfacción y su ánimo se recobró un poco, Después de todo, el aspecto personal siempre significaba algo. Los mahendo’sat eran muy sensibles a él, casi tanto como los stsho.
Prosperidad ofendida, ése era el mejor modo de tratar con ellos. Conocían bien a la Orgullo y mientras creyeran intacta la fortuna de Chanur y siguieran pensando que el poder de Chanur contaba mucho entre los hani, quizá Pyanfar pudiera mantener ciertas esperanzas de que los mahendo’sat se mostraran bien dispuestos a echarles una mano.
Y, a decir verdad, pensó mientras le dirigía una gélida sonrisa a la espléndida capitana hani del espejo, necesitaban esa ayuda más que deprisa.
Akukkakk seguía existiendo.
Ojalá los dioses se lo llevaran.
Quizá le había puesto en ridículo lo suficiente como para que sus propios súbditos se volvieran contra él, pero pasaría cierto tiempo antes de saber si había ocurrido así. Un largo tiempo lejos de su puerto natal, manteniendo el oído aguzado a la espera de cualquier rumor.
Librarse del Extraño, librarse de Tully… Si fuera tan fácil salir del problema haciendo eso…
Examinó atentamente sus ojos reflejados en el cristal, con las orejas pegadas al cráneo, y meditó en las maldades que se le ocurrirían indefectiblemente a todo mercader que se topara con el Extraño. Después de pensar un poco sus labios se curvaron en una sonrisa más bien feroz.
Bien, bien, bien, Pyanfar Chanur. Existía una forma de resolver varios problemas a la vez. Probablemente a Tully no le gustaría pero un Extraño que aparecía a bordo mendigando pasaje debía conformarse ciertamente con lo que le dieran y Pyanfar no estaba dispuesta a caer de rodillas anee Tahar.
Conectó el comunicador y se encontró el habitual montón de mensajes esperando ser contestados.
—No hay nada urgente, de veras —le dijo Geran—. Resumiéndolos todos, la estación sigue bastante nerviosa.
—Tully está con Chur, ¿no? ¿Le ha limpiado?
—Ha tenido cierto problema.
—No me hables de problemas, ya tengo bastantes. ¿De qué se trata?
—Nuestro Tully tiene ideas propias en cuanto a eso de arreglarse. Quiere afeitarse.
—Dioses y truenos. ¿En el lavabo?
—Está aquí ahora mismo.
—Ya voy.
Se lanzó hacia la puerta y retrocedió en busca del auricular para el traductor, saliendo luego a toda prisa. ¡Afeitarse! Sus orejas se pegaron al cráneo y luego se enderezaron nuevamente mientras Pyanfar pensaba que, después de todo, cada especie tenía sus propias costumbres.
Pero el aspecto personal, por los dioses…
Cuando llegó, sin haber reducido el paso y siendo muy consciente de ello, se encontró al trío; Geran, Chur y Tully, todos claramente con aspecto miserable y ahogando sus miserias en una buena ronda de efe. Las tres cabezas se alzaron hacia ella, la más nerviosa, a juzgar por sus rasgos, la de Tully, el cual aún poseía, gracias a los dioses, toda su barba y melena, teniendo un aspecto bastante decente gracias a un par de pantalones nuevos.
—Pyanfar —dijo, poniéndose en pie.
—Capitana —le corrigió ella secamente—. ¿Qué quieres, Tully? ¿Cuál es el problema?
—Quiere las tijeras —dijo Chur—. Yo le arreglé un poquito. —Lo había hecho, desde luego, y no le había quedado nada mal—. Pero quiere quitarse la barba.
—Ya… No, Tully. Equivocado.
Tully se dejó caer nuevamente en su asiento, sosteniendo la taza de efe en las dos manos, con aire abatido.
—Equivocado.
Pyanfar lanzó un suspiro.
—Eso es más razonable. Haz lo que yo te digo, Tully. Debes tener un buen aspecto para cuando te vean los mahendo’sat, Ahora estás muy bien. Estupendo.
—Igual -hani.
—Igual que un hani, sí.
—Mahendo’sat. Aquí.
—Estás a salvo, todo va bien. Son gente amistosa.
Los labios de Tully se fruncieron en una mueca pensativa. Movió la cabeza, asintiendo, aparentemente más bien con tranquilidad. Luego se llevó la mano a la nuca y, apretando su melena de color claro entre los dedos, tiró de ella hacia atrás.
—¿Bien, así?
—No —dijo Pyanfar, y la mano de Tully soltó su pelo.
—Yo hago todo tú dices.
Pyanfar agitó las orejas y se metió los dedos en el cinturón.
—¿Todo? —se encontraba más bien susceptible en lo tocante a su honor y en los ojos claros del Extraño había una confianza que le resultaba casi inquietante—. Quizá te acabara asustando saber lo que quiero. Puede que te pidiera demasiado.
Parte de su discurso fue comprendido y la confianza que brillaba en su mirada disminuyó de forma palpable.
—¿Te doy miedo, Tully? —Movió la mano en un amplio arco hacia las paredes de la nave—. Ahí fuera hay una estación: Kirdu. La especie mahendo’sat manda en este lugar. Al lado tenemos una nave hani. En el muelle hay también stsho.
—¿Kif?
—Dos naves, no las mismas. No es probable que sean de Akukkakk. Supondrán un problema si nos quedamos aquí demasiado tiempo, pero no harán nada brusco contra nosotras por ahora. Quiero que salgas, Tully. Quiero que vengas conmigo al muelle de la estación para conocer a unos mahendo’sat.
La había entendido. Un músculo tembló levemente en su mandíbula.
—Soy tripulación de esta nave —dijo. Parecía una pregunta.
—Sí. No voy a dejarte aquí. Seguirás conmigo.
—Vengo —dijo Tully.
Así de sencillo. Pyanfar le contempló durante un momento y luego, con un gesto lleno de sobreentendidos, extendió su mano hacia la taza de Tully. Él la miró durante unos segundos, perplejo, y luego se la entregó. Pyanfar bebió, dominando el inicio de un escalofrío, y se la entregó de nuevo.
Tully bebió también, mirándola, como midiendo sus reacciones, hasta terminar la taza. Nada de prejuicios ni repugnancia hacia otras especies. Pyanfar movió la cabeza en señal de aprobación.
—Iré contigo, capitana —se ofreció Chur.
—De acuerdo —dijo Pyanfar—. Geran, quédate; no podemos dejar la nave sin alguien que cuide de las cosas y el resto de gente está descansando. Pensamos ir sólo hasta las oficinas y volver; no deberíamos tener problemas. Al menos, no espero tenerlos.
—Bien —dijo Geran, con cierta preocupación en el rostro.
Pyanfar puso la mano en el hombro de Tully, percibiendo entonces lo fría que estaba su piel y dándose cuenta, por primera vez, de que siempre encorvaba el cuerpo al sentarse, Tully se puso en pie, temblando levemente.
—El traductor no funcionará fuera de la nave, ¿entiendes, Tully? Una vez fuera de la rampa no podremos entendernos mutuamente. Por lo tanto, te lo digo ahora: quédate siempre conmigo; no te separes de mi lado y obedéceme en todo momento.
—Ir a las oficinas.
—Eso es, a las oficinas. —Extendió el dedo, presionándole el pecho con la afilada punta de una garra—. Amigo mío, voy a intentar que te permitan pasar legalmente. Si te llevamos a bordo en secreto, saliendo del territorio mahendo’sat contigo para dirigirnos hacia Anuurn, nuestro mundo… bueno, quizás hubiera problemas. A los mahendo’sat se les podría ocurrir que estábamos guardando en secreto algo que ellos debían conocer. Así pues, revelaremos tu existencia y dejaremos que te vean todos: mahendo’sat, stsho; sí, incluso los kif. Andas vestido, sabes pronunciar algunas palabras en hani y quizá con eso consigamos que te registren y te den documentos adecuados, todo lo que un buen ser civilizado necesita para ser considerado legalmente como una entidad dentro del Pacto. Intentaré que hagan todo eso para ti y después de que tengas todos esos documentos no habrá modo alguno de que nadie pueda decir que no eres inteligente. Te registraré como parte de mi tripulación. Te daré un documento y tú pondrás tu nombre allí donde yo te diga. Y no me causes problemas. ¿Me has entendido? Eso es todo lo que puedo decirte, nada más.