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El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]

Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:

Los comerciantes hani y sus antiguos enemigos, los kif, coexisten en precaria paz en la estación Punto de Encuentro. Hasta que el Extraño aparece y provoca la gran conmoción que acabará poniendo en peligro el pacto interestelar entre diversas especies. La capitana hani Pyanfar Chanur deberá afrontar la persecución de los kif, con la ayuda de los mahendo sat y la constante presencia de los misteriosos knnn. Y todo ello sin olvidar la defensa de la mismísima casa de Chanur en su planeta natal.
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
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—¿Carguero mahe? —preguntó Pyanfar.

Haral hizo un gesto de asentimiento.

Las transmisiones que recibía la Orgullo procedían de la estación y la estación debía estar utilizando los datos procedentes de naves más lejanas, al igual que de las minas de Lijahan y de cualquier otra fuente capaz de proporcionárselos, con lo que el tiempo relativo era bastante difícil de calcular ahora. El carguero iba aumentando su velocidad a medida que transcurrían los minutos, propulsándose con su campo de salto. La distancia que los separaba iba reduciéndose con agónica lentitud mientras que las imágenes de la pantalla iban variando, manteniéndose en relación con algo que ya había sido decidido hacía tiempo, en un sentido o en otro.

Por el comunicador oyeron de pronto una transmisión gemebunda. Knnn.

—Dioses —dijo Tirun—. Por ahí fuera hay una nave knnn.

Desde el puesto de mando de la estación le respondió una voz tc’a. Luego oyeron más transmisiones: una serie de voces knnn, un discordante concierto de gemidos.

—Chanur —dijo de pronto una voz hani, clara y aparentemente muy próxima—. ¿Esto también es obra tuya?

Pyanfar extendió la mano hacia el interruptor, haciendo todo un esfuerzo de voluntad para esconder la garra que había surgido automáticamente.

—Tahar, ¿eso es una pregunta o una queja?

—Aquí Dur Tahar. Es una pregunta, Chanur. ¿Qué sabes de todo esto?

—Ya te lo dije. No hablemos de esto por el comunicador, Tahar.

Silencio. La nave Tahar no era aliada de la tripulación Faha. Las vidas que corrían peligro ahora eran aliadas de Chanur pero si alguna nave de la estación hubiera podido llegar ahí a tiempo, la Luna Creciente lo habría intentado: Pyanfar no dudaba de ello. El permanecer inmóvil vigilando la pantalla era un esfuerzo doloroso. Tirun, a su lado, se había reclinado en su asiento y Hilfy contemplaba la pantalla en silencio mientras sus parientes Faha y la ruina que antes fue una nave Faha se acercaban cada vez más y más al límite de recepción. Después de que hubieran rebasado ese punto ningún sistema observador sería capaz de seguirles. Ahora la estación recibía una transmisión de una fuente distinta, el mercante Hasatso, la nave de carga que perseguía a la Buscaestrellas y la única que se encontraba cerca de ella. El punto luminoso que representaba a la Buscaestrellas acabó desapareciendo de la pantalla.

—Nave Chanur —transmitió la estación—, nave Tahar. Advertimos que mercante Hasatso se vio obligado a expulsar la carga; hacer todo lo posible.

—Chanur y Faha pagarán las compensaciones adecuadas —replicó Pyanfar y apenas una fracción de segundo después la Luna Creciente transmitió su agradecimiento a la Hasatso a través de la estación.

—Que los dioses cuiden de ellos —murmuró Haral. Habían arrojado su cargamento para ganar más velocidad, para acudir en socorro de unas vidas en peligro que no pertenecían a su especie.

Un gemido knnn y ninguna otra señal. Durante largo tiempo todas las respiraciones de la Orgullo parecieron convertirse en un solo aliento colectivo.

—Están casi ahí —dijo Hilfy en voz muy baja.

—La han alcanzado —dijo Tirun—. Ahora es imposible que fallen.

Todo ocurrió con gran lentitud. Las transmisiones de la Hasatso fueron haciéndose gradualmente más esperanzadas hasta que, por fin, informaron de que habían capturado el módulo.

—Señal hani —le dijo la Hasatso a la Estación de Kirdu—, en módulo. Viven.

Pyanfar exhaló por fin el aliento que había estado conteniendo. Sonriendo, le apretó el brazo a Hilfy, que parecía totalmente agotada.

—Tahar —transmitió Pyanfar—, ¿han recibido ese informe?

—Recibido —contestó lacónicamente la nave Tahar.

Pyanfar cerró el contacto y se quedó inmóvil por unos instantes con las manos sobre el tablero que tenía delante. Una nave perdida: algo que, como pedía la tradición, bien merecía ser lamentado. El hogar y la vida de toda la tripulación Faha se había esfumado para siempre.

—Estación —transmitió después de unos instantes más—, dígale a la tripulación Faha que Chanur le envía su más profundo dolor por lo ocurrido y que ker Hilfy Chanur par Faha les ofrece todos los recursos que en estos momentos están en manos de la Orgullo de Chanur.

—Dígales —otra vez, transmitiendo directamente—, que Dur Tahar de la Luna Creciente de Tahar, les ofrece también su ayuda.

Eso era sólo cortesía. Pyanfar se reclinó en el almohadillado y finalmente se irguió, estirando los hombros.

—Ya hemos hecho todo lo posible. Hilfy, trae algo de beber; ya que he sido despertada tan bruscamente, es lo menos que se me debe. Algo de beber y el desayuno: mientras, oiré los informes menos urgentes, Haral, ¿quién está de guardia ahora?

—Yo.

—Bien. Entonces, baja a la cubierta inferior. Tirun, a descansar.

—De acuerdo —murmuró Tirun, levantándose con cierta dificultad tras apoyarse en el tablero para salir cojeando detrás de Hilfy. Pyanfar se recostó en la consola de comunicaciones y miró a Haral, sentada en el número dos.

—Esa nave knnn está ahora orbitando Lijaban —dijo Haral, examinando las pantallas—. Aún sigue armando jaleo. Me extraña mucho que no intentaran recuperar parte de la mercancía perdida.

—Bien. Mi única esperanza es que se queden ahí un buen rato.

—La cuadrilla de reparaciones sigue trabajando en nuestra cola. También se están ocupando de las conexiones. El cable está ya listo, sólo falta asegurarlo. Pero faltaban catorce paneles y había seis algo sueltos. Creen que dentro de unas veinte horas más, trabajando sin parar, tendrán colocados los nuevos.

—Dioses —Pyanfar se pasó la mano por la frente y luego por la melena, pensando en los kif, en el ataque que había reducido la Buscaestrellas a una ruina condenada. Aparte de los knnn también se podía esperar otras visitas a los despojos metálicos; estaban los kif de la estación, que por el momento no daban señal alguna de movimiento. Eso no era natural. Nadie se movía excepto quizás unos cuantos mineros impulsados por la ambición. Pero, de momento, nadie de la estación. Las noticias se habían extendido y los rumores hacían que todo el mundo se sintiera algo inquieto.

—La nave Tahar —dijo Haral unos instantes después— ha presentado una petición para terminar con sus operaciones de carga. Se lo han concedido.

—Qué gran ayuda. Al menos, están aquí de momento.

—Ésa es la ayuda típica de toda la casa Tahar, si se me permite decirlo.

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