Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » La estrella de los gitanos [Star of Gypsies - es]
La estrella de los gitanos [Star of Gypsies - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La estrella de los gitanos [Star of Gypsies - es]

Электронная книга - «La estrella de los gitanos [Star of Gypsies - es]». Краткое содержание книги:

En el año 3159, la humanidad ha conquistado las estrellas, y los otrora despreciados gitanos son hoy mimados y respetados, porque solo ellos pueden llevar a buen puerto las astronaves en sus largos saltos estelares.
Pero los gitanos tienen también otros talentos,. Arrastrados por su tradición errante, siguen vagando, pero hoy no solo a través del espacio, sino también del tiempo: su facultad de espectrar les permite trasladarse a las más remotas épocas, y volver al viejo y ya desaparecido planeta Tierra para contemplar su vida pasada, desde el esplendor de la antigua ciudad de Atlantis hasta el horror de los campos de exterminio nazis.
Y los gitanos mantienen un antiguo sueño: volver a su mundo de origen. Porque ellos nunca fueron nativos de la Tierra. Y así, contemplan desde el cielo de los mil mundos por los que se hallan ahora dispersos la Estrella Romani, de la que tuvieron que huir precipitadamente para salvar sus vidas, y anhelan el día en que podrán regresar a su hogar. Y quien mas lo anhela es Yakoub, el Rey de los Gitanos, un personaje mezcla de Falstaff y Ricardo Corazón de León, que abdicó de su trono para poner las cosas en su sitio y ahora tiene que volver a él para cumplir con el último destino de la raza rom.
1 ... 32 33 34 35 36 37 38 39 40 ... 117
Перейти на страницу:

Nada de esto tuvo mucho sentido para mí, como tampoco lo tiene ahora. Matar de hambre a tus trabajadores no es una buena forma de incrementar la producción. Hacer virtualmente imposible comprar nuestra libertad no sólo iba contra la política establecida de la liga de intentar librarse de nosotros cuando alcanzáramos los doce años, sino que eliminaba completamente nuestro incentivo de llenar nuestras escudillas. (Pero por supuesto eran las conversaciones que grabábamos, no las monedas que acumulábamos, lo que realmente interesaba a la liga. Aun así, nuestras ganancias distaban mucho de ser despreciables.) La mejor explicación que puedo dar es que estaban intentando convertimos en unos descontentos, de modo que así tuvieran un pretexto para vendernos mientras aún estábamos bajo su dominio en vez de dejarnos trabajar hacia nuestra libertad. Una política mezquina y abocada al fracaso, pero la historia humana está llena de tales cosas.

¿Que si protestamos ante todo aquello, preguntan? ¿A quién? ¿Y para qué? Éramos esclavos.

Yo me sentía tan satisfecho de estar entre mis voluptuosas damas —y ahora estaba a punto de cumplir los diez años, cada día era iniciado a nuevos misterios—, que los nuevos cambios en la logia me importaron muy poco al principio. Pero estaba creciendo rápidamente y me sentía hambriento todo el tiempo bajo las nuevas raciones, lo cual me ponía furioso. Y a la hora del recuento mensual descubrí que me hallaba impotentemente lejos de mi libertad, mi regreso a Vietoris, mi familia, mi padre. Así que cuando mis compañeros mendigos empezaron a agitarse y a conspirar entre ellos, me sentí muy dispuesto a unir mis esfuerzos a los suyos.

El líder era Focale. Era el muchacho de rostro plano que me había preguntado mi precio aquel primer día de nuestro viaje a Megalo Kastro. Entonces no me había gustado. Pero después habíamos terminado haciéndonos amigos, más o menos. Ahora era más alto y con un rostro aún menos agraciado, con extraños rasgos medio formados y unos ojillos descoloridos.

—Debemos escapar —dijo un día, mientras estábamos en los baños. Puesto que no llevábamos nuestros amuletos, sus palabras no podían ser registradas para nuestros amos —. No pueden retenernos. Nos abriremos camino hasta el astro-puerto y nos introduciremos en una de las naves que vayan a partir.

Era una completa locura, por supuesto. Pero deben recordar que todavía seguíamos siendo sólo unos niños.

De todos modos lo intentamos, no una sino cuatro veces. Nos deslizamos fuera de la logia y fuimos a pie cruzando la ciudad hasta el astro-puerto, con la esperanza de conseguir escapar. Fuimos cogidos cada vez. Los censores aparecieron bruscamente delante y detrás de nosotros, sus manos se cerraron sobre nuestras nucas, las patadas y los bofetones, los días de pan y agua: eso fue lo que ocurrió cada vez. Nunca tuvimos ninguna oportunidad de escapar. Había transmisores tele-vectores en nuestros amuletos sagrados que radiaban constantemente nuestra localización, pero nosotros no lo sabíamos. Una vez incluso nos dejaron llegar hasta las inmediaciones del astro-puerto. Contemplamos las grandes naves erguidas con el morro apuntando al cielo e intentamos imaginar a qué mundos iban destinadas.

—¡Galgala! —exclamó Focale —. Donde todo es de oro. —Y Anxur susurró —: ¡No, Marajo! Hay un desierto allí cuya arena brilla como diamantes. —Sphinx habló de los lujuriantes bosques de Estrilidis, donde los felinos tenían dos colas. Y entonces los censores se alzaron delante y detrás de nosotros, y nos cogieron, y nos golpearon hasta que lloriqueamos pidiendo misericordia.

Ése fue nuestro tercer intento. Nunca volvimos a ver a Focale después de ello. Supusimos que había sido vendido fuera del planeta, porque era el peor busca-problemas de la logia.

Incluso sin él estábamos decididos a escapar. Yo más que los otros: me convertí en el líder en su lugar, pese a que era uno de los más jóvenes. Mi esclavitud, que había soportado confortablemente durante los primeros años, se había convertido ahora en un peso intolerable. Me sentía furioso todo el tiempo. Espumaba de rabia e impaciencia. ¿Por qué debía pasar mi adolescencia en aquel miserable y sudoroso mundo, mordisqueando mendrugos de pan seco y mendigando en mugrientos prostíbulos unas cuantas monedas? Vivía día y noche sólo para el momento de alcanzar la libertad. Mientras recorría la ciudad estudié el laberinto de callejuelas y pasajes cubiertos, elaborando un itinerario que imaginaba me permitiría eludir a los censores. Mis amigas las prostitutas podrían ayudarme. Tenía intención de pasar de alcoba en alcoba, ocultándome detrás de sus faldas y debajo de sus camas, zigzagueando por la ciudad hasta alcanzar el lugar desde donde pudiera correr hacia la libertad. Luego tendría que arriesgarme con los horrores con alas y picos de la jungla exterior, pero tenía un plan. Iría hacia el oeste, alejándome del astro-puerto, y buscaría refugio durante la noche en la gran fortaleza que dominaba el mar. Nunca esperarían eso; pensarían que me sentiría aterrorizado sólo de acercarme a aquel lugar. A todo el mundo le ocurría. Pero yo era rom; ¿por qué debería temerle a un montón de viejas piedras? Me ocultaría allí y les dejaría creer que había sido devorado por algún monstruo salvaje, y al cabo de un tiempo volvería, rodeando toda la ciudad. Cuando alcanzara el astro-puerto suplicaría refugio al primer rom al que espiara, y eso podría ser el fin de mi esclavitud. O eso creía.

Me atraparon antes de que hubiera recorrido media ciudad, y esta vez me golpearon sin la menor piedad. Pensé que iban a romperme todos los huesos, y quizás ésa fuera su intención, pero yo era joven y ágil. Luego me llevaron ante el procurador. Aquel hombre siniestro y glacial me miró fijamente y luego preguntó al maestro de la logia:

—¿Cuántas veces han sido?

—Este es su cuarto intento, señor.

—¿Dónde adquirimos esta basura? Haz con él lo que hiciste con el otro. Aquél tan desagradable.

Así que iban a enviarme al mismo lugar donde habían enviado a Focale. No me importó. Nada podía ser peor que seguir en la logia.

Un censor de la liga, con un bovino rostro rojo y unos hombros enormes, me hizo subir a un todo terreno, y nos dirigimos al norte y luego al oeste durante media hora o así. Era un día bochornoso, y el sol estaba cubierto por un velo verde grisáceo. Al cabo de un tiempo vi la oscura silueta de la antigua fortaleza erguirse recortada contra el cielo, allá delante.

Pese a todo mi valor contuve bruscamente la respiración y me hundí en mi asiento. ¿Qué íbamos a hacer allí?

Pero no íbamos allí. El censor giró hacia una carretera lateral que conducía directamente al mar. Nos detuvimos en una curva y me ordenó que bajara. La carretera seguía en aquel tramo el borde de un agreste acantilado de una piedra verdosa, blanda y de aspecto jabonoso, muy dentada y erosionada. El mar se extendía a veinte o treinta metros más abajo; era una caída en vertical desde el borde mismo de la carretera. Miré por encima de aquel borde. Nunca antes le había echado una mirada de cerca al mar de Megalo Kastro. No era nada que se pareciera al agua; era rosado y de aspecto rígido, como si estuviera recubierto por alguna especie de asquerosa espuma, y de él brotaba un ligero vapor. Su superficie era áspera y grumosa. No había nada parecido a olas. Permanecía casi inerte, apretando contra la orilla, efectuando pequeños y siniestros movimientos ondulantes.

1 ... 32 33 34 35 36 37 38 39 40 ... 117
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)