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La estrella de los gitanos [Star of Gypsies - es]

Электронная книга - «La estrella de los gitanos [Star of Gypsies - es]». Краткое содержание книги:

En el año 3159, la humanidad ha conquistado las estrellas, y los otrora despreciados gitanos son hoy mimados y respetados, porque solo ellos pueden llevar a buen puerto las astronaves en sus largos saltos estelares.
Pero los gitanos tienen también otros talentos,. Arrastrados por su tradición errante, siguen vagando, pero hoy no solo a través del espacio, sino también del tiempo: su facultad de espectrar les permite trasladarse a las más remotas épocas, y volver al viejo y ya desaparecido planeta Tierra para contemplar su vida pasada, desde el esplendor de la antigua ciudad de Atlantis hasta el horror de los campos de exterminio nazis.
Y los gitanos mantienen un antiguo sueño: volver a su mundo de origen. Porque ellos nunca fueron nativos de la Tierra. Y así, contemplan desde el cielo de los mil mundos por los que se hallan ahora dispersos la Estrella Romani, de la que tuvieron que huir precipitadamente para salvar sus vidas, y anhelan el día en que podrán regresar a su hogar. Y quien mas lo anhela es Yakoub, el Rey de los Gitanos, un personaje mezcla de Falstaff y Ricardo Corazón de León, que abdicó de su trono para poner las cosas en su sitio y ahora tiene que volver a él para cumplir con el último destino de la raza rom.
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Una vez me di cuenta de lo que estaba ocurriendo encontré un nicho para mí que los demás muchachos no se habían molestado en tocar. En vez de pedir a los mineros, pedía a las prostitutas.

Su liga tenía el mismo sistema que nosotros, pero ellas estaban sujetas a un mínimo de diez años de servicios, de modo que no sentían la misma presión que nosotros acerca de ganar y ahorrar, ganar y ahorrar. Y descubrí rápidamente lo fácil que era extraerles unas cuantas monedas. Sólo había que despertar en ellas el sentido maternal, ése era el truco. Dejar que se sintieran madres hacia ti. Y pagaban y pagaban y pagaban.

¡Buen Dios, cómo deseé tener unos cuantos años más! Pasaba mis días de trabajo en esta y aquellas alcobas perfumadas, dejando que me apretujaran contra sus brillantes y oscilantes pechos o apoyaran mi mejilla contra sus orondos y enjoyados vientres. Incluso después de todo este tiempo las recuerdo vívidamente, incluidos sus nombres: Mermela, Andriole, Salathastra, Shivelle. La fragancia de sus cuerpos. El sedoso lustre de sus muslos. Aquellos rosados pezones, aquella elástica piel. Cada una de ellas era hermosa. (Quizá no lo fueran realmente, pero así es como las recuerdo, en cualquier caso, de modo que así debe ser: todas eran hermosas.) Me dejaban que las tocara por todas partes. Se reían, se estremecían, les encantaba. Y yo les encantaba. Cuando llegaban los clientes me marchaba rápidamente por la parte de atrás, aunque algunas me dejaban quedarme, oculto detrás de las cortinas y escuchando todos los jadeos y gruñidos. De tanto en tanto también miraba. Aprendí mucho, siendo tan joven. Y en mi escudilla de limosnas se acumulaban los óbolos y los tetradracmas y de tanto en tanto alguna espléndida moneda de cinco cerces brillando con todos los colores del arco iris.

En el distrito de los prostíbulos me convertí en la mascota de todo el mundo, en el juguete de todo el mundo. Algunas de las más jóvenes —no tendrían más de trece o catorce años— estaban dispuestas incluso a proporcionarme alguna educación de primera mano sobre los misterios del amor. Pero por supuesto yo sólo tenía siete años, y eso hubiera sido no sólo una abominación sino también una pérdida tanto de su tiempo como del mío. Me contenté con aprender observando, al menos durante otro par de años.

¡Cómo entraba el dinero! Había días en que apenas podía acarrear mi escudilla de vuelta a la logia, tan llena estaba de monedas. (Mi grabadora estaba llena también, con la charla íntima de los prostíbulos. Seguía sin tener idea de que los miembros importantes de la liga eran también una especie de mineros, y que se pasaban varias horas cada noche procesando nuestras cintas, filtrando todo lo inútil y buscando los datos para recoger, los cuales nos pagaban a los mendigos, retazos de información como que los hombres de las minas estaban engañando a sus patronos reteniendo la localización de ricas vetas de mena.)

Al cabo de poco tiempo me había convertido en la estrella de la liga. El gran productor: el mendigo número uno. Lo sabía porque Lanista y los demás hermanos superiores de la logia me trataban con gran calor y respeto y también por la evidente envidia e incluso frialdad de mis compañeros mendigos. Bien, eso era asunto mío. Cuando mi compañero de cabina Sphinx intentó meterse en mi territorio lo llevé aparte y lo zurré hasta hacerle sangre. Yo tenía ocho años y él once; pero tenía que cuidar de mi carrera.

Entonces, por primera vez, los espectros empezaron también a visitarme con cierta regularidad. Aquello resultó ser lo más excitante, más aún que los juegos que estaba empezando a practicar con las prostitutas en sus alcobas, incluso más que la visión ocasional de algún reptil gigante merodeando por los alrededores del campo de fuerza que protegía la ciudad.

Sabía algo sobre los espectros. Había habido el espectro de aquella vieja arpía en mi infancia, aunque no había hablado de él a nadie. Pero cuando fui un poco mayor oí algo relativo a los espectros de boca de mi padre, que se había preocupado mucho de prepararme para cualquier cosa que pudiera ocurrirme en mi vida adulta, y llegué a sospechar que la vieja había sido probablemente un espectro. Pero aunque debía haberme visitado cinco o seis veces cuando yo era todavía muy pequeño, no había vuelto a verla desde que había abandonado Vietoris, ni a nadie como ella. Y así me sobresalté un poco, unos años más tarde, cuando los espectros empezaron a acudir a mi en Megalo Kastro.

—Es algo que sólo los roms pueden hacer —me había dicho mi padre —. Y no todos los roms; porque requiere entrenamiento, requiere voluntad. Y debes tener ante todo el poder en ti. Abandonar el cuerpo, escindirte de ti mismo e ir a vagar por el tiempo y el espacio…

Cuando apareció el primer espectro, pensé que era mi padre. Flotó a mi lado: un cuerpo grande y poderoso, unos ojos llameantes, un bigote negro, algo transparente pero sólido al mismo tiempo. Había un aura a su alrededor. Su risa era resonante: como el retumbar del trueno que desciende de las brumosas mesetas de Darma Barros, donde los grandes relámpagos crepitan a cada momento del día. Anxur estaba conmigo, y Focale, pero el espectro no se dejó ver de ellos. Ni pudieron oír tampoco aquella espléndida risa.

Se parecía a mi padre pero había algo que no encajaba, algo en su rostro. Por supuesto. El espectro no era mi padre: era yo. Pero no me dijo eso. Todo lo que hizo fue sonreír y apoyar una mano en mi hombro y decirme:

—Ah, aquí estás, Yakoub. ¡Qué grande te estás haciendo! ¡Qué bien lo estás llevando! Sigue así, muchacho. ¡Todo avanza en la dirección correcta!

Aquel espectro acudió tres o cuatro veces al año, y eso fue casi todo lo que me dijo. Había otros dos espectros a los que vi ocasionalmente, un hombre más joven y una mujer muy hermosa, que nunca me dijeron nada sino que simplemente se me quedaban mirando y mirando como si yo fuera algún tipo de curiosidad o fenómeno. No tenía ni idea de quiénes eran, y pasó mucho tiempo antes de que lo averiguara. Pero sus infrecuentes visitas eran bien recibidas. Era una sensación cálida y segura, saber que estaban cerca. Pensaba en mis espectros como en ángeles guardianes de algún tipo. Y eso sospecho que eran.

Todo fue bien, aquellos primeros años en Megalo Kastro. Estaba creciendo rápido, y mi astucia aumentaba. Estaba ahorrando dinero para mi libertad. Tenía vagas ideas acerca de comprar mi libertad cuando tuviera diez años y volver a Vietoris como hombre libre para trabajar al lado de mi padre en los talleres del astro-puerto.

Pero luego todo empezó a cambiar, muy rápidamente y a peor.

Primero hubo cambios en los niveles superiores de la logia de la liga. Al parecer aquello era una costumbre dentro de la liga, impedir que alguien se construyera una base privada de poder. El preceptor general fue transferido a algún otro mundo, y vino un nuevo hombre de uno de los planetas del Haj Qaldun, y luego fue reemplazado el procurador, y poco después obtuvimos un nuevo abate principal. El último de los oficiales originales de la liga en marcharse fue Lanista, el maestro de la logia, el único rom en la jerarquía superior de nuestra logia y mi aliado particular; e inmediatamente después de irse me sentí de pronto tremendamente solo. En especial puesto que las nuevas jerarquías procedieron a imponer sobre nosotros toda una serie de sorprendentes y crueles nuevas reglas.

Nunca llegué a saber si instituyeron sus «reformas» porque habían recibido órdenes del alto mando de la liga de reducir los gastos de las logias o simplemente porque eran personas de espíritu frío y austero. Quizá fuera algo de ambas cosas. Pero fuimos informados, una semana después de la partida de Lanista, de que a partir de entonces nuestra parte de las ganancias diarias se vería reducida a una quinta parte de lo que recibíamos antes, y de que los cálculos serían ajustados retroactivamente los últimos dieciocho meses. Asimismo, las horas diarias de mendicidad se verían aumentadas, y se esperaba que contribuyéramos con diez óbolos al día por nuestra comida, que hasta entonces había sido proporcionada gratuitamente por la logia. Hubo también una repentina caída en la cantidad y calidad de la comida de la logia…, pese a que nunca había sido nada extraordinario.

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