Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Noticias de la noche
Noticias de la noche - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Noticias de la noche

Электронная книга - «Noticias de la noche». Краткое содержание книги:

Atenas, años noventa, la presión de los emigrantes, clandestinos o no, de los antiguos países del Este, el dinero fácil, los empresarios del pelotazo, la corrupción policial, el todo vale de algunos medios de comunicación, también la conciencia de una democracia reconquistada después de una dictadura, son el telón de fondo de una historia que se inicia con la muerte a cuchilladas de una pareja de albaneses y continúa con el asesinato de dos reporteras de una popular cadena de televisión.
1 ... 31 32 33 34 35 36 37 38 39 ... 68
Перейти на страницу:

– Por desgracia, de momento no tenemos más noticias -dice-. La policía cree que los dos asesinatos guardan relación y prosigue sus investigaciones a un ritmo intenso, bajo la supervisión directa del jefe de policía de Ática, el general de brigada Guikas.

Después de haberme salido con la mía en lo referente a Petratos, Guikas me deja de lado para desquitarse. Desde hoy, él asume la iniciativa y yo quedo al margen. No es cuestión de orgullo; lo que más me molesta es tener que rendirle cuentas y pedir su visto bueno para todo.

Me he sumido en mis pensamientos y me pierdo las noticias, hasta que de pronto aparece en la pantalla Petratos, que se sienta al lado del presentador.

– Buenas tardes, Néstor -lo saluda-. Por segunda vez en pocos días, nuestra cadena ha recibido un golpe terrible. Después de Yanna Karayorgui, también Marza Kostaraku ha encontrado una muerte cruel a manos de un asesino despiadado, que aún no ha sido detenido.

– Realmente, como tú bien has dicho, Pablo -responde Petratos-, nuestra cadena ha sufrido dos golpes terribles en espacio de pocos días.

Antes, cuando dos tipos se entretenían en darse coba mutuamente, los llamábamos pelotas. Ahora los llamamos periodistas.

– Néstor, me gustaría conocer tu valoración de la marcha de las investigaciones -dice el presentador-. ¿Cuándo se obtendrán resultados? Lo pregunto porque, como bien sabes, la cadena recibe a diario miles de llamadas de telespectadores ansiosos por saber qué pasa, y les debemos una respuesta.

– Verás, Pablo… -Petratos hace una pausa para que se note que lo que va a decir lo tiene meditado-. Hay un aspecto positivo y otro negativo. El positivo es que el general Guikas, director de la policía de Ática, ha decidido asumir personalmente la coordinación de las investigaciones. Lamento tener que decir que la labor policial había seguido un camino totalmente erróneo, con la consiguiente pérdida de tiempo valioso. No sé si la dirección civil del ministerio piensa pedir responsabilidades por lo que al retraso se refiere, pero al menos podemos confiar en que las investigaciones seguirán, por fin, un curso acertado.

De repente, Adrianí tira el mando a distancia y sale de la habitación hecha un basilisco. Sigue sin hablarme, pero con su actitud pretende mostrar lo mucho que la indigna cuanto acaba de oír. Yo no me muevo del sitio. Pienso que ya puedo dar las gracias si me libro de una sanción disciplinaria.

– ¿Y el aspecto negativo? -pregunta el presentador.

Petratos suspira, como si la respuesta que ha de dar le estuviera atormentando.

– En caso de que Kolákoglu sea el asesino, y es una hipótesis que la policía investiga muy seriamente, nos hallamos ante un psicópata. No sólo odiaba a Yanna Karayorgui, sino a todos los periodistas, porque considera que lo han perjudicado y quiere vengarse de ellos. Desde este punto de vista, es lógico que nos haya golpeado primero a nosotros, pues esta cadena ha sido la que le ha causado el daño más grave. No olvidemos que el caso Kolákoglu constituyó uno de nuestros mayores éxitos.

– Es decir, que todos los periodistas estamos en peligro. -Lo suelta como si Kolákoglu estuviera a sus espaldas, dispuesto a cargárselo allí mismo.

– Por eso he dicho que la policía ha perdido un tiempo valioso. Dejó a Kolákoglu en libertad, a pesar de que desde su primera detención sabía que se trataba de un psicópata. Esperemos que ahora sea más metódica.

El presentador le da las gracias y Petratos desaparece de la pantalla. Lo has infravalorado, Sotirópulos, me digo para mis adentros, y Karayorgui también. No sólo no ha querido disculparse por haberse equivocado con Kolákoglu, sino que ahora lo asciende de categoría y lo convierte en asesino psicópata. ¿Cómo explicar a la gente que los psicópatas tienen un método, el mismo siempre, que los caracteriza? No usan pies de foco en una ocasión, alambres en la otra y sierras mecánicas en la siguiente. En cualquier caso, Guikas tenía razón en una cosa. Hubiéramos debido detener a Kolákoglu y encerrarlo. Ahora estaríamos tranquilos. Mañana echaré la bronca padre a Zanasis. De pronto suena el teléfono.

– ¿Lo has oído? -Guikas no se toma siquiera la molestia de identificarse, porque tiene la seguridad de que lo he reconocido.

– Sí -respondo secamente.

– Dentro de media hora tienes que estar en el despacho del ministro, para oír el resto -dice, y cuelga.

Empiezo a darme cuenta de que el asunto es más grave de lo que me había figurado. Al final, Delópulos conseguirá quitarme de en medio. Me enviarán a dirigir alguna comisaría de barrio para que investigue denuncias de robos y alteración del orden público, o para que resuelva contenciosos de tráfico. Oigo a Adrianí, que está poniendo la mesa, y de repente me invade la necesidad de hablarle, de explicarle adónde me dirijo y la que me espera. Sin embargo, algo me retiene en el último instante. Tal vez mi mezquino amor propio. No quiero que piense que vuelvo a hablarle por debilidad, porque necesito que me consuele y me anime. Aunque en realidad esto es precisamente lo que deseo. Cierro de un portazo para que sepa que me he ido.

No hay demasiado tráfico entre las calles Hymitós y Eratóscenes, pero pillo un atasco en la avenida Rey Konstantino. En Mesoyíon, la cola de vehículos apenas se mueve y los conductores se desquitan tocando el claxon. Así que llego al Ministerio del Interior, en la calle Katejakis, con quince minutos de retraso.

– Teniente Jaritos, para ver al ministro -informo al joven guardia.

Consulta una lista y me deja entrar con un «pase, teniente».

Salgo del ascensor y recorro el pasillo casi a la carrera, como si el minuto que podría recuperar de mi retraso tuviera mucha importancia. Seguramente no es por el minuto. Tengo prisa para aguantar el chaparrón cuanto antes y acabar de una vez.

– Pase, lo están esperando -me indica la secretaria al oír mi nombre.

Comparado con el despacho de Delópulos, el del ministro es un simple estudio con recibidor. Al entrar, veo a la Santa Trinidad que me está esperando. El ministro, Guikas y Delópulos; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El ministro está sentado en el sofá, junto a Delópulos, como si quisieran dejar bien clara su estrecha amistad. Guikas ocupa un sillón al lado del ministro, y los tres me miran fijamente.

– Lamento el retraso, pero hay mucho tráfico.

– Siéntese, teniente. -El ministro señala el sillón vacío, aunque su expresión indica que preferiría dejarme de pie.

El escenario habla por sí solo. Delópulos quiere mi cabeza en bandeja, el ministro desea complacerlo para obtener su apoyo, y Guikas alberga sus propias ambiciones y prefiere no contrariarlos. No sé cómo, acabará todo el asunto, pero seguro que de aquí salgo mal parado.

– ¿Qué pasa con la investigación de las muertes de las dos periodistas, señor Jaritos? -pregunta el ministro-. Últimamente no oigo más que quejas de su trabajo.

Guikas trata de evitar mi mirada pero, al estar sentado justo enfrente, no sabe dónde fijar la vista. Al final la eleva por detrás de mí, y la deja vagar por la línea donde el techo se junta con la pared. Se siente incómodo y se le nota. Delópulos, por el contrario, me observa de hito en hito y no oculta su satisfacción. Tal vez esta ofensiva general sea un error por su parte, porque cuando el resultado es incierto uno procura ir despacio, acepta un repliegue táctico, incluso hace unas cuantas reverencias. No obstante si la alternativa consiste en quemarse o salir chamuscado, uno se lanza a las llamas y de perdidos al río. Decido hablar claro y que me suspendan de empleo y sueldo. Al menos me quedará el consuelo de haber presentado una defensa heroica.

1 ... 31 32 33 34 35 36 37 38 39 ... 68
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)