El tiempo es lo más simple [Time is the Simplest Thing - es]
- Автор: Саймак Клиффорд Д.
- Год: 1964
- Язык: испанский
- Год: Edhasa
- Переводчик: Francisco Cazorla Olmo
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El tiempo es lo más simple [Time is the Simplest Thing - es]». Краткое содержание книги:
Pero el hombre, con su interminable ingeniosidad, resolvió el problema con el auxilio de los telépatas, y con la ayuda de una gigantesca organización del más alto secreto, llamada “Anzuelo”, mediante la cual, los hombres podían lanzar sus mentes a las profundidades del espacio. Y en una de esas ocasiones, Sheperd Blaine, mientras exploraba su camino asignado por el “Anzuelo” tomó contacto con una criatura fantástica, sin forma, omnisciente, una amsitosa Cosa de Color de Rosa que le dijo: “Intercambio mente con la tuya”.
—Eso me ocurrió a mí también — contestó Stone.
Se produjo un silencio de unos segundos, como si volvieran con el pensamiento hacia atrás, y Stone pareció pensar en el instante en que quiso escapar del Anzuelo.
—Me volví del teléfono — dijo —y allí estaban esperándome. Y tuve que seguirles. No había nada que hacer. Y me llevaron a un lugar… (Un lugar de esparcimiento lujosísimo, situado en una costa soleada, con un enorme edificio blanco, que casi resplandecía, y con un cielo tan azul por encima que casi dañaba los ojos. Todo aquel enorme recinto estaba salpicado de otras edificaciones y lugares de placer. Piscinas, campos de tenis, una playa maravillosa acariciada por el océano, sembrada de parasoles…) Sí, lo comprendí más tarde, era un lugar de la Baja California. Un lugar perfecto con una libertad absoluta para gozar de la vida, era como un fabuloso lugar de recreo plantado en aquella zona paradisíaca. (Las banderas de los campos de golf ondeando a la brisa del océano, los blancos rectángulos de las canchas de tenis, el enorme patio con los huéspedes sentados cómodamente alrededor de mesas bien servidas de comida y licores de toda especie, vestidos con ropas de vacaciones, en un estilo impecable.) Había partidas de pesca como tú no podías soñar siquiera, y otras de caza en las colinas, que duraban el año entero…
—Demasiadas diversiones — comentó Harriet.
—No — dijo Stone —. No era esa la cuestión. Aquello era maravilloso para seis semanas. Quizá para seis meses. Existía todo cuanto un hombre puede desear. Alimento, bebidas y mujeres. El más pequeño deseo era satisfecho Inmediatamente. El dinero no tenía valor. Todo era gratis. —Pero según veo — comentó Blaine —, cómo puede un hombre…
—Por supuesto que sí se puede — continuó Stone —. Era la total inutilidad de todo. Como si alguien te tomara a ti, todo un hombre hecho y derecho, y te convirtiera en un chico, sin tener nada que hacer, excepto jugar. Y no obstante, el Anzuelo se portó amablemente. Aunque lo odiaras, estuvieras resentido y te rebelaras contra él, no importa. En realidad, ellos no tienen nada contra uno especialmente. No hemos cometido ningún crimen, ninguna negligencia, ninguna falta al deber, como a todos nos ha ocurrido. Pero lo que resulta es que, en el fondo, ellos no pueden correr el riesgo de continuar usándonos y no pueden tampoco dejarnos en libertad, porque les es necesario que el nombre del Anzuelo continúe enhiesto y sin mancha. No pueden permitir que se diga en ninguna parte que han dejado en libertad a cualquiera de sus hombres que ha sido «tocado» con algo de otro mundo, con otra mente extraña o por cualquier fuerte emoción mental, que le ha desviado del punto de vista humano. Y en consecuencia, nos proporcionan unas largas vacaciones… unas vacaciones sin fin en el género de lugar que los millonarios suelen utilizar. Pero esto resulta insidioso con el tiempo. Se hace algo insoportable. Se acaba odiando todo aquello, de donde no se puede salir, ya que el sentido común te advierte que estarías loco si se te ocurriera marcharte de allí. Allá tienes una vida segura y placentera, de rico. No hay problemas con la seguridad personal. Pero piensas inevitablemente en escapar, un día y otro, aunque lo difícil es imaginarlo, ya que no hay sitio donde poder esconderse, huyendo de sus tentáculos. Todo esto es, hasta que lo intentas. Y entonces te encuentras guardias que vigilan toda escapada posible y fronteras por todas partes. Te das cuenta cuando todos los caminos, todos los senderos se hallan cubiertos y vigilados estrechamente. Intentar por tanto marcharse a pie es tanto como suicidarse, eso, aparte de que te encuentras otros huéspedes que sólo son agentes secretos disfrazados del Anzuelo que te vigilan constantemente. Es, en fin, una cárcel con los barrotes de oro; pero la cárcel más endemoniada que nadie haya podido imaginar. Y el Anzuelo lo sabe perfectamente. Es una obra maestra. Pero, como todas las prisiones, se vuelve repulsiva y odiosa. Te vuelve poco a poco combativo y duro, y la mente acaba convirtiéndose obsesivamente en una máquina de hacer planes de evasión. Cuando comprendes lo que te rodea, la imaginación se agudiza, y son aquellos espías y guardianes los que te estimulan en tus propósitos de fuga. Y resulta espantoso. Te rodean fuera todos los peligros imaginables, barreras, guardianes, perros, todo el mecanismo más sutil y poderoso para evitar cualquier posible fuga. Pero uno acaba aceptando el desafío y sólo vive para conseguirlo…
—Pero — dijo Blaine — no habrá sido posible que se hayan producido muchas evasiones, ni incluso muchos intentos de evasión. El Anzuelo, de todos modos, te espera fuera, en el caso de que escapes, y te sigue con otros procedimientos…
—Sí, tiene razón — prosiguió Stone —. Han sido muy pocos los que han intentado escapar y los que lo consiguieron pueden contarse con los dedos de la mano y aún sobran la mitad…
—Tú y Lambert Finn — dijo Blaine.
—Lambert — continuó Stone secamente —, fue para mí una inspiración diaria. Se había escapado algunos años antes que yo fuese llevado allá. Hubo también otro, unos cuantos años antes que Lambert. Nadie sabe hasta el presente, qué habrá sido de él.
—Y bien — dijo Blaine —. ¿Qué puede ocurrirle a un hombre que huye del Anzuelo? ¿Dónde termina su fuga? Aquí me tienes, con un par de dólares en el bolsillo, que ni siquiera son míos, ya que pertenecían a Riley, sin identidad, sin profesión y sin ocupación posible. ¿Cómo podré yo…?
—Hablas como si lamentaras muy de veras haberte escapado.
—Hay momentos en que lo siento así. Momentáneamente, por supuesto. Si esto hubiera terminado, la cosa sería diferente. Hubiera trazado planes para el futuro. Hubiera, por ejemplo, transferido algunos fondos a cualquier otro país para recomenzar una nueva vida. Tendría una nueva identidad y me habría dedicado a otro trabajo y a vivir. Habría procurado levantar otra vida, proporcionándome una honorable forma de vivir y un futuro…
—Pero tú nunca creíste realmente que tendrías que correr. Sabías que me había ocurrido a mí; pero supusiste que no sería igual contigo.
—Sí, creo que así es.
—Y ahora te das cuenta — dijo Stone — que no te ha sentado bien la experiencia.
Blaine aprobó con un gesto de cabeza.
—Bienvenido al club, amigo — dijo Stone con amargo humorismo.
—Quieres decir…
—No, no soy yo. Yo tengo un fin que cumplir y una tarea que llevar a cabo. Un trabajo de la mayor importancia.
—Pero…
—Estoy hablando — continuó Stone — de un vasto sector de todo el género humano. No tengo idea de cuántos millones de personas.
—Bien, por supuesto, siempre hubo…
—Te equivocas nuevamente — siguió Stone —. Me refiero a los parakinos, sí, hombre, a nuestros hermanos paranormal-kinéticos. Los que no están en el Anzuelo. Tú no habrás viajado casi mil millas y…
—Ya lo vi — repuso Blaine, sintiendo un estremecimiento interior, que no era de miedo, ni de odio, sino de ambas cosas en parte —. Ya vi lo que está ocurriendo…
—Es algo de dimensiones mundiales — continuó Godfrey Stone —. Es un estrago, una terrible catástrofe, tanto para los parakinos como para el resto de la humanidad Por todas partes hay gente que está siendo cazada a muerte, gentes forzadas a recluirse en ghettos modernos, gentes odiadas y perseguidas, y tienes que pensar, que dentro de esa gente precisamente, descansa la esperanza del género humano. Te diré algo que no sabes, seguramente. No se trata de esas gentes intolerantes, fanáticas y salvajes que piensan de ellas mismas que son normales y que reprochan la situación. Es el propio Anzuelo, el que sostiene, alienta y enciende esas reclamaciones y esos reproches, ya que el Anzuelo ha institucionalizado a los paranormal-kinéticos para su fin propio y sus inconfesables propósitos actuales. Se preocupan de perseguir y de acosar a los parakinos que como tú y yo somos cazados a mano para arrastrarnos siempre a su trabajo. El asunto radica en que se han vuelto contra todos los demás. No han dado la menor señal de que pueda preocuparles lo que les suceda, sino el de aplicarles una verdadera ley de fugas, para convertirlos en una manada de criaturas asustadas y horrorizadas, perseguidas hasta el último rincón, convirtiéndolas en animales salvajes huyendo por los bosques.