Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Secretos en el tiempo». Краткое содержание книги:

Una mujer en busca de su pasado… Un hombre dispuesto a arruinarlo
Después de haber crecido como hija única, Keely McClain descubrió con asombro que no sólo tenía un padre, sino que también tenía seis hermanos mayores. Pero antes de nada debía descubrir qué había sucedido hacía tantos años. Y, al investigar su pasado, encontró una familia… y un amante…
Rafe Kendrick sólo tenía un objetivo en la vida: vengarse de los Quinn, y no estaba dispuesto a permitir que nada ni nadie lo distrajera… Hasta que se enamoró locamente de la nueva camarera del pub de los Quinn. Aún así, decidió poner su plan en marcha… fue entonces cuando descubrió que la mujer que había en su cama también era una Quinn.
1 ... 32 33 34 35 36 37 38 39 40 ... 50
Перейти на страницу:

Capítulo 9

Keely estaba sentada junto al escaparate de la pastelería, concentrada en los tres bocetos que había dispuesto sobre la mesa. La novia y su madre llevaban media hora discutiendo los méritos de cada diseño y empezaba a impacientarse.

Lo último que le apetecía en ese momento era estar en Nueva York. Pero al volver de la cabaña de Rafe, se había encontrado con un montón de mensajes esperándola en la pensión. Su madre había tratado de ponerse en contacto por todos los medios. Al devolverle la llamada, se había encontrado con que Janelle y Kim habían tomado la decisión de abrir su propio negocio de tartas de diseño. Como se trataba, de un propósito de Año Nuevo, habían presentado su dimisión antes de que el reloj diera las doce de la noche, lo que dejaba a Keely con solo una ayudante, novata para colmo de males.

Así que había tenido que volver corriendo a casa y en los últimos días había estado trabajando a toda máquina para terminar los encargos que tenían pendientes. Keely suspiró con suavidad y miró a la novia y a la madre. ¿Tan difícil era escoger uno de los diseños? Si fuera su boda, sabría perfectamente lo que quería. Llevaría un vestido sencillo, con un corpiño irlandés, sin apenas velo. Y las damas de honor irían de azul profundo si la boda era en invierno y de melocotón claro si se celebraba en verano. La tarta tendría mucho colorido, con fresas frescas o rosas dulces para dar forma al diseño.

En cuanto al novio. Rafe llevaría un… Keely frenó en seco. Con todo lo que había pasado, ¿cómo se le ocurría pensar que podrían reunirse en el altar alguna vez? Era una fantasía irrealizable. Keely suspiró de nuevo. Pero habría sido un novio de lo más apuesto, con su chaqué y una rosa blanca en la solapa.

Podría estar planeando su boda en ese instante si no hubiese antepuesto su familia a Rafe. Si le hubiera dado la oportunidad, quizá le hubiera pedido que se casara con él. Se mordió el labio inferior. ¿Y si había renunciado a su única oportunidad de ser feliz en la vida?

– ¿Y si envejezco sola y me convierto en un saco de huesos y todos me empiezan a llamar la mujer de las tartas? -murmuró Keely.

– ¿Señorita McClain?

– ¿Sí? -Keely despertó de su ensueño-. Perdone, ¿qué decía?

– Me quedo con este -dijo la novia, apuntando hacia la tarta con forma de tulipán-. Es perfecta para una boda en primavera. Pero me preguntaba si podía cambiar el color de los tulipanes para ir a juego conmigo.

– Por supuesto. Ningún problema. ¿Por qué no me manda una muestra del color exacto que desea y yo lo cambio? También necesito el número definitivo de invitados para calcular el número de pisos de la tarta -contestó Keely sonriente. Luego se levantó, enrolló el diseño elegido y se lo dio a la novia-. Puede llevárselo para que lo vea el novio.

La novia le ofreció la mano y Keely la estrechó.

– Muchas gracias por acceder a hacer nuestra tarta. La primera vez que vi un diseño suyo supe que le encargaría mi tarta a usted.

– Son las mejores -añadió la madre-. Y Lisa Ann se merece lo mejor.

Keely acompañó a las dientas hasta la puerta de la repostería. Después de despedirse de ellas, recogió los diseños rechazados y volvió a la sala de trabajo. Fiona estaba ultimando otra de las tartas de Keely, para una boda estilo Luis XIV.

– Se supone que esto debería ser flor de lis.

– Si no te gusta cómo está, la haces tú – replicó Fiona.

Keely suspiró. Solo llevaba unos días en casa y ya estaban a punto de una nueva discusión. Fiona seguía sin aceptar su decisión de ir a Boston para conocer a su padre y a sus hermanos, y no había dejado de intentar disuadirla de su «estúpida» curiosidad. Por otra parte, parecía ansiosa por saber cualquier noticia que Keely pudiera darle sobre sus hijos. Entre eso y la preocupación de sacar la pastelería adelante, acababa saltando a la primera de cambio.

– Tengo que decirte una cosa, mamá.

– Lo único que quiero oír es que has vuelto para quedarte -contestó Fiona.

– Es importante -dijo Keely con suavidad.

– ¿Qué pasa? -preguntó preocupada-. ¿Los chicos están bien?

– Sí, al menos lo estaban la última vez que los vi. Es Seamus. Tiene problemas.

Fiona soltó una risotada sarcástica y negó con la cabeza.

– Eso no es nuevo. Siempre le ha gustado estar al borde de la ley.

– Esta vez es más grave: lo han acusado de asesinato.

– ¿Qué? -preguntó estupefacta, dejando al instante los preparativos de la tarta.

– ¿Recuerdas algo de un tripulante que murió en el barco de mi padre? Sam Kendrick.

Keely notó el cambio de expresión en el rostro de su madre, como si la sorprendiera oír aquel nombre después de tantos años.

– No -contestó-. No me suena.

– Tienes que saber algo. Un hombre murió en el barco de Seamus, mamá. Seguro que te habló del tema.

– Puede, pero ha pasado mucho tiempo – contestó Fiona mientras continuaba con la tarta-. ¿Me vas a ayudar o te vas a quedar ahí charlando?

– Haz memoria. Es importante.

– Espero que no estés pensando en volver a Boston en una buena temporada -dijo Fiona, cambiando de tema-. Ya vamos muy apuradas por tu última ausencia. No hemos podido aceptar ningún encargo nuevo desde que te fuiste. A este paso, tendremos que cerrar la primavera que viene. La gente quiere verte a ti. Tú eres la famosa, no yo, y no nos pedirán tartas si no hablan contigo de sus bodas.

– Es mi negocio. Y si decido que se vaya al garete es cosa mía -Keely se paró, consciente de lo duras que habían sonado sus palabras-. No voy a dejar que el negocio se venga abajo. Pero quizá estaría bien que bajáramos un poco el ritmo.

– Empiezo a pensar que prefieres Boston a Nueva York. Quizá deberíamos pensar en trasladar el negocio allí.

Keely sabía que su madre solo estaba siendo sarcástica, pero no era ninguna tontería. El negocio no, pero ella sí podía fijar su residencia en Boston. Al fin y al cabo, solo estaba a tres horas en coche si el tráfico no se torcía. Viajaría una o dos veces a la semana y, de ese modo, podría seguir viendo a…

Se frenó. ¡Era una locura! Keely se prometió no caer en la trampa de fantasear con compartir una vida con un hombre al que nunca podría tener. Siendo práctica, trasladarse a Boston perjudicaría la marcha del negocio. Y si trasladaba la repostería allí, tendría que conseguir una cartera de clientes nueva en una ciudad en la que la gente quizá no estuviera dispuesta a pagar miles de dólares en una bobada de tarta.

– ¿Cuándo piensas decírselo?

– Con todo lo que está pasando con Seamus, no termino de encontrar el momento adecuado -respondió Keely-. Sería confundirlos más todavía. Ojalá pudiera echarles una mano de alguna manera. Me ayudaría mucho para decírselo luego.

– Lee Franklin -murmuró Fiona de pronto.

– ¿Qué?

– Lee Franklin. Formaba parte de la tripulación. Él lo vio todo. Su mujer y yo éramos buenas amigas y me contó lo que él le dijo sobre el accidente. Tu padre no es responsable de la muerte de ese hombre, Keely.

– ¿Dónde puedo encontrarlo?

– Ni idea. No sé ni si sigue vivo -Fiona dejó la tarta y agarró una libreta y un lápiz. Garabateó un número, arrancó la hoja y se la entregó a Keely-. Es su número de la seguridad social. Supongo que podrás localizarlo.

– ¿Cómo es posible que sepas su número de la seguridad social?

– Llevaba los libros contables del Increíble Quinn -explicó Fiona-. Me inventaba trucos mnemotécnicos para recordar los números de los tripulantes, para no tener que estar mirándolos todo el tiempo. El de Lee Franklin empezaba con el cumpleaños de Conor y acababa con el número de nuestro portal. Era el más fácil de recordar.

1 ... 32 33 34 35 36 37 38 39 40 ... 50
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)