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El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]

Электронная книга - «El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]». Краткое содержание книги:

La primera aventura de Miles Vorkosigan, un genio de la estrategia dotado de gran inteligencia pero encerrado en un cuerpo defectuoso. Un personaje entrañable e inolvidable, protagonista de la serie de mayor éxito de la moderna space opera. Sus azañas son un agradable retorno a los temas y al tono ameno de la ciencia ficción campbelliana, y componen la más famosa creación de una de las mejores escritoras de la ciencia ficción de aventuras que ha aparecido en los últimos años.
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Mayhew maldijo en voz baja.

— Está bien, sois una buena pareja.

Miles estudió la embarcación mercenaria a medida que se iban aproximando. Por lo que se veía en la pantalla, era una veloz y potente nave de guerra, bien armada y de tamaño menor. Sus líneas tenían un aire desafiante que sugería fabricación illyriana; llevaba escrito convenientemente el nombre de Ariel. No había duda de que la pesada RG 132 no hubiera tenido posibilidad alguna de escapársele. Miles sintió una punzada de envidia ante su mortal belleza; entonces cayó en la cuenta de que, si las cosas marchaban como planeaba, iba a adueñarse de esa nave o, al menos, iba a poseerla. Pero la ambigüedad de los métodos emponzoñó su alegría, dejándole sólo un seco y frío nerviosismo.

Llegaron sin problemas ni incidentes a la escotilla de lanzaderas de la Ariel, y Miles fue hasta la popa para ayudar a Jesek en el acoplamiento. Bothari ciñó al prisionero más firmemente a su asiento y apareció junto a Miles; éste decidió no perder tiempo discutiendo con él acerca de la prioridad.

— Está bien — concedió Miles ante la muda demanda de Bothari —, tú primero; pero yo soy el siguiente.

— Mi tiempo de reacción será más rápido si mi atención no está dividida, mi señor.

Miles resopló con exasperación.

— Oh, muy bien. Tú; luego, D…, no; luego, Baz — la mirada del maquinista se topó con la suya —; luego, Daum, yo, Elena y Mayhew.

Bothari aprobó este orden con un leve movimiento de cabeza. La escotilla de lanzaderas rechinó al abrirse y Bothari se deslizó en su interior. Jesek tomó aliento v le siguió.

Miles se detuvo sólo para susurrarle a Elena:

— Mantén a Baz avanzando tan rápido como puedas. No dejes que se detenga.

Escuchó una exclamación que provenía de más adelante — «¿ quién diablos…?» — y el sordo zumbido del inmovilizador de Bothari. Entonces, se deslizó él también por el pasillo.

— ¿Sólo uno? — le preguntó a Bothari, mirando la figura gris y blanca desvanecida en el suelo.

— Hasta ahora — contestó el sargento —. Parece que todavía contamos con el factor sorpresa.

— Bien, mantengámoslo. Dividámonos y actuemos.

Bothari y Daum desaparecieron por el primer corredor. Jesek y Elena se encaminaron en dirección opuesta. Elena lanzó una mirada hacia atrás; Jesek, no. Excelente, pensó Miles. Mayhew y él tomaron la tercera dirección y se detuvieron ante la primera puerta que encontraron cerrada. Mayhew dio un paso adelante, con una especie de indecisa agresividad.

— Yo primero, mi señor.

Dios, es contagioso, se dijo Miles.

— Adelante.

Mayhew tragó saliva, y preparó el arco de plasma.

— Eh, espera un segundo, Arde. — Miles presionó el picaporte. La puerta se abrió suavemente. Le comentó a Mayhew —: Si no está cerrada y empleas el arco, corres el riesgo de soldarla…

— Ah — dijo Mayhew. Cobro ánimos y se lanzó por la apertura con una especie de grito de guerra, apuntando su inmovilizador en todas direcciones. Se detuvo. Era un área de almacenamiento, vacía, excepto por unas cestas de plástico apiladas por ahí.

Ningún signo del enemigo.

Miles echó una mirada por el sitio y volvió hacia la puerta.

— ¿Sabes? — le dijo a Mayhew mientras continuaban avanzando por el pasillo —, sería mejor si no gritamos al entrar; asusta. Va a ser mucho más fácil derribar gente si no salta y se esconde detrás de las cosas.

— En los vídeos lo hacen así — se excusó Mayhew.

Miles, quien originalmente había planeado su primera acometida de un modo muy similar a la que acababa de presenciar, y por la misma razón, se aclaró la voz.

— Supongo que no parece muy heroico andar a escondidas detrás de alguien y dispararle por la espalda; aunque no puedo evitar pensar que sería lo más eficaz.

Subieron por un ascensor y llegaron a otra puerta. Miles volvió a probar el picaporte y nuevamente la puerta se abrió, revelando una cámara en penumbras. Un dormitorio con cuatro literas, tres de ellas ocupadas. Miles y Mayhew entraron sigilosamente Y tomaron posiciones desde donde no podrían fallar. Miles hizo una señal y ambos dispararon a la vez. Volvió a disparar cuando la tercera figura comenzaba a sacudirse entre las mantas buscando un arma colgada junto a su litera.

— ¡Uf! — exclamó Mayhew —. ¡Mujeres! Ese capitán era un cerdo.

— No creo que fueran prisioneras — dijo Miles, encendiendo la luz para una rápida confirmación —. Mira los uniformes. Son parte de la tripulación.

Se fueron del cuarto; Miles iba muy serio. Quizás Elena no hubiera corrido tanto peligro como el capitán mercenario los había llevado a pensar. Demasiado tarde, ahora…

Una voz grave llegó de un recodo:

— Maldita sea, le advertí a ese estúpido hijo de puta…

A la voz siguió el ruido de pisadas rápidas, un ligero galope; venía con el semblante enojado, abrochándose una pistolera, y se topó con ellos.

El oficial mercenario reaccionó instantáneamente, transformando la colisión accidental en una acometida. Mayhew recibió una patada en el vientre. Miles fue empujado contra la pared y se encontró en una confusa y reñida pelea por la posesión de su propia arma.

— ¡Inmovilízalo, Arde! — gritó, sofocado por un codo que le apretaba los dientes.

Mayhew se arrastró hasta el inmovilizador, giró y disparó. El mercenario se desplomó, y el resplandor del rayo hizo caer a Miles de rodillas, aturdido.

— Definitivamente, es mejor pillarlos dormidos — balbuceó Miles —. Me pregunto si hay más como él… ella…

— Ello — resolvió Mayhew resueltamente, volteando al hermafrodita para revelar los rasgos engañosos de lo que podría ser un joven apuesto o una mujer de rostro firme. El cabello oscuro le enmarcaba la cara y le cubría la frente —. Betano, por el acento.

— Tiene sentido — opinó Miles, mientras se incorporaba con esfuerzo —. Creo… — Se aferró a la pared, se golpeó la cabeza contra la misma sin poder evitarlo y luces de extraños colores le nublaron la visión: ser inmovilizado no era tan indoloro como parecía —. Mejor sigamos andando… — Se apoyó agradecido en el brazo que Mayhew le ofreció como sostén.

Revisaron una docena mas de cámaras sin más inconvenientes. Finalmente, llegaron a la sala de navegación, donde se toparon con dos cuerpos apilados junto a la puerta; Bothari y Daum parecían tranquilos.

— Ingeniería informa: misión cumplida — dijo Bothari nada más los vio entrar —. Cuatro inmovilizados, lo que hace un total de siete.

— Nosotros tenemos cuatro — dijo Miles —. ¿Podéis ver si el ordenador tiene algún registro, para controlar si ya tenemos el total?

— Ya está hecho, mi señor — respondió Bothari, relajándose un poco —. Están todos, al parecer.

— Bien.

Miles se tambaleó un poco hasta una silla, frotándose la boca dos veces golpeada. El sargento entrecerró los ojos.

— ¿Está usted bien, mi señor?

— Me alcanzó el destello del inmovilizador. Estaré bien. — Hizo un esfuerzo para concentrarse. ¿Qué seguía ahora? —. Supongo que será mejor que encerremos a estos tipos antes de que despierten.

La cara de Bothari se convirtió en una mascara.

— Nos sobrepasan tres a uno y están técnicamente adiestrados. Tratar de mantenerlos a todos prisioneros es sumamente peligroso.

Miles le miró con dureza y le aguantó la mirada.

— Ya pensaré algo — dijo, pronunciando enfáticamente cada palabra.

Mayhew resopló.

— ¿Qué otra cosa se puede hacer? ¿Empujarlos afuera por la cámara de compresión? — El silencio que recibió la broma le hizo cambiar la expresión hasta asustarle.

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