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El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]

Электронная книга - «El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]». Краткое содержание книги:

La primera aventura de Miles Vorkosigan, un genio de la estrategia dotado de gran inteligencia pero encerrado en un cuerpo defectuoso. Un personaje entrañable e inolvidable, protagonista de la serie de mayor éxito de la moderna space opera. Sus azañas son un agradable retorno a los temas y al tono ameno de la ciencia ficción campbelliana, y componen la más famosa creación de una de las mejores escritoras de la ciencia ficción de aventuras que ha aparecido en los últimos años.
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— Es suficiente — dijo Bothari, y apoyó el cañón de un inhibidor nervioso contra la sien del hombre.

— ¡No, sargento! — gritó Miles. El alarido cesó abruptamente y Auson miró aterrorizado el arma reluciente.

— ¡Quiero romperle las piernas también! — gritó Elena, enfurecida —. ¡Quiero romperle todos los huesos del cuerpo! ¡Le voy a dejar «bajito» a él! ¡Cuando termine va a medir un metro de alto!

— Luego — prometió Bothari. Daum encontró un inmovilizador que funcionaba y el sargento puso al capitán mercenario a su cuidado, librándole provisionalmente de su desgracia. Revisó sistemáticamente la sala después, para asegurarse del estado de los otros —. Tenemos otros tres ahí fuera, mi señor — le recordó a Miles.

— Es cierto — reconoció Miles, mientras se ponía de pie. Y los once o doce en la otra nave, pensó —. ¿Crees que Daum y tú podéis emboscarlos e inmovilizarlos?

— Si, pero… — Bothari sopesó el inhibidor nervioso en su mano —. ¿Puedo sugerir, mi señor, que quizá sea preferible matar soldados en la batalla que matar prisioneros más tarde?

— Tal vez no lleguemos a eso, sargento — dijo Miles ásperamente. Estaba tomando conciencia de todas las caóticas implicaciones de la situación —. Inmovilícelos. Luego…, decidiremos alguna otra cosa.

— Piense rápido, mi señor — sugirió Bothari; y desapareció por la puerta, alejándose misteriosamente silencioso. Daum se mordió el labio con preocupación Y le siguió.

Miles ya estaba empezando a pensar.

— ¡Sargento! — le gritó quedamente —. ¡Deje uno consciente para mí!

— Muy bien, mi señor — llegó por el pasillo la respuesta.

Miles se volvió, resbalando un poco por una mancha de sangre de la nariz de Auson, y contempló el inesperado matadero.

— Dios — murmuró —, ¿qué hago con ellos ahora?

9

Elena y Mayhew aguardaban de pie, mirándole expectantes. Miles se dio cuenta de pronto de que no había visto a Baz Jesek durante la pelea… espera, ahí estaba, clavado en la pared más lejana. Los ojos oscuros parecían agujeros en la cara lechosa, la respiración era entrecortada.

— ¿Estás herido, Baz? — gritó Miles, preocupado. EI maquinista sacudió la cabeza, pero no dijo palabra. Sus miradas se cruzaron, y Jesek desvió los ojos. Miles supo entonces por qué no le había visto.

Estamos en desventaja de dos o tres a uno, penso Miles. No puedo permitirme el lujo de que un combatiente entrenado se ande con miedo. Tengo que hacer algo ahora mismo…

— Elena, Arde, id al pasillo y cerrad la puerta hasta que os llame. — Obedecieron, confundidos.

Miles se acercó a Jesek. ¿Cómo hago un trasplante de corazón en la oscuridad, al tacto, sin anestesia?, se preguntó. Se humedeció los labios y habló con calma.

— No tenemos opción, debemos capturar su nave ahora. La mejor jugada es llevárnosla y hacerles creer que es su propia gente que regresa. Eso sólo puede hacerse en los próximos minutos. La única posibilidad de escapar, para cualquiera de nosotros, es atraparlos antes de que puedan dar la alarma. Voy a asignar al sargento y a Daum para que tomen la sala de navegación y comunicaciones y, de este modo, lo impidan.

La siguiente sección vital es el cuarto de máquinas, con las supresiones que hagan falta.

Jesek volvió la cara a un lado, como un hombre dolorido o afligido. Miles continuó implacablemente:

— Tú eres el hombre para eso, claramente. Así que te asigno a ti y a… — Miles tomó aliento — Elena.

El maquinista miró entonces a Miles, más consumido que antes, si es que eso era posible.

— Oh, no…

— Mayhew y yo rondaremos, inmovilizando todo lo que se mueva. De aquí a treinta minutos, todo habrá terminado, a favor o en contra.

Jesek sacudió la cabeza.

— No puedo — murmuró.

— Mira, no eres el único que está aterrado; yo estoy loco de miedo.

Jesek hizo un gesto con la boca.

— Tú no pareces asustado. Ni siquiera re asustaste cuando ese mercenario cerdo te desafió.

— Eso es porque tengo un impulso natural hacia delante. No hay ninguna virtud en ello, es sólo un acto de equilibrio. No me atrevo a detenerme.

El maquinista volvió a sacudir la cabeza, desesperanzado, y habló en voz baja:

— No puedo. Lo he intentado.

Miles apenas logró evitar un gesto de frustración. Feroces amenazas le pasaron por la mente… No, eso no era conveniente. Seguramente, la cura para el miedo no sería provocar más miedo.

— Te recluto — anunció de repente Miles.

— ¿Qué?

— Te reclamo. Te… te confisco. Me apodero de tu propiedad, de tu adiestramiento, eso es, por exigencias de la guerra. Esto es absolutamente ilegal, pero ya que, de todas maneras, estás bajo sentencia de muerte, ¿qué importa? Arrodíllate y pon tus manos entre las mías.

Jesek se quedó boquiabierto.

— No puedes… yo no soy… Nadie, sino un oficial designado por el emperador puede tomar juramento a un vasallo y yo ya le presté juramento a él cuando obtuve mi nombramiento… y lo rompí cuando… — se interrumpió.

— O un conde o el heredero de un conde — observó Miles —. Admito tanto el hecho de que estés bajo juramento previo con Gregor, como el que un oficial introduzca en él una innovación. Sólo tendremos que cambiar un poco la fórmula.

— Tú no eres… -Jesek le miró —. ¿Qué diablos eres tú? ¿Quién eres?

— De eso no quiero hablar siquiera. Pero soy realmente vasallo secundus de Gregor Vorbarra y puedo tomarte como vasallo y voy a hacerlo ahora mismo, porque estoy endiabladamente apurado y podemos arreglar los detalles luego.

— ¡Tú eres un lunático! ¿Qué carajo crees que va a conseguir eso?

Distraerte, pensó Miles… y ya está funcionando.

— Puede ser, pero soy un Vor lunático. ¡Abajo!

El maquinista se arrodilló, mirando incrédulamente. Miles le agarró las manos y comenzó.

— Repite esto: «Yo, Bazil Jesek, declaro bajo juramento que soy, soy, soy un vasallo militar renegado de Gregor Vorbarra; pero de todas formas tomo servicio bajo… bajo… (Bothari va a enardecerse como el demonio si quebranto la seguridad), bajo este lunático que está frente a mi», mejor dicho, «este Vor lunático como simple hombre de armas, y le respetaré como mi señor y comandante hasta que mi muerte o la suya me libere».

Jesek, como hipnotizado, repitió el juramento palabra por palabra.

Miles prosiguió.

— «Yo… » (mejor me salto esa parte), «yo, vasallo secundus del emperador Gregor Vorbarra, acepto tu juramento y prometo protegerte como tu señor y comandante; por mi palabra de… bueno, por mi palabra». Ya está. Ahora tienes el dudoso privilegio de seguir mis órdenes al pie de la letra y de dirigirte a mi como «mi señor», sólo que mejor no lo hagas delante de Bothari hasta que tenga oportunidad de darle despacio la noticia. Ah, y algo más…

El maquinista le miraba perplejo.

— Estás en casa. Por lo que pueda valer.

— ¿Eso fue de verdad?

— Bueno… es un poco irregular; pero, por lo que he leído de nuestra historia, no puedo evitar pensar que se acerca más al original que la versión oficial.

Llamaron a la puerta. Daum y Bothari tenían un prisionero, las manos atadas por detrás de la espalda. Era el piloto, a juzgar por los círculos plateados en la frente y en las sienes. Miles supuso que por eso le había escogido Bothari; tenía que conocer todos los códigos de reconocimiento. La pose desafiante del mercenario le causó a Miles una fastidiosa premomción de problemas.

— Baz, que Elena y el mayor te ayuden a llevar a estos tipos a la bodega 4, la que está vacía. Podrían despertarse y ponerse ingeniosos, así que suelda la cerradura cuando estén encerrados. Luego abre nuestro arsenal, trae los inmovilizadores y los arcos de plasma, y revisa la lanzadera de los mercenarios. Nos encontraremos allí contigo en unos minutos.

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Главный герой
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