Carolina se enamora
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Carolina se enamora». Краткое содержание книги:
Carolina no sólo tendrá que lidiar con este primer desengaño, que la alejará poco a poco de su infancia, sino que deberá enfrentarse a las difíciles relaciones familiares en la novela más intergeneracional de Moccia. La adolescente, como muchas otras de su generación, aprenderá a comprender las preocupaciones de su madre o a entender a su violento, aunque en el fondo adorable, hermano. Gracias a su admirada abuela, Carolina paso a paso irá averiguando qué significa crecer, hacerse adulto.
Como sus obras anteriores, Carolina se enamora, narrada en primera persona, conecta con los adolescentes, enganchados al iPod y a sus móviles. Aunque también deviene un libro imprescindible para los padres que quieran conocer qué hacen y sienten sus hijos cuando salen por la puerta de casa. Sin duda, los libros de Moccia radiografían con humor, ritmo y cascadas de emociones la juventud mediterránea de principios del siglo XXI. Los adultos del mañana.
– ¿Y bien? ¿Qué te ha parecido? Es mi primer relato.
– Es precioso… -Me gustaría añadir algo, pero sólo consigo decirle-: ¡Hace soñar!
– Bueno, eso no es poco.
– Es un poco autobiográfico, ¿verdad?
– Bueno, todos hemos reñido alguna vez con nuestro padre.
– Ah, claro.
Con el nuestro es realmente sencillo. Y entonces se me ocurre una pregunta de lo más absurda y mientras la hago me arrepiento, pero ya es demasiado tarde y no puedo echarme atrás.
– Pero ¿te han pagado?
R. J. no se enfada, al contrario, está feliz.
– ¡Por supuesto! No mucho, pero me han pagado. -Se mete el periódico en el bolsillo-. Piensa que es el primer dinero que gano escribiendo.
– Pues sí…
Se levanta del banco.
– Venga, Caro, vamos a casa, ya es casi medianoche y, además, ¡mamá se preocupa por ti!
Así que nos encaminamos hacia nuestro edificio. Lo hacemos en silencio y yo disfruto de ese momento. Luego me paro de golpe y. no sé por qué, se lo suelto.
– ¿Sigues viendo a Debbie?
R. J. me sonríe.
– Hablo con ella…
Pero no quiere decirme nada más.
– Me gustaba mucho. – No le digo lo de la camiseta y todo lo demás.
– Bueno, a mí también. ¡Por eso he vuelto a llamarla!
Y se echa a reír. Acto seguido, abre el portón y me deja pasar. -Venga, entra. -R. J., ¿me haces un favor?
– ¿Otro?
Siempre dice lo mismo. Luego se ríe de nuevo.
– Dime, Caro.
– ¿Me regalas tu primer relato? Lo quiero enmarcar.
Giovanni, el hermano de Carolina
Me llamo Giovanni. Rusty James, como me llama Carolina. Soy su hermano. Escribir es mi sueño. Meter el mundo en una página. Sentir el repiqueteo de las teclas del ordenador o, mejor aún, ver cómo se seca la tinta de una pluma estilográfica en un cuaderno conservado a duras penas con un poco de pegamento y una goma. Es mi pasión. El instante en que me siento más vivo es aquel en que releo una frase, un pasaje, mía idea que he detenido para siempre en el blanco del papel transformándolo a mi manera. Es difícil hacer comprender eso a los que piensan que la vida es tan sólo el armazón que en el pasado tenías por cierto, a quien ha dejado de emocionarse, prisionero de las innumerables dificultades de la vida. Como si las dificultades fueran únicamente un mal rollo cuando, en cambio, son ocasiones, posibilidades de demostrar que podemos conseguir lo que pretendemos. ¿Soy un idealista? ¿Un loco? ¿Un soñador? No lo sé. Tengo veinte años, miro alrededor y veo que la vida es dura. Sí, pero también esplendida. Conozco los problemas del mundo, no escondo la cabeza debajo del ala, es duro suscribir una hipoteca para comprar un tugurio, es difícil encontrar un trabajo que no te dé simplemente lo suficiente para sobrevivir, sino que, además, te permita expresarte y vivir de una manera digna. Y también soy consciente de las innumerables injusticias y violencias que nos rodean. No obstante, no he perdido la esperanza. Me conmuevo al contemplar un amanecer, daría lo que fuese por un amigo sin sentirme por ello pobre. Danzo con la vida, la invito a bailar, la abrazo sin excederme, la miro a los ojos y la respeto y la amo, al igual que adoro la mirada de una mujer enamorada. Eso es. Me gustaría estar en esa mirada, dentro, siempre, ser su sueño, hacer que se sienta preciosa y única como la gota de rocío que por la mañana ilumina de repente el pétalo de una violeta. Soy el polo opuesto de mi padre y eso me hace sentirme un poco mal. Me gustaría que me entendiese. Pero, como dice él, sólo tengo veinte años, de manera que, ¿qué puedo saber de la vida? Me viene a la mente Ligabue y su canción «cuando bailas sólo tienes dieciocho años y hay muchas cosas que no sabes, cuando sólo tienes dieciocho años quizá lo sabes ya todo y no deberías crecer nunca…». Es cierto, y quizá sea inevitable que seamos tan diferentes. En cambio, me siento en perfecta sintonía con ella, con Carolina. Mi Caro. Su entusiasmo, la sonrisa y la energía con la que lo vive todo la hacen auténticamente arrebatadora. Somos muy afines, nos entendemos sin necesidad de intercambiar muchas palabras. La quiero y espero que tenga una vida feliz. Se la merece de verdad. Ella confía en mí, cree en mí, me respeta y se hace respetar. Ella es leal con los demás, distinta y madura. Sabia. Sí, ¡Carolina es sabia, pese a que no lo sabe! Y es justo que sea así, es justo que conserve esa inocencia soñadora que no supone ser demasiado ingenuos o alelados, sino conservar sobre todo la capacidad de sorprenderse. Y además está mi madre, a la que adoro, porque siempre se sacrifica sin lamentarse jamás, con el único deseo de darnos lo que necesitamos, sobre todo amor. Me gustan sus manos, algo delgadas, la sonrisa que ilumina sus ojos cuando habla de nosotros o el olor de su piel cuando cocina. Olor a antiguo, a algo que me recuerda a mi infancia. Un olor bueno. A mi hermana Alessandra, en cambio, no consigo entenderla. Me gustaría que se abriese un poco más conmigo, porque la verdad es que no la conozco, jamás he hablado en serio con ella. Y además parece casi celosa de Caro y cada vez que, precisamente por temor a eso, trato de prestarle atención y darle importancia, tengo la impresión de que me rechaza. Se está endureciendo y no comprendo el motivo. Adoro a mis abuelos, las raíces de lo que yo soy, la sencilla franqueza de unos sabios que han visto el mundo y las cosas. Los adoro porque dentro de sesenta años me gustaría ser como ellos, seguir enamorado de la vida y, tal vez, de la mujer que la ha compartido y transformado conmigo. Una auténtica apuesta que debe jugarse con lealtad. Ahora quiero a una mujer, guapa, dulce y sincera. La quiero y espero que ese sentimiento no acabe, que me haga sentir siempre tan bien como ahora. Y, sin embargo, en ocasiones experimento un extraño miedo, tengo la impresión de que no tardará en finalizar o de que quizá ése no sea mi camino. No sé por qué. Sensaciones. Pero bueno, mientras tanto sigo adelante, entre otras cosas porque ella es verdaderamente guapa. Viva la vida.
Octubre
Wishlist
El último CD de Radiohead y de Finley.
Una cinta negra para el pelo, brillante, estilo años treinta.
Peinarme hacia atrás y no vomitar cuando me mire al espejo.
Comprar el cofrecito deHigh School Musical.
Ir a Pulp Fashion, en la via Monte Testaccio, para curiosear un poco entre elvintage de los años setenta.
¡Hacer rayos UVA! Papá me va a matar
En octubre no ha ocurrido nada especial. Es decir…, exceptuando la disputa con don Gianni, el cura que enseña religión en el colegio, la discusión con Gibbo sobre las consecuencias de nuestro beso, y el beso que le di a Filo para que ambos hiciesen las paces. Ah, sí, lo olvidaba, Rusty James se ha ido de casa. En fin, que, pensándolo bien, ha sido un mes bastante movidito, pero vayamos por partes.
– Buenos días, chicos.
Apenas ha cruzado la puerta cuando de repente salen cuatro alumnos, los que están exentos de su hora. La verdad es que no sé si eso es motivo o no de pecado, pero creo que es importante quedarse, no tirar la toalla. Aunque ello signifique discutir y pasarse de la raya, Pero nunca hay que abandonar. Me parece que es un poco como darse por vencido. Yo al menos me quedo. Y siempre he sido de la misma opinión. Hasta ese día.
Don Gianni los mira y acto seguido suspira.
– Pobres… No saben lo que hacen.
El comentario se lo podría haber ahorrado, porque si unos chicos se marchan de clase es porque tienen permiso para hacerlo, lo que quiere decir que lo han pedido en casa, que deben de haber hablado del tema con sus padres, o que quizá hayan sido éstos quienes se lo hayan sugerido. ¡O sea, que saben de sobra lo que hacen! En cualquier caso, se le podría pasar por alto porque es un latiguillo, una forma de hablar. Pero ese día añadió algo que nunca podré olvidar.